26 de Noviembre de 2014
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Always [2º mejor relato de la edición XVIII de Gamefilia]

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Nada más sonar el despertador supe que aquel sería un día especial. Abrí lentamente los ojos y me dejé acariciar por los primeros rayos del sol que se filtraban a través de la persiana. No me hacía falta mirar hacia mi mesilla de noche para comprobar la hora, puesto que todos los sábados me levanto igual de temprano para ir a trabajar a la tienda de mi padre.
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Pero anoche había tomado una decisión. Ese día no iría a trabajar. Ya llevaba demasiado tiempo estático sin atreverme a hacer nada. Ese día sería diferente. En mi corazón sabía que había llegado el momento de dar el gran paso y enfrentarme a mi destino. Subí despacio la persiana temiendo despertar al resto de miembros de mi familia y me concedí unos minutos de contemplación de la alborada antes de elegir mi ropa para tan importante día. 
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La elección de la ropa fue algo que hice con suma delicadeza. Era una ocasión especial y no me podía permitir vestir como un paleto cualquiera. Por ello, revolví mi armario hasta encontrar las que consideraba mis mejores galas. Una camisa negra de manga larga, unos vaqueros y un jersey blanco fueron las elegidas para acompañarme en mi pequeña aventura. Además, como todavía estamos en invierno añadí al conjunto unos elegantes guantes negros y una suntuosa bufanda de seda que había robado algunos meses atrás mi hermano de una tienda de la que le despidieron y que me regaló. Tras completar la placentera tarea de vestirme me miré al espejo y no pude evitar regalarle un “Guapo” a mi reflejo. Todavía soy joven, solamente tengo 16 años, por lo que me parece que no está de más algo de vanidad para conmigo. 
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Cuando acabé de admirar mi belleza cogí un par de manzana de la cocina para mantener un aliento fresco y me marché de casa ahogando cualquier ruido que pudiese inducir el despertar de alguno de mis hermanos, con las consiguientes preguntas que vendrían en cuanto me vieran vestido de gala. Además, evité coger mi móvil, puesto que así impediría que me pudiesen localizar antes de lo que yo terminase mi “pequeño viaje”. 
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Nada más abrir la puerta recibí el frío viento polar en la cara. Es lo que pasa cuando vives en un pueblo tan cerca de los Pirineos como el mío, aunque afortunadamente este año no nevó, pues cuando lo hace no hay quien logre mantenerse seco. 
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La poca gente que se dirigía a abrir sus respectivos locales nada más verme no dudaban en saludarme, pues como en cualquier otro pueblo pequeño del mundo en el mío nos conocemos todos los habitantes. Además, no lo negaré: más de una anciana se sorprendió al comprobar lo elegante que vestía hoy, mas nadie me preguntó a donde iba; todos debían de pensar que iría al trabajo... o tuvieron la educación necesaria para no entrometerse en las vidas ajenas. 
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Conforme recorría la ciudad me planteaba el como iba a hacer “eso” que tenía en mente. Solamente tendría una oportunidad de hacerlo, así que debía hacerlo bien. Tras mucho reflexionar, llegué a la conclusión de que unas flores me ayudarían a lograrlo, por lo que en cuanto pasé ante la única floristería del pueblo entré sin dudarlo y escogí las más bellas amapolas que había allí. Eran perfectas. Su olor, su color, su significado... una sinfonía para los sentimientos. Pagué y ni si quiera esperé por la vuelta de lo grande que era mi emoción, aunque la dependienta sospechó a quien podían ir dirigidas. 
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Mantuve la dirección hasta salir de la ciudad, y aún pasaron otros 20 minutos hasta que alcancé su casa, un pintoresco chalet en una zona aislada junto a la sierra. Todavía eran las 9 de la mañana, pero sabía de buena tinta que sus padres no estaban en casa y que la encontraría sola, así que hice de tripas corazón y me dirigí con férrea voluntad hacia la puerta. Llamé a la puerta y, tras oír el suave zumbido de su timbre, esperé a que me abriera. 
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Nada más ver su carita de ángel somnoliento sentí como si algo naciera en mi interior, del mismo modo que me sucedía cada vez que la veía. Sus ojos verdes, su pelo de oro, su piel de nieve y sus labios de sangre... Se trataba de la mujer más bella que jamás había visto. Debía ser mía. No se merecía nada que no fuese yo. 
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Nada más verme se sorprendió, más por mi presencia que por la hora que era. Jamás me había atrevido a decirle algo que no fuera “Hola” o “Adiós”, así que era de esperar una reacción como la que tuvo. No la culpo. Yo tampoco sabría como reaccionar en su misma situación. 
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Me preguntó qué quería, pero entonces vio el ramo que portaba y comenzó a sospechar mis (para nada ciertas) intenciones. Le dije que quería hablar con ella e insinué que me dejase pasar, pues solo serían unos minutos. Suspiró con resignación y me invitó al interior para conversar un rato. Supongo que tenía intención de decirme que tenía novio (dato que ya conocía) y que lo nuestro no podría ser, o quizás que me deseaba a mí antes que a su actual pareja... aunque ahora nunca lo podremos saber. 
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Mientras yo entraba y ella cerraba la puerta a mis espaldas pude echar un vistazo rápido a su hogar. Desde mi posición pude confirmar lo que mis días de espía habían confirmado: se trataba de una casa de dos pisos con las escaleras justo delante de la puerta, una lámpara de araña en el techo y dos puertas a ambos lados de la entrada, una al salón y otra a la cocina. Además, en esta antesala había también un pequeño mueble sobre el que se erigía una estatuilla de bronce que representaba a un hombre y un teléfono inalámbrico. Por último, en una de las paredes había un espejo, así que por seguridad me aparté de la zona reflejada... 
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-¿Te apetecería tomar algo? No tengo mucho, debía ir hoy a la compra... 
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-No te preocupes, cualquier cosa me valdrá... 
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-¿Si? Bueno, creo que tengo unas galletas en la cocina, puedes esperar en el salón mientras las traigo. 
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-Claro, sin problemas. 
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Fue entonces. En el mismo momento en que se dio la vuelta para ir a la cocina selló su destino. Solté las flores y agarré la estatuilla de bronce. 
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No le dí tiempo a reaccionar. Salté sobre ella y le aticé en la cabeza. Calló al suelo con un ruido sordo mientras un hilillo de sangre le recorría tanto la comisura de los labios como la zona del impacto. Había cerrado los ojos. Debía estar inconsciente. 
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Entonces me senté sobre ella y no lo dudé. La besé y, antes de que tuviera la menor oportunidad de recuperar la conciencia, la volví a golpear. No se cuanto tiempo estuve allí. Quizás fueron 15, o tal vez 30 los minutos que pasaron antes de que se me cansara el brazo y soltara la estatua. En todo ese tiempo no dejó escapar ningún ruido ni hizo el menor ademán de defensa, solamente algún espasmo ocasional cuando dejaba caer la figura sobre su cráneo.
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Cuando me detuve su rostro ya no mostraba el menor rasgo de la belleza de antaño, sino que conformaba una masa sanguinolenta, una sinfonía de sesos que pintaba de escarlata las paredes y mi ropa. 
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Como ya dije antes, había pasado muchas tardes espiándola. Por ello sabía que tenía su habitación en el piso de arriba. Sin dudar ni un instante la agarré de las piernas y tiré de ella hasta su cuarto, donde la tumbé sobre su cama. En aquel momento volví a bajar, recogí el ramo y subí de nuevo. Lo coloqué en sus manos, conecté mi mp3 a su equipo de música y me abracé a ella dejándome mecer por Bon Jovi...” 
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El tribunal estaba aterrorizado ante la declaración de aquel joven al que habían encontrado los padres de Kelly Anderson junto al cadáver de su hija nada más volver de su viaje hacía tan solo 3 días. 
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El juez se secó el sudor de la frente con un pañuelo y balbuceó unas palabras. Ante la falta de respuesta del acusado, repitió su mensaje: 
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-Todo esto... sigue sin... explicar... una cosa... ¿Por qué lo hiciste? ¿Acaso no asegurabas amarla? 
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-¿Acaso no se da cuenta de la belleza de mi acto? Pues claro que la amé. Y la sigo amando. Por eso mismo no podía permitir que fuera de nadie más. Dígame, ¿Acaso sería de un buen amante dejar que la belleza de su amada se marchitara a causa del tiempo? No, un buen amante le podría punto y final a la degeneración de su amada en el culmen de su hermosura... La última persona que gozó de su cuerpo fui yo, y así se irá a su tumba, con mi esencia en su pelo, mi aroma en sus senos, y sobre todo mi... 
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-¡Maldito hijo de puta, te mataré! 
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El señor Anderson saltó sobre la barrera que separaba a acusados del resto de la gente tratando de agredirle pero fue reducido por los guardias de seguridad a dos metros del culpable. 
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-Mala suerte, viejo. Cometiste un error al no matarme nada más verme en cama de tu hija. Ahora es tarde. Nunca podrás ponerme un dedo encima... 
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-¡Cabrón! ¡Asesino! ¡Ojala te manden a la silla eléctrica! 
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-¿La silla eléctrica? ¡No me hagas reír! Vivimos en España. Aquí no hay pena de muerte. Además, todo esto de rememorar me hace pensar. ¿Sabe en qué? En su hija. Pobrecita. Estoy seguro de que nada más verme en la puerta deseó morirse de la vergüenza. ¿No le resulta irónico? Parece que al final logró su deseo... 
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-¡Cabrón, juro que te mataré! 
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-Contrólese señor Anderson o tendré que expulsarle de esta sala por desacato. Y usted, recuerde que está bajo juramento y que cualquier cosa que diga aquí puede ser usada en su contra. Bien. ¿Como se declara el acusado? 
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-Culpable, pero lo volvería a hacer sin dudarlo. O mejor aún: lo volveré a hacer. 
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-¿Espere, que quiere decir con que lo volverá a hacer? 
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Entonces, y por primera vez desde que el juicio comenzó, el acusado sonrió mostrando una mueca que heló la sangre de todos los presentes. 
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-¿No se le ocurre el por qué me dejé atrapar ese día? Eché cuentas. Justo al día siguiente era mi cumpleaños... y los juicios por asesinato no suelen tardar un año. Por ello, estaré menos de un año en el correccional y saldré libre a los 18, listo para reencontrarme con mi amada Kelly... o para volver a bailar “Always” junto con alguna otra joven algún día. Aunque... ¿Sabe alguien qué es lo mejor de todo esto? No se preocupen, se lo diré. Lo mejor, no solo es que la ley me ampara y protege ante cualquier cosa que me quieran hacer... sino que esa es la ley que existe gracias a todos ustedes. De no ser por vuestras decisiones, la preciosa ley del menor no sería tal y como es. Vaya, parece que ya comienzan a captar la sutil ironía de todo esto... ustedes pusieron las reglas y yo simplemente me he aprovechado de ellas...
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5 Comentarios:

Amazing!!

Genial relato, eso es un buen giro y lo demás son tonterías. Haces creer al lector que se  trata de algo corriente (el muchacho se dispone a conquistar a la chica) y le sorprendes con esos actos. Cuando dices lo de que selló su destino y cogió la estatuilla pensé ¡no jodas que se la va a cargar! Y luego el juicio y la ironía final que sirve de crítica a la ley del menor que protege a los delincuentes hasta los 18. Inpresionante.

¿Cuándo es la próxima edición? Me gustaría probar aunque sea sólo por participar. 

:O

Dios... que horror... Shocked

Mira, no me acordaba de este

Mira, no me acordaba de este relato, y eso que me gusto bastante. Me quedo con el brutal cambiazo del prota, el cual por un momento hasta me dio penita y todo. Y en un segundo... plas, asco, mucho asco. Muy bueno.

@

@ mou

La próxima ya está en marcha, quedan dos días para cerrar el plazo, mira en el blog de shai.

@liz 

 Gracias

@luna

 Gracias.

 

Grande historia

Así me gusta a mí, que se le de importancia a la narrativa.

Me parece una iniciativa estupenda.