El siguiente texto está redactado por mí en base a mis indagaciones sobre el caso del hombre elefante, y tras haber visto la maravillosa película de David Lynch.
Joseph Merrick (1862-1890)
Merrick estuvo afectado desde muy niño por los tumores, que crecían más
y más. Los niños del colegio lo trataban como a un fenómeno, la única
que le mostró cariño verdadero durante gran parte de su vida fue su
madre. Gracias a ella Joseph heredó su bondad infinita sin restos de
rencor a pesar de ser la persona más infortunada sobre la Tierra. Ella
murió cuando Joseph tenía sólo 11 años, lo que él mismo recuerda como
la mayor desgracia de su vida, más aún que su enfermedad.
Su madrastra y hermanastros lo humillaban y le exigían que aportase a
la economía familiar, pero Joseph tenía serias dificultades para
trabajar, ya fuera por su poca habilidad con la mano derecha, que ya
presentaba serias deficiencias, o simplemente por su monstruosa
apariencia. El tumor similar a una trompa crecía y pronto le impediría
comer o expresarse de forma inteligible. Terminó yéndose a la Leicester
Union Workhouse al ver que no encontraría trabajo de forma normal. Tras
malas experiencias, acabaron quitándole quirúrgicamente la trompa, lo
cual le ayudó notablemente.
El tamaño y peso de su masa encefálica le causaba dificultades. No
podía dormir tumbado ya que se quebraría literalmente el cuello, así
que siempre tenía que dormir sentado, con la espalda contra la pared,
apoyando la cabeza en los brazos y los brazos sobre las rodillas. Se
resignó a trabajar como espectáculo de feria, y no tardó en encontrar
feriantes interesados en exhibirle. Pese a lo que se muestra en la
película de David Lynch, Merrick siempre habló del buen trato que
recibió por parte de los diferentes feriantes con los que deambuló por
Inglaterra.
Al llegar a Londres, el afamado cirujano Frederick Treves se interesó
por él, habiendo oído rumores de su deformidad. En cuanto lo vió se
sintió profundamente emocionado e interesado por el caso tan especial
de Merrick, así que lo invitó a su consulta para inspeccionarlo. En un
intento por hallar la raíz de la enfermedad lo expuso desnudo ante sus
colegas de medicina, sin buscar en ningún momento la humillación de
Merrick, sino una utópica cura que resultó imposible. Treves le dio una
habitación en el London Hospital en el que trabajaba, pero el hospital
no podía permitirse la manutención y Merrick tuvo de nuevo que volver a
exhibirse. Al principio no hablaba con Treves por miedo y timidez, pero
una vez que empezó demostró su alta inteligencia, conocimientos y
sensibilidad. Toda una sorpresa bajo esa terrible apariencia.
Merrick se marchó al continente europeo con un feriante italiano, que
acabó abandonándolo y llevándose el dinero que había ganado gracias a
él. Nuestro querido hombre elefante vagabundeó buscando medios para
volver a Inglaterra. Finalmente lo hizo en barco, oculto a petición del
capitán para no asustar al resto de la tripulación. En la estación de
Londres tuvo lugar una persecución por parte de la muchedumbre que
reflejó bien la adaptación cinematográfica. Acabó con Merrick
acorralado y desorientado en los baños de la estación, rodeado por un
montón de curiosos. Cuando llegó la policía no entendieron gran cosa de
lo que les decía, pero por fortuna les enseñó la tarjeta del doctor
Treves, que había guardado celosamente por los dos años que estuvo en
Europa. Gracias a eso lo llevaron de nuevo al hospital de Londres,
reencontrándolo con el único hombre que podía ayudarle, con su único
amigo.
Treves trató de nuevo instalarle en el Hospital de forma
permanente, pero sus superiores no se lo permitieron. El doctor puso
entonces un anuncio en la prensa solicitando ayuda económica para el
hombre elefante, y las clases altas no tardaron en ofrecérsela. Pudo
habilitarse una habitación para él, y pronto comenzó a recibir visitas
de personalidades tales como la Princesa de Gales y el Duque de
Cambridge. Merrick era una celebridad. Su cultura y educación
asombraban a todo aquel que se entrevistaba con él. Su bondad no
conocía límites y a pesar del infierno que vivía, no guardaba ningún
rencor hacia nadie. Le apasionaban las novelas románticas y el teatro.
Con mucha paciencia construyó una preciosa maqueta de cartón de una
catedral, a pesar de las limitaciones de sus torpes manos. Estas
conmovedoras escenas de la película son de lo mejor de la misma,
incluyendo el momento real en el que Merrick se echa a llorar ante
tanta amabilidad como ofrecerle una taza de té.
Merrick apareció muerto una mañana, tras haber dormido tumbado. El peso
de su cabeza fue su perdición. Hay quien dice que lo hizo de forma
deliberada, pero se hallaba en la etapa más feliz de su vida, siendo
querido y cuidado por mucha gente.
Hay muchos datos de interés. Os recomiendo leer el artículo de la Wiki
y por supuesto ver la maravillosa película de Lynch para aprender una
lección de bondad y autosuperación aun con tales impedimientos. Y el
mejor ejemplo de que lo esencial es invisible a los ojos. El único
poema escrito por Joseph del que se tiene constancia, toda una oda
llena de ternura e inocencia:
Es cierto que mi forma es muy extraña,
pero culparme por ello es culpar a Dios;
si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo
me haría de modo que te gustase a ti.
Si yo pudiese alcanzar de polo a polo
o abarcar el océano con mis brazos,
pediría que se me midiese por mi alma,
porque la verdadera medida del hombre es su mente.
A la memoria de Joseph Merrick
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