Entablando conversación sobre cine con un tipejo con el que
depende que muchas cosas no suelo estar muy de acuerdo me sorprendió gratamente
llegar a una misma conclusión sobre una película de esas consideradas “intocables”
y que si quieres discutir, automáticamente todo cristo te tacha de inculto para
arriba y se engorila con la porquería chirriante esa del “es que no entiendes”.
Para ver este video es necesario tener JavaScript activado y el plugin
Flash instalado en el navegador.
Acababa de ver pulp fiction por segunda vez y, ahora sí,
había captado todos los matices: Resulta que sí, que es un peliculón, pero la
primera vez que la vi lo era mucho menos.
A saber (y cuidado porque si no la has visto te vas a comer
unos spoilers más grandes que los sanjacobos que se zampa falete para cenar):
La película narra de forma paralela una serie de historias que al final quedan
entrelazadas con ese estilo “tarantiniano” tan particular que o te gusta o te
gusta mucho más. Se nutre, para ello, de diálogos especialmente extensos y
divertidos, violencia impactante y homenajes pop para dar y vender. Y divierte.
Mucho. Pero resulta que el argumento no es ese.
En el tramo final queda bien claro: De trasfondo (y luego
hablaré a conciencia de ello) tenemos una simbología entorno a la biblia en la
que un personaje supone el mal camino, que ha vendido su alma y los portadores
de la misma, dos polos opuestos a la hora de reaccionar ante la influencia negativa
a la que son sometidos. Uno luchando y purificándose y el otro aceptándola sin
tapujos, cada uno obteniendo por ello lo que merece.
También tenemos, además, el pastor que libera al alma mala y
que encuentra redención por ello porque el personaje, buena persona 100 %,
tampoco era. ¿Confusos?, Yo también, y eso que toda esta pseudohistoria moral,
si no se cuenta del tirón como ahora, es entretenida y todo.
El problema es que esta trama que en realidad es la trama
principal, como indica la moraleja que ejerce de conclusión del film se induce
mediante una simbología que hila tan fino que ni que prestes atención no te
enterarás de ella tras un par de visionados (o no eso, para ejemplo los
centenares de teorías conspiranoides sin sentido entorno al contenido del
famoso maletín que contiene el alma que circulan por la red). Y eso, gente, es
no saber llegar al espectador. Ya sea por chulería o por lo que sea, pero no es
llegar.
Que la película es una obra maestra, ya solo por todos los
homenajes, los diálogos y demás es indudable, pero pedir al espectador que se
fije en una mierda de cicatriz que sale cinco segundos y asociarlo con la clave
de una puta maleta es, insisto, pedir demasiado. A cualquiera. Y por ello
siempre he pensado que no puede llegar al diez le duela a quien le duela: No
puedes contar la historia principal mediante guiños tan casuales y que el resto
por muy bueno que sea adquiera el protagonismo que no merece. Porque la gente
casi siempre se va a quedar con lo segundo.
La simbología, solo, para cosas poco importantes o para
reforzar las importantes. Y de forma obvia si es posible.
Salvo si uno es un daltónico muy jévi, la simbología de la
Lista de Schnidler y el rollo de la niña del vestido rojo entra de forma obvia
y se interpreta mejor todavía. ¿Qué es importante?, sí, enfatiza en un mensaje
importante, pero se puede sobrevivir (peor pero se puede) sin haberse quedado
al 100% con ello. La trama principal se pilla. Esto es un ejemplo de buena
simbología, narrativa visual, concretamente. Otro ejemplo es la ciudadela de
Half Life 2, si no te quedas con ella…Bueno, en realidad te quedas con ella a
la fuerza.
El ejemplo opuesto lo tendríamos en alan wake: Pocas veces
he visto un uso tan jodidamente pedante y que no viene a cuento de la
simbología hasta el punto de echar por tierra el trabajo invertido. Y a sus
expansiones me remito.
En el original los paralelismos y los símbolos acababan por
adquirir protagonismo cuando realidad y ficción se mezclaban. Y el final era
cojonudo, sin objeción. Pero luego vino cuando quisieron alargar la historia en
las expansiones tras esa revelación y se sacaron de la mano un abuso de la
simbología totalmente fuera de lugar: Porque yo no se vosotros, pero yo lo del
tío con el traje de buzo y la tele de plasma que me ataca en la primera
expansión, solo me lo puedo tomar a cachondeo.
Supongo que todo depende de la sesera invertida, pero cuando
se confunde tanto misterio (alan wake) como sutileza (pulp fiction) a la hora
de simbolizar las cosas con lo de llegar al espectador, la cosa no funciona. Y
esto pasa mucho. Demasiado para lo fácil que es meter en pantalla un filtro
rojo a un vestido y el resto en blanco y negro.
Pero para eso Spielberg es el puto amo y Tarantino, por
mucho que me diviertan sus pelis, un chulo de mierda.
3 Comentarios:
Tú lo que pasa es que no
1 de Julio de 2012 • 20:48 — tidus 7que no, que eran las siete
1 de Julio de 2012 • 20:50 — STRELOK 350...
1 de Julio de 2012 • 21:03 — MaxSlug