4 de Diciembre de 2008

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Mayo
27

Las Tierras de la Perdición

Los vampiros detenían a los gigantes no-muertos con látigos, lanzas y flechas vertiendo su propia sangre en “Las Tierras de la Perdición”. Sus engendros de carne putrefacta, una vez desbocados, eran rivales formidables capaces de acabar con un vampiro de un sólo golpe.

Capítulo I: El Tormento de los Condenados

Capítulo II: El Guardián de las Tinieblas

El Caos se había desatado en la caravana. Los gigantes no-muertos luchaban para escapar de un temor profundo y ancestral, que había superado a su obedicienda incondicional a los vampiros... la presencia de “El Guardián de los Tinieblas” en los cielos.

Era la última oportunidad para los esclavos de escapar a su fatídico destino. Aquellos que tenían todavía fuerzas golpearon con patadas violentas la espalda de los gigantes no-muertos, mientras los más débiles se esforzaban en gritarles a los oídos. Reacción que acrecentó su sensación trastorno y voluntad de huir al refugio de las tinieblas.

Los oficiales vampiros instaban a sus guerreros a establecer círculos alrededor de los gigantes no-muertos y, atacarlos guardando las distancias en un esfuerzo heroico por mantenerlos en su lugar condenado al fracaso.

Un gigante no-muerto aplastó al oficial vampiro del comando que lo acosaba, sembrando el desconcierto entre los guerreros que se hicieron a un lado, permitiéndole una huida frenada por la visión de su propio creador… un Brujo.

El Brujo le gritó rabioso desde su caballo negro encabritado frente a él. Era tal el peligro que destilaba su voz y tono que todos los gigantes no-muertos se detuvieron como abofeteados por un látigo invisible. Entonces, un nuevo rugido atronador de la bestia en los cielos, les recordó a los gigantes de nuevo su orden de temores.

Aquel gigante más cercano al Brujo se abalanzó sobre él dispuesto a darle muerte. El Brujo pronunció una sola palabra que petrifico al gigante, la jaula y los esclavos en su interior. Sus rostros desfigurados por el sufrimiento extremo que convulsionó sus cuerpos antes de convertirse en piedra, dieron paso a lágrimas que humedecían sus mejillas pétreas. Suceso visto por los compañeros de la jaula más cercana, que desataron un murmullo de exclamaciones que recorrió la caravana de jaula en jaula… ¡Todavía seguían sufriendo!

¿Acaso existía algo peor que la muerte en Mundo Destierro? Por supuesto…

La osadía de pretender agredir al Brujo no había hecho más que alimentar su ira. Éste cerró el puño y pronunciando las palabras de un hechizo, golpeó el aire apuntando hacia el gigante no-muerto. Un impacto invisible hizo temblar a la mole petrificada, que se agrietó. Un segundo impacto más fuerte hizo estallar al gigante no-muerto, su jaula y esclavos en mil pedazos de piedra, que se dispersaron por toda la caravana convertidos en señales de advertencia.

Aquel era el castigo por desafiar a un Brujo. Y había quien asumía el riesgo.

El Orbe de luz fantasmal que navegaba por encima de la caravana fue atrapado por dos garras negras, que lo desgarraron con sus afilados apéndices, destruyéndolo. La voz del Brujo que había conquistado la ciudadela emitió un grito de sorpresa desde la cabeza de la caravana. Su voz reflejaba el dolor que le había fulminado, a través de su conexión mágica con el orbe extinguido.

Esta vez, la oscuridad no desato el caos sino el orden. Los oficiales vampiros disciplinaron a las tropas impartiendo órdenes de batalla, aniquilando a todo aquel guerrero que mostró la menor duda o temor. Los gigantes no-muertos permanecieron inmóviles atrapados por la mirada desencajada del Brujo que había petrificado al rebelde, cuya ira desbordada por la ofensa de “El Guardián de las Tinieblas” emanaba de su cuerpo rayos letales por todas partes a su alrededor.

Los guerreros vampiros empleando sus dotes menores en Magia de Sangre, crearon pequeños orbes de luz fantasmal que enviaron al cielo, tejiendo una red de luz por encima de la caravana, que permanecía oculta en la oscuridad, con el fin de alertar gracias a su destrucción de la llegada de “El Guardián de las Tinieblas”.

Los esclavos más valientes gritaron a pleno pulmón con la intención de guiar a la bestia que amenazaba a los vampiros, quienes reaccionaron disparando desde la más absoluta oscuridad flechas certeras a las gargantas de las voces que gritaban, pero fue demasiado tarde.

La distracción de los esclavos había triunfado. Los vampiros no vieron la destrucción de parte de la red de orbes de luz hasta que “El Guardián de las Tinieblas” cayó sobre ellos dispuesto a cobrarse sus vidas.

Bienvenido, a “Las Tierras de la Perdición”.

Continúa en...

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El Tormento de los Condenados - Capítulo III - Las Tierras de la Perdición - Lester Knight.zip52.86 KB