La escotilla de Rox
La escotilla de Rox es el blog personal de Roberto García, redactor de MeriStation.com
Aficiones: informática, Juegos, meristation, programación
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¿Quién dijo que segundas partes eran malas? Aun recuerdo cuando Monkey Island 2: Lechuck’s Revenge
entró a mi casa en unos cuantos discos de 3.5. Siendo todavía pequeño-6
o 7 años- disfruté como el que más con esta nueva aventura de GuyBrush
ThreepWood, y es que tener a 3 diseñadores detrás como Gilbert, Schafer y Grossman
no es moco de pavo. Esta entrega es quizás la más especial de las
cuatro, para empezar se nos muestra un GuyBrush distinto, con un toque
más maduro (aunque en realidad sigue siendo el mismo inepto de
siempre), una excelente forma de narrar la historia y un final que nos
dejó a todos sin palabras.
Los hechos ocurren tiempo después de haber acabado con LeChuck en isla Mêlée, GuyBrush está colgado en un gigantesco agujero con un cofre del tesoro mientras una enfadada Elaine preguntándose cómo demonios habría acabado allí. Todo tenía su explicación con una larga historia que comienza en isla Scrabb con la búsqueda del tesoro Big Whoop. Aqui conocemos a un nuevo personaje que misteriosamente desapareció del resto de entregas: Largo LaGrande, un matón de poca monta y que fue mano derecha de LeChuck. Tras dejarnos claro quién manda en la isla, nuestra nueva misión es realizar un muñeco vudú para darle su lección. Para ello, volveremos a encontrarnos con un personaje recurrente en la serie: la señora del vudú. Resolviendo divertidos puzles conseguimos crear el muñeco y echar a Largo de la isla.
Con Largo fuera de escena podemos zarpar a dos nuevas islas: Phatt y Booty, para buscar los cuatro trozos del mapa que nos llevarán al ansiado tesoro Big Whoop. Podría entrar en detalles, pero restarían la sensación de magia que todos hemos tenido cuándo lo jugamos por primera vez. Además Lechuck’s Revenge tiene dos formas distintas de jugar: un modo ligero con puzles muy fáciles y un modo más completo con puzles más rebuscados y complejos.
La única pega que creo que se le puede achacar es la falta de batallas de insultos que posteriormente se recuperaron en la tercera entrega. La verdad es que no sé en que estarían pensando cuándo decidieron no usarlas, porque ya el juego sería a mi juicio de 10. Divertido, largo -aunque si sabes lo que hay que hacer en unas pocas horas te lo pasas- y lo que es más importante que a pesar de que los años pasen, la magia del juego perdura.
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