22 de Agosto de 2008

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Caminaron juntos en la oscuridad intermitente. La luz roja de emergencia era la única que funcionaba en la sección de camarotes. Pasaron varios compartimentos en silencio hasta que el sonido de un tumulto de pisadas corriendo se fue haciendo cada vez más audible. Un pelotón de soldados de infantería con trajes completos de combate, escudos de energía activados alrededor del cuerpo y ametralladoras láser irrumpieron en formación por el pasillo frente a Enardel. Avanzaban hacía él lentamente aputándole con las ametralladoras láser. Éste les dedicó un saludo con la cabeza y giró el siguiente pasillo a la derecha ignorándolos.

- Habéis venido a por algo – Sandra apareció de las sombras, tras el pasillo por él que había venido Enardel. Les apuntaba con el cañón con una mirada desafiante. Los soldados desconcertados por unos segundos cerraron filas y le apuntaron a ella. El cañón empezó a cargarse produciendo un estruendo. Las luces de los pasillos y todas las maquinas se volvieron locas, mientras un brillo cegador se iba acumulando en las palas del cañón-. Aquí lo tenéis.

Una descarga brutal de energía fue escupida por el cañón. Los rayos alcanzaron las cuatro caras del pasillo, rebotando en ellas, penetrando en los escudos de los soldados, que caían al suelo entre convulsiones y gritos. Se hizo un breve silencio y un segundo grupo llegó al pasillo. Sandra volvió a cargar el cañón y los soldados abrieron fuego indiscriminado sobre ella, quién respondió con una segunda descarga, cargando contra ellos.

El sonido del tiroteo se fue haciendo más lejano, a medida que se acercaba a la sección del hangar. Las luces de los pasillos volvieron a encenderse al máximo. Al fondo de pasillo, a unos cien metros vio la enorme puerta del hangar abierta. Por ella avanzaban 50 soldados en 5 filas hacía él. Volvió a girar a la derecha, y de ambos pasillos contiguos salieron más soldados. Ninguno hizo el menor gesto de ataque. Se limitaban a cerrarle el paso, empujándole hacía el punto muerto, una salida de emergencia al exterior al frío espacio.

- Lo he visto todo – La voz de Lilith resonó en su mente, con una ansiedad que nunca antes había escuchado en ella.

- Lo sé – Las opciones se agotaban, iba directo a la salida de emergencia.

- Tienes que volver.

- Sabes que no puedo – Se plantó a unos metros de la puerta de emergencia. Decenas de soldados se detuvieron detrás de él a la espera de una orden. Sus respiraciones entrecortadas por la tensión eran un coro. Por más soldados que fueran, temían al misterioso hombre que les daba la espalda empuñando un revolver arcaico en la mano.

- No puedo permitir que continúes esto, morirás.

- Ya estoy muerto, ahora deben morir ellos.

- La venganza no devolverá la vida a tu familia.

- Es cierto, pero salvara la vida de otras.

- Es mentira y lo sabes, vas a morir inútilmente en ese pasillo. Jamás llegarás al hangar. Por favor, no me hagas dar la orden y vuelve conmigo. Te necesito.

- La última esperanza de los hombres murió con el Imperio Sombrío. Me he engañado toda la vida pensando que luchando por éste, las cosas cambiarían, ya no puedo vivir de ilusiones por más tiempo.

- Entre vivir en este mundo, o morir luchando por recuperar lo que un día fuimos… elijo luchar.

Dio un violento puñetazo con la mano izquierda al cristal, que protegía la palanca de la puerta de emergencia. Y antes de que los soldados pudieran reaccionar, la estiró con todas sus fuerzas. La puerta previa de protección se cerró de golpe y la de emergencia se abrió. Enardel salió expulsado al espacio bajo el planeta de fuego como telón de fondo.

Continúa en...El Barón Negro VI: Rumbo al Destino

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