10 de Febrero de 2012
Ene
27

El Preso y el Velo by Morgennes

El preso y el velo

by Morgennes.

Ahora mismo yazco, tumbado, sobre algo parecido a un colchón, roído y carcomido por el constante uso y el pasar de los años. Clavo mi mirada en el techo, un bloque de duro hormigón que perdió su blancura hace años, oscurecido por el hollín de la industria cercana. Recuerdo cuando aquel techo aún olía a fresco, a ese aroma húmedo mezclado con la masa, el cual me provocó fuertes náuseas durante mis primeros días en aquella estancia. Cada día escudriño un rincón de dicha estructura, en busca de nuevas grietas o indicios de cambio, es algo que me divierte, mirar el techo surcado de grietas e imaginarme que dichos surcos son ríos de aguas cristalinas que, de manera salvaje, penetran en un vasto desierto de arena blanca.

Tumbado en mi colchón dejo que mi imaginación aflore por cada rincón de aquella angosta estancia. Hoy es el techo, pero otros días no puedo evitar fijarme en el recodo inferior de un lado de mi cubículo. Esa esquina parece actuar de madre sobre-protectora para el polvo y la mugre que campan a sus anchas todo el día, y de noche, cuando la luz de la luna no me permite distinguir más allá de un palmo, aprovechan mi ceguera para refugiarse.

Sin embargo, pese a que el techo y ese recodo en forma de madre protectora son objeto de una fuerte actividad reflexiva por mi parte,  mi imaginación  tiene un destino predilecto, que no es  otro que el de la minúscula ventana que se alza varios metros por encima de mi cabeza y que permite el paso de los rayos de sol que marcan mi temprano despertar.

Es esa ventana la que decanta cual granos de arena los rayos solares, la que me marca el inexorable paso del tiempo entre aquellas cuatro paredes, pero sobretodo, es la que me permite imaginar que más allá de estas paredes hay otra estancia que quizá tenga un techo más blanco y menos agrietado, una esquina menos sucia, y una ventana aún más grande que filtre más luz.

A través de esa ventana mi imaginación juega con mi cabeza diariamente, me hace pensar cuántas estancias más como la mía habrá, cuántas personas estarán tumbadas, o quizá sentadas en sus colchones observando la pared en lugar del techo. ¡Ah! ¡Maldita sea!  ¿Por qué se nos otorgó una imaginación tan creadora e inquieta si nuestra vida consiste en permanecer en aquellas estancias pestilentes repletas de restos de orina y sangre seca de antiguos inquilinos?   ¿Acaso es para tentarnos? ¿Se trata de un mecanismo de auto-destrucción para acrecentar nuestra locura  para posteriormente ser exiliados de nuestro cubículo e introducir a un recién llegado? Sí, seguramente se trate de eso, hacen que nos matemos a nosotros mismos, a fin de cuentas, por muchos cubículos que haya, siempre hay recién llegados a los cuales hay que dejar sitios, y veteranos como yo sobramos…

Sin embargo, si no tuviera imaginación, ¿qué me quedaría? Es este innato don el que me permite imaginarme mundos aparte, el que me permite soñar con exóticos parajes repletos de fauna y flora fascinante… Me permite sustituir aquellas sucias paredes en muros de gran longitud que custodian celosamente palacios de inmensa planta en el lejano Oriente…

Tomo una fuerte bocanada de aire, mi nariz intenta expulsarlo, repudiar aquel aire contaminado por el fuerte olor a orina y sudor… Hace días que el retrete se atascó, días que el lavabo dejó de surtirme agua para mi aseo personal. Decido levantarme, sin embargo, un fuerte mareo me obliga a sentarme nuevamente. Llevo mi mano a mi cabeza dolorida y me rasco fútilmente, como esperando que aquel dolor desaparezca con el solo rozar de mi mano. Recorro, esta vez con ambas manos, mi rostro, palpando cada detalle del mismo…

Ahora que lo pienso, no sé que aspecto tengo… Acaricio con suavidad las cuencas de mis ojos, parecen profundas, hay un gran espacio con respecto al ojo.. - Tendré unas grandes ojeras – me digo a mí mismo. Mis ojos parecen muy pequeños en comparación con las ojeras, y están cansados de tanta oscuridad, tanto que hace tiempo que no logro distinguir nada más allá de cinco palmos…

Me rasco la nariz suavemente, parece desviada y si lo intento, soy capaz de juguetear con el hueso, pudiendo moverlo de un lado a otro sin dificultad, más abajo me acaricio los labios, llevándome por delante restos de piel seca que hacen brotar pequeñas hemorragias, las cuales lamo con gusto con mi lengua.

De mi boca emerge un fuerte aroma pestilente, mis dientes (los pocos que me quedan) deben ser amarillos, repletos de caries glotonas que se alimentan de los débiles nervios que los atan a mi encia, tremendamente hinchada por su mala higiene. El tronco que sujeta mi cabeza y mi ya larga melena andrajosa debió de ser antaño similar a un cuerpo de complexión fuerte. Hoy ese cuerpo (si es que a eso se le puede llamar así) se parece más un desierto, donde las protuberantes dunas son mis huesos, los cuales se salen unos centímetros con respecto a mi vientre. Mis costillas bien podrían ser un carillón dispuesto a ser golpeado por una baqueta, y mi vientre, ahogado entre las dunas óseas , cubierto por una finísima capa de músculo y piel extremadamente tersa, podría utilizarse para ser percutido cual tambor.

Pese a ello, lo más repulsivo se encuentra en la zona inferior, donde antes había un miembro ahora había un colgajo de piel sucia y mugrienta que podía pasar como un andrajo de mi vestimenta. Mi demacrado rostro y mi esquelético tronco se mantienen a duras penas erguidos por un par de patitas ridículas similares a las de una golondrina. Éstas  dan la terrible impresión de que en cualquier momento se pueden quebrar como si de la rama de un viejo roble se tratase.

Así debo ser, un esqueleto andante que charla consigo mismo sin parar, un pelele que se pasa el día tumbado mirando hormigón y divagando sobre teorías absurdas acerca de la imaginación con escaso resultado dada mi escasa cultura.

Ahora centro mi mirada en la mesa camilla que ocupa el centro de la reducida estancia. Se trata de una mesita de hierro forjado, oxidada ya, que se sostiene gracias a unas patas de madera humedecida y astillada. En repetidas ocasiones he intentado nivelar las patas para evitar el vaivén continuo de aquel experimento en forma de mesa camilla. Sobre esta mesa se encuentran, apilados uno encima de otro, varios libros de distintos géneros que Él me pasa semanalmente a través de la robusta puerta de madera, al igual que los escasos alimentos que ingiero.

Los libros me suponen una salvación para mi mente, son ellos los que avivan mi imaginación, los que día tras día me han mostrado descripciones de Palacios en Oriente, ciudades nevadas, metrópolis andrajosas y en decadencia, selvas tropicales donde la muerte acecha en cada palmo de terreno … Gracias a ellos mi imaginación perdura y se ejercita intentando recrear una imagen precisa de dichos lugares, y gracias a ellos aprendo nuevas palabras  y conceptos, que aunque no sepa qué significan ni cómo son, me causan una sensación de saber muy reconfortante.

También hay libros con ilustraciones, donde un gorrión mordisquea con su pequeño pico una migaja de pan, o donde una gacela bebe agua mientras pasta en la remota sabana africana ignorando el peligro que se esconde tras ella.

Desconozco cuánto tiempo llevo aquí, si hay más gente como yo (debe haberla, debe haber mucha más gente refugiada como yo de algún peligro exterior) que es cuidada por gente como Él (la persona que me pasa la comida y los libros). No obstante, si todos están encerrados como yo debido presuntamente a un mal o a algo terrible que debió ocurrir en el exterior ¿quién decidió crear habitáculos tan pequeños y tan mal atendidos? Si yo y otra gente hemos sobrevivido a alguna desgracia catastrófica (como una guerra, una bomba o similares) ¿por qué no nos tratan mejor? Somos los únicos supervivientes, deberíamos ser tratados como reyes para preservar la humanidad. Y una última cuestión, ¿quién decidió qué personas debían alimentarnos y pasarnos libros? ¿Por qué esas personas y no otras? ¿Quizá se ha creado un Gobierno autoritario y nosotros somos meros esclavos del mismo?

Todas estas preguntas martirizan mi cabeza diariamente. No recuerdo quién soy, o más bien, quién era antes, pues el yo que se encuentro en esta habitación perdió toda identidad humana hace muchos años (¿o quizá sean sólo unos meses? Quién sabe…) Aquí no hay tiempo, hace mucho  que pareció pararse. Los días no son días, las horas no son horas, todo se reduce a esta habitación, en su interior hay un universo aparte, nada cambia, nada se mueve, ni tan siquiera yo cambio.

No puedo recordar, ya que mi recuerdo más antiguo podría ser de cualquier tiempo, sólo me veo a mí mismo mirando el techo e imaginando Palacios de Oriente, selvas salvajes… es un bucle sin un inicio marcado… Tan solo tengo un recuerdo casi fugaz que surge en mis más profundos sueños. Me veo en un habitáculo que se mueve, pero no estoy solo, a mi lado hay alguien que creo que me sonríe, eleva sus labios hacia arriba ¿no aparece así descrita una sonrisa en los libros? Y clava sus ojos en mí, parece feliz y reconfortada, me agarra la mano e incluso juguetea con ella.

Sin embargo, en medio de aquella pacífica situación ocurre algo, ella ya no me sonríe, mantiene la boca abierta pero esta vez grita… Yo, dirijo mi mirada a mis manos y las muevo instintivamente todo lo que puedo, de repente, una gran luz, resplandeciente, me ciega por completo…. Es entonces cuando me despierto jadeando, notando como auténticos goterones de sudor bajan por mi cabeza, me llevo las manos a la cabeza, intentándome liberar de aquel mal sueño.

¿Será un recuerdo implantado para recordarnos que hay algo oscuro ahí fuera y que por ello estamos aquí? ¿O quizá sea sólo un sueño?

Agobiado por tales enigmas, dejo caer todo el peso de mi cuerpo sobre la cama, tomo una fuerte bocanada de aire y clavo nuevamente mi mirada en el techo, empezando a imaginar Palacios de Oriente hasta que me sumo en un sueño profundo y reparador. No sé que hora es, ni si es de día o de noche, nuevamente la sensación de que en esta habitación nada corre, ni tan siquiera el tiempo, me recorre todo el cuerpo provocándome un ligero escalofrío.



Abro los ojos, he notado un ruido que proviene de la robusta puerta de madera. Abro lentamente mis párpados, como temiendo que al abrirlos por completo algo o alguien esté frente a mí. Escudriño cada palmo de mi habitación en busca de algún indicio que denote algo extraño. Nada. Empiezo a levantarme, procurando no hacer ruido, para ello apoyo con firmeza mis puños en el colchón y elevo mi tronco suave y pausadamente. A lo lejos, mis oídos perciben débiles sonidos amortiguados por la gruesa madera de la puerta, me levanto por completo, encaminándome a la puerta, esperando percibir algo que desvele esta extraña actividad que tanto me inquieta.

Observo con detenimiento la puerta, está intacta. A su vez recorro con mi mirada el marco de la misma, luego bajo la vista al suelo que se extiende alrededor de ella, no hay nada extraño, nada que haya podido perturbar el universo latente que supone mi habitación. Decido pegar mi oreja contra la puerta para intentar escuchar algún sonido débil que me reconforte. Apoyo todo el peso de mi cuerpo contra la puerta y es entonces cuando se produce un ruido seco y amortiguado, acto seguido la puerta se abre arrastrando con ella un leve rechinar… - ¡La puerta está abierta! ¡Por fin puedo salir! - Grito eufórico para mí mismo.

Comienzo a caminar sobre las puntas de mis pies, intentando mantener el equilibrio con mis brazos, se puede decir que estoy imitando al más sigiloso de los depredadores. Mi vista, y en general, todos mis sentidos se descontrolan en un frenesí sensorial  que me embriaga por completo. Mis ojos se clavan como dagas en los papeles que adornan la pared, los cuales intentan emular con gran éxito pequeños arbustos. Mi olfato me advierte de que un dulce aroma a naranja se ha apoderado de ese pasillo, y de que en un supuesto piso inferior se está cocinando un asado. Es curioso, a medida que avanzo por aquella estancia mi cabeza parece llenarse de recuerdos y de antiguos conocimientos, ya nada me resulta desconocido, de manera instintiva he percibido aquellos aromas y texturas, y todo lo que alcanza a ver mi vista no me es desconocido.

Siento que despierto de un sueño eterno, todo lo que creía que era desconocido para mí ahora se torna en algo familiar y cotidiano. Sensaciones, ideas y conocimientos que daba por difusas ahora cobraban un cariz completamente distinto. - Yo sé qué es todo esto, conozco y soy capaz de nombrar cada cosa y de asociarla como algo rutinario y simple –

Mi universo anterior estaba constituido por un velo de desconocimiento, miedo e ignorancia atípico, un velo que por mucho que intentaba romper no ofrecía ningún hueco visible a la Verdad. – He estado absorto en un sueño de ignorancia y profundo estupor que me hizo olvidarme de todo cuanto conocía. Pero ahora debo haberme despertado – Digo para mis adentros.

El corazón me late con fuerza mientras desciendo las escaleras que conducen al piso inferior. Percibo los ecos de una acalorada conversación, la cual aumenta en intensidad según me aproximo, las paredes blancas en nada tienen que ver con las de mi cuarto, parecen recién pintadas y saneadas, al igual que gran parte de la estructura de la casa. Espero en la entrada de lo que parece un gran salón, en el cual debe estar celebrándose una comida copiosa y agradable. No sé que hacer, los nervios me provocan fuertes temblores y mis dientes se agitan con violencia. Finalmente entro en el salón,...

 


¿Que habrá en ese salón? ¿Qué o a quién se encontrará el protagonista de la historia? Morgennes tiene la respuesta en la siguiente parte del relato que, si Dios quiere, podre colgar mañana.

En unos dias en los que no son los mejores, recibir la colaboración de Morgennes fue un motivo de alegria, más que nada porque al abrirla no me esperaba uno de sus relatos, que ya sabeis que me encantan Very Happy Como ocurre siempre con sus escritos, consiguió "conquistarme" desde el principio, con ese personaje atormentado y encerrado por razones desconocidas. Prefiero no hablar más, porque entonces no podría evitar soltar algo del desenlace de la historia. Asi que solo me queda decir ¡¡Muchas gracias Morgennes!! Me ha encantado Very Happy

Aprovecho para pedir disculpas a este pequeño gran escritor, porque este relato debería haberlo publicado antes, pero por ciertos problemas me ha sido imposible.

Y de paso decir a los "apañeros" del Live que si estos dias no entro a la party es por dos razones: 1 -mi micro está muertoy cuando "resucita" - a base de golpes ¬¬ - no me ois. 2 - A veces estoy jugando en compañia en mi casa Razz. Que lo sepais.

Si quieres leer más colaboraciones, el árbol de los colaboradores.

Si quieres leer más relatos, el árbol paranoico.
 
Para colaborar en el Bosque Dormido escríbeme un mensaje privado, un mensaje en la Sala de Descanso o un e-mail a bosquedormido@gmail.com.
 
Frase del día: Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas de inefable y deliciosa compañía. John Fitzgerald Kennedy, político estadounidense.
5
Valoración media: 5 (8 votos)

5 Comentarios:

Medalla

¿Que voy a decir? En la linea de Morgennes me ha encantado esa sensación de inquietud que consigue transmitir... estaría buenísimo meterle una música a piano melancólica para mientras se lee escucharla ^^

Medalla merecidísima :D

 

Esto es una entrada literaria con todas las de la ley ¡He Dicho! (Otorgable por LoganKeller)
(Pincha para Informarte de como conseguir este reconocimiento)

 

PD: Pedazo de Shai, tienes un MP y no te preocupes por lo de la party, ya cotillearemos xD

Es que Morgennes

Es un crack. Yo no entiendo porqué no participa en los concursos de literatura de Gamefilia, porque se los llevaría todos de calle.

Sobre el relato, me ha dejado un regustillo agridulce, es muy kafkiano (¿kafkiano? ¿Rikku leyendo algo que no sea la guía de la tele? Pues sí, me leí la Metamorfosis en su día), aunque es un inicio realmente raro y extraño.

 

P.D.: Ok, comprendemos lo de las parties. Por cierto, mirate en el blog de Logan, la continuación de cierto relato.

Grandioso e instrospectivo

 Me gustó como el trastocado protagonista cavilaba su  cuerpo extenuado, posiblemente sometido a torturas. Y el como iba el ritmo de la narración a medida que el prota rememoraba y meditaba de su actual situación.

Me intriga lo que pueda suceder más adelante.

 Un saludete.

Mmmmmm profundo...

Cuando no queda nada, la mente misma es la única capáz de salvarse en su pequeño pero ilimitado mundo interior. Por eso me encanta leer creaciones de otros, por medio de ellas se puede ver el mundo desde otras perspectivas! Excelente!!!

Enhorabuena a los dos. Es un relato fantástico!

Gracias, Morgennes, por compartir semejante relato con nosotros. Me lo he leído de un tirón sin darme cuenta. El comienzo suscita tu interés, y tras leer las primeras líneas caes rendido. Me ha gustado especialmente el grado de recreación que has logrado aplicar a la historia, narrando el entorno del preso, su cuadro mental y físico y las secuelas del largo cautiverio; el detalle es tan profundo que te olvidas que es un relato, te pareces más real, acabas por sumergirte en él. Y cerca del final, el brusco giro de verse fuera y despertar del ensueño de la larga monotonía carente de estimulos a la que había estado sometido, no hace sino desearte leer el siguiente capítulo.

Enhorabuena, has escrito un relato genial. Y gracias a Shaiyia por publicarlo aquí, donde todo el mundo puede leerlo Wink

Un saludo! Very Happy