8 de Septiembre de 2008

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Los viejos tiempos. Parte II

Autor: The_unforgiven_too

- ¡Despierta, vamos!

No era la primera vez que Merklin oía esas palabras, y deseaba que no fuese la última. Abriendo trabajosamente los ojos, se dió cuenta de que el derecho no lo podía abrir por culpa de la sangre. Lo que veía con el izquierdo no era muy alentador, de todas formas. Su amigo, Grosh, estaba rodeado por una cantidad enorme de Hombres Lagarto, y la danza de las espadas acababa de empezar. Ella apenas sabía porqué estaba así. Sólo recordaba que estaban cruzando el camino al Este, buscando ser asaltados. El alcalde de Browntown les había contratado para que eliminasen a una familia de Hombres Lagarto que acechaban a los comerciantes que venían a dejar sus monedas de oro y su mercancía. Ellos no tenían ningún tipo de renombre, así que el hecho de que el alcalde les diese la misión significaba dos cosas: que no había nadie más capacitado en el pueblo, y que la recompensa iba a ser ridícula.

Pese a que Grosh le avisó de que los lagartos estaban en esas tierras mucho antes que los humanos, eso no le importó lo más mínimo a Merklin, puesto que tenía la oportunidad de vivir una aventura.

“Yo y mis aventuras” pensó mientras intentaba incorporarse infructuosamente. El golpe había sido muy fuerte, y la había pillado totalmente desprevenida, cuando inspeccionaba una bolsa caída a un lado del camino. Eran más listos de lo que creía, o ella era tonta. Ésto último no lo dudaba. Debido a su aspecto, su infancia resultó muy difícil, temida por el resto de los niños. El color de sus ojos era algo muy difícil de ver, y sus cabellos no se decidían entre ser morenos y rubios (aunque a Grosh le mintió, contandole una historia de un tinte raro). Fué objeto de estudio por el mago del pueblo, y después de una inspección demasiado exhaustiva para ella, el mago llegó a la feliz conclusión de que la niña estaba endemoniada, puesto que no era virgen. De nada sirvió que la niña denunciase a su padre como el culpable de ésto último, puesto que una turba de gente con antorchas fué a buscarla a casa, con su propio padre entre ellas. Afortunadamente vió venir todo eso, y escapo momentos antes de que la casa ardiese.

Las fuerzas volvían de repente a sus finos brazos. Se incorporó, y vió a su amigo siendo hostigado por toda la camada de lagartos. Ya había matado a cuatro, aunque también había sido herido en un brazo, cosa que le quitaba movilidad, y le dejaba el flanco izquierdo indefenso. Sabía que no podía dejarle morir, así que echó mano del cinturón, y sacó dos afiladas dagas. Echó a andar, y aunque perdió un poco el equilibrio, al instante estaba corriendo hacia la pelea. Conforme pegaba estocadas, los hombres lagarto se transformaban en las personas que habían abusado y reido de ella a lo largo de su vida.

Diablos, aquellos si que eran tiempos duros.

- ¡Para, para!

El abrazo de Grosh fue lo único capaz de parar a Merklin. Sin darse cuenta, había finiquitado a seis lagartos ella sola, entrando en una furia asesina de la cual no podía salir. Al calmarse, se dió cuenta de que Grosh estaba herido en el hombro. Había sido ella la que lo había apuñalado, ciega y ansiosa de sangre. Conforme se dió cuenta de lo que había hecho, sus rodillas cedieron, se cayó, y se puso a llorar.

- Tranquila, no es nada. El corte no ha sido profundo y la ciudad no está lejos. No pasará nada.

En silencio, se levantaron y empezaron a andar. Dos lagartos habían escapado, pero no eran fértiles, por lo que no constituían un peligro a largo plazo. Tomaron el camino de vuelta a la ciudad, la cual en el horizonte empezó a encenderse y a tililar, como si estuviera llamando a tan pintorescos compañeros.

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