Hoy voy a contar la historia del pan que habla, espero que no me matéis.
Sant
Barranco era un humilde pueblo de 4 casas habitadas sólo en verano,
cuyo evento más recordado había sido la cutre actuación de un triunfito
en horas bajas. Una buena mañana se levantaron inquietos por la noticia
que llevaba un periódico. "La gira del Circo Internacional va a hacer
su única función antes de su disolución en el pueblo montañoso de Sant
Barranco de Andorra. La noticia se recibió con júbilo en la zona aunque
como apenas vivía nadie cerca, ni en los pueblos vecinos sabían como
llegar al pueblo. Dadas las dificultades que se producían al intentar
llevar lo necesario para el desarrollo del espectáculo en el pueblo, se
aplazó un verano, en el que las infraestructuras mejoraron y se
establecieron las localidades habilitadas en mas de 69.000, con grandes
personalidades del mundo político invitadas personalmente por el
director del circo, Pitus. Pasaban los meses y cada vez
había más expectación, que además aumentó cuando se anunció que los
asistentes podrían asistir al espectáculo más surrealista de la
historia, con la aparición del gran "Pan Que Habla. Las noches pasaban, la gente
bebía, se emborrachaban y trataban de imaginar lo que el pan sería
capaz de recitar, pasajes del Quijote, la Biblia, un guión de Tarantino
y sueños más dispares.
Llegó el día programado para la
actuación, pero como suele pasar en los directos, falló algo. Dejaron
el pan a la vista 20 minutos antes del espectáculo, sin decir nada y un
pequeño que pasaba por ahí con su triciclo cogió y lo mordió. Se tuvo
que aplazar el espectáculo 3 semanas más para que el pan se recuperara de las heridas,
con lo que creció el ambiente y las ganas de matar al pobre muchacho,
que acabó con 3 costillas rotas tras un atropello accidental, del cual
el acusado, hijo del alcalde, fue declarado inocente tras un corto
juicio sobornado. En fin, todo seguía igual, y llegó el gran día. El
pan llegó rodeado de un ejército que ayudó a su transporte, pero era el
último espectáculo de la gran función. Llegó el turno de los enanitos,
con un espectáculo sencillo que consiguió que 4 niños rieran 3 veces y
que la mitad de los espectadores se durmieran, así como la audiencia
televisiva, que podía ver por satélite el evento. Los propietarios del
circo, conscientes de ello empezaron a sacar la artillería pesada, con
todas las letras, así que sacaron al escenario al gran hombre-bala.
Gran por sus 200 kilos que apenas le permitían entrar en el tubo, con
lo que se suspendió otra vez el evento hasta que llegara un tubo de
emergencia.
Unas 2 semanas más tarde se pudo continuar, pero la gente
seguía dormida y no se enteraron hasta que por megafonía se anunció la
reanudación de la función. El estruendo causado por el cañón fue tan
brutal que el eco produjo un seguido de terremotos que pusieron en
alerta roja a las principales ciudades del planeta, aunque sin
consecuencias, pese a que el gobierno de aún no se sabe qué país,
aprovechó la confusión para lanzar un par de bombas atómicas en suelo
estadounidense, lo cual provocó la tercera y cuarta guerras mundiales
seguidas, que se prolongaron 20 años, los mismos que el circo tuvo que
esperar para seguir la función ya que la mitad de sus miembros eran
soldados en su tiempo libre. Los aficionados aguantaron(los que no murieron de viejos)
sentados en su sitio todo ese tiempo, y aprovecharon para aprender a
hacer sudokus, tener hijos, escuchar música y demás cosas aburridas. La
firma de la paz mundial fue bien recibida en el circo aunque la mitad
de los que fueron a la guerra, que a su vez eran la mitad del circo,
murieron en el campo de batalla, con lo que se redujo el espectáculo.
Salió el domador de leones, muy criticado por la gente que seguía
esperando el Pan mítico y que pensaba que lo vería desde el cementerio
por lo que el domador fue cancelado, especialmente después que le
lanzaran un hueso de fémur de un difunto que se había podrido en el
público en la cabeza, con lo que tuvieron que enviarlo al hospital.
Después de eso llegó lo que la gente estaba esperando, finalmente,
gritando ¡Queremos al pan que habla! ¡Queremos al pan que habla! El
presentador dijo que necesitaba la presencia de alguien del público,
fue elegido el único alemán aún vivo. Necesitaron un traductor que
supiera alemán para saber lo que el pan que habla, que dominaba todo
idioma existente, le dijera al alemán, con lo que esperaron que el
chaval más listo del pueblo aprendiera alemán en un curso intensivo de
3 semanas impartido por CEAC hasta que fuera capaz de traducir
correctamente cualquier oración en ese idioma. Y llegó el momento.
Puedes empezar a leer aquí, lo demás era relleno.
Llevaron
al pan que habla al escenario, colocaron una piscina en medio para que
estuviera cómodo y le metieron dentro unos segundos. Cuando le sacaron
preguntaron al chaval lo que sentía, a lo que contestó: Está blando. FIN.
P.D - Relatar esa historia en medio de un botellón, durante más de 10 minutos, metiendo todo el relleno posible en la historia, y salir vivo, no tiene precio.