24 de Julio de 2008
La Era de los Artefactos.

Autor: Ehldair

Capítulo II.

La mañana siguiente fue una mañana intensa para Septus. Cuando fue a buscar a Matt y Derek, estos estaban esperándole, pues Moller ya había hablado con las familias de ambos. La de Matt tenía un establo, y no tuvieron problemas a la hora de dejar marchar a su hijo, ya que eran una familia bastante numerosa. Por su parte los padres de Derek poseían una serrería, y aunque reticentes, terminaron aceptando la marcha de su único hijo por unos días.

No tuvieron que comprar comida, ya que cogieron dos kilos de carne de vaca y dos docenas de huevos del establo de Matt. Derek les convenció de que tal vez necesitaran hierbas medicinales y distintos productos naturales, así que del establo fueron a la botica del pueblo, regentada por los Randalf y allí Derek se ocupó de comprar lo que él creyó necesario para el camino. Siembre había sido el más precavido y el más inteligente de los tres. Matt y Septus siempre competían entre ellos y se provocaban mutuamente en peleas, carreras, y cualquier otra actividad de índole competitiva, mientras Derek se quedaba a un lado temiendo por la integridad de cualquiera de los otros dos. A el no le iba el competir a ver quien tenía más fuerza ni cosas por el estilo. Le parecía algo superfluo, banal y sin sentido.

Jul
19

La Ciudad

Escrito hace dos noches...creo que haré más.

 

Los Viejos Tiempos

Prólogo

Duermo. Pero al mismo tiempo estoy despierto. Primero oigo el crujido a mi alrededor, huelo el aire quemado, saboreo las cenizas. Siento crepitar el suelo bajo mis pies, y, por último, veo el fuego, el más ardiente fuego que pudiera imaginar. Pero no me quemo. No se quién soy, si soy hombre o mujer, animal o humano, ser o no ser.
 
Cada vez que duermo, algo más se revela. Como pequeñas piezas de un puzzle extraño, todo empieza a encajar según la negra niebla se esfuma y revela mi alrededor. Hoy es el fuego, rojo y dorado, hipnotizante y lujurioso en su danza. Y entonces despierto.

 

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I

La tarde agonizaba en la ciudad. Las luces empezaban a encenderse, y atraían como polillas a los aldeanos que aún seguían con las tareas del día. En las tabernas, las primeras jarras salían a las mesas, y las anécdotas del día y los abrazos entre amigos compensaban el duro trabajo diario del trabajador común. Era la hora de hacer negocios para Grosh y Merklin. Conforme las estrellas empezasen a salir, las jarras se convertían en vómito, las anecdotas en amenazas, y los amigos en enemigos. Pero para ese momento, ambos ya estarían fuera, huyendo del ruido, y buscando un sitio para dormir. Eso si el hombre que estaba delante suyo no paraba de hablar hasta entonces, claro.

“...y esa es mi oferta.”

Aquí Big Boss...

Operación Intrude N313.
Infiltrarse en Outer Heaven, la base del enemigo, y destruir el arma suprema, ¡Metal Gear!
Primero, veamos los detalles. Haz contacto con Gray Fox, y encuentra el lugar donde se encuentra el arma suprema, ¡Metal Gear!
A partir de ahora, para todas las comunicaciones utilizaremos la frecuencia 120.85.

...cambio

 

Miro a un lado, miro al otro y no veo a nadie vigilando la entrada. Esta es mi oportunidad para entrar en la fortaleza sin ser detectado. Para salir del agua trepo sigilosamente por el muelle y rápidamente me escondo al lado de un tanque T-90, hay 4 apostados en la entrada. Hago otra ojeada y entro por la puerta principal sin apenas problemas. Hay algo que no me huele bien, quizá haya logrado escaparse Gray y están todos los soldados en su búsqueda y captura. De cualquier modo ya estoy dentro de Outer Heaven, la misión empieza ahora.

 

Aquí Big Boss...

Jul
14

Silent Snake. Cara A

Lunes 23 de Octubre de 1989

 

Jul
13

La Prueba - Autor: Lord_Areg

La Prueba
Autor: Lord_Areg

Se levantó de su silla para dirigirse a la cafetera y verter más café caliente en su ahora vacía taza. Dio un sorbo y miró a través de la ventana a los otros edificios de enfrente. La nieve caía incesantemente que pareciera que nunca iba a detenerse. La oscuridad comenzaba a envolver silenciosamente la ciudad y de las ventanas de enfrente se emitían rayos de luminosidad. Tomó una galleta y mordisqueó la orilla. Pequeñas migajas cayeron al piso y sobre sus zapatos. Observó su reloj y se dio cuenta que la hora de su descanso había terminado hacía 3 minutos. Terminó su galleta y dio el último sorbo a su café.

-A continuar trabajando.- Se dijo-.

Se enfundó nuevamente en su traje hermético y cruzó el umbral de la puerta corrediza hasta llegar a un nicho donde se encontraba un panel de control. Pulsó con sus dedos enguantados una serie de números y letras en el teclado y una corriente de gas lo rodeó completamente durante unos segundos. Volvió a pulsar las teclas y una segunda puerta se abrió. Entró a su sala de trabajo y se dirigió a un pequeño conmutador del que destellaban varias luces indicadoras. Pulso varios botones y mientras unas luces se apagaban, otras se encendían. Cerca del conmutador había una impresora. Arrancó la tira con los papeles aún unidos por las líneas punteadas y la acomodó en un pequeño escritorio.

Jul
9

La Muerte Púrpura - Autor: ErikAdams

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La Muerte Púrpura

Autor: ErikAdams

I

Caminaba encorvado y lentamente, hundiendo sus botas de color púrpura hasta casi las rodillas en la gruesa capa de nieve. Aunque hacia unas horas que la fuerte tormenta habia amainado, se cubría como podía con una roída y oscura capa de piel de lobo del gélido viento que soplaba levantando nubes de polvo y hielo. Al llegar al punto más alto de la colina, se paro a observar el espectáculo que ofrecía la mágica y letal noche invernal de Ranacoth, el mundo que agonizaba con los últimos envites de la dura estación. La esperada primavera estaba ya próxima, pero mientras tanto a los habitantes les quedaba por pasar lo peor de esta terrible temporada, la peor que recordaban en los últimos 30 años.

Las dos lunas asomaban tímidamente entre los resquicios de unas pocas nubes que amenazaban con descargar de nuevo su ira a lo largo y ancho de aquellas antaño fértiles tierras. Debajo de la empinada cara del montículo, justo a la orilla de un fino arroyo con las aguas congeladas por las bajas temperaturas, dormía una pequeña aldea cuyos habitantes debían estar sobreviviendo gracias a las reservas del pasado verano. La sombra de un espeso bosque en la lejanía, danzaba bruscamente empujada por el viento. En el horizonte, el leve resplandor que precede al alba comenzaba a apagar las brillantes estrellas que le habían acompañado durante todo el viaje… De repente, una inmensa nube oculto las dos lunas, dejando todo en penumbra e impidiéndole la visión de su objetivo. Su antiguo hogar. El lugar que le vio nacer.

 Lunes 23 de Octubre de 1989

Dagon

H.P. Lovecraft

Escribo esto bajo una fuerte tensión mental, ya que cuando llegue la noche habré dejado de existir. Sin dinero, y agotada mi provisión de droga, que es lo único que me hace tolerable la vida, no puedo seguir soportando más esta tortura; me arrojaré desde esta ventana de la buhardilla a la sórdida calle de abajo. Pese a mi esclavitud a la morfina, no me considero un débil ni un degenerado. Cuando hayáis leído estas páginas atropelladamente garabateadas, quizá os hagáis idea -aunque no del todo- de por qué tengo que buscar el olvido o la muerte.

Fue en una de las zonas más abiertas y menos frecuentadas del anchuroso Pacífico donde el paquebote en el que iba yo de sobrecargo cayó apresado por un corsario alemán. La gran guerra estaba entonces en sus comienzos, y las fuerzas oceánicas de los hunos aún no se habían hundido en su degradación posterior; así que nuestro buque fue capturado legalmente, y nuestra tripulación tratada con toda la deferencia y consideración debidas a unos prisioneros navales. En efecto, tan liberal era la disciplina de nuestros opresores, que cinco días más tarde conseguí escaparme en un pequeño bote, con agua y provisiones para bastante tiempo.

Jul
5

Katana - Capítulo I - Autor: Shaiyia

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Katana
Autor: Shaiyia

Nada más cruzar la pequeña distancia entre el y su victima sabía que había perdido, todo el entrenamiento había sido una perdida de tiempo a la hora de llevarlo a la práctica. Unos ojos marrones le miraban desde arriba con una mezcla de cariño y diversión.

- ¿Qué crees que ibas a conseguir? – decía una melodiosa y burlona voz.

El muchacho se levantó y escurrió sus ropas, ¿Cómo había podido volver a fallar? Había calculado cada uno de sus pasos y creía que esta vez iba a ser diferente, pero no fue así. Llevaba entrenando todo un año, no existían fiestas, no había descansos, y no porque fuera una exigencia de los demás, sino porque se lo había propuesto a sí mismo en su última derrota.