Lahel abría sus ojos azul oscuros, y veía el techo de playwood de su cuarto, la luz que entraba por las ventanas le provocaba cierta molestia.
“Otro día mas” –pensó, tapándose los ojos con la mano derecha.
Se levantó, su cuarto bien iluminado como siempre por la luz de la mañana. Tomó un poco de su ropa, para el día y procedió a bañarse.
Con cada acción de su acostumbrada rutina matutina, recreó en su cabeza el desenlace del día anterior, en su encuentro con Lucio:
Cuando Lahel aceptó la propuesta de Lucio, este último siguió bebiendo de su té, mientras el joven intentaba, aunque sumamente nervioso, hacer lo mismo.
Cuando Lucio hubo terminado su té, colocó su taza de vuelta en la mesa, cruzó una pierna y entrelazó los dedos de sus manos, apoyando sus codos en los brazos del asiento.
Lahel aún no había terminado su bebida; al levantar la mirada un poco pudo ver las manos de Lucio, tenía 3 anillos en la derecha y 4 en la izquierda, unos de oro, otros de plata.
En ese momento pensó: “No había notado esos anillos, siempre quise unos así, llenos de detalles”. Tal vez estos pensamientos le surgían para evadir un poco la situación, al menos en su mente.
Lucio fue de nuevo quien rompió el silencio, mirando a Lahel con una sonrisa.