La escasa actualización de
este blog, que cuatro años después de su
creación no ha conseguido el objetivo que buscaba, se debe a que sólo
publico los escritos que no forman parte de mi novela en curso. Y estos
se reducen al guión y artículos anuales para el concurso que no dejo de
ganar año tras año porque necesito dinero para irme a Barcelona a ver
algún concierto de la vieja gloria de turno y hacer turismo por una
ciudad que me atrae tanto.
Pero no era esto lo que quería decir.
En realidad, los guiones teatrales que tanto ganan no hacen sino
demostrar mi absoluto desconocimiento del mundo del teatro y el menor
interés por solucionarlo. No son más que adaptaciones a dicho formato
de historias que pasan por mi mente con mucho componente de martirio,
confesión y ficción autobiográfica. Y sobre todo, como me gustaría que
fueran las cosas, exageradas, antiguas, atemporales, vistosas, oscuras,
decadentes... como ya he dicho, ficción. La defensa de su existencia y
la lucha por expandirla es el motivo por el que escribo, y escribo por
ansiedad.
Queda mejor llamarlo angustia existencial, y es
verdad. Hay mil razones por las que uno escribe, y todas son válidas.
Pero la angustia existencial la sentimos todos. Las demás (rabia,
frustración, deseo, necesidad de contacto, necesidad de compasión,
búsqueda, sensación de pérdida, sueños, mostrar admiración, dedicar
cariño, recordar, superar, criticar, declarar la guerra, crear
afinidad, egocentrismo, ansia de éxito, desahogos, hacer dinero, amor),
todas se reducen a la propia expresión, y el objetivo final no es otro
que la comprensión mutua con otras personas. No hay tal cosa de mayor
importancia que esa en el mundo.
Nos expresamos para conectarnos
con otras personas y sufrimos porque no lo conseguimos, o porque no
agradamos a las personas que deseamos y agradamos a las que no
deseamos. Y nunca es suficiente, o no lo es por el tiempo necesario.
Ese es el motivo de todo. Por eso nos abrimos blogs y escribimos lo que
llevamos dentro, o lo que creemos que nos va a dar la mejor imagen para
conocer a las personas -esperemos- más afines a nosotros o a como nos
gustaría ser. Pero eso tampoco funciona, porque la afinidad inicial no
pasa de ahí. En la vida real y aquí, estamos condenados a no encontrar
a quien idealizamos e idealizar a quien encontremos que nos acepte,
porque es mejor que nada. Conformarse y pensar que es lo mejor de lo
que había. No. Es lo mejor a lo que podemos aspirar.
Y al final,
da lo mismo. Nadie puede calmar esa angustia ni impedirnos volver a la
ficción como refugio contra el mundo real, porque eso es lo que es. Una
evasión en la que nos llenamos la cabeza con cosas como justicia,
intriga y relaciones como mayores problemas para evitarnos hacer frente
ahí fuera a la necesidad de progresar en la vida, tener un coche, un
trabajo, una posición social y demás Maslows. Porque aquí duele menos
hundirse.
Me gustaría pensar que alguien interesante va a leer esto y por querer saber más de mí va a visitar
mi novela en construcción. Por
mucho que lo repita no va a hacerme mejor. No soy, en terminos reales,
estadísticos y objetivos, más merecedor de atención por estar
escribiendo una. La mayoría de la gente que lo hace en serio lo
menciona mucho menos y le dedica mucho más tiempo, porque no tienen esa
necesidad de atención que yo siento. Y esa necesidad de atención es lo
que repele a las personas que me interesan. Y además, la novela no es
demasiado brillante. Sólo hay destellos ocasionales. Pero vivo para
escribirla y el puerto sigue al lado del mar.
Esta incapacidad
de influir agota. Pese a ello, creo que una obra de ficción ha cumplido
con su cometido cuando personas que no tienen nada en común se reunen
en una terraza al sol con sus vasos y hablan de ella. Me gustaría
conseguir eso. Y que sea importante para alguien. Dará igual que no sea
a nadie de "mi lista fantasiosa de personas interesantes" (que no lo
será). Sólo por ello tendrá mi gratitud. Después de todo, gustar es lo
que perseguimos para saber que sienten por nosotros lo mismo que
nosotros sentimos por las cosas que nos gustan.
Y a mí me gustan
muchas cosas. Escribir, el mar, las canciones de piratas, los bosques y
montes, las catedrales, la mayoría de las ciudades, los trenes, algunas
de mis amigas, los capítulos buenos de los Simpson, el cine de Akira
Kurosawa, las callejuelas ancladas en otro tiempo, los sueños, las
buenas amistades, el orujo de la sierra, el badminton, la buena música,
las cabañas nevadas con chimenea encendida, cualquier tipo de buen
cómic, Catalunya, Euskadi, Castilla, Andalucía, Cantabria, Plymouth,
las series de HBO, la gente que va sola a los conciertos, los
videojuegos con historia como el primer Mafia, la cerveza, las
tormentas y este blog.
2 Comentarios:
Bueno tu sigue la filosofía
10 de Septiembre de 2010 • 01:29 — Indhira GH11Totalmente de acuerdo con
10 de Septiembre de 2010 • 02:44 — tidus 7