22 de Julio de 2018

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Ago
16

Wall·E vs El Caballero Oscuro: Decepción vs Sorpresa

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Esta semana he ido al cine por partida doble, para ver dos de los estrenos del momento: Wall·E y El Caballero Oscuro. Ambas dirigidas, a priori, a públicos muy distintos, pero que andan cosechando éxitos allá por donde pasan, tanto de taquilla como de crítica. Sin embargo, tras leer muchísimas opiniones sobre este par de películas, he de decir que no comparto muchas de ellas, principalmente de la primera. Advierto que vienen destripes, este texto va más bien orientado a los que ya han visto al menos una de las películas.

Gran parte de los que ya han visto Wall·E la sitúan como una auténtica obra maestra de la animación, y para mí no pasa de una historia ñoña llena, eso sí, de detalles magistrales que disfrazan el tipiquísimo argumento. Para empezar, esos primeros cuarenta minutos sin diálogo prácticamente, que todo el mundo me vendía como únicos en la historia del cine, no me resultaron tan impresionantes. Tiene sus puntos divertidos en esa parte, por supuesto, aunque sin grandes carcajadas, pero no puedo decir que me sedujera su magnificencia. Realmente estás contemplando la interacción de dos personas con sus limitaciones, porque al fin y al cabo son robots totalmente humanizados, como si fuera un romance entre dos individuos que no hablan el mismo idioma. No sé, simplemente, no me pareció tan brillante.

Luego pasamos a la nave espacial, donde los engendros mecánicos de toda índole sí lograron arrancarme más de una risa. Mas por encima de ellos está el comportamiento de los seres humanos, obesos, sin mirar más allá de una pantalla holográfica, una gran descripción del mundo hacia el que caminamos (¿o quizá ya hemos llegado?). Es un gran punto el hecho de que desconozcan incluso que disponen de piscina pese a tenerla ante sus narices, o que se rijan por una moda impuesta pensando que es mejor simplemente porque suena por los altavoces. Me quito el sombrero ante todo lo que implica la Axiom (incluyendo la destrucción del planeta) y es donde le encuentro algo de gracia a este largometraje. Wall·E, curioso por naturaleza, se presenta como la antítesis a la nueva cultura del recibir todo hecho.

Sin embargo, saliendo de ahí, tenemos una tópica historia de amor como las que hemos visto cientos de veces y una conspiración de lo más triste con un par de enemigos nada logrados, especialmente el bichejo que parece un mini-general rodante. Y el final, todo color de rosa, salvo con el clásico momento en el que el héroe parece que va a morir y se salva milagrosamente (esta vez sin mucha explicación). Hasta Kung Fu Panda (con la que sí que me reí muchísimo) tiene unos personajes más elaborados. Me gustaría que ahora que he abierto este debate, alguien me dijera por qué Wall·E es tan buena una vez más, porque no consigo verlo.

Por contra, tenemos a Batman, seguramente la mejor película de superhéroes que jamás he visto y una de las que más arriba se encuentra en mi lista de películas de acción, por no situarla directamente en el número uno. Partiendo del fantástico universo recreado en Batman Begins, El Caballero Oscuro profundiza en todos los personajes y presenta dos caras nuevas (¿o tres? Very Surprised), el Joker y Harvey Dent. Curiosamente, el Joker es el único personaje del que no sabemos nada absolutamente sobre su origen, y a la vez es el que está más conseguido, ya que se unen dos factores: su papel en el argumento y la sensacional interpretación del difunto Heath Ledger.

El Joker es un pirado, sin más afán que demostrar que cualquier ser humano puede ser corrompido, sin importar los valores que tuviera con anterioridad. No quiere dinero, no busca poder, tan sólo divertirse. En ese sentido el director Chriostopher Nolan lleva mucho más lejos la locura del Joker de Tim Burton, aunque le arrebata ese puntillo de reírse por todo que tan bien trasladó a la gran pantalla Jack Nicholson. En este caso el archienemigo del hombre alado es mucho más serio, aunque también muestre alguna que otra carcajada maléfica. El modo de demostrar que se mofa de todo y todos es dándole igual cualquier cosa, incluyendo su propia vida (no intenta suicidarse, le gustaría completar su particular plan, pero si le llega el momento, como cuando Harvey tira la moneda al aire en el hospital o Batman va a arrollarlo con la moto, tampoco sufre por ello).

En esta peli Bruce Wayne deja de ser el protagonista, sólo es uno más dentro del increíble reparto, que abarca, recordemos, a actorazos del calibre de Michael Caine, Gary Oldman, Morgan Freeman o Aaron Eckhart. Al igual que en Batman Begins, se ha colado un sobrante en este elenco, Rachel Dawes, interpretada en esta ocasión por Maggie Gyllenhaal, en lugar de por la señora de Cruise, Katie Holmes, que parece que está solamente por el hecho de que siempre debe haber alguna chica desvalida. Tiene su importancia en la historia, pero meramente circustancial, por el hecho de que Batman intenta salvarla a ella y es engañado vilmente por el Joker llevándole erróneamente a donde estaba Harvey Dent. Si hacen una tercera parte (ojalá, si mantiene el nivel), espero que no haya una dama de pega y que tenga alguna relevancia.

Lo que más me ha gustado, sin duda alguna, es que se trata de una película de acción continua, no hay prácticamente ningún respiro, y vamos de sorpresa en sorpresa. Nada de lo que va sucediendo te lo esperas, o al menos ni yo ni ninguno de mis compañeros de trabajo con los que fui a verla. Lo que parece evidente en cada momento, nunca sucede así, salvo por la obvia transformación de Dent en Dos Caras. Y aun así pensaba que quedaría como malo para la siguiente película, y han tenido el valor de liquidarlo en ésta. Atan prácticamente todos los cabos que han ido entrelanzando y quedan muy pocos flecos. Sólo encuentro algún que otro fallo puntual en los cortes entre escenas, quizá demasiado bruscos, aunque en lugar de dos horas y media hubiéramos superado las tres fácilmente. 

Por destacar algo concreto, me quedo con la persecución, que deja en pañales a la ya grandiosa de la primera parte. Insuperable el momento en el que el camión se da la vuelta, te dan ganas de levantarte y aplaudir. Eso sí, recomiendo ir a un buen cine, con una pantalla de enorme tamaño y un sistema de sonido en condiciones, porque merece y mucho la pena vivir así este espectáculo llamado El Caballero Oscuro. Demuestra que un largometraje sobre superhéroes puede ir más allá de identificar al malo como el malo malísimo, al bueno como el bueno buenísimo, y que luego todo consista en que el segundo desbarate los planes del primero. Esconde bastantes cosas y final, a mi parecer, acertadísimo. Infinitamente mejor de lo que esperaba, y quizá vaya a verla una segunda vez. Sólo un último apunte, flojea algo la música, sin demasiado peso donde debería tenerlo, y el doblaje tiene sus fallas, aunque ya la escucharé en V.O. cuando me compre el DVD.

Ahora os toca hablar para saber qué opináis Square smile.

4.2
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