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El Barón Negro. Capítulo IV: Hermanos de la Muerte - VS - Metallica: The Unforgiven - The Black Album - Letra Original11 de Abril de 2008 • 20:56 — Lester KnightCategorías: amistad, amor, ciencia ficción, enardel, guerra, ideales, lealtad, literatura, metallica, relato, the black album, venganza Lilith regresó a sí misma tan alterada que tardó unos segundos en reconocer el puente de mando. En silencio todos los oficiales la observaban con la sorpresa y el desconcierto en sus rostros. Todos excepto un hombre, el verdugo de la familia de Enardel, que seguía plantado frente a ella con la misma sonrisa cínica y divertida del recuerdo. No le permitió hablar. Le dijo que le llamaría en unos minutos y corto la comunicación holográfica. Olvidó el protocolo y caminó directamente a la zona oscura del puente de mando, ignorando las peticiones de sus oficiales con un gesto que no admitía replica. Encontró la consola de Enardel vacía. Sobre el teclado había dos jirones de tela: los emblemas del Nuevo Imperio Galáctico del traje de Enardel y su muñequera de comunicación. Apretó los emblemas en su mano y dio un violento puñetazo a la consola. En la pantalla vio una consulta de datos referente a la nave de transporte de la misión y los leyó, lanzando una profunda exclamación.
Fuerzas especiales independientes… información clasificada… nombres desconocidos… informe de misiones secreto… unidad fundada por el Nuevo Imperio Galáctico… proyecto clasificado… bajo la supervisión del senador Mossul… inmunidad diplomática
Eran una unidad fantasma al margen de la ley, amparada por el Nuevo Imperio. Mercenarios que iban de genocidio en genocidio manchándose las manos de sangre por otros, que jamás podrían ser detenidos ni juzgados. El corazón se le oprimió al pensar en Enardel. Se había alistado en la marina imperial para combatir a las mismas personas que asesinaban inocentes, y ahora descubre que los asesinos de su familia trabajan para y según los planes de un senador corrupto del Nuevo Imperio Galáctico. Regresó a la plataforma de mando sabiendo lo que debía hacer, apenas le quedaba tiempo.
Enardel viajaba por uno de los tubos deslizadores del crucero. Un conducto de transporte que impulsaba a las personas mediante una corriente de aire a presión. Cuando escucho la alarma de emergencia. Se bajo en la primera salida, programó el tubo de transporte para llevarlo al hangar, activó la cuenta atrás del impulsor y continuó a pie. La alarma seguía sonando, sin que dijeran el motivo. No le hacía falta saberlo, era él. Desenfundó su antiguo revolver. Un arma arcaica de seis balas de un calibre especial, equipada con un cañón láser secundario bajo el principal. Martilleó el percutor y siguió caminando sin prisa apuntando al suelo. Por los pasillos se encontró con algunos marineros, que hicieron todo lo posible por pasar lo más apartado de él. Por su reacción de sorpresa ninguno sabía nada, aún. Eso le daba un poco de tiempo. Llegó a la sección de camarotes de los pilotos sin el menor incidente. El silencio del lugar le indicó que era el preludio de la acción. La alarma no sonaba ahí y las luces se habían atenuado. Las puertas de emergencia sellaron la sección tras él, pero no le importó. Una vez en su camarote, una pequeña habitación cuadrada metálica gris con una cama, un armario y un espejo, por lo demás vacía. Se desnudó frente al espejo. Entonces reparó en las cicatrices de los disparos láser, que le habían quedado en el abdomen y en el pecho izquierdo. Se las toco como si quisiera comprobar que existían y cerró el puño con rabia. De un compartimiento secreto del armario sacó un uniforme negro y rojo con el que se vistió. Era un traje de piloto del Imperio Sombrío. Lo único que pudo recuperar de la devastación de su hogar al regresar a las ruinas. Era un traje muy gastado, más grueso y compacto que el del Nuevo Imperio. Se ceñía al cuerpo, aunque su aspecto exterior era el de un uniforme de gala un tanto informal. Estaba trazado en líneas rectas duras, con hombreras y el cuello alto. Las solapas en punta hacía arriba le llegaban hasta las orejas. El color negro del traje era profundo y reluciente. Las líneas rojas magnéticas gruesas. En cada brazo se lucía con orgullo el emblema del Imperio Sombrío: un planeta negro alrededor de un espacio rojo. Por último fijó los guantes y botas al traje, éste se activó y aisló su cuerpo del exterior. El sistema de soporte vital empezó a funcionar y varias agujas se clavaron en las venas a la espera de volcar las substancias necesarias. Entonces, finalmente recogió su espada de energía y se la colgó de un compartimiento especial a la espalda del traje. Se miró un instante al espejo y abandono el camarote revolver en mano. - Estás muy guapo, hermano – Sandra le sonrió apoyada en una de las paredes al lado del camarote. Era una chica exótica de 25 años. De estatura mediana, fuerte para ser mujer. Pelo corto verde, dos grandes ojos azul y rojo de forma casi oriental, piel castaña suave, boca de labios carnosos con una sonrisa preciosa, y una mirada de fuego puro. Vestía un traje de combate azul marino. Cargaba consigo un cañón táctico de infantería personal, sin duda robado. Era un arma salvaje. Se instalaba desde la espalda hasta la muñeca. Portaba un generador de energía propio, un brazo mecánico amplificador sobre él del tirador y un cañón enorme, que se sostenía mediante dos mangos. Terminaba en cuatro largas palas de conducción dispuestas en forma de rombo, con un pequeño espacio entre ellas y el interior. Alrededor de toda la maquina se repartían pequeños impulsores encendidos en todo momento, que ayudaban al tirador a conducir el cañón con una relativa soltura, sin sentir su tonelada de peso. - Es peligroso que estés aquí – Dijo Enardel con una seriedad tajante que le borró la sonrisa de golpe-. Deberías marcharte, hermana. - Cuando yacía moribunda a las puertas de la muerte tú fuiste el único que escuchaste mi voz y luchaste para salvarme – Dijo en un tono de madurez impropio de su edad-. Mis hermanos murieron con todo cuanto amaba al igual que tú. Pero me devolviste la vida, la esperanza, y me enseñaste a luchar. Ambos somos hermanos unidos por la muerte. Tú eres todo lo que amo en este universo. Tu destino es el mío. - No hace falta matar a nadie – Enardel le sostuvo la mirada modificando el regulador de potencia del cañón-. Ellos no estuvieron allí. - Tampoco me ayudaron – Sandra lo aceptó de mala gana, frunciendo el ceño.
- Dales tiempo, algún día despertaran – Le
dio una palmada en el hombro -. Vamos hermana, el momento ha llegado.
Continúa en...El Barón Negro V: Morir Luchando Capítulo anterior...El Barón Negro III: Camino de la Venganza Continúa en...Metallica: 04. The Unforgiven - The Black Album. Videoclip Subtítulado al Español.
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Versión Estudio.
The Unforgiven:
New blood joins this earth
With time the child draws in
What I've felt, what I've known
They dedicate their lives
Throughout his life the same I'll label you So I dub the unforgiven El Imperdonado:
Sangre nueva se une esta Tierra
Con el tiempo el chico se acerca
Lo que sentí, lo que supe
Dedicaron sus vidas
Durante todo su vida lo mismo Yo te rotularé Entonces os nombro imperdonado 5 Valoración media: 5 (1 voto)
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