Bueno...muchos querréis saber qué es lo que puedo ofreceros, y hasta donde llegan mis habilidades narrativas. También sé que muchos querréis empezar a criticarme desde ya.
Para todos vosotros dejo a vuestra disposición esta pequeña introducción. Es un relato corto, que surgió como idea para la historia personal de mi personaje en el Pirates of the Burning Sea. Espero que os guste, y sino...al menos eso significará que lo habéis leido, así que gracias de todas formas. Sin más os dejo con el relato. Recordad que la votación para la primera historia del Rincón del Cuentacuentos permanece abierta en el post de presentación.
El Violín Roto
Con un esfuerzo sobrehumano intentó grabar aquellas letras color oro en
su mente antes de que el continuo martilleo de dolor en su cabeza le
hiciese perder la consciencia. El Violín Roto. No podía olvidarlo. No
podía perdonarlo.
Resopló pesadamente, haciendo que la arena sobre la que apoyaba su sanguinolenta cara se retirase en diminutas olas.
¿Cómo había pasado eso? Intentando incorporarse, haciendo un esfuerzo
supino para alzarse sobre sus brazos pasó revista a toda su historia.
Su vida siempre había sido sencilla. Desde que su padre les
abandonase a su madre y a él siendo apenas un infante, no había
conocido más vida que aquella que le permitía tener el trabajo de sus
manos. Desde pequeño había vivido realizando las labores de un hombre
en el hogar, mientras escuchaba las lejanas historias de triunfo y
aventura que su madre le narraba en las frías y apacibles noches. Le
contaba como su padre se había hecho a la mar, en pos de un sueño. Uno
del que quizás no volviese pero que, sin duda, tenía suficiente peso
como para obligarle a dejar atrás a su familia.
En ese instante, mientras su vida se apagaba a la vez que teñía de
carmesí la arena a su alrededor pudo comprender como, dichas historias
no eran más que una falacia. Una forma de justificar un acto egoísta y
vil. No podía evitar pensar que tal vez, si él hubiese estado allí con
su familia, esto no habría ocurrido.
Tras sentir como las fuerzas le abandonaban y volvía a caer a peso
muerto sobre la arena, volvió la cabeza hacia el cruel espectáculo a
sus espaldas. Su hogar, su pueblo, su vida, desaparecía bajo el
hipnótico influjo de las llamas. Su madre, sus amigos,...todo había
desaparecido. Únicamente quedaban cenizas.
El Violín Roto había atracado en la costa una semana atrás. Aquél
era un pueblo diminuto en una pequeña y alejada isla al suroeste del Caribe. Vivían de la pesca y de los escasos frutos que la tierra les
suministraba.
El barco, aprovechando el profundo calado de la costa ancló para
realizar unas reparaciones de urgencia. Al parecer había tenido un
encontronazo con un par de navíos castellanos. A pesar de haberse
impuesto en dicho enfrentamiento, los daños eran lo suficientemente
importantes como para exigir unas reparaciones de urgencia. La cubierta
prácticamente destrozada, el mascaron de proa irreconocible, el timón
inutilizado, el mástil principal astillado hasta parecer que una simple
brizna de aire pudiese romperlo... A pesar de ser un galeón de
apariencia imponente sin duda no podría hacerse a la mar sin unos
remiendos de urgencia.
El capitán del Violín Roto era un hombre cruel y astuto llamado
Ricardo Vermesora. De cabello rubicundo y faz desaliñada andaba apoyado
sobre un bastón a raíz de una herida sufrida en la pierna cuando apenas
era un grumete. Sus vestimentas, al igual que la madera de su barco,
eran de color rojizo. Su bandera, una calavera dorada atravesada por un
bastón sobre un fondo carmesí atraía a su alrededor a una banda de
rufianes y maleantes de la más baja calaña.
El pueblo, sometido a la brutalidad pirata, había cedido su libertad,
sus alimentos, sus materias primas, su orgullo...todo en pos de la
supervivencia. Únicamente deseaban que se marchasen lo antes posible y
por ello trabajaban día y noche transportando el grano de sus campos y
talando sus árboles para conseguir madera.
Pero el pueblo, en su inocencia, no contó con un capricho del
destino. O más bien..un capricho del Capitán Vermesora. Dicho capricho
tenía un único nombre: Arlin. Ella era una hermosa chica del pueblo.
Una amiga de la infancia. De talle fino y sensual, con su delicado
cabello pelirrojo e hipnóticos ojos azules. Siempre había trabajado en
la taberna de sus padres. Vermesora pronto empezó a llamarla "Su Diosa
de la Victoria". Le realizaba insinuaciones impúdicas ofreciéndole un
lugar junto a él en su lecho. “¡La mujer de cabello rojo para el
capitán del barco rojo! “ decía.
El continuo rechazo de la muchacha había acabado prendiendo la
llamada de la rebelión. En el momento en que el cruel pirata parecía
dispuesto a disfrutar de su Diosa de la Victoria, tanto con como sin su
consentimiento, el pueblo se alzó contra sus opresores. Debía reconocer
que habían luchado como valientes. Y como tales habían caído aplastados
bajo el bastón y las armas de los hombres del infame capitán.
Sintiendo como la sangre hervía en sus venas, fruto de la rabia,
apretó los puños sobre la arena intentando encontrar un pequeño
desahogo. El pueblo había sido arrasado. Únicamente él, a quien habían
dado por muerto en los primeros lances de la lucha, había sobrevivido.
Arlin había sido raptada por Vermesora y se alejaba de su vida a la vez
que el Violín Roto se hacía a la mar.
Sintiendo como la bilis invadía su boca cerró los ojos desechando
las historias de aventuras y honor que le había narrado su madre de
pequeño.
“¿Y los piratas eran así? ¿Así obraban los hijos de la mar?” se decía mientras veía los restos incinerados de su pueblo.
Sin duda, la pregunta más lacerante que resonaba en su menta era "¿Y mi padre es así?"
Sintiendo como el olvido le tendía los brazos para acogerle en su seno
cerró los ojos para dejarse arrullar en la inconsciencia, mientras
pronunciaba un último juramento a los dioses prometiendo que
recuperaría a Arlin.
Tendido en la arena inconsciente, prácticamente desangrado, esperó pacientemente una respuesta.
2 Comentarios:
Muy bueno el relato, se nota
9 de Marzo de 2008 • 06:03 — MoskeetoGracias por tu tiempo. Me
9 de Marzo de 2008 • 17:35 — Sai_zgzGracias por tu tiempo. Me alegro de que te haya gustado.
Y lo de escribir..me temo que en esto nunca se deja de aprender pero seguiremos esforzándonos :P