El circuito de Silverstone es uno de esos trazados de toda la vida que, por mucho que pasen los años y se vayan creando nuevos circuitos, sigue siendo uno de los mejores para disfrutar de un Fórmula 1 al límite. La primera parte de la vuelta es sencillamente increíble, con curvas rapidísimas como Copse o el complejo Becketts-Maggots, y se podría decir que hasta bien avanzada la vuelta, el freno tiene una función meramente decorativa. Eso sí, hoy por hoy, es un circuito demasiado aerodinámico, donde los adelantamientos en pista son la excepción.
La rapidísima primera parte de la vuelta contrasta con la extremadamente lenta y revirada parte final, pero para poder pasar lo más rápido posible por esas curvas de alta velocidad, los monoplazas disponen una carga aerodinámica media-alta muy parecida a la mostrada en Magny Cours.