Si
me pides tararear (borracho) las tres primeras canciones del primer
mundo o que te haga un croquis (más borracho todavía) de las cinco
primeras pantallas, atajos incluidos, del super mario bros, la clavo. Es
a lo que aspira todo buen plataformas: A grabarse en el subconsciente a
sangre, a forzar el prueba y error con una soltura impropia de lo que
se supone que es un game over, a trascender al punto de que años
después, cuando se hable de su remake para alguna portátil a la que le
puedes soplar o pincharle con un lápiz, salte el pureta de turno y en un
arranque de nostalgia orgullosa te deje por los suelos con un “sí, si,
pero yo estuve allí”.
Es a lo que aspira todo buen plataformas y no es, en definitiva, a lo que aspira este “arenas olvidadas”.
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