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En la Cripta de Kel Asborg - Capítulo II: La joven de la cabaña4 de Septiembre de 2009 • 12:06 — Lester KnightLos cielos cargados de energía mágica tronaban en respuesta a la llamada del vampiro superior. Rayos surgidos desde el rencor a los vivos caían sobre los arboles del bosque de Akal Phortes sembrándolo de incendios. Mientras las nubes por encima de las cabezas de la banda de cazadores de vampiros empezaron a girar frenéticamente, dando lugar a un vortice dimensional cuyos vientos huracanados traían consigo el ominoso eco de voces lúgubres y siseantes, que preguntaban cada vez con mayor fuerza cuál era la ofrenda. En la Cripta de Kel Asborg - Capítulo I Mi alma, grito la bestia a pleno pulmón con su último aliento, justo en el momento que un espadazo cercenó su brazo izquierdo limpiamente, y que un hachazo posterior le cortó el cuello obscenamente, sin llegar a interrumpir el ritual; siendo testigos de como el alma etérea de color marfil y esmeralda del vampiro superior salía por su boca y ojos, elevándose libre al encuentro del vortice, que fue sellado tras su paso con un trueno que les hizo caer al suelo. Se hizo un silencio terriblemente denso, tan sólo interrumpido por la histeria de las monturas, que forcejaban con las cadenas que las mantenían unidas al cadaver del vampiro, y el crepitar del fuego de los rayos mágicos que habían incendiado arboles cubiertos de nieva y hielo. Los augurios no podían ser más funestos. Los supervientes de la banda de Arnthor se incorporaron y atendieron a los compañeros aturdidos por el choque de cadenas, ambos ilesos, mirando sin cesar a las inmediaciones del bosque que les rodeaban, como si esperaran la aparición de cualquier bestia espectral de pesadilla. Arnthor, como antiguo estudiante de hechiceria en la Torre de Iktal Almir, conocía los entresijos del ritual que había celebrado el vampiro superior, por los tratados de magia sangrienta robada a brujos vampiros caídos en combate. Era una magia abominable. El conjurador entregaba su alma a criaturas perversas de ámbitos negados a los vivos, a cambio del derecho a tomar venganza sobre sus enemigos. Arnthor se preguntaba si el ritual se había completado con éxito, a pesar de la ascensión del alma. El hachazo había seccionado la garganta del vampiro durante la pronunciación final del hechizo, cuando realizaba las inflexiones más importantes. Seguramente, había entregado su alma en vano, sin haber asegurado los puntos de conexión astral con el escenario de la muerte. Y las criaturas tenebrosas se habían apropiado de su alma igualmente; pero no podían correr el riesgo de continuar aquí por mucho más tiempo. La banda se puso en marcha haciendo gala de su férrea disciplina: cortaron las cadenas de los virotes clavados en el vampiro con un hacha especial para tal cometido; saquearon el cadaver de la bestia y los compañeros muertos; prendieron fuego a los cadaveres humanos, para evitar la profanación nocturna de espiritus capaces de poseer cadaveres, y bañaron en acido el cadaver del vampiro, del que tan solo recuperaron la cabeza como trofeo; extrajeron la lanza de acero de su cadaver, la limpiaron y cargaron las ballestas con virotes de cristal inflamable. Arnthor, por su parte, escalaba el árbol de la cabaña a buen ritmo, sin poder evitar estremecerse al cruzar el punto donde Hector fue asesinado. La joven capturada por el vampiro superior volvía a gritar sollozante mientras rogaba que la salvaran. Cuando Arnthor alcanzó la cabaña ni siquiera se la miró. Hizo caso omiso a la aborrecible escena de sangre y restos humanos, diseminados por su única estancia. Revolvió los arcones del vampiro superior y los recónditos ocultos con la pericía de un saqueador consumado. No le costó localizar el tesoro robado a los cadaveres de los comerciantes. Piedras preciosas de un valor incalculable. Suficiente para pagar a las esposas e hijos de los compañeros caídos los gastos de su vida, y permitir a los supervivientes unos años de relativa calma. Tal vez no pudieran devolverles los cuerpos por las condiciones tan adversas del mundo al que estaban condenados a vivir, pero en la banda de Arnthor nadie daba la espalda a un compañero o un familiar. Cuando se hizo evidente que iba a marcharse sin ayudar a la joven, ésta le insultó gravemente con un desprecio más que visible, poniendo en tela de duda la humanidad de Arnthor. Éste se la quedo mirando largamente, con el cuerpo medio tendido en el aire, cuando iba a iniciar el descenso, con una expresión que le hizo callarse y palidecer. Volvió a subir a la cabaña, sin dejar de mirarla a los ojos, y le hablo de Hector y Gaut; los dos buenos hombres que habían muerto por su culpa. Y no le gustó en absoluto su manera de reaccionar, tan fría, tan artificial, tan práctica. Sus palabras de condolencias sonaban huecas y vacías. Gastadas. Acostumbradas a cautivar con la belleza de su misteriosa sonrisa, tan insignificante para hombre de la frontera que había visto los mayores prodigios y pesadillas con sus propios ojos. Con una daga oculta bajo su muñeca derecha, diestramente desenvainada en apenas un parpadeo, Arnthor rasgó las vestiduras de la joven que, convencida de que iba a suceder algo muy distinto, pedía auxilio al resto de la banda. No tardó en encontrar mordeduras de vampiro profundas con cicatrices antiguas. Muchas más de las que recibiría cualquier víctima antes de sucumbir. La joven era una adorada de vampiros. Una ramera que saciaba los instintos más bajos de un vampiro a cambio de gotas de su sangre mutada, con la esperanza de que algún día sería convertida, si es que sobrevivía a la transformación. Casi con toda seguridad, la joven marchaba en algunas de las caravanas atacadas por el vampiro superior. Se unió a él, y desde entonces le tuvo que haber ayudado a tender trampas, como la de hoy. Sus excusas fueron zanjadas por el puñetazo de Arnthor, que le partío ambos labios y algún diente. Deshizo las ataduras que la mantenían cautiva en la silla, curiosamente anudadas de modo que ella hubiera podido liberarse, y la ató con cadenas destinadas a futuras víctimas reales del vampiro superior. Todo sucedió muy rápido. Para cuando la aturdida joven fue consciente de lo que ocurría, ya estaba de pie y encadenada en el marco de la puerta. Esta vez sí rogaba por su vida con auténtica sinceridad. Tal vez, en cualquier otro mundo, un lugar de segundas oportunidades y finales felices, tras largas a interminables pruebas de fe, Arnthorn hubiera sido su salvador y posterior mentor; pero esto era el mundo real, un lugar inhospito y hostil donde el hombre era un extraño y la vida una maldición, donde la línea que separaba el bien del mal se dividía por quien sobrevivía y quien moría, donde los peligros de la aventura eran implacables desde el primer capítulo y nadie llegaba al final sin pagar un precio demasiado un alto, donde quizás la mejor decisión era morir en el lugar correcto en vez de vivir eternamente en el incorrecto, donde la sangre era la moneda más cara y la más fácil de conseguir, donde el hombre se desdibujaba a cada generación dando lugar a razas bendecidas por el toque de dioses siniestros. Esto era Mundo Destierro. Arnthor empujó a la joven al vacío de una patada en la espalda, que la hizo caer unos metros, antes de las cadenas se tensaran y la hicieran oscilar golpeándose con otros cadaveres, que pendían de la cabaña. Alertados por el olor del miedo más puro, bandadas de cuervos se acercaron hasta los árboles más próximos. Observaban a la joven con aquellos ojos marrón gris pálidos que desbordaban inteligencia y maldad, sin prestar atención a Arnthor mientras descendía por el grueso tronco. Conocían el orden natural de las cosas, y sabían que a los seres humanos peligrosos había que respetarlos hasta la muerte. En cambio... los indefensos eran distintos. Lo único que les retenía era el recuerdo de la huella del vampiro superior en la joven, pero ya no captaban su presencia ni su influencia en ella. En el momento que la joven dejo de oscilar en el aire, quedando bien claro que era incapaz de liberarse, los cuervos cayeron sobre ella vorazmente. Ironicamente, había hallado la muerte que tanto le gustaba presenciar, como una protagonista de excepción. La agonía llego a su fin con un virote inflamable disparado por uno de los compañeros de la banda, que deseaba atrapar a cuantos cuervos pudiera. Y bien que lo consiguió. Decenas se precipataron al suelo parcialmente quemados sin vida. Para cuando Arnthor llego al suelo, la banda le aguardaba montada en los caballos, con las ballestas cargadas y los pergaminos a punto. Con un gesto de aprobación, entregó el tesoro al contable de la compañía, se subió a su yegua blanca, y abrió la marcha al galope. Silbó en repetidas ocasiones, llamando a los Mastines de Guerra, desaparecidos desde hacia un buen rato, en busca de alguna presa. Al cabo de unos minutos, los cinco canes hicieron acto de presencia y se sumaron a la marcha. Conquistador, el macho dominante, un bravo animal apenas un tercio más pequeño que un caballo, transportaba entre sus dientes los restos humanos, de lo que por su armadura de cuero se distinguía como un Saqueador de Sangre. Bandidos de la peor cañala que asaltaban caravanas para robar litros de sangre a los prisioneros, en algunos casos, hasta la muerte. Por las recientes melladuras en las armaduras de los canes y la sangre reseca, se adivina que colaboraban con el vampiro superior, y que los mastines de guerra los habían atrapado por sorpresa. Seguramente, un poco antes de que se sumaran a la trampa del vampiro, atacándoles por la espalda a traición. Con todo, a pesar del éxito de la misión y la amargura de los caídos, la aventura no había hecho más que comenzar. Quedaban pocas horas de luz, estaban lejos del refugio más cercano, y los primeros moradores de la noche despertaban, anunciando con gruñidos y alaridos espeluznantes el festín que pronto se darían. Tenían que cabalgar con presteza si querían ponerse a salvo, y encomendarse a los ancestros sagrados para que el hechizo del vampiro superior fracasara. O estarían perdidos para siempre.
Lester Knight: ¡Saludos, queridos lectores y amigos de Gamefilia! En la Cripta de Kel Asborg continúa con el desenlace del combate con el vampiro superior, cuyas consecuencias no pueden llegar ni a imaginarse nuestros protagonistas, presentando un terror más conocido: los seres humanos y su condición. Es también un capítulo que muestra los primeros detalles de los personajes, y a su modo, inicía la auténtica historia del cuento. Personalmente, estoy contento con el capítulo, y espero y deseo que os guste. Tal vez, la escena de la chica es demasiado fuerte, pero pensándolo detenidamente, llegué a la conclusión que cualquier otra interpretación hubiera sido más política que realista en cuanto al modo de vida de Mundo Destierro. Fue algo surgido de la inspiración, que en frío no he querido cambiar.
Bueno, queridos lectores y amigos; por hoy me despido de vosotros. En unos días, volveré con un nuevo capítulo de "En la Cripta de Kel Asborg", del que os puedo adelantar, que si os ha gustado la historia hasta aquí, lo más probable es que os encante
¡Un abrazo! 5 Valoración media: 5 (4 votos)
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Saludos!
Hoy toca analizar este mitico titulo de Game Boy, el cual lanzo al sistema portatil a un exito seguro, hablamos de Tetris.
Salio en 1989 en el continente americano y asiatico pero no llego a Europa hasta 1990.
El juego nos pone en una especie de tablero vertical en el que caen piezas y nosotros debemos ser capaz de ordenarlas de manera que hagamos lineas completas, las cuales desapareceran cuando lo consigamos.Asi lo que tenemos que hacer es intentar que el conjunto de piezas que tenemos en el tablero nunca crezca hasta llegar arriba del todo porque entonces de acabara la partida.
Este es probablemente el videojuego mas conocido de todos los tiempos y concretamente esta version de Game Boy es la favorita del diseñador del concepto original.El titulo se convirtio en el mas exitoso de la consola portatil y consiguio que la consola estableciera las bases del continuo liderazgo en los años venideros.
JUGABILIDAD:
¿Cual quieres que sea el siguiente juego en ser analizado?
