El Rincón del Cuentacuentos
Decía alguien que narramos historias de héroes para recordarnos que también nosotros podemos serlo. En este blog vamos a hacer eso mismo.
Bueno, sin que sirva de precedente dado que sino os malacostumbráis, y para satisfacer la primera petición que hemos recibido en el Rincón del Cuentacuentos aquí os dejo este regalito.
La verdad es que es dificil narrar una historia sobre semejante obra maestra, como es ICO. No solo por el hecho de que tenga un final tan abierto, y dado a interpretaciones personales -es más, seguro que muchos habréis visto foros repletos de teorías sobre posibles argumentos.- sino también porque es complicado retratar en una historia corta, de tan solo 3 páginas, toda la ternura y ese carisma especial que demostraron en el juego ambos personajes.
El relato lo he desarrollado conforme a las conclusiones que saqué del juego y a algunas de las teorías más aceptadas sobre la relación entre ICO y el Shadow of the Colosus.
Sé que mucha gente discrepará y seguro que hay argumentos de sobra para demantelarla pero...tal y como explicó el creador del juego cuando le preguntaron sobre el final...
Tan solo es un sueño
Bienvenido a Casa
Estaba cansado, muy cansado. En esos momentos, en la soledad
y la calma de la playa, todo le parecía un sueño lejano. Pero el dolor era un
testigo mudo de la realidad de lo ocurrido. Sintió como las lágrimas acudían a
su rostro recordando a Yorda. Al final ella le había salvado a él. Se levantó
con cuidado. La arena, caldeada por el sol, invitaba a relajarse y los
reposados susurros de las olas acariciando la costa hacían que le entrase el
sueño. Todo el cansancio acumulado, todo el desgaste estaban cayendo a plomo
sobre él.
Despacio, como si estuviese dando sus primeros pasos, echó a
andar por la arena. Renqueante, dolorido, solo.
Apenas había andado unos minutos cuando algo le hizo despejarse
de sopetón. Al menos despertando a su estómago. Frente a él, en la tierra, había
varias sandías.
Miró en todas las direcciones y, convencido de que no había
nadie más, recogió una de las jugosas frutas.
Feliz con su captura continuó paseando, siempre con la
soberbia sandía bajo el brazo.
No había recorrido un gran trecho cuando escuchó algo cerca.
Parecía un lamento.
Moviéndose con sigilo se aproximó a la zona donde lo había
escuchado. Había una niña. De vestido claro y cabellos largos. La niña era….
La sandía cayó a la arena con un sonido sordo. La muchacha
se volvió hacia él. A pesar de que era mucho más joven tenía la certeza de que,
definitivamente, era ella. Tenía su misma mirada triste y agotada.
- No…tú…. –fue todo cuanto pudo
articular, sobrecogido como estaba. Tuvo ganas de llorar, de reír, de gritar… y
eso no habría representado ni una mínima parte de lo feliz que estaba por volver
a verla.
El mundo a su alrededor tembló con brusquedad, en un
violento vaivén que le hizo despertar. Muy a su pesar, volvió a ser consciente
de su situación. Se encontraba en la barca. Una barca que le alejaba inexorablemente
del desolado castillo. Al final había sido ella quien le había salvado. Cerró
los ojos con rabia y pena, sintiendo como las lágrimas corrían por sus
mejillas. Así, con los ojos cerrados, casi podía sentir el suave y cálido tacto
de su mano. Jugueteó con sus dedos, perdido en el recuerdo del contacto de su
fina piel. Le desgarraba el alma comprobar como, cuando se encontraba en
castillo su único deseo era escapar de allí, mientras que ahora que al fin había
escapado deseaba volver por encima de todas las cosas.
Los cuernos en su cabeza, el estigma con el que había
crecido, habían desaparecido. Podía volver al mundo y ser uno más. Pero no quería
volver así. No sin ella.
Arropado por un mar de lágrimas y de cansancio, mecido por
el continuo movimiento de la barca cayó dormido una vez mas.
Las años habían transcurrido en inexorable sucesión. El
sacerdote, a su lado, pronunciaba palabras de paz y amor mientras intentaba dar
esperanzas a los presentes. La vida de Ico había sido larga y apacible.
Habían pasado ya sesenta años desde que la barca le dejase
en la costa de una pequeña y humilde aldea. Allí empezó desde cero. Fue
adoptado por un hombre tranquilo y bueno que no había tenido descendencia y vivía
solo, por lo que trató a Ico como a un hijo. Este le enseñó a cazar, a valerse
por sí mismo y a ser una persona de provecho. Al tiempo el hombre falleció apaciblemente en su lecho.
Tal como hoy se preparaba Ico para recibir su final.
Por suerte su esposa y su hija, Yorda, hicieron que el dolor
fuese menor y que encontrase consuelo en las generaciones venideras disminuyendo
la pena por las pasadas.
Tal como a partir de hoy harían sus nietos.
Su esposa había fallecido años atrás, quedándose sólo en el
mundo. Había sido una mujer maravillosa y habían compartido muy buenos momentos
juntos. Sin embargo no era la poseedora de su corazón.
Nunca había olvidado a aquella dulce muchacha a la que le
debía la vida. Año tras año había visitado un templo cercano en el aniversario
de su llegada al pueblo para rezar y suplicar a los dioses que también ella hubiese
tenido una oportunidad de ser feliz, como había tenido él. Sólo podía desear
que así fuese.
En la aldea nadie conocía su pasado pues, aunque no habían
vuelto a nacer niños con cuernos en todo el mundo, el recuerdo de la maldición
estaba presente en la mente de todos.
Así pues nadie conocía su dolor, su inquietud. Nadie conocía
a la muchacha que moraba en su recuerdo. La chica con la que soñaba todas las
noches.
- Yorda… -llamó en un quedo
susurro. Su hija, creyendo que se refería a ella, se acercó y le cogió de la
mano- Yorda… -llamó otra vez, casi sin voz. Su hija depositó un dulce beso en
su mejilla, despidiéndose.
- Ve con ella…. –le dijo.
En silencio, rodeado de los suyos, Ico expiró.
Abrió los ojos. El sol caldeaba su cuerpo. Había sido un
largo viaje. La arena reflejaba la luz cegándole por momentos. Volvía a ser un
niño. Aquél niño que valientemente se enfrentó a su destino.
Estaba en la playa donde otrora una joven Yorda y él
compartieron una sandía.
- ¿Ya te has despertado? –preguntó
una voz femenina a sus espaldas. Ico sonrió complacido. Reconoció la voz. A
pesar de todos los años transcurridos la reconoció- Espero que hayas tenido un
buen viaje –añadió la chica sentándose a su lado. Volvía a ser más alta que él.
Los ojos del joven se humedecieron. Al fin comprendía lo que ella le decía. Al
fin podían comunicarse.
- Hola Yorda. Te he echado de
menos –comentó él mirándola. Sus ojos seguían teniendo una mirada triste pero
su rostro reflejaba paz.
- Yo a ti también –reconoció la
muchacha- Tendrás mucho que contarme, ¿no? –preguntó ella sonriente.
Ico asintió y tomó aire dispuesto a comenzar a relatarle sus
vivencias, pero cerró la boca y bajó la cabeza. Antes de nada había cosas que
necesitaba saber.
- Sigo sin
entender qué es lo que ocurrió –reconoció, dejando salir la inquietud que había
azotado su alma durante años- Sigo sin comprenderlo.
Yorda sonrió dulcemente y pasó su brazo por los hombros del
chico, haciendo que este se reclinase hacia un lado y apoyase la cabeza en su regazo.
Con la mirada perdida en el horizonte, Yorda comenzó a enredar sus dedos en el
cabello del chico.
- Hace muchos,
muchos años, un hombre loco de amor cometió un sacrilegio contra los dioses,
buscando la forma de devolver la vida a su amada. Estos, furiosos por semejante
afrenta, le convirtieron en un bebé. Un bebé con cuernos. Lanzaron esa maldición
sobre el mundo. Desde entonces comenzaron a nacer niños con cuernos. Esos niños
siempre eran recogidos a los doce años de edad, para ser llevados hasta el castillo
donde nos conocimos. Allí se convertían en sombras como aquellas contra las que
luchaste. Dicha maldición solo podía ser rota por aquellos a los que afectaba: los
niños con cuernos. Y fue entonces cuando apareciste tú, Ico. Tú al solo buscar la
libertad para ti y para una desconocida, te enfrentaste a tu destino y ganaste
el perdón para el mundo. Eso es lo que simboliza que perdieses tus cuernos
enfrentándote a mi madre.
Ico asintió. Había muchas cosas que no comprendía y que quería
saber, pero al menos ahora conocía parte de la historia.
- ¿Y tú? ¿Qué ha sido de ti todos
estos años? –se interesó mientras estudiaba el hermoso rostro de la chica..
- ¿Yo? Fallecí en el momento en
que se derrumbó el castillo –confesó mientras le sonreía dulcemente, sin dejar
de juguetear con su cabello.
Ico guardó silencio unos segundos, pensando en lo ocurrido.
- Lo lamento –se disculpó.
La chica esbozó otra sonrisa.
- Yo no. Gracias a ti pude al fin
conocer la paz. Además, estoy contenta porque fuiste mi primer amigo –reconoció
ella- Te he estado esperando todos estos años. En esta playa, nuestro sitio. Un
lugar donde nunca se pone el sol y donde estaremos siempre resguardados de las
tinieblas de nuestro pasado –añadió haciendo un gesto con las manos que
abarcaba todo a su alrededor. Ico la contempló en silencio. Observó todo a su
alrededor durante varios minutos.
- Bueno, ¿y ahora qué? –preguntó Ico
al fin, incómodo por un silencio tan prolongado. Yorda, acarició el rostro del
chico suavemente, mientras se inclinaba para acercar su rostro al de él.
- ¿Ahora? –preguntó ella mirándole
a los ojos. Apenas un par de dedos les separaban- Ahora, simplemente...
Bienvenido a Casa –añadió en el momento en que sus labios se encontraron en un
beso pospuesto durante años.
Decía alguien que narramos historias de héroes para recordarnos que también nosotros podemos serlo. En este blog vamos a hacer eso mismo.

4 Comentarios:
Chapó
11 de Marzo de 2008 • 23:01 — ChezTommyMe ha gustado mucho la historieta, la verdad es que hay infinitas teorías sobre el final de ambos juegos y su relación. Es lo bueno de estos juegos, que la imaginación vuela XD Qué ganas de ver el nuevo juego de Fumito y saber más de ese mundo que ha creado.
Por si te interesa, en mi blog tengo una entrada con unos artworks que enlazan Shadow of the Colossus con ICO, échale un vistazo.
Lo dicho, muy bueno.
P.D: Voy a actualizar precisamente mi entrada con un enlace a este texto, si no te importa
Genial! Muy bonito,
12 de Marzo de 2008 • 02:56 — MoskeetoGenial! Muy bonito, compañer@. No sé si esta idea es la cierta, supongo que no hay ninguna cierta ni falsa osea que, da igual. A mi me gusta. Desde luego, como nexo de unión entre ambos juegos, el origen de ICO que planteas me parece de lo más razonable. También es cierto que la chica de Shadow of the Colosus se parece mucho a Yorda, aunque creo que tu lo enfocas como personas distintas. En fin que me ha encantado, ha sido todo un detalle acceder a mi petición. Te quedo muy agradecido.
Y, por supuesto, la historia ha quedado preciosa.
Tommy: Ya conocía tu blog,
12 de Marzo de 2008 • 08:36 — Sai_zgzTommy: Ya conocía tu blog, hace 3 días estuve echando un vistazo a las imágenes. :P
Gracias por el comentario y por enlazar la historia tu blog.
Moskeeto: Me alegra que te haya gustado. Y comprenderás que tratándose de semejante obra, y siendo la primera petición...no podía dejarla sin atender :P
La verdad es que también yo tengo ganas de ver lo que nos deparará un posible nuevo juego. Además, en una entrevista "relativamente reciente" Fumito comentó que tenía ganas de crear un juego que sacase partido a todo el potencial de la nueva generación, así que...nos podemos preparar porque muy posiblemente en los próximos dos años nos llegue un bombazo por parte de este señor...y las teorías y posibles relaciones se duplicarán una vez más. XDD
P.D. Y es compañero. XDDD
Ok, compañero
12 de Marzo de 2008 • 14:03 — Moskeeto