7 de Octubre de 2008
Jun
14

Una tarde en el Carrefour

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Un poquito de off-topic. Os explico un poco que voy a hacer con mi blog, después de tantas y tantas demoras (yo no se por que la gente sigue entrando si casi ni actualizo, pero es de agradecer :D). El pilar base del blog serán los MMO, pero lo abriré mucho más a diferentes temas, casi siempre de videojuegos, pero también pondré textos personales. Me encanta escribir, tengo muchos textos (hoy estreno uno ;D), y como es mi blog... pongo lo que quiero, no? xD. Pues a por la faena. También cambiaré el diseño, me pondré mas seriamente a pensar que hago con esta sosez de diseño, pero aviso, no tengo gusto... ni se manejar programas tipo Photoshop. 3000 gracias.

 

De primeras, mi intención no era la de ir al Carrefour a comprar un regalo para mi madre (ya que su cumpleaños es mañana, y como buen hijo tengo que cumplir) sino buscar algo por las tiendas más cercanas de mi casa, ya que me dolía la rodilla (y me sigue doliendo) desde por la mañana, en la cual había jugado un partido de fútbol sala, que por cierto, se ganó.

Así, medio cojeando y sufriendo bajando las escaleras para salir del edificio en donde se encuentra mi vivienda salí con el dinero suficiente para comprar algo medianamente bueno, lo malo es que no tenía ni idea de que comprar. La gente dice que cuando no sabes qué regalar a una persona es porque no la conoces bien, esto a veces es verdad, pero yo a mi madre sí que la conozco: su animal favorito es el elefante, por lo tanto le encanta todo lo relacionado con Dumbo (la película, el merchandaising...), prefiere el oro blanco al oro normal, no le gusta el bronce y la plata la acepta, etc... El problema era mi falta de criterio a la hora de qué comprar, mi poco gusto para elegir una camiseta de señora y no saber que talla usa mi madre.

Caminaba sin rumbo: carretera marina, avenida Montserrat, calle mayor... no encontraba nada que regalar, así que opté por lo fácil, ir al Carrefour, donde seguramente encontraría más variedad. Después de un buen paseo y sufriendo para subir y bajar las escaleras del puente para cruzar la autovía (o autopista, nunca sé lo que es) llegué a mi destino.

En el Carrefour había bastante gente, pero no estaba lleno como lo está normalmente, y comencé a dar vueltas, primero lo miré todo, luego me desesperé con todo. No sabía que comprar, no quería regalar un libro (demasiado visto), ni una planta (demasiadas tenemos), y lo que viene siendo ropa yo no entiendo. Así que me dirigí a la sección de videojuegos a meditar un rato, después pasé por la zona de ordenadores y miré unos ratones interesantes ya que el mío está bastante deteriorado. Seguí dando vueltas, veía cosas que no estaban en su sitio: patatas Lays en la sección de libros, tops 10 de música con los Cd’s cambiados (Camela NUNCA puede estar en el número 1). Esperaba con ansías que una luz me iluminase y viese algo interesante que regalar... y esa luz llegó. Detrás de una columna, bastante escondidos, se encontraban unos libros de Danielle Steel, la autora favorita de mi madre, tiene muchos libros de ella así que pensé que el que veía ya lo tendría. Pero me fijé en la edición: marzo 2008. Cual fue mi sorpresa, era un libro nuevo, uno que le faltaba a mi madre, así que después de unos cuarenta y cinco minutos dando vueltas encontré lo que buscaba, algo digno que regalar, algo que sabía que le gustaría.

Al fin me dirigí a la caja para pagar e irme a casa, no había largas colas en ninguna, pero si que había mucha gente con muchos artículos. Así que me puse detrás de una pareja, matrimonio seguramente, que había llenado el carro hasta arriba. El hombre me miró: “Sólo tienes eso?”, dijo mirando mi libro, “Sí”, contesté yo, con cara de niño bueno, “Entonces pasa”, “Muchas gracias” dije yo con amplía sonrisa en la cara. Ese señor anónimo me libró de unos diez minutos de cola, así que pasé y finalmente salí del Carrefour.

El cielo seguía nublado, pero no chispeaba, otra vez tocaba subir las escaleras del puente, pero esta vez fui detrás de dos señoras y una joven que iba con ellas. Iban a paso lento, pero yo, debido a la rodilla, también y tampoco tenía prisa. De repente, escucho como una señora y la joven se ríen, mientras que la señora restante se miraba la suela del zapato, ésta última había pisado una hez, un excremento de perro... una mierda. “Te traerá buena suerte”, pensé en decirlo en voz alta pero no quería problemas dado que si llego a tenerlos no hubiese podido salir corriendo. Así que con una sonrisa las esquivé y seguí mi camino. Al pasar por al lado de la Iglesia las campanas comenzaron a sonar, eran las 19:47, no veía motivo para que sonasen, y creo que hoy no es ningún día especial, así que me extrañé, mi incultura religiosa me corroe.

Ya cerca de casa me crucé con mi prima, su marido y el hijo de ambos. Mi primo (el hijo) Héctor ni se percató de mi presencia hasta k le acaricié la barbilla, entonces me miró, se quedó pensando dos segundos y entonces comenzó a reírse: “A este le conozco yo! Es el que me hace reír y juega conmigo... Sí! Es él!” esto es lo que yo creo que debió pensar en los dos segundos de duda. “Ya camina” me dijo mi prima, entonces yo lo miré y se volvió a reír... por alguna extraña razón caigo bien a los niños pequeños, cosa que no me disgusta. Después de una breve conversación con mi prima y su marido seguí mi camino. Llegué a casa, me quité los zapatos, me puse las zapatillas y me senté delante del ordenador... que hice después ya lo sabes (aclaración: escribir esto que acabas de leer).

 

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