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Allá por inicio de los setentas una película causó conmoción y se llegó a crear un culto alrededor de ella. Muchos mitos urbanos nacieron y en últimos tiempos se hiceron labores para crear, del filme original, una versión con mejoras de sonido e imagen en las que se integraron 10 minutos de aquellas escenas que en su tiempo fueron consideradas demasiado fuertes para las sensibilidad del público de aquel tiempo. Aún hoy, la melodía Tubular Bells de Mike Oldfield sigue recordándonos las tétricas y bien logradas escenas de la película. Uno de los atractivos era que supuestamente el autor de la novela, quien también escribió el guión para la película, declaró que los eventos mostrados en el filme fueron basados en hechos reales. El Exorcista, escrita por William Peter Blatty y dirigida por el maestro William Friedkin en 1973, sigue teniendo ese dejo de surrealismo y perfección, y que continúa sin perder la frescura de hace 35 años. Warner Brothers hace notar su destreza en arreglar las antiguas películas eliminando de los cuadros del celuloide los defectos adquiridos con el tiempo. Para los amantes del cine de suspenso y de horror, esta es una película obligada.
Pocas personas conocen la historia detrás de la historia que se narra en el filme. Pero aquí hay que tener cuidado, cuando los productores de una película advierten que “está basada en hechos reales”, no significa que los eventos mostrados sean exactamente los mismos tal y como sucedieron. Tanto guionista como director, se tomaron ciertas licencias para dar más dramatismo, emoción y suspenso a la historia, cosa que al final tuvo un efecto positivo para efectos de taquilla y de boletaje a la posteridad. Los cambios fueron tan amplios que, para ser justos, hay que decir que cambiaron la naturaleza de los sucesos reales. Daniel Cohen, menciona en su libro The Encyclopedia Of Ghosts que debido a estos cambios, la novela y la película deben ser consideradas obras de ficción. En la historia original, el objeto de la posesión fue un niño de nombre Douglas Deen, que a la sazón contaba 14 años. Sobre el los eventos que ocurrieron alrededor de su persona, poco es lo que se sabe y se puede afirmar que casi toda la información fue recuperada de oídas y en base a rumores. No hubo registros escritos o grabados de donde apoyarse y la mayoría de las personas involucradas, o ya murieron o en su tiempo se negaron a hablar. Lo que sigue es la información que se recopiló. Los eventos suceden a inicios del año 1949 y el niño Douglas vive con su familia en Washington DC. En algún momento de ese año, la familia comienza a escuchar ruidos no muy fuertes ni escandalosos provenientes del cuarto de chiquillo. La familia pensó que la casa se había llenado de ratones, sin embargo, cuando contrataron a un especialista en eliminar estas plagas se dieron cuenta que no había un solo ratón. Conforme pasó el tiempo, los ruidos se volvieron más escandalosos y violentos. Actividad poltergeist (palabra que en alemán significa espíritu ruidoso) se hizo manifiesta. Muebles que se mueven, cuadros que se desploman de las paredes, objetos que se caen de su lugar sin motivo aparente, fueron algunas de las razones que hicieron pensar a la familia que algo serio estaba ocurriendo, además que solo sucedía en el cuarto del niño. Las perturbaciones continuaron agravándose y en los Deen crecía la preocupación. Los vecinos y amigos, escépticos al principio, se convencieron de que esos sucesos extraños debían ser cosa del demonio. La familia decidió llamar a un ministro de la Iglesia, quien se quedó toda la noche del 18 de febrero con el chico en su cuarto. Tras apagar la luz los movimientos de cama se iniciaron y sonidos como que alguien rasca la pared se dejaron escuchar. El reverendo encendió la luz sospechando que alguien originaba los ruidos y los movimientos, pero no notó nada anormal. Le pidió a Douglas que se sentara en un pequeño sillón, pero apenas se sentó, el mueble comenzó a moverse y pasados algunos segundos, echó al niño al suelo. Quizá pensando que el pequeño Douglas podía correr peligro si usaba los muebles, el reverendo decidió que debía dormir con una almohada y una cobija en el suelo, pero el remedio no funcionó. Ahora las perturbaciones se hacían extensivas al cuerpo del niño. A la mañana siguiente, el reverendo se acercó a a la Sociedad de Parapsicología de Washington DC. para describirles que lo que presenció el día anterior era de lo mas inexplicable y nada ordinario. Douglas fue llevado al hospital de Georgetown para ser examinado física y sicológicamente. Los exámenes practicados no revelaron anormalidades de ningún tipo y el diagnóstico siquiátrico tampoco mostró problemas sicológicos. La familia Deen al final decidió poner fin a todo con una cura drástica que sería su última esperanza. Llamaron a un sacerdote para que practicara un exorcismo para expulsar a cualesquier entidad, demoníaca o no, que se hubiera apoderado de su hijo. Durante dos meses, el sacerdote practico el antiguo y largo ritual una treintena de veces. Mientras se llevaba a cabo el rito, el niño sufría de violentas convulsiones que lo dejaban dolorido y emitía terribles gritos en un tono de voz que no parecía la suya normal. No fue sino hasta mayo de 1949 que la respuesta de Douglas fue favorable. No reaccionó de manera violenta como en otras ocasiones, por lo que el religioso pensó que el exorcismo estaba funcionando y las entidades estaban siendo expulsadas. Tiempo después, todo volvió a ser como antes. La familia dejó de tener problemas con camas u objetos que se movieran o ruidos extraños. Es de notar que, a diferencia de la película y la novela, el cuerpo del poseído que flota y otros eventos físicos espectaculares no aparecen en el relato original del caso. Muchos estudiosos del fenómeno tienden a categorizar este caso como un efecto típico causado por Poltergeist. La familia Deen decidió interpretar las manifestaciones como provenientes de demonios. También hay que tomar en cuenta que este caso nunca fue investigado a fondo por especialistas en sucesos paranormales. Todo el tiempo las suposiciones se dirigían a pensar que el fenómeno fue real, es decir, no producido consciente ni inconcientemente por el niño. Hoy día, las investigaciones del caso jamás se retomaron y se sigue considerando un ejemplo de poltergeist.
En el juego de Silent Hill, se hace homenaje a la película colocando la frase dermográfica help me en una de las puertas de la etapa nowhere.
Datos basados en un artículo de Daniel Cohen 5 Valoración media: 5 (1 voto)
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