28 de Junio de 2017

Compartir

Desde esta página puedes compartir Final Fantasy X: El último gran Final Fantasy con otros usuarios en internet a través de los siguientes servicios.
Compartir página en...

Con ésta son ya 100 entradas en mi blog, El Rincón del Chete, durante más de siete años. Las efemérides en sí no significan nada, pero se pueden utilizar como símbolo. En esta entrada número 100 quiero realizar el análisis, el retro análisis de hecho, de un juego que significó mucho para mí: Final Fantasy X, la primera entrega con voces de un Final Fantasy, el primer Final Fantasy de ps2, el último gran Final Fantasy.

 

Final Fantasy X salió en Japón en el año 2001, en Europa en 2002 y yo lo jugué en 2004. Estamos hablando de un juego que ya cumple 16 años, a pesar de lo cual sigue resistiendo perfectamente el paso del tiempo en lo referente a sus gráficos, aún más en lo referente a su música, a su profunda jugabilidad y a su impactante narrativa.

 

 

 

Pero ¿por qué es un juego importante para mí, tanto para elegirlo en esta efeméride? Si bien no es mi juego favorito, ni al que más horas he jugado, ni siquiera el que primero recomendaría, sí que se trata de la primera gran aventura que completé en un videojuego. Llevo jugando toda la vida a los videojuegos, pero hasta entonces había jugado a Sonic, Pang, Tetris, Street FighterGradiusTomb Raider, y un infinito etcetera de juegos y géneros con algo en común: la jugabilidad directa. Sin embargo hasta que no jugué Final Fantasy X no me di cuenta de que además de para jugar, los videojuegos podían servir como medio narrativo. Es cierto que en este sentido juegos como los Metal GearThe Last of Us, los juegos del Team ICO o cualquiera que se os ocurra pueden ser mejores ejemplos, pero mi primera gran aventura, mi primera gran historia en el mundo de los videojuegos fue con Final Fantasy X.

 

Qué suerte tuve.

 

Introduzcamos primero qué es Final Fantasy X. Se trata, evidentemente, de la décima entrega de un juego de rol japonés. Llevamos varios personajes, cada uno con unas características distintas, que podremos ir personalizando conforme avancemos en la aventura, dándonos multiples posibilidades en la forma de afrontar los combates, clásicos por turnos, con una historia típicamente nipona. Esto es: jóvenes que deben salvar el mundo con aire muy cool pero con problemas existenciales y emocionales muy profundos.

 

La Décima entrega fue un Final Fantasy muy esperado por ser el primero para la generación de consolas de 128 bits. Las capacidades multimedia de ps2 así como su potencia dieron unas enormes posibilidades tecnológicas al juego, esto unido a ser un juego que salió muy en los inicios de la vida de la consola y al creciente éxito de la franquicia Final Fantasy en todo el mundo llevó a lo que hoy en día llamamos a un juego triple A.

 

Gráficamente el juego es espectacular, lo fue y lo sigue siendo hoy en día. Evidentemente tecnológicamente ha sido superado, pero el diseño artístico es una maravilla y técnicamente en su día alcanzó la cima de su plataforma.

 

Tetsuya Nomura como diseñador es la punta de lanza de un juego que entra por los ojos. Los personajes están perfectamente caracterizados, con unos diseños quizás un tanto estrambóticos, muy en la línea de finales de los noventa, pero perfectamente personalizados, llenos de carisma y con una lectura común en el mundo de Spira, donde transcurre Final Fantasy X.

 

Además de los personajes el mundo en sí, las naves, las ciudades los paisajes y entornos, poseen un carácter propio que individualiza y caracteriza a Final Fantasy X, pero consiguiendo además hacer eco de la propia saga. Artísticamente se nota que es ya una obra de madurez de sus diseñadores, muy trabajada, de calidad indiscutible. Tan sólo hay que ver cualquiera de las imágenes del juego para comprender que en seguida uno reconoce el juego al tener una pátina indiscutible.

 

En lo técnico, aunque algunos enemigos tengan una carga poligonal algo menor, los protagonistas están llenos de detalles, aún apreciables transcurridos los años. Especial mención daría a las caras y sus animaciones. Muy lejos de Uncharted 4, por supuesto, pero aún conservando una expresividad nunca vista en su tiempo.

 

Para dar rienda suelta a todo el potencial gráfico el juego plantea una vista con cámara fija mientras nos movemos por el mundo, mezclando escenarios prerenderizados con modelos en 3D, videos in game, videos CG de altísima calidad, posiblemente de las mejores CG de la historia de los videojuegos ya que ya no se realizan, así como escenarios estáticos en las fases, muy numerosas, de lucha.

 

Como podéis comprobar se trata de un juego de una variedad gráfica inaudita, donde no se escatimó en recursos gráficos para desatar todo el potencial del juego. Especial mención merecen el tridente de personajes, escenarios prerenderizados y CG (o cinemáticas).

 

 

 

Tidus o Yuna forman parte del panteón histórico del mundo de los videojuegos llenos de carisma, inolvidables en su inocencia, valentía, fortalezas y debilidades, perfectamente expresados en sus propios diseños y animaciones.

 

Para sortear las limitaciones técnicas de ps2 sus programadores aún utilizaron la técnica de crear escenarios prerenderizados, de gran calidad técnica, donde superponer los magníficos personajes. Esto surge a costa de una cámara automática, que en todo momento acompaña perfectamente, salvo en los combates donde la cámara es fija. Hoy en día la cámara fija ya no se entiende, pero asombra cómo puede ser aún un magnífico recurso para exprimir aún más gráficamente una consola.

 

Por ultimo las cinemáticas de ordenador, no realizadas con el motor del juego, sino con mayor calidad alcanzaron tal nivel en este videojuego que realmente parecen de una película de animación. De hecho por esta época Square se lanzó a realizar sus primeras películas de animación con ordenador de Final Fantasy. En el juego tenemos sus primeros cortos, y son absolumente asombrosas, no sólo en lo técnico, también en lo espectacular y expresivo. Los mejores momentos del juego los verás de esta forma y jamás los olvidarás.

 

 

 

Técnicamente como vemos es el techo de la consola con un tipo de tecnología que más tarde sólo sería superado por el propio Final Fantasy XII o God of War II, pero utilizando recursos muy diferentes. Final Fantasy X cuenta, aún hoy, con unos gráficos maravillosos y absolutamente únicos y posiblemente irrepetibles, por la variedad y tipo de técnicas utilizadas.

 

Por supuesto todos los elementos menores como efectos de magias, batallas, diseños etcetera sólo apuntalan una obra titánica, única y brillante que sólo se puede tildar de sobresaliente gráficamente. Tan sólo le dejaría una pequeña sombra subjetiva, y es que los diseños me parecen muy barrocos, los personajes se encuentran, para mi gusto, escesivamente adornados, recargados, pero esto tiene que ver más con una cuestión de gusto que de calidad o técnica. Sin embargo los diseños de personajes de Final Fantasy VII, por ejemplo, menos recargados, me gustan más.

 

En lo que no se puede discutir que este juego es una absoluta obra maestra es en su apartado sonoro. No sólo es que las capacidades técnicas de ps2 pudieran dotar de magníficas voces a sus personajes, así como espectaculares y vistosos efectos especiales. Es que la música, a pesar del “aspecto” un tanto arcaico intencionado que presenta es una absoluta maravilla.

 

La música.

 

 

 

Nobuo Uetmatsu en su mejor momento no sólo nos da lo mejor de sí en este juego, es que desde el instante en que introducimos el disco y aparecen los personajes con la canción To Zanarkand de fondo, las notas del piano te acompañarán para siempre en lo momentos más melancólicos de tu vida.

 

Si hay una música de videojuego que siempre podremos recorder es la de éste juego. Si hay una música de este tiempo que dentro de cincuenta o cien años podremos recorder es la de Final Fantasy X.

 

Siendo algo más concreto os diré que la banda sonora es bastante ecléctica, y sólo las composiciones principales son obra de Uematsu. Desde las lánguidas notas del piano hasta erizantes guitarras eléctricas pasando por tonos casi midis nos dan un conjunto heterogéneo pero que, sin duda, será recordado para siempre como una obra maestra de la música.

 

 

 

Pero es que además, en lo técnico, las voces, el doblaje al inglés, efectos sonoros o músicas de acompañamiento durante largas horas de batalla suenan de maravilla, perfectamente caracterizadas y, aunque a día de hoy puedan sonar incluso un tanto anticuado, el precisamente una de las cualidades que le hacen ser el ultimo Final Fantasy clásico.

 

 

 

La otra es su jugabilidad. Para mi se trata del culmen del sistema de combate por turnos, pero antes os dare las pinceladas generales. El juego, de rol clásico, nos pone en la piel de Tidus, al que controlaremos directamente interactuando con el resto de personajes protagonistas o no, en una historia totalmente lineal. Tan lineal que hasta las cámaras son fijas tan sólo pudiendo desplazar a nuestro protagonista por una basta red de “pasillos”, aunque no lo parezcan.

 

Al final tendremos que ir hasta donde la historia nos guie, aunque con más libertad hacia el final del juego, luchando y luchando por el camino, en ocasiones contra determinados enemigos más duros o jefes finales.

 

 

 

Y la base del juego, además de algún que otro puzzle o minijuego, es el combate. Combate por turnos al más clásico estilo de rol japones. Lo primero de todo, combates aleatorios, hoy en día parecerá prehistórico, y puede que resulte de lo más molesto del juego en su tramo final, pero eso es lo que hay. En cada combate, con una buena primera curva de aprendizaje de unas diez horas, manejaremos a tres de entre seis protagonistas, pudiendo alternar entre ellos siempre que queramos mientras la historia nos lo permita.

 

Cada personaje tiene su turno, aunque no son turnos simples, digamos que hay personajes más rápidos que pueden hacer más ataques en el mismo tiempo, también dependiendo del tipo de acción que realice.

 

Por supuesto tendremos las clásicas (aún más por el tipo de menu) acciones de ataque, defensa, magias de cuatro tipos, objetos así como acciones especiales según el personaje. Además tendremos la posibilidad de realizar invocaciones con espectaculares criaturas, clásicas en la saga Final Fantasy, con maravillosas animaciones y transiciones, que ocuparán el lugar de nuestro equipo mientras consigan mantenerse con vida.

 

Hasta aquí sería todo perfecto, equilibrado, con una jugabilidad tal y como podíamos esperar de un juego de rol japonés. Pero para atarlo y mejorarlo todo se implementó un sistema de mejora de habilidades con un árbol o tablero de esferas. De esta forma aunque cada personaje parte de un punto distinto de dicho tablero, es decir con una potencialidad muy concreta: uno rápido, otro para ataques aéreos, una sanadora, una maga… A pesar de esto, una vez uno tiene bien andado medio juego te das cuenta de que no sólo puedes personalizar de la manera que quieras a cada personaje, según las habilidades que más te gusten, es que las posibilidades de personalización del equipo son infinitas.

 

 

 

Este sistema de combate con la forma y tipo de personalización de los personajes, unido al sistema de mejora creo que es, sin duda, el más logrado de todos los juegos de este tipo que he jugado, y eso que éste fue el primero. El sistema de combate de Final Fantasy XII fue muy innovador, la materia de Final Fantasy VII todo un mundo por explorar y descubrir, las variaciones de rol de acción en tiempo real hicieron evolucionar el juego como en Kingdom Hearts o Ni No Kuni, pero el clásico juego por turnos creo que conoció su cénit en Final Fantasy X. No es que no haya aún grandísimos ejemplos de este tipo de jugabilidad, aún más compleja o afinada, como en los Persona, pero en concepto para mí el mejor.

 

 

 

Y si estábamos hablando de jugabilidad entonces debemos decir que es un apartado del todo sobresaliente, como ya hemos dicho incluso aderezado con variedad de minijuegos, el Blitzball, o de puzzles, con las piedras en los templos. Final Fantasy es un juego, un muy buen juego, el último Final Fantasy clásico. Las versiones XI y XIV fueron on line, la XII innovó de forma muy interesante con un sistema de combate automático donde en lugar de controlar directamente a los personajes controlábamos las prioridades y órdenes, a modo de programación. El XIII se perdió entre continuación y continuación y el XV quizás sea el menos Final Fantasy de todos, bonito pero light en jugabilidad.

 

Aún estás a tiempo de jugar el último gran Final Fantasy en tu ps4, o en ps3, o en ps2, incluso en Vita. Qué gran juego y qué suerte tenemos de poder disfrutarlo en cualquier consola de cualquier generación, ya que se disfrutará prácticamente igual que en su día, porque ése es un gran índice para un juego, si pasados los años sigue siendo infernalmente divertido, es que es un gran juego. Y Final Fantasy X lo es.

 

Ahora hablaría de la historia, y en un juego de rol es algo esencial, ya que si hay que ir evolucionando personajes, afrontando combates aleatorios y seguir siempre adelante sólo puede realizar de forma amena si hay una buena historia que te acompañe.

 

Final Fantasy X es un viaje, con su principio y su final, y efectivamente lo más importante va a ser su recorrido. Es la historia de Tidus y Yuna, la historia de un mundo al borde del colapso al que debemos salvar. Se trata de una  historia de crecimiento, madurez y redención y con todo esto se pueden perdonar sus clichés adolescentes y su tono de humor ligero porque la historia al final es emotiva, los personajes cumplen perfectamente su papel, y el conjunto se muestra perfectamente estructurado, es imaginativo y culmina como pocos en su narración, de la que no comentaré más para no destripar nada.

 

 

 

Los clichés están ahí, pero están utilzados muy bien para atar y completar un juego que se muestra, en su conjunto perfectamente equilibrado. Final Fantasy muestra todos sus apartados en perfecta armonía, como pocos juegos, dando no sólo una calidad global envidiable y deseable para cualquier otro juego o por cualquier jugador. Es más, la suma hace que se muestre como un todo único que nos recuerda que la magia es posible, y que la puedes encontrar en el interior de un disco.

 

Ahora podéis comprender el título de este artículo: El último gran Final Fantasy. Por supuesto es posible que no te guste el rol, los clichés japoneses, que no soportes los combates aleatorios (pobre Dragon Quest VIII) o simplemente que te guste más otro Final Fantasy u otra saga. Lo que no se puede discutir es lo que representa Final Fantasy X para la industria en su día, un golpe en la mesa de cómo hacer un juego, tanto que aún hoy con cada nuevo lanzamiento de un juego de rol nadie puede evitar echar la vista atrás para comprobar si, como ya pasó en su día, se culminarán todas las espectativas que uno tiene puesto en él.

 

Final Fantasy X las superó.

 

Aún más su música.

 

 

 

 

 

 

 

 

5
Valoración media: 5 (2 votos)