Parecía increíble y Montse no lo acababa de creer. No sentía tristeza, rabia o compasión… sentía como la frase “El pasado siempre te acaba alcanzando de nuevo”, se hacia realidad. Y el muy cabrón había sido oportuno. Justo el día que podía considerarse que había olvidado el pasado, este tocaba a su puerta y le decía “Hola, venía a saludarte, para que sepas que yo no olvido”. Pero Montse sentía curiosidad. Había observado la foto y a 1º vista el hombre de delante tenía pinta de esconder algún secreto macabro. No tenía nada que ver con el que conoció, de aspecto amable y sonrisa “casi” perfecta (Ella solía decirle eso a él, puesto que la sonrisa de Sam Neil la volvía loca).
“Montse, despierte” Dijo Adrián con un chasquido de dedos delante de su cara. Esta se espabiló y salió de su ensimismamiento “¿Sabe donde ha estado este hombre?”
“No”
“¿Seguro?” Dijo Adrian
“¿Usted cree que si no lo estuviese, diría que no?” Dijo Montse fulminándolo con la mirada.