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Yo crecí con la mejor generación de videojuegos.
Cuando cogí una consola por primera vez en mi vida yo tenía 4 años. Era la consola de mi vecino, una NES, aunque no de las auténticas, pues en aquella época las copias estaban a la orden del día. Y mi primera consola fue otra de esas copias de la NES, a mis 5 años.
Pero
lo grande de mi crecimiento videojueguil no fue el sistema, fueron los
juegos. Lo primero que cayó en mis manos fue aquel pixelado Super Mario
Bros. a base de píxeles en el que veías que al final no estaba la
princesa y tenías que ir a por el siguiente nivel. Tampoco me perdí
aquel Mario en el que tumbabas tortugas con un cabezazo desde abajo.
Pero
no fue Nintendo gracias a Dios lo único que cayó en mis manos. En
aquellos tiempos los supermercados ponían consolas para probarlas, y
tuve la maravillosa suerte de probar el primer Sonic, The Hedgehod.
Correr con Sonic hacia la liberación de animalillos encerrados en
robots no pudo ser la mejor excusa para corretear por maravillosos
niveles llenos de color y sobre todo rapidez. Green Hill zone estará
siempre en mis recuerdos.
Unos juegos simples pero enormes, no había checkpoint, simplemente te hacías el juego una y otra vez. Y la melodía siempre te acompañaba, la tarareabas inconscientemente. Salían las segundas y terceras partes de ambos juegos, y mejoraban de manera increíble de uno a otro, o simplemente se redefinían de manera inimaginable. En las terceras partes los juegos eran demasiado largos para no haber checkpoint. Eso junto a la inmensa variedad de objetos e ítems que te ayudaban a continuar hacían que la frase “las segundas partes nunca fueron buenas” sea simplemente ridícula.
Tuve la suerte de crecer en
la época en la que Nintendo y Sega rivalizaban con uñas y dientes por
ofrecer lo mejor a su escaso público. Eramos los niños más mimados del
mundo. No era perfecto, pero a mí me encantaba.
El año de la caída de Dreamcast fue como si me arrancaran medio corazón. Reconozco que desde la N64 me fui más para Nintendo, principalmente porque los sistemas de Sega empezaron a salir un poco a destiempo. Pero perder a la compañía con el erizo azul más famoso de la historia fue un duro golpe. En tiempos de Game Cube, los cimientos de Nintendo temblaron, aplastada por Sony y en menor medida por Microsoft. Si Nintendo se iba, directamente dejaría de jugar. Para mí un mundo de videojuegos en el que no existen Nintendo ni Sega como fist party no es un mundo de videojuegos.
Gracias a Dios otra vez,
Nintendo arriesgó con Wii y NDS, han llovido mil críticas, pero les ha
salido bien. Están saliendo adelante y siguen haciendo juegos que
consiguen que se me ponga el pelo de punta. Cuando vi a Mario volando
entre estrellas, sentí una emoción comparable a los recuerdos de las
horas frente a la MegaDrive y la NES. Y qué grande fue la idea de
Nintendo de crear ese juego tan pobre gráficamente llamado Super Smash
Bros. Pocos juegos superan la cantidad de horas que yo le he dedicado a
este. Los gráficos eran directamente malos, pero todo el que lo haya
probado sabe que ese juego va más allá.
No os voy a
contar la evolución de los Smash Bros, otros lo han hecho ya y mucho
mejor que yo. Pero quiero que veamos algo con ojos distintos a los que
la gente lo suele ver, veamos lo que os quiero enseñar con los ojos de
aquel niño de 8 años que jugaba en casa a la MegaDrive y en casa de su
primo a la Super Nintendo. Esa visión que sólo unos pocos ¿afortunados?
(yo creo que sí) podemos tener. El momento que todo crío nacido en los
70 – 80 quería ver. Super Mario y Sonic, The Hedgehod, juntos en un
videojuego por ver cuál de los dos pega más fuerte.
Ver el vídeo siguiente
http://www.smashbros.com/es/movies/movie071010a.html?keepThi s=true&TB_iframe=true&height=390&width=532
hizo que se me saltaran las lágrimas. Literalmente. Es la emoción de
toda una vida, una imagen totalmente real, sin montajes, sin “¿y si…?”.
Esta vez no. Y desde este humilde blog quiero enviar un mensaje a los
señores de Nintendo y Sega:Gracias.
Si
no fuera por ustedes, en particular por el señor Miyamoto, yo hoy no
sería lo que soy. A lo mejor sería mejor estudiante, a lo mejor sería
una persona peor. Pero no creo que fuera más feliz.
Yo nunca tuve amigos imaginarios. Tuve compañeros de aventuras. Se llamaban Sonic, Mario, Link, Alex Kidd…
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