9 de Febrero de 2012

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La espada del Inmortal. Venganza en el Japón feudal.

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El manga no es un estilo de cómic del que sea muy aficionado. Hace años sí que seguía todas las novedades, me compraba muchos tomos (los pocos que salían) y grapas (de ésto mucho), pero poco a poco me fuí distanciando, centrándome más en el cómic americano y europeo. Sin embargo, seguí comprando algunas series, sólo las que consideraba que tenía que terminarme. Una de ellas es La Espada del Inmortal (Mugen no Junin en el original), serie escrita y dibujada por Hiroaki Samura que la editorial Glénat recuperó después de que Planeta la abandonase.

 

 

La historia se plantea en el siglo XVIII, en la que Japón vivía mediante un sistema de shogunato. Es una época en la que los ronin (samuráis sin dueño) al parecer eran especialmente profílicos, claro síntoma de que el sistema pronto acabaría (como curiosidad la famosa serie Rurouni Kenshin acontece después de la guerra que acabó con el sistema feudal en Japón). Uno de los protagonistas es Manji, uno de esos samuráis que venden sus servicios por dinero. A él acude Rin, una joven muchacha cuya mayor ambición es vengarse de unos guerreros que mataron a su familia. Así pues, en un principio nos encontramos con una típica historia de venganza, con una pareja cuya relación irá evolucionando conforme pasen peligros juntos, cada vez más cerca del responsable del dolor de la chica. Ah, se me ha olvidado decir algo: Manji es inmortal.

 

 

Y es que si bien la ambientación y los personajes de la serie son bastante realistas, a lo cual ayuda el dibujo de Samura, él mismo ha decidido darle un toque místico a la historia haciendo al cuerpo del protagonista inmortal, lo cual como comprenderéis incide en dos cosas: primero, que en los combates el que se lleve más palos será él, y segundo que se le une aún más misterio al protagonista. ¿Hay más cómo él? ¿Cómo consiguió ese don? ¿Sería posible crear a alguien como él? Esas preguntas dan lugar a tramas que se alejan de la línea de venganza de Rin. De hecho, un fallo en el guión es que a veces parece que los protagonistas avanzan porque sí, porque realmente el sentimiento de que hay que matar al villano de la historia se diluye conforme avanzan los tomos y aparecen historias secundarias. Sin embargo, a favor del guionista hay que decir que ese elemento místico está bien implementado, y lo mezcla con el realismo de manera que a veces es difícil discernir entre uno y otro.

 

 

Hablando de villanos, los de "La espada..." rayan a un nivel muy alto. No solo Kagehisa Anotsu, el hombre que mandó matar a la familia de Rin, sino que todos los que aparecen en la obra, ya sean secuaces del anterior, como otros que obedecen a otros mandos, tienen muchas capas. No se puede decir que haya malos muy malos: en mas de una ocasión el autor nos da su punto de vista, y hace partícipes a Manji y a Rin de su objetivo. Los cambios de bando y las amistades recién creadas son el pan de cada día, y de ésta manera Samura consigue crear un plantel de personajes muy bueno y que se relaciona entre sí. Lo que parecía ser una historia de una pareja, termina siendo la de todo un grupo.

 

Para conseguir definir a los personajes, no solo se usa el diálogo, sino que Samura se demuestra como un amante de la poesía, y no pierde la oportunidad de soltar algún pequeño poema a lo largo de las obras, de hecho en todos los tomos, al final, se incluye un soneto.

La belleza de la poesía se ve acompañada por el dibujo, un trazo delicado y con ausencia notoria de tramas. Todo es en el blanco y negro de la tinta sobre el papel, excepto en las páginas dibujadas a lápiz, especialmente bonitas. Lamentablemente, conforme han pasado los tomos el autor ha abandonado ésta técnica, y sólo podemos admirarla en los primeros números. Por lo demás, decir que el dibujo permite identificar fácilmente a los personajes, excepto en un par de casos en los que el autor parece recuperar modelos. Sin embargo, no son la norma, y el uso de elementos característicos tales como símbolos, peinados, y armas, permite la personalización de cada miembro de la obra.

 

 

También hay que resaltar el apego por el gore que tiene el autor. Existen momentos en los que llega a ser desagradable, si bien ningún aficionado al género verá nada inusual. Además, algunas muertes se realizan con una mezcla de arte y gusto por lo macabro que impactan. Es un cómic para adultos, y es importante tenerlo en cuenta.

Al final el mayor fallo de "La Espada..." es que no mantiene el ritmo. Particularmente, una de las sagas se hace muy larga, demasiado, y da la sensación de que podría haberse contado en un sólo tomo en vez de en varios como es el caso. Sin embargo, cuando termina, el autor vuelve con fuerzas renovadas, pues la historia que se está contando actualmente recupera el nivel que no debió perder. El otro fallo es la periodicidad. Hasta ahora se han publicado 22 tomos, con una diferencia de 6 meses entre uno y otro. Para mí es una periodicidad muy difícil de llevar, y normalmente debo leerme el anterior tomo antes de degustar el nuevo para no sentirme perdido.

 

 

"La espada del Inmortal" es una obra bella y fea al mismo tiempo, delicada y ruda a la vez. Está llena de contradicciones, y son esos detalles los que la hacen especial. El trato de los personajes y el grafismo son un punto a favor de una obra de la que se me hace una eternidad desde que leo un tomo hasta el siguiente. Es muy recomendable si se tiene estómago y si se busca una historia con los esquemas de siempre pero contada de distinta manera.

 

Rojo desconocido que tiñe mis ropas
Ahora ya nadie puede tocarlo
Sigo viajando, matando a hombres
Con los ojos al cielo, las mujeres lloran.

 

La Espada del Inmortal está editada en España por Ediciones Glénat en tomos de 224/214 páginas al precio de 8.95 €. Hasta ahora se ha publicado hasta el número 22 de la colección.

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