10 de Febrero de 2012
Ene
31

El Preso y el velo by Morgennes (Parte Final)

El preso y el velo

by Morgennes.

Parte 1.

Parrafo final de la primera parte.

El corazón me late con fuerza mientras desciendo las escaleras que conducen al piso inferior. Percibo los ecos de una acalorada conversación, la cual aumenta en intensidad según me aproximo, las paredes blancas en nada tienen que ver con las de mi cuarto, parecen recién pintadas y saneadas, al igual que gran parte de la estructura de la casa. Espero en la entrada de lo que parece un gran salón, en el cual debe estar celebrándose una comida copiosa y agradable. No sé que hacer, los nervios me provocan fuertes temblores y mis dientes se agitan con violencia. Finalmente entro en el salón,... 

…en él habrá unas seis personas sentadas una enfrente de otra en medio de una gran mesa, la cual se encuentra repleta de bandejas de plata fina que contienen manjares en forma de cordero asado con guarnición, guisantes con un reluciente puré de tapioca a medio acabar y un amplio surtido de embutidos y diversos patés dispuestos geométricamente con su correspondiente espatulilla, dispuestos a ser untados en las tostadas integrales que reposan al lado de los vinos.

Todos los comensales me miran de hito en hito, sorprendidos ante la estampa de aquel esqueleto andante que por poco no derrama sus babas por la mesa. Yo hago lo propio, analizando a cada individuo de manera curiosa, fijándome en sus vestidos de seda fina, en sus pelos repeinados o recogidos por una elegante peineta, percibiendo a cada instante fragancias de jazmín, romero o de váyase a saber que otras esencias.

Es entonces cuando un hombre se levanta de su silla. El individuo luce un elegante traje color crema con una corbata a juego, dejando entrever una camisa blanca fina con múltiples ribetes a los lados, signo de que se trata de todo un caballero. Sus ojos azules y su gran nariz le confieren cierto aspecto cómico, pero su cabello engominado surcado por una raya perfecta y su tez tersa denotan severidad y rigurosidad. El hombre, con tono serio y cortante, se dirige a mí lanzándome una mirada inquisitiva, pero su voz revela cierta sorpresa e inquietud:

- ¿Qué haces tu aquí? ¿Cómo has salido? – El alboroto de los comensales se detiene, en su lugar, un profundo silencio llena la habitación. Los invitados, incrédulos, se miran unos a otros, no dando crédito de lo que ven, entonces, uno de ellos, sin dejar de mirarme, dice:

- Tom, ¿Qué pasa? ,¿Quién es este? – El tono de su voz suena entrecortado, parece como si en cierto modo me temiese, como si realmente esperara que de un momento a otro  me lanzara sobre él cual salvaje.

- No es nadie, es un asesino que ha logrado escapar de su castigo… ¿Es que no ves el daño que nos has hecho? Ella ya no esta aquí, te la llevaste… - De los ojos de aquel hombre brotaban ahora lagrimones de tristeza, sin  embargo, su expresión albergaba ira y frustración.

Aquellas palabras se clavaban en mí como puñales, ¿por qué me tratan así? ¿He hecho algo tan malo para merecerme tamaño castigo? Quizá me lo merezca. Intenté articular palabra, decir algo, pero  tan sólo logro decir una frase apenas audible y comprensible. Mi tono de voz suena entrecortado, mi garganta está extremadamente seca, y apenas recuerdo a cómo se habla:

- ¿Qué he hecho para merecerme esto? – Digo, súbitamente, sin perder el contacto visual con mi interlocutor.

- ¿Que qué has hecho? ¿Tienes la osadía de preguntármelo? Tú eres el culpable de que ella ya no esté aquí, mi hija… tu esposa. Aquel accidente nos destrozo a todos, incluso a tus padres, los cuales renegaron de ti hace tiempo – El hombre parecía estar haciendo un esfuerzo sobrehumano para no abalanzarse sobre mí, infundía a sus palabras  un tono despectivo pero confiado, tanto que se podría decir que verdaderamente aquel hombre se creía todo lo que decía.

- ¿Tanto mal hice para recibir un castigo tan cruel? Soy un ser humano, ¡No tiene derecho a encerrarme! ¡No puedes quitarme mi vida! – Notaba cómo mi corazón latía con una fuerza inusitada, aquellas palabras habían surgido por sí solas de lo más profundo de mi alma.

- ¡Maldito seas, bastardo! ¡Por tu despiste tu mujer y tu hijo murieron! ¡Por tu culpa tu padre murió como un perro en un hospital mientras llorabas en una esquina pretendiendo olvidarlo todo! ¿De verdad no lo recuerdas? ¿Tan perturbado estás? Esto afianza aún más mi decisión de encerrarte…

Aquellas palabras despertaron en mí un frenesí incontrolable de emociones. Ahora recordaba…. Mi sueño vino a mí en forma de pesadilla, una pesadilla muy real. No era un cubículo lo que se movía, era un coche, la mujer que me acariciaba era mi mujer, pero lo verdaderamente espantoso vino cuando recordé un fragmento oculto en mi subconsciente. Fue un instante, un segundo… me vi mirando hacia atrás, estaba contemplando a mi hijo, el cual jugaba alegremente con su avión de papel.

Es entonces cuando la risa de mi mujer se convierte en una mueca de espanto, intento virar, mientras, mi hombro es fuertemente apretado por la suave mano de mi hijo… Tras eso, un fogonazo, una luz cegadora me trae a una cama de un hospital recóndito. Estoy cubierto de vendas, siento una terrible opresión en mi cabeza, un intenso dolor me recorre todo el cuerpo, un sudor frío me produce alucinaciones  y desvaríos. Cierro los ojos, mi mujer y mi hijo me miran fijamente con muecas de espanto y dolor. Grito, intento ahuyentarlos, pero siempre vuelven a mí…

Me veo llorando en una esquina, tapándome el rostro con mis brazos. Ya no tengo dolores, sin embargo, lloro y grito como un poseso, las jaquecas y alucinaciones se suceden una tras otra en un dantesco desfile de rostros deformados y lúgubres. Cojo un bote de cápsulas y lo ingiero del tirón, intento abstraerme, olvidarme de todo. Caigo al suelo, entre alucinaciones y fuertes convulsiones, no hay alivio para mi alma, sigo llorando, mis lágrimas forman una inmensa cascada que conduce a un caos insondable. Intentan levantarme, me dicen algo de mi padre, pero se apartan de mí al ver mi rostro de lunático. ¿Soy un asesino? ¿Llevo el Mal tras de mí? Tres hombres me llevan a rastras por el pasillo de la casa en la cual me hallo, veo a mi madre llorar y correr hacia mí. Desesperada, tropieza y cae al suelo, la levantan y se la llevan lejos, ya no la volveré a ver.

Entonces el Olvido me sobreviene y mi Universo particular me reclama…


Caigo desplomado al suelo, entre sollozos, golpeo fuertemente la moqueta mientras grito como un poseso. El hombre, como deleitándose de aquella deplorable escena, ríe, y con tono socarrón me dice:

- ¿Qué? ¿Ya has recordado? Eres un bastardo, te mereces esto y mucho más…- No le dejo acabar la frase, su sonrisa macabra despierta en mí un sensación que nunca antes había tenido, un impulso salvaje irrefrenable provocado por las presuntas verdades de aquel hombre. Me abalanzo sobre él, forcejeo con el individuo unos segundos, él clava sus huesudas manos en mis hombros mientras intenta desequilibrarme, sin embargo, haciendo acopio de una fuerza inexistente en mí, le propino un fuerte revés en su boca. Un hilo de sangre sale despedido, y el hombre queda tenido en el suelo, llevándose la mano a la boca, dolorido. Los invitados le asisten entre gritos de espanto y miedo, todos ellos clavan sus inquisitivas miradas en mí, fijan el blanco de su odio hacia mi persona ¿Por qué? Sólo trato de defenderme ¿Acaso soy tan detestable? Sigo llorando, pero decido salir corriendo de aquella casa, nadie me detiene, nadie me interroga, a nadie le importa lo que yo haga.

Intento correr a duras penas, mis piernas no pueden aguantar el ritmo de mi marcha, mi diafragma se mueve como un diapasón, marcando un ritmo creciente a mis pulmones, los cuales parecen máquinas de vapor a punto de estallar. Mi corazón oxigena mi sangre en un proceso rápido y frenético, mi cerebro intenta avisarme de que debo pararme, sin embargo, mi desgarrada alma de dice que huya de todo aquello…

Miro  a mí alrededor, los caminantes reparan en mí y me miran con desdén y desprecio. Incluso los vagabundos, despojados ya de todo resto de cinismo y falsedad me miran por encima del hombro. Todo lo que veo y siento me causa una profunda sensación de terror y culpabilidad.

Yo los maté, yo soy el culpable de sus muertes… Sí, soy un hombre malo, me merecía ese castigo…. Los transeúntes se apartan de mi camino, asqueados, los ladrones y demás calaña tampoco desean asaltarme. Mi rostro desencajado y mi sonrisa burlona les infunden pánico, mi estado de descontrol les repele.

Soy un asesino, solo hago que causar mal, ¿quién sabe si no soy el culpable de la miseria de algunos de estos vagabundos?. La gente no puede huir de mí porque sí, no pueden mirarme con asco porque si, tiene que haber una explicación, y esa explicación no es otra sino que soy una mala persona.

Sin embargo, algo dentro de mí parece querer negar todos aquellos pensamientos, algo dentro de mí me dice que sólo fue un accidente y que no soy culpable. Pero, ¿entonces por qué me encerraron? ¿y si no soy un hombre malo en comparación con otros? Me niego con vehemencia a mí mismo tales teorías, ya nada importa, he causado un gran mal, y debo pagar por ello, de un modo u otro.

Quizá este mundo no esté hecho para mí, mire donde mire sólo veo miseria o maldad en forma de rateros, carteristas o furcias que buscan a algún adinerado. Los libros no hablan de esto, mi otrora pura imaginación no abarcaba esta realidad tan mísera. Si había algo por lo que anhelaba salir era para ver los Palacios de Oriente, las selvas repletas de flora y fauna exótica… No había ni rastro de todo aquello. ¿Me habían mentido los libros y mi imaginación? ¿O es que la realidad distaba mucho de lo que imaginaba?

Tras el largo trayecto recorrido, mis piernas me dicen basta, y mi cabeza también. Me hallo en medio de un campo  medio deforestar, con pequeños arbustos secos por el constante influjo del sol. La escasa hierba que ahí se encuentra no sobre pasa los seis centímetros de espesor, y presenta numerosas calvas. Los únicos restos visibles de un antiguo bosques son ramas quebradas y abrasadas. Reparo en un puente que se alza a mi izquierda. Es un viejo puente de piedra comida por el musgo. Por sus arcos discurre un río profundo según aparenta, lo cual contrasta con el paraje árido que piso. Es una estructura empleada como punto de comunicación entre el pueblo y el campo, pero más allá del puente sólo alcanzo a ver cultivos de maíz y girasol  secos y descuidados.

Con paso cansado me dirijo al puente, al llegar me fijo en el agua. Siempre he querido ser como un río, salvaje e irrefrenable, nada le detiene ni nada le dice qué hacer… A mis espaldas oigo gritos de alto a la autoridad, se trata de un policía que, a lo lejos, me llama la atención:

- Señor, debe acompañarme a comisaría por un presunto delito de agresión y alteración del orden público – El policía se siente orgulloso de lo que ha dicho, se vanagloria a si mismo por cumplir su deber de manera tan ferviente, sin embargo, no puede vitar dejar escapar una mueca de asco.

- Señor, será mejor que me haga caso, no complique más las cosas o de lo contrario…

- Tranquilo agente, soy consciente de lo que he hecho, y estoy dispuesto a pagar por ello – Le espeto en tono apaciguador y sereno. – Solo deme dos minutos –

- Sea pues, señor mío – El agente asiente complacido.

Debo pagar por lo que he hecho, me digo para mí mismo. Soy un asesino, un hombre que ya ha provocado suficiente daño. Lloro desconsolado, hay algo en mí que todavía niega todo aquello, que me dice que todo es un error, pero mi arrepentimiento, fundado o no, es demasiado fuerte como para ser desafiado. ¿Me merezco ser castigado por lo que he hecho? ¿Soy un ser despreciable y maligno? Mi respuesta es sí, ya no merece la pena resistirme, todo lo que tan fervientemente imaginaba no existe, todo lo que anhelaba no es más que una lejana utopía, que parece perderse en un lejano horizonte.

La Realidad, para bien o para mal, me ha traído hasta aquí, y ya no voy a resistirme. No soy nada, y nunca seré algo. Me quito los pantalones, cojo una piedra pesada, empleada para unas supuestas labores de restauración, y hago un fuerte nudo en mi tobillo, uniéndolo con la piedra. El policía, al verme en esta situación, corre a mi encuentro entre gritos y súplicas.

Nada soy ni nada seré… Me lanzo al río, mi cuerpo cae al agua mientras me hundo en lo más profundo. Allí, en el fondo de aquel río, todo es silencio, no hay palabras hirientes, no hay miradas de odio… Poco a poco la presión me oprime cada vez más la cabeza, el poco aire que me queda va agotándose.

Las visiones cesan, las culpas son apartadas. Ya no hay lugar para la imaginación, ya no veo Palacios en Oriente, selvas frondosas, grandes metrópolis. Todo se desvanece a mi alrededor dejando paso a una oscuridad insondable que todo lo cubre.

Ahora es cuando me doy cuenta de lo mucho que añoro aquel Universo paralelo desplegado en mi habitación, hubiera deseado fervientemente que aquel velo de ignorancia y desconocimiento nunca hubiese sido descorrido ni hubiera dado lugar a la Realidad.

Ahora ya no importa, nada soy ni nada habría sido.


Supongo que a muchos os habrá pasado lo que a mi, sorprendidos ante el desenlace, el cruel castigo y la forma de culpabilizar a alguien, amén de muchas dudas sobre ciertos personajes... eso es lo que siempre consigue Morgennes, que te quedes con ganas de saber Very Happy

Agradecer otra vez al autor esta colaboración, porque me ha encantado Very Happy

 

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Frase del día: La escritura es la pintura de la voz. Voltaire, filósofo y escritor francés
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3 Comentarios:

No tenéis perdón de Dios

Me he pasado hoy el Jade Empire de nuevo (Tras un par de años lo hiciese en Xbox) y vengo sensiblón perdido y ahora me ponéis un texto mas bien tristillo :(

Para bien diré que es la caña, y que le doy el merecidísimo medallón de los retrogamers ¡A seguir así!

 

Esto es una entrada literaria con todas las de la ley ¡He Dicho! (Otorgable por LoganKeller)
(Pincha para Informarte de como conseguir este reconocimiento)

^^

Muchas gracias Shai por haberme dejado colaborar en tu blog con este relato. Tenía intención de haber comentado antes y haber publicado una entrada, pero mi PC ha vuelto a petar y escribo esto desde un Ciber (ya véis, para una vez que quiero actualizar, la tecnología se pone en mi contra xD)

Gracias a los que han comentado, gracias a Shai por su crítica positiva , me alegra que os haya gustado y sorprendido, y tomo nota de lo que decís para seguir puliendo mi escritura relato a relato, con que os haya emocionado un poquitín me conformo.

Y Logan, precisamente hoy me he pillado la Edición Coleccionista de Jade Empire de PC nuevecita por 4 euros (chollos y reliquias que pululan por el GAME) aunque estoy inmerso en el ME 2, ya le dedicaré su tiempo.

 Lo dicho, gracias a todos y a Shai decirle que ha sido un placer colaborar en su blog ^^ 

Un relato muy interesante

Un relato muy interesante que había dejado para leerlo con calma... me ha encantado como el hombre describía su agónico estado físico en la primera parte... mi manera de verlo es la tortura y castigo interior al que se someten las personas que se siente culpables de algo, un dolor casi más grande que el provocado por el frío y la suciedad de cualquier encierro... una gran lectura y un gustazo saber de tí de nuevo... Saludos!^^