8 de Septiembre de 2008

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Abr
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¡Todos nosotros pertenecemos a la Nobleza!

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¿Quién de nosotros no ha soñado alguna vez con ser noble? Imaginaos ser "Conde de" (o "Condesa de") o Marqués. O Duque. Esos títulos nobiliarios que los reyes han venido otorgando a sus cortesanos para premiarles por los servicios prestados a la Corona.

La nobleza desde siempre fue un estamento privilegiado. Tenían el poder que le daban sus riquezas, sobre todo sus dominios territoriales. Y disponían de sus propios ejércitos, que ponían al servicio del monarca que más les convenía.

Desde siempre el título nobiliario ha sido el más preciado reconocimiento de prestigio que un Rey podía dar a un súbdito. Bien entendido que por muy elevado e importante que fuera la dignidad del título, nunca sería equivalente al de Príncipe o Rey. Por eso se equivocan quienes dicen que la Reina Isabel II del Reino Unido debería hacer una reverencia si se encontrase enfrente de Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII Duquesa de Alba. El motivo que alegan quienes afirman esto es que la Duquesa de Alba es titular de tal cantidad de títulos nobiliarios que se la considera como el miembro de la nobleza con mayor número de títulos nobiliarios reconocidos del mundo. En concreto la Wikipedia dice: 

Cayetana de Alba posee más títulos que ningún otro noble en el mundo legalmente ante un gobierno vigente que los reconoce: es cinco veces duquesa, dieciocho marquesa, veinte condesa, condesa-duquesa y condestablesa, además de ser catorce veces Grande de España.

Pero por muchos títulos que posea un noble, hay un detalle que se le escapa a estas personas, y es que la Reina Isabel II ostenta el título de Reina. La calidad de su título hace que no tenga que inclinarse ante ningún noble del mundo, por muchos títulos que tenga, pues Cayetana de Alba será catorce veces Grande de España, pero no tiene el título de Reina.

Hecha esta introducción sabemos que quien otorga los títulos nobiliarios es Su Majestad el Rey. Aquí es donde yo voy a demostraros a todos, amigos, que nosotros no somos meros ciudadanos, sino que somos nobles de pleno derecho.

Todos nosotros hemos tenido que pasar por unos estudios mínimos, anteriormente se llamaban Educación General Básica (EGB) y Bachillerato, actualmente ESO y Bachiller, pero también Formación Profesional (Títulos de Técnico Superior, grados superiores, medios, etc). ¿A dónde quiero ir a parar con esto? ¿Qué tiene que ver con la nobleza?

Pues que todos, absolutamente todos los títulos oficiales de enseñanza oficial reglada, que emite en España la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT), todos ellos son otorgados por Su Majestad el Rey. El título de ESO lo otorga el Rey. El título de Bachiller, lo otorga el Rey. El título de Formación Profesional, lo otorga Su Majestad el Rey.

Id a buscar vuestro diploma de Bachiller, de ESO o de Formación Profesional y lo comprobaréis. Quien os ha otorgado el título no es otro que Su Majestad el Rey de España, Don Juan Carlos I de Borbón y Borbón.

Bien es cierto que el título no lo concede físicamente el Rey, sino que lo entregan los funcionarios a quienes le corresponde esta tarea. Pero jurídicamente, la emisión del Diploma está otorgada por el monarca. Por ello yo sostengo, que este título puede ser considerado un título nobiliario, ya que aunque no haya sido otorgado por méritos bélicos, o por favores, apoyos o amistades con la Familia del Rey, nuestros títulos nos han sido dados por méritos académicos. Por vencer en la lucha del conocimiento. Por aprender. Por superar las materias que el Legislador, con la firma y sanción del propio Rey, nos ha impuesto que debíamos estudiar.

Los nobles de antes poseían las armas, las tierras y el poder. Nosotros tenemos las armas intelectuales, el poder de nuestra habilitación legal para ejercer una profesión (caso de FP, Ingenierías, DUE...) o para opositar. Los títulos universitarios, además, habilitan para ejercer determinadas profesiones regladas como la de médico, notario, registrador, abogado, fiscal, gestor administrativo, arquitecto, ingeniero, etc. Todos estos títulos son otorgados por el Rey. Así pues, todos nosotros, todos, somos nobles, porque todos nosotros hemos vencido la ignorancia. y hemos adquirido las armas de las letras y de las ciencias. Su Majestad nos ha premiado reconociendo nuestro mérito con un título, reglado por normas convencionales, cierto, pero no menos nobiliario que los que ostenta la Duquesa de Alba.

Pero llegados a este punto alguien podría preguntarse: bien, yo soy noble porque tengo un diploma, pero ¿Qué sucede con los niños recién nacidos? ¿Y con los niños que aún no han recibido su primer diploma? La respuesta es que estos infantes son nobles también, por la sencilla razón de que descienden de nobles. Por lo tanto somos no solamente nobles, sino que hemos constituido una nobleza de sangre y transmitimos nuestra nobleza a nuestros descendientes hasta que ellos ganen la suya.

Los revolucionarios franceses se equivocaban al pretender el fin de la nobleza. El verdadero éxito de la democracia estaba en convertirnos a todos en nobles.

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