Al entrar a la casa, sus hermanos le
saludaron y se fueron cada uno a sus cuartos a desempacar, lo mismo hicieron
sus padres, pero el joven les siguió, con el ánimo de un alma en pena pero la
actitud fingida de alguien que no ha conocido el dolor.
Pronto llegaron sus hermanos también, todos
contaban experiencias alegres, anécdotas: la salida del sol, su puesta, la
comida, el mar, la gente, el servicio, etc., etc., etc. El sonreía fingiendo
interés, solo esperaba el momento adecuado para decir lo de la nueva casa. Ya
eran alrededor de las nueve, y todos estaban realmente cansados, aún así sus hermanos se fueron a ver
televisión. Hizo como una seña a su madre, mientras su padre estaba concentrado
en otra cosa. Ella no entendió, entonces hizo como señas en forma de “casa”, su
madre sorprendida le respondió asintiendo con la cabeza.
“Hay algo de lo que tenemos que
hablar”-dijo su madre dirigiéndose a su padre.
“¿Si?, ¿qué pasó?” Parecía que esta frase
no le agradó mucho, pero miraba a la madre con cierta curiosidad.
“¿Te acordás de Lucio?”