20 de Abril de 2014
Ene
27

Dos Verdades

Rompo mi dilatada ausencia (por culpa de mis trabajos y mi falta de tiempo absoluta) con una entrada muy especial.

Estoy limpio del WoW desde hace un año ya, después de que los mamones de mis amigos me regalaran una copa de Cataclysm después de llevar otro año limpio. Antes de eso, jugué durante cuatro años y era de esos que raideaban a diario, de los que tienen una interfaz que ríete tú de los transbordadores de la NASA y tenía una novia jefa de oficiales en una guild de pros. Era mi jefa.

El caso es que en una feria tuve el placer de hablar con gente de Blizzard y ver el estreno de Cataclysm (también jugue al Diablo III, pero esa es otra historia) y, como resulta que también soy de esos que se sabe la historia de Azeroth, quien son Sargeras y los Aspectos y soy un pluma inquieta, se me ocurrió escribir este mini fanfic sobre el WoW.

Espero que os guste y os invito a criticar y opinar qué os ha parecido :) ¡Feliz lectura!

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- Atiende, pues te revelaré hoy dos verdades.

“Si algo he descubierto con el paso de los eones es que todo está regido por el equilibrio. No importa que intentemos crear una montaña o encender un agradable fuego para calentarnos, todo está unido por frágiles hebras de realidad que se deshilachan al menor descuido. Debemos mantener el control, agarrar esos débiles hilos con fuerza y tirar de ellos, pero sin romperlos.

“Mírame a los ojos.

“La historia de este mundo agonizante y marchito está salpicada con ejemplos de lo que ocurre cuando, aunque sólo sea por un instante, uno de los hilos escapa a nuestro control. Al intentar agarrarlo se descuida otro, y a este le sigue un tercero, y un cuarto… Antes de darnos cuenta, por culpa de una mano poco firme, todo se deshace. El enorme tapiz se desdibuja, empezando por los bordes. Poco a poco el dibujo deja de cobrar sentido y, en vez de una obra elegante, tenemos un enorme amasijo de colores en el suelo.

“También puede ocurrir que nuestra mano se cierre con demasiada fuerza sobre los hilos y no sepamos cuándo hay que ceder. Danzar con los flujos de poder no es una labor sencilla, ya que están en permanente cambio, en continuo movimiento. Hay que medir el ritmo y acompasarse con él, hay que saber en qué derivará nuestra melodía, las implicaciones de nuestros actos, para adelantarnos al vaivén. Si cuando sentimos movimiento no lo acompañamos y nos aferramos a nuestra posición con mano de hierro, puede que uno de los hilos que manejemos se rompa. Y todos sabemos que si se rompe un hilo no tardarán en seguirle los de alrededor.

“En ambos casos el resultado es el Caos. El Caos es la perdición de este mundo, pues en él no hay ningún Plan. No hay orden ni mesura, sino temor a la incertidumbre; reina la muerte sin sentido y la vida se convierte en despropósito.

“¿Te sorprenden mis palabras? ¿Acaso pensabas que soy un agente que alimenta los fuegos indomables de la entropía?

“El Caos no es el fin, sino un medio. La destrucción no tiene más sentido que el reconstruir. Todo está maldito y corrupto, ya te lo he dicho. Todo lo que sabes, todo lo que has visto u oído en tu vida ha sido a través de un prisma equivocado.

“Yo fui así una vez. En otra era, en otro tiempo, con otro nombre.

“La creación era joven y estaba a nuestro cuidado. Los cielos eran más azules y las aguas más puras. Me gustaban las raíces de las montañas, perderme en ellas y descubrir nuevas cavernas cuajadas de piedras preciosas, el eco de un río subterráneo, que murmuraba a lo largo de kilómetros de infinitos túneles, dormitar mientras oía cómo se formaban titánicas estalagmitas… Pero también me gustaba observar las enormes planicies del joven mundo, ver cómo la vida habitaba en ellas con una sencillez desapasionada. Un ciclo natural de vida, crecimiento y muerte de inigualable belleza. Todo gozaba de perfecto control y equilibrio. Disfrutaba de la vida y me gustaba compartir esas sensaciones con mis hermanos y mi progenie. Cuán ciego y engañado estaba, pequeña criatura.

“Fue entonces cuando me hablaron. Al principio era como intentar adivinar el sabor de un rayo de luna. Lo ves, sabes que está ahí, puedes acercarte a él, pero el catarlo está más allá del alcance de cualquiera. Pero se hacían más y más fuertes. Me visitaban en sueños y me enseñaban. Me mostraron como era el mundo antes de que Ellos los encarcelaran. Me enseñaron Su soberbia al querer someterlos, cómo que el que algo que no pudiera encajar en Su perfecto plan no tenía cabida y debía ser aniquilado.

“Así es. Este es un mundo esclavizado, arrebatado a sus legítimos dueños; corrupto en sus más profundos cimientos. ¿Qué derecho tenían a hacer lo que hicieron? ¿Qué autoridad los había erigido como jueces, carceleros y verdugos de los verdaderos dioses de este mundo?

“Yo te lo diré. Nadie. Ellos son como todos nosotros, aunque no quieran admitirlo. Son seres llenos de miedos, temores, inseguridades, amores y odios. Cualquier cosa que escapa a su control es rápidamente extirpada y destruida. Creen poseer el control, pero en realidad, en vez de bailar al son de la realidad, en vez de acompasarse a los ritmos del universo, ellos tiran y tiran de los hilos, cada vez más fuerte, más inflexibles, sin ceder jamás. Si aparece algo que no está contemplado en sus planes, usan todos los medios a su alcance para obligarlo a formar parte de ellos y, si aún así no encaja, lo erradican. Sin misericordia, rasgan el tapiz.

“¿En quién confiar entonces? Como te dije antes: todo está corrupto, todo está contaminado. Por eso mismo hay que destruirlo: por lo que es, por lo que ha sido y por lo que pudo ser y nunca será.

“Por eso acepté el poder y me levanté contra Ellos. Por eso me combatieron y me encerraron. Por eso dormí durante milenios, esperando mi momento. Y por eso desperté y el mundo cambió. Y me he alzado ahora, más poderoso que nunca, para cumplir con mi destino. Por eso tengo que destruirlo todo.

“Ahora lo comprendes, ¿verdad? Vivimos en un mundo que se engaña a sí mismo. Porque cuando no se tiene el verdadero poder, cuando te invade la inseguridad, cuando crees estar en posesión de la verdad absoluta y tienes miedo a todo aquello que te sorprende y te supera, cuando ocurre todo esto te opones a ello con todas tus fuerzas y tratas de doblegarlo. Sostienes los hilos de la realidad y tiras, tiras hasta que se clavan en tu carne y te hacen sangrar.

“Entonces un hilo se rompe y los oyes. Y se rompe otro hilo más, y es ahora cuando los escuchas. Y, como un arpa demasiado tensa, los hilos siguen partiéndose, chirriando. Con cada uno que se rompe yo me hago más fuerte y Ellos más débiles. Y cuanto más luchen y traten de imponer Sus ideas, más poderoso me haré hasta que todo, absolutamente todo, esté a mis pies, listo para ser cosechado como la fruta madura.

“Y esa es la primera verdad, pequeña criatura. Ellos trajeron el Caos a un mundo que estaba en Orden sólo porque no era Su Orden, Sus reglas. Yo he vuelto a traer el Caos para, de las cenizas resultantes de este mundo, hacer retornar un verdadero Orden, restaurar el equilibrio de las cosas. Y no saben que cuanto más me combatan más fuerte me harán, pues más fuerte tirarán de los hilos.

“¿Cómo dices? ¿La segunda verdad? Bueno, es una mucho más sencilla, aunque sin duda, para ti, mucho más importante.

"La segunda verdad,  pequeña criatura, es que esta es mi guarida, yo soy Deathwing y tú vas a morir.

“No, no te resistas. ¿Qué te acabo de decir? Tu lucha sólo me hace más fuerte, más grande, más poderoso. No tires de tus hilos, no tan fuerte, pues hay cosas peores que la muerte.

“Y no querrás descubrir cuáles son, ¿verdad?

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