Hasta que por fin logré conseguir tiempo para subir este aporte, es muy largo, así que leanlo a pedacitos o en un buen rato libre jajajaja
Bueno, aqui se los dejo, ojalá lo disfruten!!!!
Ya había quedado solo, al fin todo estaba
por comenzar, su entrenamiento de esa semana parecía terminar ese día, y al día
siguiente se esperaba el ataque de Alfonso.
Ese día decidió dedicarse por
exclusivamente a tratar de mejorar algo para estar listo, al menos
psicológicamente para el día por venir.
Luego de realizar algunos quehaceres de la
casa, fue directamente a donde Suzu, siguiendo el mismo procedimiento que el
primer día: tocar el timbre, esperar a que el portón eléctrico se abriera y
luego de ponerse el traje de entrenamiento hacer todo lo que Suzu le dijera.
Aunque había hecho algún progreso, se sentía
bastante inseguro, y ese día en la práctica se equivocaba constantemente debido
a su falta de concentración.
“Por favor concéntrese, mañana tiene que
estar en la mejor forma posible para cualquier eventualidad.”-dijo Suzu en un
momento de hastío, al ver que el muchacho no ponía de su parte en el
entrenamiento. Bajó su arma, esperando una respuesta del muchacho.
Lahel bajó la guardia y también la mirada.
“No puedo…de hecho… no quiero. Tengo mucho en la cabeza como para poder
concentrarme”
“¿Pero no ha entendido el problema después
de todos estos días?”-preguntó la joven un poco molesta.
“Si, pero ¿qué voy a hacer? Ha pasado solo
una semana y aunque he hecho progresos, no me siento listo. Y tampoco voy a ir
ahí matando gente, nunca lo he hecho y no quiero hacerlo…”
“Solo eso faltaba -replicó la joven, desvió
su mirada a un lado- si no quiere no mate a nadie, pero al menos sepa
defenderse, y terminemos con esto, que ya se hace tarde y tengo algunas
obligaciones”
“Bueno…”
A pesar de que el joven no estaba nada
tranquilo, logró terminar bien el entrenamiento. Ya era la tarde y no habían
almorzado por dar más importancia al trabajo físico.
La joven finalizó la lección, pidiéndole al
joven que se cambiara.
Una vez que se hubo cambiado de ropa, se disponía
a irse, pero Suzu le dijo:
“¿Ahora va para su casa?”
“Si, por supuesto”-respondió Lahel.
“¿Y tiene al almuerzo preparado?”
Esta pregunta no agradó para nada al
muchacho, no quería tener que cocinar para alguien más:
“No, todavía no he hecho nada, pero algo me
inventaré”-dijo un poco inexpresivo.
“¿No quiere quedarse a comer?”
Fue como un shock para el joven, no
esperaba tal cosa de ella. De hecho no sabía ni que esperar, sintió además un
poco de remordimiento por pensar en no querer cocinarle nada y que ahora fuera
ella quien le invitaba a comer.
“Di, está bien”-dijo extrañado.
“Bien-parecía que la joven se alegró un
poco de tal respuesta, pero no era fácil afirmarlo- por favor suba al
departamento y siéntese en la mesa”.
Subió por aquellas escaleras que daban al
segundo piso del lugar. La muchacha le seguía detrás.
Al subir veía un espacio casi vacío con una
mesa redonda de madera simple de cuatro sillas, una cocina sencilla, un lavabo
con algunos estantes, suponía que esto era la ‘sala-cocina-comedor’; a unos
metros se veía una puerta de madera que daba al dormitorio, con una pequeña
cama arreglada, y algunos libros apilados encima, todas las paredes pintadas de
un color ocre.
Pensaba que aunque trabajaba para Lucio,
este lugar era muy solo y aburrido como para tenerlo por hogar, pero recordó
también que era solo temporal, mientras se mudaba otra parte. Aún así, sabía ya
el por qué de tener a alguien como compañía.
Suzu se apuró y sirvió uno que otro
platillo, Lahel trató de ayudarle, pero ella prefirió que se sentara, lo cual
le dio un poco de pena, pues estaba acostumbrado a ayudar a la hora de servir
las comidas en su casa.
Comieron de lo que la joven había preparado,
a Lahel le sabía bien, pero no dijo nada, porque ella misma permanecía en
silencio.
Cuando hubieron ambos terminado, el
muchacho se levantó y llevó los platos, vasos y cubiertos al fregadero, ante la
mirada semi-satisfecha de Suzu.
“Muchas gracias por todo-dijo el joven-pero
mejor me voy a alistarme para mañana”
“Esta bien, solo espere abajo mientras le
traigo su traje para mañana, don André pasará las 4 de la tarde en punto, yo ya
estaré allá.”
El muchacho bajó las escaleras y esperó
junto al portón, y al instante la joven bajó con un traje entero similar al que
había utilizado antes Lahel, con un estilo un poco oriental también, parecía
que Lucio sabía un poco lo que le gustaba.
El joven se despidió alzando su mano, y Suzu
agachando un poco la cabeza, parecía feliz, pero cómo saberlo.
El mismo proceso para llegar, solo que al
revés; salir de la casa de Suzu, caminar y volver a la suya propia. Abrió, se
metió y cerró todo nuevamente, y su casa aunque acogedora, estaba vacía sin su
familia. Subió a su cuarto y puso el traje sobre la cama.
Así, pasó todo el resto del día aunque vio
alguno que otro programa en televisión y se conectó al internet un rato, tenía
un sentimiento de ansiedad y no podía apoyarse en nadie.
En la noche su madre le llamó, comentándole
lo bello del lugar a donde habían ido, el excelente trato recibido, etc, etc,
etc… Él solo escuchaba fingiendo una alegría empática, pero algo feliz muy en
el fondo por que se estaban despejando un poco, aunque él no pudiera estar ahí.
Luego se acostó a dormir, y pudo dormir en
paz, sin sueños, pero en paz.
La nueva mañana se presentaba extraña.
Había una pequeña y suave llovizna, el silencio en su casa era anormal.
Acostado de medio lado, como aún estaba, se cubrió el rostro con las cobijas y
se quedó así un rato, a pesar de haber dormido bien estaba agotado por tal
semana.
No había manera de zafarse de esto. Entre
tantos pensamientos que se le venían a la mente, ilusiones de lo peor que
podría pasar; recordó una frase “vivir cada día como el último”, una de sus
favoritas, y nunca le había parecido mas racional que en este instante.
Se levantó de golpe y fue a hacer todo lo
que más le gustaba, otra vez un desayuno de pancakes y gaseosa, que por suerte
había un poco de esta. Solo, en la cabecera de la mesa, le hacía un brindis a Dios,
a quien imaginaba sentado en el lado opuesto de la mesa rectangular de su sala.
Comenzó luego a hacer labores de la casa,
lavar los platos, barrer, arreglar… Estaba un poco cansado, y decidió dedicarse a escuchar música, en la
computadora de la pequeña salita que daba hacia las escaleras.
Almorzó igualmente solo, tenía algún dinero
ahorrado, y mandó a pedir algo de comer, de un restaurante que siempre le había
gustado.
En fin, luego de miles de minutos que
pasaban lentamente, entre pensamientos y silencios, entre sonidos televisados y
música, faltaba ya menos de una hora para que André viniera por él.
Tomó una ducha, y al estarse terminando de
mudar, abrochándose los botones de las mangas de la camisa, veía aquel anillo, el
que era su ‘cruz’ y su lujo, el anillo de Lucio; decidió ponerse otros anillos más
que guardaba una pequeña caja de madera en un estante del ropero de su cuarto, aquellos
con los que había recibido aquel nuevo anillo.
“Ya me parezco a Lucio con tantos anillos”-pensó
mientras se veía en un espejo del baño del segundo piso. Una vez más su
mecanismo de defensa ante el miedo y la incertidumbre se anteponía.
Ya tenía todo puesto, incluso la corbata y
el saco, solo esperaba impaciente a André. Un joven vestido casi completamente
de negro a excepción de la camisa blanca, cual si fiera a un funeral.
Para pasar el rato, fue a su cuarto y acariciando
la cama con la mano, añoró su vida monótona de antes, se sentó en ella y sacó
de su maletín la espada que Lucio le había obsequiado.
La desenvainó parcialmente, nunca la había
usado, pero ya tenía una idea de cómo hacerlo, todo era por su bien y el de su
familia. Sus ojos se reflejaban perfectamente en la hoja, no percibía nada en
particular en su mirada.
En el reloj de su celular, las 4 p.m.
El sonido de un auto se escuchó cerca,
guardó el arma en su vaina y corriendo hacia la entrada, abrió la puerta y vio
que era André, con un auto negro, parecía nuevo.
Abrió rápidamente cada uno de los portones,
mientras el hombre se bajaba del auto cauteloso, asegurándose que nadie
sospechoso estuviera por el área, como siempre le abría la puerta al joven, que
apenas hubo cerrado todo, se introdujo en el auto.
El hombre retomó su lugar como conductor y
comenzó a manejar.
El joven veía por la ventada, pensativo.
“¿Cómo se siente hoy señor Lahel?”.Preguntó
el joven mirando por el retrovisor, como siempre.
“Qué te diré, no es mi mejor día. Todo el
día le he estado dando vueltas al asunto con el primo de don Lucio” Seguía
mirando por la ventana, con el arma en el regazo.
“No se preocupe por nada, don Lucio va a
hacer todo lo posible por tenerlo todo bajo control. Confíe en él, y también
confíe en usted mismo, que todo va a salir bien” Sonreía por el espejo, pero
aún así André mismo sabía que estas palabras eran difíciles de asimilar para un
muchacho que nada había tenido que ver con la Mafia hasta el momento.
Por un buen rato ninguno dijo nada, hasta
que Lahel rompió el silencio:
“¿Puedo hacerte una pregunta?-esto atrajo
la mirada del hombre-¿A dónde es que vamos?”
André volvió a poner sus ojos en el camino,
mientras contestó:
“Vamos a un hotel, donde nos espera un
helicóptero para poder ir al lugar del evento, que es un barco de don Lucio”
“¿Cómo?-dijo el muchacho
sobresaltado-¡Vamos a dura toda la vida!”
“No, no-replicó André en un tono incrédulo-
el hotel está a media hora de donde estamos, el barco a hora y media. Aunque
parece un poco raro, es porque don Lucio quiere alejar el área de ataque de la
ciudad, para no llamar la atención y no implicar a gente inocente”
El joven asintió con el cabeza, más
nervioso aún.
Todo fue según las palabras de André,
llegaron a un hotel semi-lujoso, entraron; el hombre saludó a la persona en la
recepción, tomaron el ascensor hasta la azotea, se montaron en el helicóptero,
que parecía de tipo militar, por el diseño y algunas turbinas que tenía a los
lados, aunque no parecía tener armas. André otra vez era el que “manejaba”, el
sonido era muy fuerte, a pesar de que se había puesto los auriculares. Pasado
el tiempo señalado, el barco se podía ver por la ventana. Lahel miraba
asombrado tal cosa: un crucero enorme, blanco y con la marca de la Familia en
la cubierta en la proa. Parecía haber muchas personas a medida que se
acercaban.
Ya aterrizando en una zona de la popa del
barco junto a varios otros helicópteros que parecían ser de los asistentes al
evento; Lucio salió a recibirlo, el anochecer era inminente. André detuvo el
motor y el joven fue el primero en bajarse del vehículo.
Acercándose a Lucio, este le saludó con un
abrazo, el joven estaba perplejo, sin moverse sostenía en la mano derecha el
arma.
“Lahel, nuestro invitado de honor-al
muchacho no le agradaron para nada estas palabras-Hoy te toca ser el centro de atención.
Vamos a la proa y comencemos esto, para ver qué pasa con mi primo jajaja” su
sonrisa no le inspiraba confianza, a pesar de que Lucio parecía reconocer su
nerviosismo.
Inmediatamente después de esto, apareció
Suzu, a quien casi no reconoce. Tenía puesto un vestido largo rojo, con un
cuello oriental, el pelo suelto y perfectamente peinado con algunos mechones
rizados, apenas con maquillaje, pero se veía completamente bien.
Acercándose al muchacho, inclinó un poco la
cabeza, para saludarlo. El joven hizo lo mismo en respuesta.
Caminaron bordeando el barco por los costados,
hasta llegar a la proa. El lujo exagerado de siempre era ahora evidente.
“Hagamos una cosa, prestame tu arma”-Lucio decía
esto antes de anunciarse en la actividad.
El joven le dio la espada. El hombre desató
un cordón que parecía ser solo un decorativo de la vaina y lo puso alrededor de
la cintura del muchacho amarrándoselo. Así se ocultaba un poco, pero quedaba a
la mano.
“Es mejor así, para no causar sospechas
entre los invitados.” Lucio le sonreía tal vez para evitar ponerlo más tenso de
lo que ya estaba. De hecho Lahel sonreía levemente, pero su pulso estaba
acelerado.
Ahora veía fugazmente los detalles porque
temía que un descuido le costara el triunfo en este problema: esta cubierta
tenía como dos niveles, uno que parecía un balcón con barandales y adornado con
flores y de él había dos grupos de escalones a los lados que daban a un nivel
inferior en el que estaba un espacio parecido a un lugar de baile en el medio,
una mesa principal justo debajo del balcón, llena de adornos florales, y las
demás mesas, todas con manteles blancos, arreglos, copas de cristal, vajilla de porcelana, y demás lujos posibles.
Una banda de música tocaba un ensamble entre música clásica y electrónica en
una especie de tarima en la parte más hacia la proa; y la gente, jóvenes y
adultos todos con ropa sumamente elegante.
Un hombre de edad media, tomó un micrófono
y dijo:
“Buenas noches a todas las Familias
presentes, y a los miembros de la Familia Garibaldi, tengo el placer de
anunciarles la presencia de Don Lucio y su Sucesor Oficial Lahel Speroza. Por favor
recibámoslos con un cariñoso aplauso” Lucio y Lahel estaban en aquel “balcón”,
mirando a los invitados. La gente aplaudía efusivamente.
Bajaron por las escaleras de la derecha
hacia la mesa principal, el joven casi en el asiento del centro, con Lucio a su
derecha, Suzu a su izquierda y André a la derecha de Lucio.
Este último llamó al hombre del micrófono
con un gesto, y una vez que tuvo el aparato en la mano, se puso de pie y dijo:
“Buenas noches. Bueno como todos saben,
tengo Sucesor, por eso quise hacer una pequeña fiesta para celebrar una nueva
generación en nuestra Familia, cómo decía mi Madre ‘finché c’è vita, c’è speranza’, ‘mientras haya vida, hay esperanza’;
y esta nueva generación me trae consuelo y una ilusión de que al fin después de
tantos siglos le demos un giro a este mundo.”
Las palabras de Lucio eran aplaudidas,
mientras el joven saludaba temeroso desde su asiento. Suzu, que no había dicho
palabra, le miraba extrañada.
La banda comenzó a tocar música bailable,
haciendo que muchos de los presentes, jóvenes o no tan jóvenes se pusieran a
bailar. Incuso el mismo Lucio fue sacado a bailar por una mujer desconocida, de
acento italiano. Meseros comenzaron a servir bebidas y algunos bocadillos.
El muchacho se preguntaba cómo Lucio podía
mantener la calma con el peligro, y solo bebía un poco de refresco que había
pedido. Viendo la tensión, Suzu preguntó al joven si quería bailar; a lo que
este, desconcertado, respondió involuntariamente que sí. Aunque un poco torpe
al principio, se acostumbró rápidamente. Lahel agradecía este gesto en su mente;
sólo bailaba.
Al cabo de un buen rato, una joven se
acercó a los muchachos, pidiendo a Suzu que si le permitía bailar con el joven;
era Cassandra, la muchacha que había conocido luego de los incidentes del
laberinto. Suzu accedió y Cassandra además de bailar conversaba con el joven el
cómo se había desenvuelto en este tiempo al ser nombrado sucesor, y el joven le
contaba todas las cosas por las que había tenido que pasar en esas últimas
semanas. Suzu retomó su lugar en la mesa, y Lucio le hizo un leve gesto de
complacencia a la distancia, la joven sonrió.
Luego de algún rato de baile se sirvió la
comida, así que el joven se despidió momentáneamente y retomó su lugar en la
mesa principal. Platillos exóticos y de sabores delicados y perfectos. Lucio
propuso un brindis:
“Amigos y amigas, brindemos por el futuro
que se desenvuelve ante nuestros ojos, por nuestros amigos, aliados y familias.
¡Salud!” Un aplauso general acompañaba su afirmación.
Luego de la cena, se volvió a hacer un
baile, pero esta vez Lucio llamó a Lahel para que fuera conociendo a personas
de las diferentes Familias o de otros miembros de su Familia. Caras conocidas, (del
incidente de cuando conoció a Cassandra) más su esposa o esposo e hijos,
primos, sobrinos; familiares de todas las personas asistentes al evento. Lucio
era principalmente efusivo en que conociera a los más jóvenes, como para
mejorar la unión de esta nueva generación.
Al llegar a cierta mesa, reconoció esas
caras, era Alina, con Maxim y Natasha, esta última se levantó y saludó a Lucio
y al joven con casi nada de ánimos y su típica expresión literalmente seria e
inexpresiva. Alina y Maxim en cambio saludaron a Lucio con respecto, una inclinándose
un poco y el otro estrechando su mano, y a Lahel con un abrazo una y un apretón
de manos el otro joven. Luego de un pequeño espacio de diálogo, siguieron Lucio
y el muchacho recorriendo mesas.
Finalmente, Lucio continuó hablando con algunos
de los invitados, mientras que Cassandra llegó a buscar al joven:
“Don Lucio, voy a llevar a Lahel a que conozca
a unos amigos”
El hombre asintió, y la muchacha tomó al
joven de la muñeca y se lo llevó a uno de los lados laterales del barco, donde
estaban varios otros jóvenes hablando.
“Ya lo conocieron un poco, pero se los
presento más en persona, el es el tan-afamado sucesor de don Lucio”
Todos lo saludaron en respuesta. Eran
alrededor de 7 muchachos de diferentes edades, sin contar a Cassandra ni a
Lahel; 4 mujeres con vestidos de diferentes estilos y colores y 3 hombres todos
con trajes enteros negros casi uniformados a no ser por los diferentes estilos
de corbatas y sacos. La joven los presentaba:
“Teo y Romeo –señalaba a gemelos de escasos
15 años, ambos rubios, pero con peinados diferentes- son hijos de don
Montebianco; Angelina-una muchacha de quizá 19 años, de vestido verde, ojos
verdosos y cabello castaño lacio- hija de don Martello, Aisha, hija de la
señora Camara-una joven africana en sus veintes de cabello rizado largo- Ángel,
hijo de doña García-un muchacho de ojos negros y pelo castaño lacio-, Ishwari,
hija de la señora Naidu- una joven morena de cabello muy largo negro- Niccole,
la mayor de la señora Lee- una joven de
cabello negro lacio y ojos café oscuro, pero de piel blanca.- Son los hijos de
algunos de los 12, algo así como yo, solo que yo soy una de ‘Los 12’ ”-reía un poco.
El joven se quedó hablando un buen rato con ellos, y cada uno le cayó muy bien.
Hablaban del peso de ser sucesor, de sus experiencias con sus padres como
miembros de la Mafia, mientras al joven le extrañaba que estuvieran tan
empapados de todo lo que estaba pasando; además de que le parecían interesantes
cada uno de los acentos de los jóvenes. La música acompañaba todo el evento.
Lo noche terminó con un pastel enorme que
Lucio preparó como regalo final de bienvenida al joven. Le llamó y le pidió que
partiera el primer pedazo con una espátula dorada que le dio una de los
camareros. Los demás jóvenes, que ya le habían tomado cierta confianza estaban
cerca suyo, cosa que parecía que Lucio y los padres de cada uno veían con
buenos ojos.
Lucio, luego de permitir una media hora más
para comer el pastel, subió a la tarima y pidió a Lahel que dijera algunas
palabras; este subiendo también, tomó el micrófono y dijo:
“De verdad gracias todos por recibirme tan bien
en la Familia, les prometo que voy a hacer lo mejor por todos y tratar de
lograr algo bueno de mi suerte y mi vida” –Le sorprendía su propia fluidez en
el sentido de que no se tenía nervios ni se trababa; y agradecía en su mente a
Lucio esta oportunidad, había olvidado el motivo real de este encuentro. Lucio,
junto con todos los presentes, aplaudía. Pidió el micrófono al joven y dijo:
“Gracias a todos y todas por venir, nuestro
evento ha terminado. Espero poder hacer más cosas como esta para reunir a toda
nuestra Gran Familia, llena de amigos y hermanos. ¡Saluti e buona fortuna!”
Mientras todos aplaudían, el hombre y el joven bajaban y los muchachos llegaron
a despedirse del joven con entusiasmo, parecía que se había ganado la simpatía
de todos en tan poco tiempo. Se preguntaba dónde estaría Suzu en todo el rato.
En diferentes momentos, las personas
comenzaron a irse en los demás helicópteros y algunos se fueron en pequeños
yates que llegaron por ellos, así miembros de la Familia o de Familias aliadas,
casi todos se fueron, todos elogiando a Lucio y felicitando a Lahel antes de
irse.
Solo quedaron “los 12” de aquella ocasión
del nombramiento de Lahel, incluso sus hijos o esposos o esposas se habían ido.
Suzu apareció de entre la gente que se iba, y llegó a sentarse otra vez en la
mesa principal. Los camareros ahora estaban aguardando quietos por todas partes
con armas, Lahel intuyó que eran miembros de la Familia. Lahel caía en la cruel
realidad del porqué del evento… No pudo contener su preocupación y dijo: “Don
Lucio ¿Por qué los otros miembros de las familias se van? ¿No debería quedar
mucha más gente con nosotros?”
Lucio, sonriendo como con nostalgia
respondió: “Hace mucho tiempo hubo una masacre, por este mismo asunto, por
ello, solo quiero que estemos los necesarios”-Lahel medio entendió su punto. El
hombre les pidió a “los doce” seguirlo al puente de mando del barco.
Atravesaron por una puerta de un lado del barco que daba a un pasillo alfombrado
y subiéndose en un ascensor, llegaron al puente, que estaba en el nivel medio
del barco, no en la parte superior, como solía ser en cualquier otra
embarcación. Las puertas se abrieron y dejaron ver el lugar: era amplio, construido
en dos niveles, uno ligeramente superior al otro, con una silla para el capitán
en el centro, delimitado este nivel por un barandal y dos escalones a los lados
que daban al nivel inmediatamente inferior, donde estaban algunos controles y
personas en estos puestos. En el fondo del lugar estaba una pantalla gigante
con algunos datos que el joven no entendía. El hombre sentado en la silla de
mando, al capitán, se levantó y caminó hasta Lucio.
El capitán hizo un saludo militar a Lucio y
a los presentes, era un hombre de barba blanca medio corta, vestido con una
traje blanco y una gorra con el signo de la Familia, otras personas vestidas
con su respectivo uniforme de marina, estaban en los diferentes puestos de
control.
Así que este es su sucesor, Don Lucio;
mucho gusto-dijo estrechando la mano de Lahel- Nello Spanoulis, a su servicio.”-su
acento extranjero era diferente, parecía de una zona de oriente medio, pero no
era un acento ‘arabesco’.
“Capitán Nello, por favor háganos un
informe de la situación”-dijo Lucio tranquilamente.
“Si, bueno, hay poca actividad dentro y
fuera del agua, no parece haber signos de la Familia Gabrielli”
“¿Gabrielli?”-dijo el muchacho como para sí
mismo.
Cassandra estaba cerca del joven y lo pudo
escuchar:
“Es la Familia que formó el primo de don
Lucio, con su apellido. Son primos por sus madres, por eso tiene un apellido
diferente”.
El joven asintió con la cabeza en
respuesta.
“Bueno- retomó Lucio-, entonces no queda
más que esperar, por favor, siéntanse libres de hacer lo que gusten”-dijo
refiriéndose a los 12 que le acompañaban y al muchacho. Algunos tomaron asiento
en algunos campos libres de la parte de atrás del puente, como Suzu y Cassandra,
la primera un poco alejada del resto. André se arrecostó a un barandal del
nivel superior de la sala. Y algunos otros se quedaron en pie, otros hicieron
uso de las computadoras aledañas al asiento del capitán, como revisando la
seguridad y/o expedientes de la Familia. Comenzaron a pasar segundos, minutos…;
no parecía haber señales de un ataque inminente, todo estaba “calmado”, aunque
el ambiente era tenso. Al cabo de una hora, uno de los 12, Martello, se acercó
a Lucio preguntándole si no deberían reconsiderar pedir refuerzos. Lahel, quien
había estado caminando, se sentó junto a Cassandra. Lucio respondió algo, pero
el joven no prestó atención: “Hey, no te pregunté en toda la noche que has
estado haciendo en todo este tiempo sin vernos” Se dirigía a la joven.
“Pues bueno, trabajos de la Familia,
preocupándose todo el tiempo por negocios oscuros por desmantelar y esas cosas.
La policía no sirve, en realidad; para eso estamos nosotros.”
“Jajaja, comprendo”-el joven daba una
sonrisa que normalmente se guardaba mucho para sí. Una expresión sincera que
daba una sensación de empatía total y de cercanía, difícil de percibir en él.
Durante algunos minutos siguieron hablando,
luego guardaron silencio, y así pasaron un par de horas. Lahel le pidió a
Cassandra salir con él a cubierta. Suzu parecía distraída.
“Creo que no es una buena idea…” afirmó la
joven.
“Vamos. Solo será unos minutos” Ella
aceptó. Salieron por el ascensor, mientras todos los demás estaban en sus
cosas. Al subir, se alejaron de aquella entrada y esperaron cerca de la proa,
no parecía haber nadie, curiosamente.
Lahel se apoyo en la baranda del borde: “Me
gustó bailar con vos, hace tiempo no lo hacía”
La muchacha respondió: “Si, la verdad fue
bastante divertido. Con todas las responsabilidades como cabeza de Familia casi
nunca puedo hacer cosas con gente joven, y menos si involucra diversión”
Lahel veía un poco borroso, del sueño,
bostezaba. Había poca brisa. Sacó su celular y vio como la pantalla estaba
borrosa también. Un ruido fuerte se escuchó a la distancia, varios helicópteros
se acercaban. Tanto él como la que estaba a su lado se alarmaron. Se comenzaron
a escuchar disparos y ambos corrieron hacia el pasadizo que iba al ascensor.
Una luz de helicóptero los iluminaba desde lejos.
Suzu salió a su encuentro: “¡¿Qué hacen
aquí?! ¡Corran!” Algunos disparos errados impactaban cerca de todos,
incrementando la adrenalina del muchacho, la tensión desesperada de tratar de
salvarse.
Conforme se introdujeron a la entrada, unos
‘perros’ extraños aparecieron y como Lahel tenía su arma, desenfundó y detuvo
al que estaba más cerca, cortándolo un poco, los otros mantuvieron su distancia
gruñendo. Un pequeño punto rojo de luz
se vio en su pecho, alguien lo estaba apuntando. Suzu se dio cuenta:
“Lahel, ¡Corra! ¡Ahí está muy expuesto!” -él
recordó su sueño, pero para entonces ya era muy tarde, se escuchó un fuerte
disparo y de alguna manera, en cuestión de segundos cayó al suelo, con Suzu
encima suyo. Un dejavú total vino a
él, su sueño, pero no había tiempo de pensar. Cassandra corrió deshacerse de los otros ‘perros’ a punta de golpes. Lahel
incorporó a su guardaespaldas:
“¡¿Estás bien?! ¡¿Te dispararon?!”
“Estúpido…-musitó Suzu- me golpeé el brazo
al caer, pero esquivamos la bala…”
“Que suerte… -parecía que quería llorar,
pero se contuvo-vamos”. Suzu se incorporó.
Siguieron corriendo, en medio de los ruidos
de disparos. Abordaron el ascensor justo donde parecía que venían más animales.
Apenas y pudieron recobrar el aliento, Lahel veía a ambas mujeres bastante más
‘tranquilas’ que el. Al menos esta vez, a diferencia de su sueño, nadie había
muerto, de verdad se sentía aliviado, pero no se permitía sentir.
Abajo era un caos igual o peor que arriba,
las puertas se abrieron ante ellos:
“¡Capitán, Don Lucio, el sistema computacional
está dañándose, de alguna manera!” dijo un marino.
“¿A qué se refiere con eso?”-preguntó el
capitán que se puso de pie al instante, aunque estaba sentado en su silla.
Todos los presentes estaban tensos, tan sólo Lucio notó la llegada de los
muchachos. Lanzó una breve mirada inexpresiva, y siguió volteó nuevamente.
“¡No lo sé! ¡Todo está estropeándose, y la
imagen se está distorsionando!”
La pantalla principal comenzó a emitir
sonidos como de voces, combinadas con una imagen de interferencia, el ambiente
se había vuelto tenso de repente.
En ese instante, pareció restablecerse, pero
apareció en ella un hombre, de edad media, de pelo rubio, y ojos rojizos,
usando una camisa formal morada, con una sonrisa maliciosa, solo se veía su
rostro y parte del pecho.
“¡Alfonso!”-exclamó Lucio.
“¡Reparen los controles para saber la
ubicación del enemigo!”-exigió el capitán al instante.
Alfonso reía, mientras todos miraban la
pantalla un poco borrosa aún. Este dijo:
“Ni siquiera lo intenten, he interferido
las líneas de comunicación y están siendo afectados por un virus que se ha
infiltrado en el sistema…” Lahel recordó la pantalla de su teléfono.
“¡¿Cómo es posible que pase esto?!”-replicó
el capitán, Lucio yacía sin expresar emoción ni parecer intimidado, solo
apretaba los puños.
“Ya ves… esto es solo un saludo, por que
cuando despliegue todas mis capacidades, la ‘Familia’ va a caer como no lo hizo
la vez anterior. Ah por cierto ¿ese es tu ‘sucesor’?- el joven sintió vació en
el estómago, mientras se suponía, los marinos hacían de todo por tratar de
solucionar el asunto- Que patética elección… a penas y sobrevivió, pero en fin,
hoy esto se acaba. Bien, Lucio, ¡hasta nunca!”-el hombre sonreía y de repente
la señal se volvió a perder. Lucio, sin perder el tiempo, ordenó que “los 12”,
incluyendo a Suzu, abandonaran el barco. André, Cassandra y Suzu no dijeron
nada, pero esta última fruncía el ceño y la segunda bajó la cabeza.
Los demás excepto André, se quejaban con
Lucio. Este, reprendiéndoles, les dijo:
“Ustedes piensen en ustedes mismos y sus
familias, tienen que protegerlas y yo…Lahel es mi esperanza. Por eso quiero que
se salgan de aquí, André se va a encargar de todo. Yo me encargo de Alfonso”
A Lahel, aunque las palabras del hombre le
hicieron sentirse mal y bien al mismo tiempo, no podía moverse. Suzu le tomó
del brazo y le metió en el ascensor. Los otros “12” también se subieron, sabían
en el fondo que su Jefe tenía razón y además debían respetarlo.
El joven no sabía qué hacer; mientras, las
puertas del ascensor se cerraban, frente a un Lucio que le guiñaba al muchacho,
sonriéndole como siempre, aún en esta situación. Un sonido fuerte como de
explosión y el barco estremeciéndose acompañaban su descenso.
Bajaron hasta un pequeño espacio al que se
accedía abriendo una compuerta gruesa; donde un submarino pequeño a su vez
estaba listo para salir, suspendido sobre una abertura en la parte inferior de
la nave que daba al océano directamente. Una alarma y luces rojas invadían el
lugar.
El joven caminaba como un muerto en vida,
con la moral baja y las preocupaciones encima. No sabía cómo haría Lucio para
sobrevivir, además de todas las personas que se encontraban en el barco, todos
los otros agentes de la Familia… no había nada que pudiera hacer.
Subieron al vehículo por unas escaleras de
un andamio, desde una escotilla en la parte superior, había que bajar por unas
escaleras. Unos asientos a los lados del submarino estaban destinados a los
pasajeros mientras que una mujer uniformada en los controles saludaba
respetuosamente. Una vez que todos estuvieron adentro, André cerró la escotilla
y todos tomaron asiento, poniéndose cinturones para sujetarse a sus lugares.
André tomó un puesto a la par del de la mujer, y se puso unos auriculares. Suzu
se sentó al lado del joven y Cassandra estaba en los asientos del lado opuesto.
Comenzaron la inmersión soltando el vehículo del andamio y cayendo al agua, el
frente de la máquina estaba hecho de un material transparente que dejaba ver el
agua que cubría cada vez más todo el submarino. Nadie decía palabra, el joven
pedía al cielo que todo saliera bien; cual alguna vez anterior, agarraba en su
pecho las medallas en su cadena.
El
vehículo no estaba afectado por el virus.
No dejaban de sentirse explosiones en el
agua.
“Señor- dijo la mujer refiriéndose a André- se
acercan torpedos hacia nosotros, no son
para el barco, ya se calculó su trayectoria, son siete segundos antes del
impacto, y son de un submarino enorme, mire el radar”
Los presentes estaban en shock, el joven no
podía ni respirar, mientras que André dio un golpe con el puño al brazo de su
asiento. Parecía que nada podía hacer.
“¡Acelere lo más posible! ¡Vamos hacia la
base 67!” –exclamó André con mas acento que nunca.
La mujer comenzó a contar: “Seis…cinco…
cua… ¡Espere! Los torpedos desaparecieron, parece que el barco logró disparar
sus propios proyectiles en contra” El alivio fue casi palpable en el aire, el
joven tenía ahora la esperanza de que hubieran podido combatir el virus y
hubiesen obtenido el mando del barco suficiente como para poder disparar.
Justo se estaban alejando del barco, cuando
otra vez la mujer dio una señal de torpedos, pero esta vez era el mismo barco
el que disparaba por segunda vez, en intervalos de tiempo de minutos, tratando
de dar al submarino enemigo. Algo pasaba, según la mujer en los controles los
proyectiles explotaban antes de dar en el barco, de alguna forma eran
destruidos antes de tiempo.
“¡¿Cómo es posible?!-decía frustrado André,
luego se dirigió a aquella mujer- ¡Siga avanzando, no nos tenemos que detener
por nada!”
“Mas proyectiles, esta vez hacia el
barco”-dijo en respuesta. Lahel bajó la mirada y se sostuvo el rostro con las
manos, tenía los ojos bien abiertos, pero no quería ver a su alrededor, solo
dejaba que su mente pensara lo peor en escenas más vividas que la realidad
misma.
Escuchaba las voces de algunos de “los 12”
comentando, pero todas eran voces de adultos, las jóvenes permanecían en
silencio. Lo que más le molestaba era el porqué si Lucio siempre había tenido
todo planeado, hasta el más ínfimo detalle, todo era tan diferente ahora…
¿sería posible entonces que Alfonso estuviera a la altura de su familiar?...
“Parece que el enemigo disparó miles de
torpedos, son demasiados…-decía la mujer- Cinco, cuatro, tres, dos, uno… ¡Le
dieron al barco!, el sonar registra sonidos de explosiones por todas partes…”
El submarino se estremeció aún más.
“No se preocupen-dijo André volviendo la
cabeza hacia los presentes en la parte trasera del submarino. Estamos ya un
poco lejos del sitio de impacto, ahora tenemos que mantener toda la velocidad
hasta estar fuera del radar del enemigo”
Lahel alzó la cabeza, mientras que los
otros presentaban una sensación de alivio, el joven preguntó:
“¿Y don Lucio?...”
El hombre, esta vez, no volteó la cabeza;
solo respondió:
“No hay comunicaciones, debemos seguir
hasta una base submarina a 20 minutos de aquí, no tenemos otra opción”
El vehículo aún estaba moviéndose, en un
temblor constante.
La mujer uniformada iba a decir algo, pero
André puso la mano sobre su hombro, y ‘disintió’ con la cabeza. Esto era para
indicar que el mismo diría lo que ella iba a decir, o para cambiarlo:
“Estamos experimentando aún los efectos de
los impactos, esperemos que pronto se quiten.”
Luego de un rato, el movimiento cesó, y el
silencio era patente.
El tiempo pasó y se podía ver por el vidrio
del frente del submarino una especie de ‘montaña’, una formación rocosa con una
grieta en la base, lo bastante grande como para dejar entrar un vehículo
pequeño.
“Llegamos”- dijo André.
“Estoy ingresando la información del
protocolo de ingreso”-dijo la mujer de los controles.
Parecía que se introducían en la grieta,
bajaban un poco y una pared se habría para darles paso.
La mujer decía algunos datos de
identificación mientras el vehículo emergía.
Al fin el aire removía poco a poco la
visión del agua; hasta que al fin el vehículo salió a flote. Parecía que habían
emergido justo en una especie de puerto diseñado para submarinos.
Los “12” iban saliendo poco a poco, uno por
uno, incluso la mujer en uniforme que había estado controlando la nave.
Solo quedaron Suzu, André, Cassandra y
Lahel, hundido en sí mismo.
Suzu tomó a Cassandra del brazo y la sacó
del submarino.
André se acercó al joven que aún estaba
sentado en uno de los asientos, mirando al suelo:
“Tenga fe, tal vez don Lucio esté bien,
recuerde lo que le dije de confiar en él. Ahora lo mejor sería que descanse un
poco”
“Tal vez tenés razón… salgamos entonces…”
Se levantó, y André iba delante de él hacia la
escalera de salida. Mientras André trepaba, el muchacho comenzó a ver borroso,
perdió un poco las fuerzas en las piernas, y recostándose súbitamente en una de
las paredes del vehículo, perdió el conocimiento, solo terminó de ver a André
que se devolvía sorprendido; podía percibir unos sonidos confusos como palabras
que decía el hombre, pero no distinguía nada, cerró los ojos y no pudo saber
qué más paso, solo sentía un poco de alivio, mientras caía en la inconsciencia.
(CONTINUARÁ
y perdón la tardanza, otra vez
)
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Recomendación
de entrada:
Saga Dark Secret
(Para que le hechen un ojito
)
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Si
tienes
comentarios, dudas o
sugerencias, por favor hazlos con confianza aquí o da la vuelta por el Jardín/Vestibulo!
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P.D.: Pronto haré una entrada recopilatoria de la Ira Temporada
2 Comentarios:
Muy buen final de temporada,
10 de Mayo de 2010 • 15:55 — tidus 7Muy buen final de temporada, me gustó mucho la parte de la batalla, dejando el final muy emocionante, con la desaparición de Lucio en el mar y la huida desesperada de los 12.
Preveo tal vez una segunda temporada de recuperación de la familia y de rescate de don Lucio, preso de su hermano?
holas amigo
27 de Mayo de 2010 • 01:22 — shuiomixmex