Lost in Blue estaba bien. Era un juego basado en unos jóvenes supervivientes en una isla. Tenía sus detalles originales, era algo nunca visto y explotaba la todavía primeriza pantalla táctil de la Nintendo DS. Pero, ¿de verdad hacían falta las secuelas?
Podían estar bien, sin duda, de estar trabajadas en condiciones, pero si bien la segunda entrega fue una decepcionceja, esta tercera tampoco ofrece gran cosa. Más bien, vuelve a ser lo mismo, pero mejorado, un título ideal para los que nunca han jugado a ninguno de los anteriores, pero que no ofrecerá nada especialmente novedoso.