10 de Febrero de 2012
Nov
17

La Llamada

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La Llamada

Ric se encontraba sentado en el parque, como todos los jueves, esperando a Raymond. Raymond siempre llegaba tarde, Ric se había acostumbrado a eso, y aprovechaba el tiempo para leer algo. No es que le gustara mucho pero ¿que más iba a hacer? Además, lo hacía parecer inteligente, y a las mujeres les gustaban los hombres interesantes. Las de su edad solo hablaban del guapo de turno, de la última peli de Steve Armand, de los pectorales del presentador del Grand Quiz. A él le interesaban las Mujeres de verdad, con mayúsculas, como la profesora de biología. Había que admitir que Ric no estaba en forma. En realidad si hay que ser sinceros deberíamos decir que Ric era Gordo. Que es algo muy diferente a estar gordo. Cuando uno esta gordo con tres meses de dieta y gimnasio dos veces a la semana puede adelgazar y hasta ponerse fuerte. Pero el caso de Ric era diferente. Lo intento muchas veces, salir a correr por las mañanas, comer solo frutas y verduras, incluso comprar unas pastillas que absorbían  las grasa. Nada dio resultado, su barriga seguía colgando y burlándose de él. Eso hacía que Ric se enfadase, y cuando Ric se enfadaba comía. Tomaba prestado un poco de dinero de su madre (siempre dejaba su cartera en cualquier lugar de la casa), y se iba a las tiendas del cine a comprar caramelos, bombones, coca-cola, gominolas azucaradas y si el enfado era muy grande se compraba unas palomitas de un tamaño considerable. Ric ya había aceptado que el era Gordo, y convivía con ello, no era fácil, pero no tenía otra opción.

- Así es la vida soldado- suspiró mientras miraba hacía el sol que se ocultaba lentamente tras el horizonte.

Ric, a veces, hablaba solo. Últimamente con más frecuencia, pero desde pequeño lo había hecho. Era como pensar en  en voz alta, escuchar sus pensamientos parecía aliviarlo, como si perdieran importancia con cada palabra que el soltaba al viento.

- ¿Cuándo llegará Raymond?- le preguntó aburrido al reloj.

- Ya está aquí- contestó.

Ric soltó un agudo grito y su cara palideció. Una carcajada inundó el aire y Ric desesperado forcejeó para quitarse aquel reloj parlante. Una cosa era hablar solo, pero que el reloj le contestara le hacía dudar de su cordura.

Lanzó el diabólico artefacto al suelo y se dispuso a pisarlo para que parara de reírse cuando sintió que le daban golpecitos en la espalda.

Se giró con el puño alzado dispuesto a enfrentarse a cualquier cosa y su cara pasó del blanco al rojo. Raymond se encontraba en el suelo con lágrimas en los ojos y riendo a todo pulmón.

- Estas loco tío, como una regadera- sus palabras se ahogaron en otro ataque histérico de risa.

Ric miraba al reloj y a Raymond incapaz de articular palabra.

- Oye tío ¿no te habrás enfadado?, llevo aquí un rato y no he podido resistirme- tuvo que aguantarse otra carcajada-, venga te invito a un helado no te enfades.

Ric seguía observando el reloj con cautela. Raymond se acercó y lo sujetó por los hombros.

- ¿No pensarás que te habló el reloj?, fui yo R.

- No me llames R

- Esta bien, prometo no asustarte más, ¿cerramos el trato con saliva?

- Vale…- dijo Ric resignado

Los dos jóvenes escupieron sobre sus manos y las juntaron en un apretón fraternal.

A Ric no le gustaba enfadarse con su único amigo así que siempre le perdonaba todas las bromas que este le gastaba, pero a veces hacía cosas que lo asustaban. Recordaba una vez, que se encontraron en el parque como todo los jueves y hablaban de los superpoderes que les gustaría tener.

- Pues a mi me gustaría tener rayos X para poder atravesar con mi mirada cualquier material- dijo Ric entusiasmado.

- Claro y así podrías verle las braguitas a la profe de Biología- respondió Raymond con una sonrisa socarrona.

- Bueno yo había pensado en que podría detectar enfermedades a las personas y así ayudar a los doctores pero… me gusta tu idea.

Los dos rieron juntos como buenos amigos, en ese momento Ric se sentía feliz.

- ¿Y a ti que poder te gustaría tener?

- Yo ya tengo un poder.

- ¿Y cual es ese poder?- dijo Ric siguiéndole el juego.

- ¿Ves ese gato que esta cerca de los columpios?- dijo Raymond.

- Si.

- Observa.

Raymond se puso de pie separó las piernas y puso sus manos alrededor de la boca formando un túnel para amplificar su voz.

- Exurgunt mortui et and veniunt - gritó con fuerzas.

El pequeño gato levanto su cabeza y caminó hacia ellos.

- Lo ves, viene hacia mí- dijo Raymond orgulloso.

- Casualidad, ¿qué diantres has dicho?

- No lo sé, me lo dijo mi padre, yo estaba durmiendo se acercó a mi cama y susurró esas palabras.

- Vaya..-dijo Ric, sin saber muy bien como reaccionar- ¿no le gusta el clásico “Buenas noches”?

El gato se restregaba contra las piernas de Raymond ronroneando.

- Exurgunt mortui et and veniunt- repitió

El gato lo miró fijamente y se sentó.

-¡Has visto! Exurgunt mortuit et and veniunt

El gato comenzó a temblar visiblemente. Raymond repitió las palabras de forma más lenta y mirando a los ojos al animal.

- Oye, para ya, creo que lo estas asustando…

- Exurgunt mortui et and veniunt

Un pequeño charco se expandió bajo el frágil cuerpo del gato.

- Se ha meado tio, déjalo en paz- dijo Ric y trató de apartar a Raymond lejos del animal.

Pero no lo pudo mover estaba clavado al suelo.

Repitió una vez más:

 

Exurgunt mortui et and veniunt

 

Entonces el pequeño gatito cayó como fulminado por una rayo se sacudió tres veces y ya no volvió a moverse. Tenía los ojos abiertos.

- Esta muerto, lo he matado, yo lo he matado…-dijo Raymond como hablándose a si mismo. Estaba asustado.

Mientras tanto Ric recogió el cuerpo muerto del animal, pesaba más de lo que él pensaba, la pequeña cabeza colgaba a un lado y los ojos se estaban secando rápidamente. Le tocó el pecho con la esperanza de encontrar un pequeña pulsación, pero lo único que sintió era como el calor abandonaba el cuerpo del gato. No pudo contener las lagrimas. Era la primera vez que veía a la muerte cara a cara y era muy triste. Se imagino al pequeño gato correteando entre los arbustos, echándose plácidamente al sol, recorriendo los tejados por las noches…, luego vio el cuerpo y supo que nada de eso sucedería. La vida se había escapado sin que sonara ninguna canción de fondo como pasaba en las pelis y series que solía ver.

Raymond seguía de pie mirando hacía el horizonte.

- Vamos a enterrarlo- fue lo único que dijo.

Nunca más volvieron a hablar del tema, con el tiempo lo fue olvidando, el recuerdo se fue enterrando entre las brumas del olvido y lo poco que aún visualizaba de todo aquello era modificado por su desbocada imaginación. Ya no podía distinguir si todo aquello había sido una pesadilla o él se lo había imaginado.

Pero el recuerdo había vuelto, furioso, nítido.

 

“…me lo dijo mi padre, yo estaba durmiendo se acercó a mi cama y susurró esas palabras…”

 

- Ric, estas muy raro- las palabras de Raymond lo trajeron de nuevo al presente.

- ¿Recuerdas al gato?

- Ric debo irme- dijo Raymond ignorando la pregunta.

- ¿Ya son las ocho?

- Si, pero esta vez es diferente, me voy Ric ¿lo entiendes?

- Lo del gato ¿sucedió en realidad?, ¿lo mataste?

- Lo siento Ric mi padre me llama, ¿no lo escuchas?, ya no puedo postergarlo más me voy con él.

- Nunca me has hablado de tu padre...

- Mi madre me dijo que estaba muerto, un accidente en la carretera. Pero no es así, me visita por las noches. Yo me hago el dormido, pero puedo verlo, se acerca a la cama sin hacer el más mínimo ruido y se queda observándome durante horas. Siempre parte antes del amanecer. Me susurra cosas extrañas, como eso que le dije al gato, es como otro idioma. Huele mal, pero me imagino que estará viviendo en la calle, solo, sin techo donde dormir...- la voz de Raymond vacilo y sus ojos se humedecieron-  Creo que me necesita.

Ric sabía lo que significaba aquello, perdería a la única persona que lo trataba bien. A su único amigo.

Los dos se quedaron en silencio mirando al suelo durante unos minutos que parecieron una eternidad, el parque estaba desierto.

Ric intento hablar pero no pudo hacerlo, su garganta estaba bloqueada por un nudo. No se animaba a levantar la vista, no quería ver a Raymond, no lo soportaría.

- Ric, me voy...

- Vete de una vez, dejame aquí solo...

- Yo...lo siento... de verdad que lo siento... Adiós amigo.

Ric escuchó los pasos que se desvanecían lentamente. Seguía mirando al suelo, veía como sus lágrimas empapaban la tierra. Cuando levanto la cabeza Raymond ya no estaba allí.

Como si fuese un sueño- pensó con amargura.

 

***

 

Faltaban veinte minutos para las doce de la noche y Raymond seguía sin poder dormir.

Quizás fue todo un sueño y mi padre está muerto. Quizás estoy loco

A través de la ventana la luna filtraba sus rayos en la habitación tiñendo el aire de plata. Raymond miró al hombre de la foto que tenía en la mesita de noche. Estaba abrazando a su madre que lucía una inmensa barriga, tomaban un helado.

- Aquí estoy yo- le dijo a la noche señalando el vientre de su madre.

Había sido un día duro, sobre todo despedirse de R. Y lo peor fue que ni siquiera lo miró. El se moría de ganas de abrazarlo y decirle que lo quería, pero Ric se enfadó y ni siquiera lo vio partir...

Espero que te vaya bien colega- susurró y apretó el rostro contra la almohada para ahogar el llanto.

Cuando su padre entró en la habitación Raymond estaba profundamente dormido.

 

***

El joven se movía por las oscuras calles en pijama. El frio atenazaba sus músculos y sus dientes castañeaban. Nunca había salido de su casa tan tarde, se sentía nervioso, como si hubiese violado una regla no escrita “Los niños no deben salir a la calle de noche o algo malo les sucederá”. Un perro ladró a lo lejos y se escucho el chirrido de las ruedas al morder el asfalto.

Estaba cerca lo sabía, pero las sombras parecían alargar las distancias. Un coche de la policía giro en la esquina y el muchacho se pegó a la pared al lado de un contenedor de basura. Sus movimientos eran torpes, estaba excedido de peso, su barriga oscilaba como un pesado péndulo. El coche de la policía siguió su recorrido y Ric volvió a respirar.

Se seco el sudor que perlaba su frente y su nariz y continuó camino.

 

***

 

Cuando estaba  a unos cincuenta metros de casa de Raymond se escondió en unos arbustos y esperó.

Bien ¿y ahora qué?

No había pensado que haría al llegar. No podía golpear la puerta, era muy tarde, y a además iba en pijama. Por otra parte si alguien veía a un niño observando una casa escondido en entre los arbustos a esas horas alertaría a la policía. Ric se odió por no pensar las cosas antes de hacerlas. Pero fue una sensación muy rara, había soñado algo que ya no recordaba y cuando estuvo consciente se encontraba en la calle corriendo.

Se encendió una luz dentro del hogar de Raymond y volvió a apagarse. Se abrió la puerta y un hombre increíblemente alto ( Ric calculó más de dos metros) salió a la calle llevando a Raymond de la mano. El hombre llevaba un traje negro de etiqueta como si fuese a una boda.

O aún entierro.

Ric salió de su escondite y comenzó  a acercarse tímidamente hacía Raymond y su hipotético padre. Sus ojos se habían acostumbrado a la mortecina luz de las farolas que iluminaban las calles y cuando estuvo a diez metros del gran hombre se frenó en seco. El rostro pálido del individuo se veía agrietado y seco, donde debía haber ojos lo único que vio fue oscuridad, sus cuencas estaban vacías.

- ¡Raymond!- gritó aturdido.

Raymond se giró y lo miró a los ojos. Ric comprobó que aunque los globos oculares seguían en su sitio estaban vacios, la nada se reflejaba en la mirada de su amigo.

- Exurgunt mortui et and veniunt- le respondió Raymond como si eso lo explicara todo y luego sonrió.

- Vamos Raymond llegaremos tarde a la fiesta, tu madre se enfadará- dijo el padre con una voz cavernosa.

 

***

Ric se despertó en una cama que no era la suya, su madre estaba sentada a su lado.

- Hola Ric- le dijo dulcemente.

- Hola, ¿qué pasa?- dijo mirando a su alrededor. Pudo ver que a su lado había otra cama y un viejo dormía en ella. Cada pocos segundos escuchaba un pitido.

- Ric , ¿no recuerdas?- su madre lo miró con una expresión, que le resultó extraña, había angustia pero también miedo y rechazo. Te encontró la policía cerca del cementerio, estabas inconsciente, tienes un fuerte golpe en la cabeza. Según los médicos te pondrás bien, aunque dijeron que seguramente no recuerdes lo que pasó en mucho tiempo...

¿Ric tomas drogas?- la voz de su madre se quebró y se cubrió el rostro con las manos para apaciguar el llanto.

- No, yo...- Ric se calló, no recordaba nada, podría haber tomado drogas toda la noche y el no lo sabría- lo siento...

- Esta bien cariño, es culpa mía- dijo su madre secando las lágrimas con un pañuelo- debo volver a casa, llevo dos días aquí y tu padre morirá de sobredosis de pizza.

Ric sonrió.

- No te preocupes habrá una enfermera que cuidará de ti, te han administrado un calmante así que te dormirás y mañana estaré aquí nuevamente, te quiero cariño.

Ric calló en un profundo sueño sin apenas darse cuenta.

Cuando despertó su madre no estaba, y además no podía moverse, la oscuridad era completa. Estaba encerrado en algún lugar, olía a humedad.

- ¡Ayuda!- gritó- , ¡enfermera ayúdeme!

- Ric, tranquilo-

- ¿Raymond?-

- Si, ¿no es genial?

- ¿Dónde estamos?

- Eso da igual, lo que importa es que estamos juntos, fue muy cruel de tu parte no despedirte de mi R. Pero eso ya da igual te perdono porque soy un tío legal. El que no se si te perdonará es mi padre. Se enfada con facilidad.

- Raymond ¿qué diablos dices?, ¿qué está sucediendo aquí?

- Tú has escuchado su llamada, fue culpa mía, lo siento colega- la voz de Raymond era apagada pero estaba cerca.

Pasos en la oscuridad.

- Ya está aquí- dijo Raymond en un susurro apenas audible.

Los pasos se acercaban a Ric. El hombre levantó la tapa del ataúd y lo sacó levantándolo por el aire. Los ojos vacios se clavaron en los suyos y se sintió desvanecer.

- Se hace tarde para la fiesta Ric, tu madre se enfadará.

 

Fin

Largos días y placenteras noches...

5
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2 Comentarios:

Fantástico Relato

Vuelvo a destacr tu enorme fluidez a la hora de narrar, es como si estuvieses viendo una película, me explico, eres capaz de imaginartelo en tu cabeza, y además el texto no cae en descripciones tediosas o detalles sin importancia, es muy ágil y ameno a la hora de leer, y con tramas muy interesantes.

Un saludo y 5 estrellas tras tu pequeño descanso

Y al fin la secuela de "el

Y al fin la secuela de "el visitante" nos llega a la torre oscura!

 

Con el tiempo y los relatos que vas escribiendo se nota como tu estilo va madurando y se va puliendo. Ya lo comentaremos más en detalle delante de unas cervezas, pero en resumidas cuentas, te doy 5 estrellas!

 

PD: Por cierto, me he quedado intrigado. Para los de la LOGSE, que no estudiamos latín, que significa Exurgunt mortui et and veniunt?