5 de Septiembre de 2008

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Abr
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El valor de los clásicos y sus recuerdos ...

 

No se si habrá alguien el cual hable igual que yo lo hago pero es que me encuentro asqueado (en una pequeña parte) de algo que supone un hobby muy grande dentro de mí: los videojuegos. Algunas veces paso las horas muertas intentando recapacitar, ahondar en el problema que me hace ver los videojuegos como algo tópico, rutinario y, en cierto modo, obsoleto.

Desde que tuve uso de razón me encontré entre mis manos con una Sega Master System y el más que notorio Alex Kid. Mi vida de niño eran dos cosas: mi videoconsola y la serie de dibujos de Lucky Luck por lo que, cuando no jugaba a una cosa mi ponía a ver la otra. Cuando alcancé los diez años (u once, no recuerdo bien) me regalaron la Megadrive, yo no podía ser más feliz, huelga decir que los mejores recuerdos lo mantengo en esta consola tan impactante (no olvidaré las tardes de verano enganchado al impresionante Shinobi III o Sonic 2...), incluso el declive de la consola me pareció el más magestuoso y radiante del mundo, digno de elogios, con juegazos como Sonic 3D... una despedida con la cabeza bien alta.

De buenas a primeras se me viene una luz de nostalgia, y busco entre cajones la impotente megadrive que guardo como oro en paño en los polvorientos cajones de mi ropero. Llevo tiempo pensando que el pasado era mejor que el ahora... tengo que decir que los juegos que había en antaño eran mejores que los que vivimos en la actualidad, bien sabemos que graficamente no pueden competir pero la diversión y entusiasmo que mantenía por aquel entónces no lo tengo yo ahora. Adquiero un juego pero luego no me dan ganas de rejugarlo y antes lo hacía una y otra vez. Así que debo de reconocer que, pese a tener una Playstation 3 tengo más ganas de jugar felizmente a mi megadrive.

Así que, por extraño que parezca, desconecto mi ps3 y enchufo mi megadrive y siento algo que creía olvidado, siento la diversión, la felicidad, el entusismo, las ganas de seguir, las ganas de jugar, la virtud de la lucha, la dificultad elevada de los juegos, el fuego que se reaviva. Olvido los dvd o los blueray y conecto un cartucho lleno de más posibilidades que un juego de la actualidad. No me he vuelto loco, no quiero que la gente piense eso, he vuelto a ser niño, a sentirme a gusto con un videojuego sin que este me asquee o deprima. Atrás dejo los Ninja Gaiden Sigma o los Uncharted y vuelvo a dar la bienvenida a al pasado, un pasado que, tristemente no podemos retornar como si de un viaje en el tiempo se tratase pero que nunca caerá bajo las frías manos del olvido porque, como yo, hay mucha gente que (tras aburridas tardes a un GTA4 o tras un duro día de trabajo) vuelven a conectar los cartuchos del pasado y que a día de hoy sigue tan vigente como el aire que respiramos.

Para mi, la década de horo de las videoconsolas y los videojuegos, se quedó mucho tiempo atrás.

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