5 de Septiembre de 2008

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La primera generación de supervivientes del Éxodo, luchó unida frente a la inminente desaparición del género humano. Se emprendió la construcción de un nuevo hogar mediante la conversión de la flota en una nave estelar central. El embrión del primer planeta artificial. Un grupo de pioneros: los exploradores del Éxodo, fundaron las primeras colonias temporales, establecidas años por delante en el viaje de la nave central, en mundos hasta la fecha desconocidos. De ellos se obtuvo los alimentos y materiales necesarios para continuar El Éxodo. Conscientes, siempre, de que tendrían que trasladar las colonias temporales, antes de la llegada de Los Otros. Su nave nodriza era una figura omnisciente sobre la humanidad, que seguía a la flota en conversión desde la distancia, permitiéndole tomar años de ventaja sin escapar de su alargada sombra.

En el vigésimo aniversario del Éxodo, Los Otros llegaron a la primera colonia temporal fundada por los exploradores: una explotación minera sin atmósfera respirable, abandonada meses atrás por precaución. El mensaje fue alto y claro: la nave nodriza continuó su rumbo habitual tras la flota en conversión, y envió a una flota de naves capital que bombardeó al planeta, trasformando su superficie rocosa en un océano de lava.

Muertas las esperanzas de volver a vivir en un planeta natural, se incrementaron los esfuerzos en el desarrollo del planeta artificial, ante la necesidad de un nuevo hogar. Finalmente, la conversión fue completada: el acero de miles naves, el extraído en las colonias temporales y años de trabajo dieron forma al primer planeta artificial. Una luna de metal con un jardín del edén en el núcleo bajo un cielo holográfico, impulsada por el primer motor gravitacional humano.

Con la primera expansión del planeta artificial, se construyó una poderosa maquinaría industrial en la superficie. Además de puertos navales que permitieron producir y gestionar una enorme flota. Dedicada a la fundación y transporte de colonias temporales. Gracias a la que su número y producción aumento exponencialmente, ayudando al propio crecimiento del planeta artificial. Hubo un hecho simbólico: los acorazados supervivientes del Éxodo fueron rebotados, con los últimos adelantos técnicos junto a la nueva flota militar, que protegía a las miles de naves que viajaban entre el planeta artificial y las colonias temporales.

La nueva abundancia generó divisiones con el paso de las generaciones. El modelo cultural vigente de unión y supervivencia, se desgastó frente a unos pocos muy poderosos. El planeta artificial se colapsó socialmente por el crecimiento desbordado de la población. El gobierno civil democrático se hundió en el conflicto, salpicado por una sangría de planes ineficaces y escándalos de corrupción. Una nueva casta de altos mandos de la flota con naves propias y comerciantes ricos se hizo con el poder. Se instauró un consejo de gobierno entre iguales con auténtico poder en El Éxodo.

La época de los exploradores tocó a su fin. El nuevo gobierno hizo del planeta artificial el núcleo: centro de poder, fábrica de futuros planetas, naves, investigación científica y médica, reserva de ecosistemas, centro de comercio y hogar de la clase media

Las colonias temporales ampliaron su rol de obtención de recursos primarios. Adoptaron la industria pesada de baja necesidad tecnológica, y la mayor parte de la población se trasladó para incrementar la producción. En términos prácticos… zonas de trabajo intensivo en pésimas condiciones de vida, dónde el sueño era invertir el sueldo de una vida en un traslado al planeta artificial. Con suerte, antes de que Los Otros llegaran o peor: fueran trasladados a una nueva colonia temporal, volviendo a pasar los peores años de la fundación.

En las décadas posteriores, el planeta artificial se convirtió en un gigante con dos hermanos menores. El nivel de ciencia hacía grandes progresos. Las colonias temporales alcanzaron un nivel de vida y producción más que aceptable. La concentración de tanto poder en tan pocas manos sembró la semilla de la guerra civil. Entonces, los militares, neutrales hasta la fecha se hicieron con todo el poder. Entre ellos a lo largo de los siglos se había desarrollado una religión acerca del Éxodo, y de su deber respecto a guiar al género humano a un lugar seguro. Su fe superó las tentaciones de los comerciantes, que lejos de detenerlos les dieron mayor resolución. Un almirante, con el apoyo de la flota en pleno, impidió una guerra económica con un golpe de estado. Los comerciantes fueron desposeídos de su poder y el Almirante se erigió primer Emperador y Guardián del Éxodo. Cargo que se decidió sería elegido por votación entre los altos mandos en base al candidato más capaz de cada generación.

El gobierno militar evolucionó a un modelo religioso bajo la figura de un Emperador absolutista. Los otros dos planetas artificiales se hicieron autosuficientes, y las colonias temporales vivieron una revolución con la invención de las ciudades estelares. Construidas en la superficie de los planetas artificiales. Se trasladaban mediante el salto conjunto de naves supercapital acopladas a ella. Una vez en el sistema solar del destino, tenía completa autonomía para navegar, aterrizar, fundar una colonia temporal y despegar cuando llegará el momento de abandonarla. Desde que tomaba tierra la flota aprovechaba su espaciopuerto para abastecerla de suministros y población. Su base industrial incorporada levantaba los cimientos de la colonia por si misma, logrando en un establecer en un tiempo record colonias a pleno rendimiento.

La bonanza de las colonias temporales, dio a su población un nivel de vida sin igual en toda la historia del Éxodo. Las nuevas generaciones perdieron su conexión frente a los inicios del Éxodo, la masacre del género humano, y las décadas de vida miserable en las maltrechas naves de refugiados. Temas que algunos empezaron a cuestionarse habían sido exagerados por el gobierno religioso para así justificar su status quo.

Una nueva corriente intelectual dio por terminado el Éxodo. Era el tiempo de regresar a los planetas naturales por siempre, libres de un Emperador salvador que les conducía a un viaje interminable, escapando de fantasmas del pasado. Los Otros según ellos no eran una amenaza, justificaban el seguimiento de la nave nodriza como una advertencia de que no regresaran a un planeta al que ya nadie le importaba. Las ideas pronto se transformaron en terrorismo, y esté en revoluciones ocasionales sin éxito, que aumentaron la represión del Emperador. Los rebeldes, desgastados por décadas de combate, recibieron un duro golpe al ver que la mayoría de la población seguía las antiguas creencias y les odiaba a ellos.

Fracasada la revolución civil, los rebeldes, se concentraron en el planeta artificial menos alejado del central. Sedujeron a los comerciantes, que no habían olvidado las afrentas del pasado, y entre ambos se ganaron a la población tras años de campaña. Entonces, se declararon unilateralmente independientes y abandonaron El Éxodo.

El emperador exigió a cambio de su independencia la devolución del planeta artificial, creación del suyo por y para El Éxodo. La respuesta fue la invasión de colonias temporales del planeta rebelde que se habían declarado leales al Imperio, era el comienzo de la primera guerra civil. Las fuerzas imperiales acudieron en su auxilio, la guerra fue llevada al cuerpo a cuerpo, ya que ninguno de los dos bandos deseaba una batalla estelar abierta con millones de muertos.

La crueldad de los rebeldes aumentó con la perdida de cada colonia temporal a unos niveles intolerables. El Emperador decidió asumir el riesgo de atacar el planeta artificial rebelde bajo peligro de destruirlo, a fin de garantizar la seguridad de la población civil de las colonias temporales. Era la situación que los Rebeldes deseaban, al poder anular la superioridad numérica de la Flota Imperial con el soporte de los cañones planetarios. Inconscientes de la sorpresa que les deparaba el Emperador. La Flota Imperial, compuesta por miles de modernas naves de combate, saltó frente al planeta artificial, fuera del alcance de sus armas defensivas. Entonces, los rebeldes, se estremecieron al ver el arma secreta del Imperio: una nueva clase de acorazados supercapital con cañones planetarios propios de largo alcance. Entre ellos destacaba uno por encima de todos, el acorazado insignia de la flota, comandando personalmente por el Emperador.

Los cañones de los acorazados supercapital abrieron fuego indiscriminado contra el planeta rebelde. Su escudo de energía se vino abajo y las estaciones de defensa planetaria empezaron a caer una tras otra. Los Rebeldes, sin opciones, se vieron forzados a movilizar su flota en órbita para interceptar a los acorazados supercapital, ante la inminente rendición del planeta artificial.

En los minutos previos al choque de las flotas, El Emperador les ofreció la oportunidad de rendirse a fin de evitar más víctimas. En respuesta, le enviaron la ejecución en directo de su hijo, capturado en el campo de batalla años antes. El emperador, con el corazón desgarrado por el dolor, rugió un grito de furia enloquecida, que fue escuchado por toda la flota. Entonces condenó a muerte a los Rebeldes. La Flota Imperial cargada de ira avanzó, con los acorazados supercapital a la cabeza, y la nave insignia en primer lugar.

La verdadera fuerza del Imperio, contenida durante largos años por el sentimiento de preservación de la raza humana, se liberó con la muerte del hijo del Emperador. Frente a ellos yo no había otros hombres, eran bestias peores que Los Otros. Las naves rebeldes explotaban por doquier, los escudos caían en segundos por el fuego láser y las bombas supernova las pulverizaban. La vanguardia de la Flota Rebelde fue aniquilada en unos minutos. Mientras la Flota Imperial superaba a las naves supervivientes, una tormenta de cazas las reunió con el resto de escombros del espacio cercano. El grueso de la Flota Rebelde se batió en retirada de regreso al planeta artificial, abrumada por la superioridad de la Flota Imperial.

Entonces, surgidos de la nada, llegaron Los Otros. La nave nodriza retiró el camuflaje en la cara opuesta del planeta artificial a la batalla. El Emperador ordenó la retirada inmediata. Las cazas regresaron a las naves en combustión máxima, que saltaron de vuelta al planeta artificial central sin perder un segundo. El Emperador consciente de lo que iba a ocurrir, permaneció a la espera de su momento en la nave insignia desde una distancia prudencial, obligado a observar hasta entonces.

La Flota Rebelde se interpuso entre Los Otros y el planeta artificial, lanzando un ataque conjunto contra la nave nodriza que iba desplegando sus naves capital, ajena a las interferencias humanas. Los Rebeldes suplicaron ayuda al Emperador, que con lágrimas en los ojos, pensando en la suerte de los civiles del planeta artificial, les dijo que no podía arriesgar la supervivencia del género humano por la soberbia de sus actos.

La historia de los libros sagrados del Éxodo cobró vida: la flota rebelde fue aniquilada en segundos por el manto de oscuridad expulsado por las naves de Los Otros, que transformaron con sus monstruosas armas la superficie del planeta artificial en ríos de metal al rojo vivo. Penetrada por oleadas de naves dardo hasta el interior, dónde millones de personas atrapadas se vieron acorraladas por las hordas de soldados exoesqueleto de Los Otros. Se desató un infierno narrado desde todas las frecuencias de radio abiertas del planeta artificial, por las voces histéricas de los supervivientes, que relataban el avance imparable de Los Otros. Todas las transmisiones terminaron con gritos terribles de agonía y tortura. Canal a canal se hizo el silencio Absoluto. Horas después por los canales aún abiertos se escucho el cántico ensordecedor de los verdugos celebrando el festín de muerte.

Tras un día de cánticos El Ojo de Dios apareció frente al planeta artificial. Devoró los millones de almas asesinadas en su nombre y volvió su mirada al propio Emperador.

Había en ella un odio más allá de toda comprensión. Sus parpados ardientes crecieron, y su iris le mostró la pesadilla que reinaba al otro lado. El efecto fue tal que el Emperador sintió que la vida le abandonaba. Aún así soportó la mirada estoicamente, sabiendo que debía hacer y decir. Se arrodilló con el rostro contra el suelo. Rogó perdón por los actos de aquellos justamente castigados y por quienes continuaban El Éxodo. Le dijo que la galaxia era suya y le prometió que, su pueblo no descansaría hasta marcharse.

El Ojo de Dios continuó mirándolo unos segundos, decidiendo la vida o la aniquilación del género humano. Entonces desapareció sin más con la nave nodriza de Los Otros. El Emperador débil y muy envejecido ordenó regresar al planeta central. Les susurró que no podía seguir viviendo después de haber visto el horror detrás de El Ojo de Dios, y se quitó la vida de un disparo láser.

Durante el funeral del Emperador, convertido en héroe del Éxodo, el gobierno militar fue convocado de emergencia. Los Otros venían. La nave nodriza que siempre les había seguido en la distancia aceleraba. Además, el otro planeta artificial era perseguido por una segunda nave nodriza en idéntica situación. En unas semanas les atraparían. La Flota Imperial al completo se movilizó para evacuar a los civiles de las colonias temporales. En las ciudades estelares aterrizaban naves hasta el último minuto, que embarcaban a todos cuantos podían antes de verse obligados a hacer despegar la ciudad, y llevarla con naves supercapital a un planeta artificial, abandonando a cientos de miles de colonos.

Los planetas artificiales aceleraron al máximo de los motores gravitacionales para ganar tiempo, logrando suministrarles energía adicional en detrimento de los demás sistemas salvo los de soporte vital. Las primeras noticias de la destrucción de colonias temporales con población no evacuada desataron el caos en los planetas artificiales, que impusieron el toque de queda bajo el estricto control del ejército. Los cimientos de la civilización del Éxodo temblaban, en unas semanas habían perdido: un planeta artificial, todas las colonias temporales, la mitad de la población y El Emperador.

En el día del contacto, la Flota Imperial se situó detrás de los planetas artificiales dispuesta a protegerlos hasta la última nave. Reinaba el silencio absoluto en la flota, preparada para entablar combate, a la espera del acto final. La nave nodriza según se acercó llegó a cubrir el horizonte. El almirante dio la orden tajante de atacar solo en defensa propia. Consciente de la presión a la que estaban sometidos, bloqueó desde su mesa de armas maestra los protocolos de combate de la flota, con la absoluta certeza de que alguien atacaría primero. Cuando tuvieron encima a la nave nodriza la Flota Imperial enloqueció, presa de los nervios y el pánico. Pero el almirante se mantuvo firme. No atacaron. De pronto Los Otros igualaron su velocidad con los planetas artificiales, y se quedaron ahí. Era el principio del castigo, no el final.

Las naves nodriza empujaron a los planetas artificiales a tal velocidad que fue inviable fundar nuevas colonias temporales. La población vivió afinada en condiciones infrahumanas entre constantes hambrunas y disturbios. La opresión fue el sello de los nuevos Emperadores. Personajes oscuros, impopulares y odiados, hasta el punto que incluso uno de ellos fue asesinado en un atentado terrorista.

Después de décadas de acoso, un día las naves nodriza de Los Otros redujeron su velocidad. Comenzó una nueva era de colonias temporales, en la que por primera vez la población se agolpó para emigrar a ellos. Por el mero hecho de tener espacio vital propio y una comida caliente al día. Gracias a las ciudades estelares de refundación de las colonias temporales fue muy rápida. La primera generación pasó grandes dificultades por las necesidades del momento que exigían una elevada producción por encima de las demás consideraciones. En la segunda la situación se empezó a estabilizar. Los planetas artificiales volvieron a funcionar a pleno rendimiento junto a la flota. Se construían nuevas ciudades estelares a buen ritmo, y gracias a la excelente producción de las colonias temporales, había dos embriones de planetas artificiales en construcción.

El mito del antiguo Emperador que salvó al género humano con sus palabras frente al mismísimo Ojo de Dios terminó de encumbrarlo a la divinidad. En una época en que los Emperadores recuperaron el prestigio de la institución al devolver al Imperio la gloria pasada. Momento que fue culminado con la botadura del cuarto planeta artificial.

El Éxodo se acercaba al final de la galaxia. La religión era más fuerte que nunca ante el inminente largo paso entre la oscuridad hacía la luz. Todos los recursos se dedicaban a ampliar los planetas artificiales ya existentes, que iban acogiendo de forma permanente a los colonos temporales, según abandonaban las colonias ante la llegada de Los Otros.

La galaxia quedó atrás, pero Los Otros no. Continuaron siguiendo los planetas artificiales, que albergaban a toda la población humana en las nuevas ampliaciones. Mantenida gracias a las reservas y programas de reciclado global. Décadas después, a medio camino entre galaxias Los Otros se detuvieron. El júbilo fue tal que se declaró un año de fiestas y juegos, la humanidad volvía a ser libre.

Cuando El Éxodo llegó a la nueva galaxia, los planetas artificiales se separaron para ocuparla en diferentes puntos. El planeta central navego hacía el centro para establecer un punto de enlace, y enviar a los tres futuros planetas artificiales al otro lado de la galaxia. La red de ciudades estelares fue distribuida por la Flota Imperial, fundando cientos de mundos permanentes.

En los siguientes dos siglos el Imperio se transformó en un coloso de siete planetas artificiales con miles de mundos permanentes, que se extendían por toda la nueva galaxia. El régimen militar representado por la figura religiosa del Emperador se encontraba en crisis: La conclusión del Éxodo, la ausencia de enemigos externos, conflictos, el tono paternalista del gobierno y la fuerza de las nuevas facciones económicas lo consumían. Las grandes facciones de poder emplearon el nacionalismo, manipulando a las masas contra el Emperador en cada planeta artificial. El clima se fue crispando hasta que estalló una guerra civil por la libertad, de los planetas artificiales y mundos permanentes sometidos a la opresión del planeta central y del Emperador.

La guerra duró más de un siglo. Terminó con el asesinato del Emperador, días antes de la ofensiva final que le hubiera dado la victoria. Traicionado por sus propios hombres al precio de un planeta por implicado, que aprovecharon los caóticos días tras su muerte para ejecutar a sus partidarios y personalidades vivas de la religión imperial del Éxodo.

Por fin los mundos eran libres del Imperio, los que quedaban claro. Entre los mundos arrasados por la guerra, sobrevivieron algunos con unas condiciones de vida infrahumanas. Mientras eran fundados otros en una situación inhabitable expresamente para garantizar la lealtad de los colonos, que dependían de la tecnología de los planetas artificiales para hacer funcionar sus máquinas, y de sus médicos para sobrevivir en atmósferas con alto grado de contaminación. Todo para que los planetas artificiales gobernados por reyes títere de los comerciantes se dieran a la gran vida. Ajenos al descenso continuó del nivel de ciencia y producción, el descontento de la población y la decadente situación de la flota, que menguaba año atrás año, por falta de recambios.

La insostenible situación se les fue de las manos a los opresores. Los mundos permanentes se sublevaban en constantes guerras por la independencia. Caldo de cultivo en el que nacieron los piratas espaciales: personas procedentes de todos los bandos unidas para vivir al margen de la sociedad. Vivían en naves espaciales dictando sus propias reglas. Se dedicaban al abordaje, saqueo de naves espaciales. Además de la restauración de antiguas joyas de la Flota Imperial, que convertían en sus hogares y en imponentes armas a su servicio y actos mercenarios.

Los dos siglos de historia posteriores han sido borrados. Se sabe que una facción de origen desconocido reinstauró el Imperio. Proclamó un nuevo Emperador y devolvió los días de gloria al Imperio. La gente volvió a sentirse orgullosa de pertenecer a él. Se hicieron grandes avances científicos en todos los campos. Y la flota resurgió de sus cenizas más fuerte que nunca. Pero la oscuridad siempre envolvió dicho periodo. Los miembros de esa facción eran hombres sombríos con extraños poderes. Capaces de levantar masas fanáticas con sus voces. Creadores de armas terribles que sólo funcionaban con su ADN. Con una aterradora visión más allá de todo lo conocido, que les permitía ver más lejos, allí dónde no había llegado nadie antes. Su repentina desaparición fue un misterio del que no sobrevivió ninguna fuente de información.

El Imperio fue gobernado por un senado moderado. Logró estabilizar la situación y el equilibrio de poder entre las facciones, que estuvieron a punto de aniquilar al género humano en la anterior guerra. Pero la decadencia era irreversible. Con la desaparición de los hombres sombríos década a década la situación se degradada más, sin que el senado pudiera impedirlo.

Los planetas artificiales eran una vaga sombra de lo que fueron: su producción apenas cubría los mínimos para mantener habitables los mundos permanentes, sumidos en una situación límite. La Flota Imperial se había descompuesto con la desaparición de los hombres sombríos, que tuvieron las mejores naves. Sólo quedaba una pequeña parte de naves en su mayoría irreparables con el nivel de ciencia actual. Las guerras de los mundos permanentes por la independencia no cesaron. Los piratas abandonaron sus escondites para tomar el espacio, llegando incluso a conquistar mundos permanentes. Era el preludio de una nueva época en que la luz brillaba dispersa en naciones de mundos permanentes. Amenazadas por el gigante que continuaba siendo el Imperio, y las cada vez más poderosas flotas piratas y facciones económicas. Enriquecidas por la miseria.

En tan profunda crisis el Imperio se iba replegando sobre si mismo, en sectores cada vez más cercanos al área de influencia de los planetas artificiales. En los que florecía una nueva religión que se propagaba entre los ciudades como una plaga, que les daba la fuerza necesaria para vivir en una realidad muerta, a cambio de un precio que aún desconocían.

Entre los ecos del moribundo Imperio humano las sombras crecen y las mascaras caen. Los viejos jugadores regresan al tablero para jugar a la última partida dónde un solo hombre tiene el destino del universo en sus manos.

Sed bienvenidos a la época de “The Singer of The Death”

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