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Harry Potter y el Ocaso de los Altos Elfos - Capítulo 119 de Julio de 2008 • 14:09 — alexrod94Categorías: blog Cap. XI: Pacto de Paz (Peace’s Pact)
Las gotas de sudor en su frente empapaban a ratos su almohada, pegaban el cabello a su nuca y dificultaban su respiración, pero él no podía percibirlo. Estaba encerrado, atrapado en el peor de los sueños... atosigado por el hedor a podredumbre y la angustia de la persecución. Giraba violentamente entre las sábanas, murmurando frases ininteligibles, y lanzaba manotazos aleatorios, protegiéndose de un enemigo invisible, pero que sólo reinaba en su sueño. Sus ojos lo llevaban a un pasillo sin salida, oscuro y húmedo, mientras escuchaba un cuerpo arrastrarse cerca de sus pies. Era una serpiente, enorme, y podía sentirla, pero no verla... Una voz lo llamaba, furioso, exigiéndole lealtad... En eso, jadeante, la manga de su pijama dejó ver un leve resplandor, el cual no brilló lo suficiente hasta que volvió a girar: en su antebrazo, tan nítido como la primera vez que apareció, la marca tenebrosa invitaba a sus seguidores. Severus Snape se agitó fuertemente, preso de un espasmo de dolor. Cerró los puños, movió su cabeza en todas direcciones, gritó “¡¡Noooooooo!!” y despertó de un salto. Tenía el estómago revuelto, las pupilas dilatadas y una punzada horrible latía en su sien derecha. Se sentó sobre la cama, puso los pies sobre el suelo helado y se tomó la cabeza: esta vez había sido demasiado. Tendría que contárselo a Dumbledore, pero cómo decirle... cómo confesarle que Voldemort, esta vez, lo estaba usando a él como intermediario. Seguramente lo marginaría de la misión de la Orden y no volvería a confiar en él. Lo peor de todo, claro, era que el estúpido de Potter ya no tendría que sufrir alucinaciones, o escuchar voces en su cabeza, o soportar su cicatriz ardiente cada vez que el Señor Tenebroso cambiara de humor... No, ahora el ratón de laboratorio era él, el más esquivo de sus seguidores, y eso que, al menos hasta hace unos meses, se consideraba a sí mismo un experto en Oclumencia... Hizo una mueca de dolor y tomó fuertemente su antebrazo. Hubiera dado lo que fuera porque aquel escabroso dibujo de calavera dejara de arder... lo estaba volviendo loco. Elevó la vista hacia la ventana y notó que aún era de noche. Faltaba mucho para bajar a desayunar. Suspirando profundo, volvió a recostarse sobre la cama, pero ni siquiera se arropó. La sola idea de volver a dormir, lo atormentaba... No quería encontrarse nuevamente con aquellos ojos amarillos, llenos de odio, y aquella desagradable voz siseante, amenazándolo de muerte por desertar... Cerró los ojos e intentó concentrarse. No se dejaría manejar como un títere... esa era una de las grandes diferencias entre Harry Potter y él. Severus Snape no volvería a inclinarse ante nadie... y si tenía que enfrentarse a Lucius, no dudaría en hacerlo. Podía poner sus manos al fuego porque el patriarca de los Malfoy iba tras él. Sin embargo, no tenía miedo. El viejo Severus tenía sus cartas bajo la manga, después de todo... y no en vano. -/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/ -/-/-/-/-/ - ¿Me creerías que Steve Lyndon, ese zopenco de Ravenclaw, ya le había enviado una nota pidiéndole ser su pareja? Por suerte, Hermione le dijo que no... aunque nunca supe bien por qué - contó Ron a Harry, encogiéndose de hombros. Hablaba con un deje de nervios pero sonriente, mientras conversaban tras una de las últimas estanterías de la Biblioteca. A pesar de varias noches de trabajo, aún lidiaban con el ensayo de Binns. - Claro que te creo - respondió Harry, dejando a un lado su pluma y su libro “El nuevo Génesis: Magos y Ancestros”, para luego mirar hacia el horizonte. Sí que sabía él sobre adelantados oportunistas... - Entonces, ¿te dijo que sí? Ron asintió, haciendo una mueca de niño. - Dijo que apreciaba el hecho de que por fin recordara las cosas que ella dice... y que, inteligentemente, tomara su advertencia de no dejarla como última opción. Pero jamás la hubiera invitado si no me hubieras instado a... Tuvo que interrumpir su discurso en la mitad. Por el rabillo del ojo pudo distinguir a Hermione y Stella caminando hacia ellos, con libros y pergaminos en sus manos. - ¿Stella, no me prestarías tu ensayo? Si escribo una línea más sobre el origen del mundo, moriré de aburrimiento... Stella suprimió una carcajada. - Bueno, puedes copiar algunas cosas del mío, pero... ¿Por qué no se lo pides a Hermione? Seguro que el de ella está mucho mejor... Ron se sonrojó levemente y elevó los ojos hacia Hermione. Ella apretó los labios. - Ya lo había pensado, pero siempre le estamos pidiendo favores escolares... Ya es hora de que la dejemos un poco en paz, ¿no Harry?. Harry asintió, lo que produjo en Hermione una sonrisa tímida. - Está bien, chicos... No me importa ayudarles, o prestarles mis apuntes, pero lo cierto es que... ehhh bueno, no he terminado mi ensayo aún... - ¡¿Que qué?! - exclamó Ron y, acto seguido, varias voces iracundas a su alrededor lo hicieron callar, entre ellas, el de la señora Pince, la encargada de la Biblioteca - Dios, no puedo creerlo. Stella, Harry... arrímense a la mesa más cercana. Un terremoto está a punto de azotar Hogwarts... Hermione puso cara de impaciencia, pero mantuvo la sonrisa. - Ja, ja, ja - dijo, con voz de cansancio - No es gracioso, Ron. Es sólo que he estado más ocupada en otras cosas... - Y qué bueno que lo dices - opinó Stella, uniéndose a la conversación - Últimamente eres la primera en bajar a desayunar, y no regresas a la habitación hasta pasada la medianoche. ¿Hay algo que no nos hayas dicho? Harry y Ron se cruzaron de brazos y apremiaron a Hermione con la mirada. Ellos también estaban muy interesados en las misteriosas andanzas de su amiga. Esperaron, callados, mientras Hermione enrojecía lenta pero notoriamente. - Ahhh pues... bueno, yo tengo más asignaturas que ustedes y... además, las labores de prefecta no me dejan hac... - Yo también soy prefecto, Hermione, y no vuelvo a la habitación a esas horas... - inquirió Ron, interrumpiéndola, a lo que Hermione exaltó un poco su voz, nerviosa. - Sí, ehhh... lo sé, Ron... me refería a que... bueno, no es sólo eso... es... - pensó un momento, se mordió el labio inferior y, como una chispa, abrió los ojos - ¡Eso! Es estado muy ocupada haciendo más gorros y bufandas para los elfos... ¿Ya ven cómo escondí algunos en la biblioteca? Los tres amigos miraron hacia el tope de las estanterías y pudieron divisar, camuflados, un par de ropas de lana entre gruesos libros. - Hermione... ¿No has escuchado todo lo que te he dicho? - suspiró Stella, algo seria - Ellos no quieren libertad... haciendo esto los estás insultando - afirmó. Como no hubo respuesta, Ron, no demasiado convencido, alzó una ceja. - Mira, si no quieres contarnos, está bien. Todos tenemos secretos... - dijo, mirando a Harry y Stella de reojo - Sólo no te quedes hasta tan tarde en la sala común, ¿quieres? O terminarás reventada como en cuarto año... - terminó de decir, pero antes de que Hermione pudiera responder cualquier cosa, se adelantó - ¿No estarás usando el giratiempo, verdad?. Hermione negó con la cabeza, pero sin dirigirle la mirada. Ron, más suspicaz que nunca, estaba a punto de iniciar una conversación sobre la confianza en los amigos y bla bla bla, pero en eso Neville atrajo su atención. Venía corriendo desde la entrada. - ¿Qué hacen todavía aquí? - preguntó, jadeante, mirando a Harry y Stella - ¡Vamos, la clase empieza en dos minutos! - exclamó, y giró sobre sus pies corriendo hacia por donde había entrado. Todos tomaron sus cosas y anduvieron rápidamente hasta el pasillo, pero al cruzar la primera esquina, Hermione se separó del grupo, caminando en dirección contraria. - ¿A dónde van? - preguntó Hermione, viendo a sus amigos alejarse. - Bueno, la clase de Encantamientos es por acá - aseguró Ron, arrugando la frente. ¿Hermione había perdido el sentido de la orientación? - Lo sé, Ron, pero... ¿Es que nunca escuchan las instrucciones? - dijo Hermione, algo exasperada, al tiempo que los otros tres se acercaron lo suficiente. Le sorprendía que incluso Stella no supiera la noticia - El profesor Binns lo dijo antes de terminar la clase... Encantamientos se ha suspendido por hoy. Al parecer, Pittycarp pidió un permiso especial para adelantar el último duelo de nuestra clase... Harry y Stella se dirigieron una mirada intensa. Era como si tuvieran muchas cosas qué decirse, pero ninguno tenía intención en comenzar. Se sonrieron torpemente y emprendieron rumbo hacia la sala de Defensa. Sólo unos segundos después se sumaron Dean, Seamus y Lavender, ansiosos por la final del torneo, aún cuando los mismos protagonistas no se encontraban precisamente entusiasmados en pelear... - ¡Nuestros finalistas, señoras y señores! - exclamó Pittycarp apenas Harry y Stella cruzaron el umbral de la sala, entusiasmado con su usual sonrisa infantil, al tiempo que un aplauso generalizado los escoltaba hasta la plataforma. Esta vez sólo había una, dispuesta justo en la mitad para que todos pudieran sentarse alrededor y observar el duelo. De hecho, decenas de estudiantes de Gryffindor y Slytherin ya habían colocado sus sillas en posiciones privilegiadas, con tal de no perder ningún detalle. Ante tal escena, era imposible no sentirse abrumado, o mejor dicho, directamente intimidado: a un lado de Pittycarp, la profesora McGonagall se acomodaba en su silla, visiblemente alegre por estar ahí, y junto a ella, el profesor Dumbledore, quieto y sereno como siempre. Snape (con una cara de disgusto, peor que cualquier día), la profesora Sprout y la señora Pomffrey - con un gran maletín, al parecer lista y dispuesta a reaccionar ante cualquier accidente - permanecían de pie a centímetros de Dumbledore, así como también, al final de la fila, dos estudiantes que Harry ya conocía... quizá demasiado. Cho Chang y Owen Cauldwell, algo nerviosos, miraban en todas direcciones como si se sintieran fuera de lugar. El estómago de Harry dio un vuelco. No esperaba encontrarlos ahí. Volteó hacia Stella y ella tenía la misma mueca en su rostro, entre nerviosismo y estupefacción. ¿Por qué tanto alboroto para un simple club de duelos? - Ejem, ejem... - tosió Pittycarp, para atraer la atención del alumnado. Pronto el silencio reinó en la sala, sobre todo al notar que su profesor de Defensa subía ágilmente a la plataforma y se dirigía a la multitud. Ron lo evaluó un minuto y levantó una ceja: esta vez sí que parecía el hermano gemelo de Lockhart. Llevaba su cabello cuidadosamente peinado hacia atrás, vestía una elegante túnica roja y estaba recién afeitado. Claro que, si Dumbledore no estuviera ahí, nadie hubiera esperado tanta preparación. Sentándose de mala gana en un sillón improvisado, Ron optó por escuchar las palabras de Pittycarp, principalmente luego de la mirada de regaño de Hermione. - Gracias a todos por su presencia... Minerva, Poppy... Director... - dijo, haciendo un pequeño gesto con su cabeza. Luego comenzó a pasearse - Sé que se preguntarán por qué adelanté el encuentro... pues bien, es simple. El profesor Dumbledore debe salir de viaje el próximo lunes, y como me pidió expresamente el presenciar los últimos duelos, los hemos apresurado en su nombre... - explicó, y todos asintieron, conformes. - Además, me gustaría señalar que hoy nos acompañan dos alumnos de la clase paralela... Cho Chang, finalista, y Owen Cauldwell, ganador de su sección, quien se batirá en pocos minutos por el primer premio... - Algunos integrantes de la Armada que se hallaban cerca les dirigieron una sonrisa, pero los rostros de Harry y Stella se mantuvieron impávidos, casi antipáticos. Ni siquiera voltearon - Entonces, antes de comenzar, me gustaría decir algunas palabras, aprovechando la presencia del Director... Más solemne de lo que los demás hubieran esperado, enserió su rostro y aclaró su garganta nuevamente. Dumbledore juntó sus manos en señal de atención y nadie se atrevió a hacer movimiento alguno. - Nuestros finalistas, Potter, Maris, Chang y también Cauldwell, han demostrado a sus respectivas clases que el poder no lo es todo... Supieron manejar a sus contrincantes a gusto, hicieron un juego limpio y demostraron destreza y dominio de la magia... - Hizo una pausa en su andar y apuntó suavemente hacia su izquierda - Quisiera destacar principalmente el trabajo de Potter y Maris, quienes nos dieron una lección de inteligencia en nuestro encuentro pasado, demostrándonos que hasta los hechizos más simples pueden derrotar al más fuerte... - murmullos de excitación se escucharon tras ellos, y los aludidos no atinaron más que a sonreír - Agradezco la disposición y el esfuerzo de todos los alumnos y, como usted mismo me dijo el primer día, Director, no me he arrepentido. Nunca vi jóvenes tan preparados... - pronunció, y tras sus palabras el murmullo cesó. Muchos sonrieron, satisfechos. Hacía tiempo que el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras no demostraba tanta sensatez. Pittycarp, extrañamente emocionado, bajó un poco la mirada e intentó retomar el tema - Ehhh... pues eso. No diré más... ¡Que comience el duelo! La sala se llenó de aplausos, eufóricos. Mientras, Harry y Stella volteaban hacia el otro con curiosidad. Se sentían halagados por las palabras de Pittycarp, pero los intimidaba la idea de pelear. ¿Podrían hacerlo bien? Ninguno quería atacar, ni mucho menos herir al otro... ¿Notaría Dumbledore sus reticencias? Pero no tuvieron mucho tiempo para pensar. Con un movimiento ágil, Pittycarp abandonaba la plataforma e invitaba a sus dos finalistas a tomar posición. Stella suspiró profundo, asió fuertemente su varita y subió al campo por el lado derecho. Harry lo hizo por el izquierdo, nervioso y algo atarantado. No le importaba tener que noquear a Pansy, a Angelina o a Hermione - pues ya lo había hecho un par de veces en las clases de la Armada y había resultado muy divertido - pero, ¿a Stella...?. Ella lidiaba también con sus pensamientos. ¿Cómo intentar golpearlo, si con esos ojos verdes sólo la instaba a abrazarlo con todas sus fuerzas?. Ya erguidos en sus esquinas, Pittycarp les hizo una seña para que avanzaran a la mitad del campo, todo esto bajo la atenta mirada de Dumbledore. - ¡Varitas preparadas! - gritó el profesor, y ambos las levantaron a la altura del rostro. - ¿Asustado... Sr. Potter? - sonrió Stella, nerviosa, pero sus palabras bastaron para aliviar un poco la tensión de Harry. Él le sonrió de vuelta. - Ya quisieras... Quitaron sus varitas de en medio, hicieron una pequeña reverencia y regresaron luego a sus posiciones, cada uno en sus esquinas. Pittycarp se revolvía en su asiento junto a McGonagall. ¿Quién ganaría esta vez? ¿Qué hechizos utilizarían? ¿Simples pero utilizados con astucia... o definitivamente poderosos para dejar al otro sin opción? Apretó contra su puño un retazo de su túnica, nervioso, pero sabía que, cualquier cosa que ellos hicieran, jamás provocarían un accidente. Contrario al duelo que había presenciado entre Ron Weasley y Draco Malfoy, Harry y Stella no intercambiaban miradas desafiantes u odiosas, sino que parecían bastante nerviosos por el hecho de tener que pelear. El profesor les dirigió una mirada de aliento. Obvió el discurso de “Sólo hechizos de desarme...” y levantó sus dos manos. Los espectadores aguantaron la respiración. - Listos... - miró su reloj - Uno... Dos... ¡Tres!. Sin pensarlo demasiado, bloqueando sus sentimientos por un momento y cerrando fuertemente sus ojos - con tal de no ver lo que le pasaría al otro - lanzaron sus respectivos hechizos al unísono. Algunos se habían levantado de sus sillas para ver mejor y otros incluso se habían convertido en verdaderos relatores, detallando los movimientos de los finalistas a aquellos que apenas podían ver la plataforma desde sus asientos. Pero, y decepcionando ampliamente a Pittycarp, quien esperaba un espectáculo digno de fuegos de artificio, nada pasó. Confundidos por el profundo silencio que los rodeó, Stella y Harry abrieron los ojos unos segundos después, sólo para notar que de sus varitas no salieron más que algunas escuetas chispas rojizas y amarillas. Ron arrugó la frente, más aturdido que los propios protagonistas, y divisó en el rostro de McGonagall algo de impaciencia. Dumbledore permanecía quieto, como siempre. Por su lado, Pittycarp, carraspeando fuertemente y levantándose de su silla, se dirigió a la plataforma. - ¿Pueden explicarme qué está sucediendo? - preguntó en voz baja, ansioso. Harry y Stella se miraron, pero no atinaron más que a encogerse de hombros. No tenían ni la menor idea de por qué sus ‘expelliarmus’ no habían funcionado... aunque, claro, Stella tenía una fuerte sospecha. - Ejem... bien, lo intentaremos de nuevo, ¿sí?. Ellos asintieron. La multitud acalló un poco su murmullo de desconcierto y volvieron a sus lugares. Harry se colocó en posición de lucha, asimismo Stella, frente a él, y Pittycarp volvió a contar. Elevó sus brazos. - Uno... dos... ¡¡tres!! Puede parecer increíble, incluso risible, pero así fue: nuevamente, no pasó absolutamente nada. No volaron varitas lejos de las manos de sus dueños, nadie quedó con piernas de gelatina, o imposibilitado de moverse, o con sus túnicas ajadas. Ningún rayo de luz fluyó certero a través del campo, si no más bien unos débiles destellos verdes - que no alcanzaban ni para iluminar sus propios zapatos - revolotearon a unos centímetros del suelo y desaparecieron tan pronto fueron convocados. ¿Qué estaba sucediendo? Harry se rascó la cabeza y evitó la mirada de Stella. ¿Tanto deseaba el no herirla, que su varita se negaba a responder? Pero antes de que intentara encontrar una respuesta, y adelantándose a un exasperado Pittycarp quien prácticamente se abalanzaría hacia la plataforma, Dumbledore abandonó su asiento e hizo un gesto al profesor de Defensa para que se detuviera. - Ya es suficiente - pronunció, grave y profundo - Stella, Harry... pueden bajar. - Pero, profesor... - murmuró Stella, indecisa. Harry no se movió de su puesto. - Profesor Dumbledore, estoy seguro de que si tratamos nuevamente... - Volverás a fallar, Harry - aseguró el Director, sereno - y aunque lo hicieras veinte veces más, seguirías fallando... Pittycarp alzó una ceja, se hizo paso entre las sillas y se acercó a Dumbledore, curioso. - ¿Acaso sabe lo que está ocurriendo...? Dumbledore asintió, lentamente, cruzando sus manos bajo las mangas de su túnica. Ron, unos metros distante, no podía de la sorpresa por todo lo ocurrido, y cuando volteó hacia Hermione para intercambiar opiniones, no vio asombro en su rostro, sino, por el contrario, tranquilidad, aunque expectante. Ron abrió la boca para protestar, pero antes lo pensó un momento. Luego le habló. - Tú también sabes lo que ocurre, ¿no, Hermione? - preguntó Ron, si bien era más una afirmación. Hermione asintió, extrañamente avergonzada por admitirlo. Cerca de la plataforma, Dumbledore había caminado unos pasos y volteado hacia la multitud. - Si mal no recuerdo, Libertes, tú mismo me relataste cómo en el primer día de clases Harry y Stella protagonizaron un duelo de patronus... - comenzó a decir, al tiempo que Pittycarp asentía levemente, respaldado por un enfervorizado murmullo tras él - Pues bien, lo que presenciaron ese día no fue un duelo, sino un ‘pacto patronum’... - ¿Pacto? - habló Owen, fuerte y claro, pero al sentirse abrumantemente observado volvió a sentarse, sonrojado. - Un pacto, sí... un pacto de paz - dijo, y elevó los ojos por sobre sus gafas de medialuna hacia Hermione - Quizá la Srta. Granger pueda explicárnoslo mejor. Hermione abrió los ojos como platos y sintió sus mejillas enrojecer al notar como casi un centenar de miradas confluían en ella. Tragó saliva, se levantó de su asiento y trató de disimular su nerviosismo. - Ehhh... bueno, como el profesor Dumbledore acaba de decir, el ciervo de Harry y la mariposa de Stella hicieron un pacto de paz aquella vez en la clase de Defensa. Eso quiere decir que sellaron un acuerdo en el cual prometían no-agresión contra el otro, en ningún minuto de sus vidas y bajo ninguna circunstancia... - dijo, pero al ver que muchos aún no comprendían del todo, agitó su cabeza y volvió a explicar - El dueño de una varita siempre tiene una concepción pre-conciente de a qué o a quién va a atacar, y eso la varita lo percibe. Por tanto, no importa quién use la varita de Harry o Stella... jamás funcionará contra el otro... - ¿Los patronus pueden hacer eso? - preguntó Ron a su lado, estupefacto, y ella asintió. Se escuchó un “¡¡Ohhhhhh!!” generalizado, y entonces Hermione volvió a hablar. - Los patronus son, como lo dice su nombre, “patronos” de sus dueños, es decir, protegen a quienes los convocan, y es el hechizo material más poderoso e independiente que la magia conoce... Pero, no todos pueden hacer un ‘pacto patronum’, por eso fue tan sorprendente... esto es... bueno, esto se trata de magia antigua, sin duda... - Ya que está claro, podríamos dejar que el Sr. Potter y la Srta. Maris descansaran un poco, ¿no crees, Libertes? - dijo Dumbledore repentinamente, y a Ron le pareció que intentaba cortar la explicación de Hermione... Era como si no quisiera que se revelaran más detalles... Pudo ver en McGonagall algo de aquella decepción, pero al parecer no tenía intención en emitir comentario. Bajó la mirada y se tomó el mentón, en señal de actividad cerebral, y miró a Stella con suspicacia. - Está bien - asintió Pittycarp, aún sorprendido por la información recibida. Levantó la mirada hacia la plataforma - Bajen ya. Harry estaba tan anonadado como cualquiera de los alumnos del salón, pero Stella tenía una extraña expresión en su rostro, como si las palabras de Hermione adquirieran absoluta lógica para ella. Entonces volteó, encontrándose con los ojos de Harry. Le sonrió, por un lado satisfecha de no haber tenido que pelear, y por otro, halagada por el hecho de que el patronus de Harry haya querido establecer un pacto de paz con ella... como si supiera de antemano que ella jamás intentaría dañarlo... Más tranquilo e igualmente halagado, Harry le sonrió de vuelta. Es más: por alguna extraña razón se sentía repentinamente feliz. Bajó de la plataforma de un salto, se acercó a Stella y la ayudó a bajar. Sus ojos volvieron a encontrarse por un intenso segundo, antes de que la voz de Pittycarp volviera a resonar. - Ufff... vaya encuentro, ¿no? - dijo, riendo nervioso, tomándose la cabeza de pura impresión - No saben el gran poder que tienen en sus manos, chicos... - pronunció, dirigiendo una mirada directa pero esperanzadora a sus finalistas - Úsenlo con sabiduría, ¿sí? - Ellos asintieron, alegres, y dándose por satisfecho, Pittycarp elevó la voz - Aunque hemos presenciado un acto único, de gran humanidad pero también de gran complejidad, me temo que esta sección se ha quedado sin ganador... a menos que el Director me exprese lo contrario... - Miró fijamente a Dumbledore, y éste agitó su barba. - A mí me parece que, y ya que esto es un club de duelos, esta sección terminó con un empate. Por lo tanto, y si no me equivoco en las cuentas, el ganador del torneo es el Sr. Cauldwell... - finalizó, haciendo que Owen saltara de su silla por la sorpresa. Pittycarp asintió. - Así es. Es lo justo, y lo correcto. Felicidades Owen... - dijo, sonriendo quizá no tan animadamente como hubiera querido, pero pronto el salón se llenó de aplausos y aquello menguó la repercusión de su actitud. Owen se levantó de su silla, algo tímido, pero sonrió en todas direcciones y estrechó la mano de muchas personas. Dumbledore le dio una palmada de afecto en el hombro y salió lentamente de la sala acompañado de McGonagall, no sin antes expresar sus felicitaciones también a Stella y a Harry. - Wow... la fama te persigue, ¿no Harry? - dijo Dean al pasar junto a ellos, sonriendo. Harry no supo qué contestar, y antes de que continuara hablando, Ron y Hermione aparecieron entre la multitud. - ...y si yo quiera que mi patronus hiciera eso con el de Ginny o algo así... ¿Qué debería hacer? Convocarlo, y luego... - No me preguntes, Ron... No sé la respuesta. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? Al llegar junto a ellos interrumpieron su discusión, y Ron dejó escapar algo de su entusiasmo. - Nunca había visto algo igual. ¿Nos dirás cómo lo hiciste, Harry?. Repentinamente, gran parte de la Armada Dumbledore se aglomeró a su alrededor. A un lado de Dean llegó Seamus, Lavender, Parvati, Padma, Neville, Hannah y otros, y a juzgar por sus caras, todos deseaban escuchar aquella información. Harry se encogió de hombros, avergonzado por no tener algo convincente qué decir, y Stella, nerviosa, bajó la mirada. Rezó porque no le preguntaran a ella, y Hermione, entendiendo en el acto, salió en su rescate. - Ehhh... bueno, según lo que leí, no es el mago quien hace el pacto, sino su patronus... e-e-es decir, los patronus son tan autosuficientes que... - ¿Por eso tu mariposa cruzó todo el salón antes de detenerse frente a Harry, verdad Stella? - habló Hannah, interrumpiendo, y todos murmuraron frases de aceptación. - Supongo - dijo Stella por fin, tratando de no darle demasiada importancia - Como dijo Hermione, mi mariposa decidió por sí sola, yo no tuve qué ver en... - Me sorprendes, Potter. Inventar tamaña historia para no tener que aturdir al nuevo fenómeno... No vinimos a ver un derroche de compasión... ¿O crees que tu absurda caballerosidad te salvará de Tú-Sabes-Quién? Draco y su eterno grupo de matones había hecho una parada en su camino hasta la salida, sólo para fastidiar, como de costumbre, aunque esta vez la profunda envidia en las palabras de Draco lo delataban evidentemente. Stella arrugó la frente, molesta. - Creí haberte dicho algo sobre el epíteto de “fenómeno”, Draco... - comenzó a decir, dando unos pasos hacia adelante, pero Harry le tomó la mano, adelantándose. - Stella, ignóralo... - murmuró, lanzando una mirada de odio hacia Malfoy, pero Ron no deseaba tomar el camino de la diplomacia. - ¿No te bastó con el golpe de Harry? Si quieres, puedo adelantarte mi obsequio de Navidad: un par de probadas de mi puño y otro par de días en la enfermería... - pronunció, desafiante y seguro, arremangando su camisa. Neville y Seamus parecían querer adoptar la misma posición. - Ron, por favor... - rogó Hermione, tomándolo de su túnica - No vale la pena. Draco la miró con asco, como si recién se percatara de su presencia. - Nadie ha pedido tu opinión... presumida sangresucia... - ¡TE LA GANASTE, MALFOY! Furioso, Ron estuvo a centímetros de golpear a Ron con todas sus fuerzas, si no fuera porque el profesor Pittycarp, de la nada, apareció entre ellos y los separó antes de que llegara a mayores. - ¡¿Qué es esto, por Dios?! ¿No tuvieron suficiente con la expulsión del torneo? - exclamó, mientras Harry tomaba el brazo de Ron. Draco apenas se movió, protegido por sus gorilas de siempre - Draco, ve a la oficina del profesor Snape. Tendrás una semana de detención.. - dijo, y Malfoy arrugó la frente en señal de disgusto, dirigiendo su peor mirada hacia Ron - Y tú, Weasley... - comenzó a decir Pittycarp, volteando hacia él. Ron bajó la mirada, esperando el regaño -...baja con los demás al comedor. ¿Y no quiero más líos, entendido? Ron asintió, sonrientemente sorprendido, intercambiando miradas de satisfacción con Harry, Hermione y Stella. Draco, por su parte, explotó de indignación. - ¡¿Por qué sólo yo recibo detención?! - dijo, más furioso que antes, mirando a Pittycarp disimulando su desprecio. El profesor se le acercó, tanto como para intimidarlo. - La próxima vez que llames a alguien “sangresucia”, intenta bajar la voz... algún profesor puede estar escuchando... - concluyó, sonriendo irónicamente. No, no había motivo; no tenían por qué guardarse las carcajadas. Hannah, Neville, Lavender y Dean rompieron a reír, pero Ron, sólo por respeto al favor concedido, se tragó todo su entusiasmo, dispuesto a encauzarlo debidamente cuando se hallara a suficientes kilómetros de distancia de la sala de Defensa. Y así fue. Sin importar los espacios vacíos en sus propias mesas, la Armada en pleno se reunió en la mesa de Hufflepuff, con tal de festejar al campeón como era debido. - ...entonces, un brindis por Owen, nuestro ganador - pronunció Harry, jugando al papel de líder que, años atrás, tanto había esquivado. Ahora, sin embargo, no le molestaba en lo absoluto. - Y por los finalistas... ellos también lo hicieron genial - habló Ginny, aún con su copa de jugo de calabaza en alto. Harry, Cho y Stella sonrieron. - Y por los patronus... no sólo salvan tu vida... también saben de relaciones diplomáticas... - dijo Ernie, bromeando ligeramente, y algunos rieron bajito. - ...y por último, y no menos importante, ¡brindemos por nuestro buen amigo Draco y su saludable semana de detención! - ¡SALUD! - exclamaron todos luego de las palabras de Ron, alegres y entusiastas, chocando sus copas como si estuvieran en una cena de honor. Incluso Theresa, quien se sumó al festejo sólo al final (sus amigos no le quitaban la vista de encima, suspicaces) brindó y rió con Hannah, aún después de aquel chiste sobre Draco. Harry dio un vistazo a sus amigos y sonrió, satisfecho. Luego miró a Hermione, y alzó nuevamente su copa: su idea de la Armada había sido una de sus mejores intervenciones. Entonces volteó hacia Stella, y antes de que quisiera brindar con ella, la vio extender su brazo y chocar copas con Owen. Harry sintió la sangre hervir en su cabeza, en su cuello, en sus puños, pero no dijo nada. Sólo se sentó, callado, y llenó hasta el borde su copa de zumo de calabaza. Esperaba ahogarse con él. -/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/ -/-/-/-/-/ Como pudo, se protegió con sus manos de las luces del último auto y regresó a su escondite bajo el cerco. Jadeaba... ya no podía más. ¿Cuántos kilómetros debía haber recorrido? Sólo sabía que era de noche, que estaba herido, que la muerte aún lo perseguía y que le urgía ganarle al tiempo. Debía seguir... encontrar refugio y seguir las huellas correctas. ¿Podría hacerlo? ¿Podría distinguir, en aquel minuto de su existencia, entre una mano amiga y una traicionera? Ya se había equivocado, no hace mucho, y casi le cuesta la vida... de nuevo. Tosió varias veces, un intenso escalofrío recorrió su espalda y un latido punzante comenzaba a cegarlo del ojo izquierdo. “Malditos muggles...” pensó, contrariado, arreglando lo que podía de su camisa ajada y sus incómodos pantalones, “¿Es que no habrá ni uno solo que ayude sin preguntar?”. Pensó en los únicos muggles que había llegado a conocer bien en su vida, una pareja gentil y cordial... muertos ya hace mucho. Cómo deseaba su apoyo, ahora más que nunca... En eso, sorprendiéndolo hasta el pavor, un nuevo vehículo pasó a exceso de velocidad, sólo que esta vez no siguió de largo - como ya lo habían hecho un centenar de otros automóviles - sino que frenó, lentamente, y retrocedió unos metros hasta detenerse a un lado de la berma. Se apagó el motor, las luces bajaron su intensidad y se abrió la puerta del piloto, dejando escuchar en pocos segundos el inconfundible sonido de un par de tacones altos. Una mujer de unos treinta años, delgada y con el cabello tomado en un gracioso bouquet, se acuclilló frente al cerco, frunciendo el ceño. - Ehmm... oiga... ¿Se encuentra bien? - murmuró, despacio, pero mantuvo la distancia como si creyera que recibiría como respuesta un gruñido feroz. Su voz era delicada, pero segura. - Parece que le han robado... Él elevó los ojos, conmovido por tanta amabilidad, y asintió. - ... todo lo que tenía, y me han dejado mal herido - dijo, entrecortado, recorriendo sutilmente a aquella “buena samaritana” desde el contorno de sus piernas hasta el cuello - He estado casi tres horas aquí y usted es la primera persona que se ha detenido... - Argghh, no me extraña. Este lugar es conocido por sus rateros... - dijo, y observando una vez más el atuendo de él, sonrió a medias - Venga, déjeme ayudarlo. Con esfuerzo, tomó uno de sus brazos y lo ayudó a levantarse. Él se apoyó en el cerco, sacudió sus pantalones como pudo y dirigió una mirada torpe hacia su acompañante. - ¿Quiere que llame a la policía, a una ambulancia... algo? - preguntó ella, aún torciendo los labios al escudriñar el aspecto de aquel hombre. Tendría alrededor de 40 años, pero estaba demacrado, herido y sucio. El cabello negro le llegaba hasta los hombros, sus pómulos se hundían en cada respiro. Se distinguían en su rostro marcas de lucha, incluso de quemaduras... - No, no se moleste, estaré bien... - dijo, nervioso, fijando la mirada en la carretera - ¿Usted iba en esa dirección? - dijo, levantando su brazo para indicar. La mujer asintió - Bien... Ya que fue tan amable en detenerse... ¿Cree que podría llevarme, sólo unos kilómetros? Necesito llegar al pueblo de Hogsmeade... - ¿Hogsmeade, eh? - pronunció, suspicaz, y se cruzó de brazos - ¿Cómo sé que no eres un ladrón más... aprovechándose de buenas ciudadanas como yo? Él rió, cansado. - No voy armado, tengo una costilla rota y no he comido en dos días. Si llegara a robarle algo, no tendría ni las fuerzas para correr... Ella suspiró. Lo observó de nuevo, detalladamente, y apretó los labios. - Está bien, vamos. Pero le advierto: al primer indicio de... - ...lo pagaré. Entendido - bromeó, moviendo la cabeza, y tras eso, ella lo ayudó a llegar al asiento del copiloto. Cerró la puerta, rodeó el automóvil en pocos segundos y se sentó tras el volante. Mientras encendía el motor, giró hacia él, casi divertida. - Aún no me dice su nombre... - murmuró, al tiempo que ponía el pie en el acelerador. Él sonrió a medias, nostálgico, fijando la vista en el horizonte. - Harry... Harry Potter. -/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/ -/-/-/-/-/ Sentado bajo un gran pilar de piedra en el pasillo, Harry, escuchando las voces que provenían del salón de Estudios Muggles – a pocos pasos de él – esperaba el timbre de término de jornada. Ron estaba a punto de salir de Adivinación, y con todo el disgusto que esa clase le había traído, Harry pensó que le vendría bien encontrarse con una cara amiga. Volteó hacia el ventanal a sus espaldas y, casi por inercia, se arropó aún más con su bufanda bicolor y ajustó sus guantes. Afuera azotaba una lluvia torrencial. - ¿No te estás congelando ahí? - preguntó Stella repentinamente, sobresaltando a Harry. Había aparecido tras la esquina tan silenciosamente que él apenas se había percatado de su presencia. Confundido, le sonrió a medias. - Pues sí, debo reconocerlo... - respondió, levantándose en el acto. Stella sujetaba con sus brazos, además de su mochila y gruesos libros, una gran caja de madera. Harry se adelantó y le ayudó con la carga. - Gracias - dijo, apoyando el resto de sus cosas en el borde del ventanal. Harry quedó un momento absorto en la caja, y Stella lo miró, divertida - Es de nuestra clase de Runas Antiguas. Se supone que debo traducir la inscripción de la tapa... es mi tarea. Harry asintió, dejándola a un lado, pero luego arrugó la nariz. - Pero... bueno, si ibas a la sala común, te equivocaste de pasillo... Stella sonrió, tímida. - Ehhhhh sí, lo sé, gracias. Es que no voy a la torre Gryffindor... iba... bueno, venía para acá - explicó, evitando la mirada de Harry, y antes de que él pudiera decir algo, ella continuó - Estoy esperando a Owen. Ya debe salir de Estudios Muggles... Bien, eso era todo. Era el broche de oro para un día completo de altibajos. ¿Qué tenía ese tipo Owen que él no?. Disimulando su molestia al respecto – aunque no lo intentó muy a conciencia – sonrió forzadamente y fijó la vista en la puerta oculta de la buhardilla, como si estuviera apresurando a Ron con el poder de su mente para que lo sacara de ahí cuanto antes. - Es un alivio, ¿sabes?... te envidio. Yo llevo seis años aquí y aún se convierte en un suplicio para cada fiesta... Stella arrugó la frente, confundida. - ¿A qué te refieres...? - Al baile, claro... – respondió, aunque lo creía innecesario – Me alegro de que ya tengas pareja. Hay muchos que aún están pensando cómo... - ¿Por qué me dices esto? – lo interrumpió Stella, algo seria esta vez, y al notar que Harry bajaba la mirada (incluso habría jurado que enrojecía), pensó un momento y desvió, sospechosa, su mirada hasta la puerta del salón contiguo. Luego sonrió, conmovida, pero no pudo evitar una pequeña carcajada. - ¿Qué? – preguntó Harry, al borde de la irritación. Stella se arrepintió un momento de su risa repentina. Aclaró su garganta, pero mantuvo la sonrisa. - ¿Crees que yo... es decir, que Owen y yo...? –. Harry apenas parpadeó. Volteó hacia Stella y la miró como si estuviera poniendo toda la atención del mundo en lo que ella tuviera qué decir. Se sonrojó, abrumada, pero tomó aire para hablar – Harry... Owen no... él nunca... es decir, Owen no es mi pareja... - ¿Ah no? – dijo Harry, aún no demasiado convencido. Luego bajó la mirada – Los vi conversando en la fuente hace unos días... Ella asintió, como si el hecho de verse frecuentemente con Owen fuera algo normal y lógico, pero notó que Harry dejaba un resquicio de molestia al recordarlo. Sonrió por aquel halago indirecto, y quiso aclarar la situación. - ¿Se parecen mucho, sabes? Owen y tú, digo... – Tras sus palabras, Harry curvó sus labios como si hubiera escuchado el peor de los insultos, por lo que ella se apresuró a continuar, mucho más sería que al principio – Son como todos, en realidad... Temen a lo que desconocen, y antes de acercarse y comprender, prefieren quedarse con la primera impresión... Las apariencias engañan, Harry... – dijo, mezclando las sílabas pronunciadas con un tinte de tristeza. Harry se sintió levemente incómodo. - Lo siento, yo no quería... - Owen va tras Ginny desde el año pasado – continuó Stella, casi como si no hubiera escuchado la disculpa de Harry - ...y como es muy tímido no sabe cómo acercársele... por eso, no ha hecho más que pedirme consejos, y... – elevó la mirada esta vez, e intentó sonreír - ...cuando nos viste en la fuente, me estaba convenciendo de que intercediera por él para que Ginny fuera su pareja en el baile... Ahora vengo a darle las buenas noticias... Harry se sentía el tipo más patético del planeta. ¿Por qué tenía que ponerse agresivo? ¿Por qué no había ido con ella y le había preguntado directamente? Por miedo, sólo por eso. Cerró los ojos, algo avergonzado, y sonrió torpemente. - Si Ron llega a saberlo, lo matará – bromeó, elevando los ojos, intentando menguar el peso de la conversación. Ella mantuvo la mirada, serena. - Owen lo sabe, y por eso recurrió a mí – explicó, y al tiempo en el que abría la boca para volver a hablar, un intenso movimiento de pies y capas se sintió sobre sus cabezas. - Saldrán en un momento – dijo Harry, y ella asintió. Hizo un ademán de querer avanzar hacia el salón de Estudios Muggles, pero volvió sobre sus pasos y le habló directo. - Hay algo que no entiendo... – comenzó a decir, y Harry abrió los ojos como platos - ¿Por qué dices que “me envidias”? ¿Acaso no vas con Cho? – inquirió, y Harry sintió como si le hubieran arrojado un chorro de agua helada por el hueco de su camisa. Como no respondió de inmediato, Stella volvió a hablar – Te vi con ella en el jardín... - Ohh... eso – dijo Harry, sin poder evitar que una pequeña sonrisa asomara en sus labios – Es cierto. Cho me invitó al baile... –. Stella asintió, cabizbaja pero resguardando su orgullo, y segundos antes de que volteara en dirección a la sala, Harry dejó escuchar su voz – Me sorprendió mucho escucharla... le dije “gracias”... pero no. Stella elevó la mirada. - ¿No? Harry se encogió de hombros. - Bueno, no fue eso exactamente... Creí que sería más sutil si le decía que ya tenía pareja... – concluyó, sorprendiéndose a sí mismo por la conversación de la que estaba siendo partícipe. ¿Lo estaba imaginando o ambos intentaban dar explicaciones?. Stella sonrió elocuentemente, y Harry sintió su alivio. Para entonces, el murmullo del gentío aglomerado en la sala de Trelawney se hizo más patente que nunca. De hecho, alguien ya había cogido la cuerda que sujetaba la puerta. Stella miró hacia el techo con tristeza... al parecer, su conversación con Harry recién comenzaba a tornarse interesante. Sin embargo, caminó hasta el salón contiguo con paso firme. - Ahhh... ¿Stella? – la llamó, mientras divisaba de reojo los pies de los primeros alumnos en salir. Ella volteó, varios metros distante – Ya que no tienes pareja... y yo tampoco... es decir, ya que aclaramos el malentendido... y sólo si no tienes a nadie más en mente... ¿No quisieras...? Bueno... podríamos ir juntos... Stella hizo un gracioso gesto con la cabeza, relajó los hombros y sonrió, suspirando. - Me preguntaba cuánto tiempo te tomaría descubrir esa posibilidad.. – dijo, más coqueta que de costumbre, volteando nuevamente y perdiéndose entre las decenas de alumnos que ya ocupaban gran parte del pasillo. Harry sonrió, infantil. - Creo que eso fue un “sí” – pensó en voz alta, animado, observando su caminar hasta perderla de vista. - Yo también lo creo – opinó Nick Casi Decapitado, guiñándole un ojo y desapareciendo luego a través de uno de los óleos de la pared. 0
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