En una entrada anterior a este blog ya comente, de manera somera, la impresión que me había producido la última entrega de la saga Fallout, un juego entretenido, largo pero que en conjunto, sin dejar de considerarlo excelente o cuanto menos notable, me había producido una sensación agridulce. Frente a sus numerosas virtudes como pueden ser su gran duración, un mapeado extenso y el elaborado componente rolero, a lo que hay que sumar la libertad de elección que ofrecía en el desarrollo de su historia le contraponía unas localizaciones excesivamente pobres y poco trabajadas, cuya muestra más evidente y palpable son esos puntos en el mapeado compuestos únicamente por una casucha en los que apenas podemos encontrar como elemento más destacable un libro para aumentar nuestras habilidades, un coleccionable necesario para una misión principal (La leyenda de la estrella) amen de alguna arma especial. Además y aun reconociendo que la historia ofrece más posibilidades, ya que destaca sobre todo por relatarnos el choque entre dos sociedades radicalmente distintas surgidas más de doscientos años después del apocalipsis nuclear, su desarrollo acusaba de lo que en un juego de rol considero una pecado capital: no consiguió sumergirme ni cautivarme en ningún momento. Ni la historia principal me emocionaba en su desarrollo, ni las misiones secundarias me atrapaban ni sumergían en la historia: quizás echaba en falta el impresionante escenario de Washington D.C y su amplia variedad de escenarios y la sensación de estar jugando en un titulo que tenía una autentica ambientación post apocalíptica. Incluso cuando disfrutaba en algunas partes no conseguía sacarme del cuerpo la sensación de que, salvo determinados personajes principales (y estos nunca de la manera en la que me cautivaron en Fallout 3), todo me era algo anodino. Tampoco me ayudo el hecho de que los “bugs” de Fallout New Vegas me acabasen sacando de quicio de tal manera que me acabasen haciéndome recordar con nostalgia y casi cariño los de su antecesor. Pero no quiero extenderme en este apartado, todos los que disfrutamos de ambos títulos podríamos rellenar una entrada de blog (o dos, o tres…) con nuestras experiencias personales en ese sentido.
De todos modos no es un reanalisis lo que quiero realizar aquí. Estoy seguro de que los defensores de la superioridad de New Vegas sobre Fallout 3 podrían enumerarme múltiples razones para hacerme salir de mi supuesto error. Y tampoco tengo que esforzarme aquí para sacar algunas a la luz como puede ser una mayor fidelidad a las entregas originales, unos personajes secundarios más decisivos y con un mayor peso en la experiencia de juego además de la historia por ejemplo. Lo que pretendo hacer con esta entrada es un pequeño recorrido por las sucesivas descargas de contenido que he podido disfrutar.
La primera de las cuales es Dead Money. Es la primera de las cuatro expansiones que salió para Fallout New Vegas, Y posiblemente la que mejor sabor de boca me dejó. Como todas, no es excesivamente larga y peca de una falta de personajes en la historia que no sean los básicos, con los que interactuar (estoy hablando de secundarios). Dead Money nos lleva a un escenario que solo podremos visitar una vez, una ciudad fantasma bajo la sombra del casino Sierra Madre, en los que coaccionados por la sombra de un personaje que solo se menciona como un vago recuerdo en New Vegas, deberemos cumplir sus instrucciones o perder la vida si le desobedecemos o fracasamos. Si al comenzar Dead Money pensé que había cometido un error gastándome los Microsoft Points que adquirí para comprarlo al terminarlo esa sensación había desaparecido casi al completo. Es cierto que también sufre una alarmante falta de variedad en sus gráficos pero resultaba reconfortante comprobar que uno de los principales achaques que le atribuía y le atribuyo a New Vegas está corregido. Y todo ello manejando solo tres ingredientes principales: unos enemigos poco variados, pero misteriosos y agresivos, una ciudad con un clima (si lo podemos llamar así) hostil y en la que encontrar refugio seguro era difícil de lo que contribuía a crear una (paradójicamente) reconfortante sensación de inseguridad y unos personajes sobre los que, por una razón u otra, me interesaba conocer conocer más. Lo que me ayudo a concederle verosimilitud a la historia e incluso a perdonarle sin demasiada importancia los agujeros que quedaron sin explicar una vez terminada, aceptando las vagas sugerencias que pasaban por explicaciones dentro del juego (el origen de la niebla o la causa de la obsesión y demencia del elder por dos). En resumidas cuentas que la ambientación de Dead Money me cautivo, algo que todavía no puedo decir de New Vegas.Parte de las características principales que encontré en Dead Money se fueron repitiendo en las otras tres expansiones: unos escenarios más bien uniformes y algo monolíticos, pero no de una manera tan aguda como en el Sierra Madre y su ciudad (lo cual, al final redundaba en realzar la ambientación opresiva y hostil del entorno), una falta de secundarios excesivamente acusada y constantes referencias a otras personajes tanto en las expansiones como en la línea principal del juego(Ulysses, El Gran Vacio, el hombre quemado), que al final y visto con retrospectiva constituyen más bien pequeños cebos destinados a incitarnos adquirir las otras expansiones que piezas perfectamente encajables en cada una de ellas.
Aunque sí recuerdo bien Honest Hearts constituye la tercera expansión, fue la segunda que pude disfrutar. Con el trasfondo del primer gran conflicto entre la RNC y la Legión de fondo Honests Hearts nos traslada a un conflicto entre tribus del Yermo. Nuevas armas, recetas, lugares que visitar y una historia que a pesar de estar resuelta con eficacia podría haber dado mucho más de sí (y aquí se traslada la escasa pasión que nos transmite todo lo que vemos y experimentamos en New Vegas) nos esperan en los cañones de Zion. Tanto Honest Hearts, como Old World Blues (en bastante menor medida, luego comentare porque) y Lonesome Road juegan una carta que en mi caso, me resulta un poco desagradable: tratan de concentrar el impacto que nos producen sus historias y la sensación que nos dejan al final no en el desarrollo de las mismas, en los avatares y retos que sufrimos, algo pobres y un poco sosas tal y como se llevan a cabo, sino en un último dilema que tendremos que resolver. Si en Dead Money la moraleja sobre la codicia humana esta resuelta, al menos desde mi punto de vista, con bastante brillantez a (atención spoiler y de los gordos) obligarnos a huir dejando detrás un increíble tesoro, aquí la libertad de acción y elección de New Vegas queda limitada a nuestra decisión final, lo que, reconociendo que es más de lo que otros muchos títulos nos permiten, me resulta insuficiente, sobre todo comparándolo con la historia principal.
Old World Blues matiza todo los defectos antes descritos con una capa de hilaridad y bizarrismo en su historia principal digna de mención. Si en New Vegas, salvando lugares y momentos puntuales y algunos partes fundamentales del juego (los servibots de House) eche de menos más robots y androides por el Mojave aquí, una tecnología estrambótica y fuera de lo común (incluso más de lo que constituye el mundo de Fallout) nos ofrece alguno de los momentos más divertidos del juego y sus cuatro expansiones. Con algunos de los enemigos más duros y correosos lo mejor es disfrutarla sin prejuicios previos ni tomársela demasiado en serio. Trajes de sigilo que nos comentan sus pensamientos y la acción que esta transcurriendo con voz sexy y suave, armas automáticas que localizan al enemigo cuyo principal “chip” es un cerebro perruno y personajes tan estrambóticos que la única manera posible de tomárselos es a cachondeo puro y duro. Mención especial para las dependencias en la que nos alojamos y podemos descansar mientras estamos en Big Mountain.
Y tras estar leyendo, escuchando y hablando sobre él en New Vegas, Dead Money, Old World Blues y Honest Hearts, encontramos al que se configura como nuestro antagonista y (posible) némesis en Lonesome Road, el mensajero. No, no nosotros. El “otro” mensajero. Armas nuevas, varias localizaciones, algunos enemigos nuevos destacables…en fin…nada que no se haya comentado antes. ¿Mejor, peor, diferente? Hasta el momento y ya superada la historia principal Lonesome Road es el Dlc que menos he explotado. Solo hay dos personajes más con los que interactuar: el otro mensajero y una nueva versión de un viejo conocido. La nueva historia del personaje que ya conocemos previamente no me intereso demasiado y el otro mensajero… No tengo nada en contra de los personajes que se presentan como trascendentales pero este supera en todo momento el concepto de exceso en términos ya de por si poco equilibrados como son “pretencioso”, “cargante”, “pesado” “pedante” o por dejarlo de otra manera “brasas”. Supongo que es problema de cargar el peso de la historia solo sobre un personaje que acabe resultando antipatico, al menos para mí. Su presunto carisma lo identificaba más como presunción y sus motivaciones se presentan como rebuscadas y poco convincentes más alla de su lenguaje críptico y con menos sentido que un salmón desovando en una piscina.
He olvidado mencionar aquí uno de los aspectos de las expansiones de Fallout New Vegas que más agradable me resulto. Sea como consecuencia de los escasos personajes que tienen voz relatan los descargables o de la adecuada elección de voces en sí, no tenemos que sufrir el irregular doblaje que en determinados momentos nos presenta New Vegas propiamente dicho, con voces cansinas y que se repiten excesivamente una vez tras otra.
Si has continuado leyendo hasta aquí me veo en la inevitable y tópica obligación de tener que recomendarte o no su compra en el caso de haya conseguido transmitirte algún interés por estas historias comentándome la impresión que dejaron en mi ellas. Lo cierto es que ninguna de las mismas son imprescindibles para entender New Vegas ni aportan más de lo que ya lo hace la historia principal. ¿Te encanto el juego y tienes ganas de más sobre el Universo Fallout? Tampoco son una mala compra pero piensa en Dead Money, Old World Blues, Honests Hearts y Lonesome Road más como complementos que como apéndices de la historia principal. Son historias propias, relacionadas, pero que propiamente tampoco brillan con la fuerza que deberían, salvo quizás Dead Money y si te encanta el humor absurdo Old World Blues. Aportan, eso sí, en conjunto 20 niveles más para nuestro personaje (con un conjunto nuevo de extras ya desde el nivel 1) y una pila de recompensas que te facilitara en buena medida tus aventuras en el resto del Mojave, lo que constituye una tentación que a muchos les resultara irresistible y extienden en buena medida la duración del juego.
Gracias por tu lectura.