10 de Febrero de 2012
Ago
16

Relatos (muerte)

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Soy el ángel destructor que cubre de odio todo aquel minúsculo corazón oprimido por adversidades que el destino erige en su contra, a voluntad de mis propias reglas, actúo sin consentimiento ajeno.

No confíes en la existencia plena, ni intentes buscar la gloria, proponte luchar por aquello que ansías conseguir bajo todos los medios, y es que, no hay mayor gloria que perecer haciendo lo que mas deseas, mantén la cabeza firme y escapa renunciando a la maldad que impregna mi alma.

¿Cuánto poder reside en el alma de un hombre? Mas del que pueda manejar a su antojo, de eso no hay duda de ello, y si aún así algún infeliz se atreve si quiera a cuestionar mis actos, porque se cree digno de cometer tal osadía, juro que se someterá a mi yugo demoníaco, sin posibilidad a rendición, sin conceder pedón, sin compasión.

Fantasmas que atormentan al mas valiente de los guerreros, construidos con una base de heroicidad magna, sin miedo a la muerte, morirían por ser recordados en la eternidad, amén. Son recordados, mas cierto es que estos curiosos seres pueblan en toda la extensión de cualquier cementerio que uno pueda visitar.

La función que desempeñan los poderosos es ni mas ni menos que erradicar esa virtud propia de nuestra especie que paradójicamente nos hace inhumanos, los sentimientos, el odio, la tristeza… eliminados. Adiós a las guerras, a los enfrentamientos, adiós a aquello que nos hace únicos, al amor, a la felicidad…

Bienvenido sea el futuro mas esperanzador que jamás podríamos imaginar, un futuro perfecto, todos a un ritmo idéntico, al compás interminable de nuestros pasos compenetrados, un rebaño sin rencores, sin envidias, todos son iguales, un rebaño funcional, productivo, un rebaño inerte, pequeño engranaje en una máquina autómata engrasada con el trabajo de los sin corazón.

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Se dice que las pequeñas cosas conducen nuestras vidas y nos condicionan. Se dice que hay un suceso que nos cambia radicalmente. Se dice que solo los fuertes sobreviven. Ojala no hubiese dicho nada…

Levantarme por la mañana, cansado, tan cansado como siempre, perezoso rebuznante abro mis ojos lo que puedo, siempre me cuesta adaptarme a la claridad del día, ricos los cereales que como, desde pequeño mis preferidos. Ropas ya conocidas enfundan mi cuerpo. Mi hermano pequeño aparece por mi cuarto, cínico e histriónico irrumpe mi serena tranquilidad, yo haciendo referencia a su estatura, burlón intento que se vaya, poco después mi madre jurando improperios me ordena que el deshacer de mi habitación adquiera una ordenada lógica, desacertada respuesta solté propia de lo adormecido que me encontraba.

Curiosa y pequeña decisión tomé cuando descarte la opción de ir en coche ya que el sueño salvador hacía mella en mi cuerpo, mi madre acostumbrada y enojada también con mi padre se fue en el coche con mi hermano, yo me quedé sentado, con mirada hipnóticamente perdida, zigzagueante vagaba en la inopia intentando despejarme.

Un día cualquiera…

Siempre había pensado que mis palabras no tenían un gran efecto. No se me podría haber ocurrido que mis palabras hiciesen que mi hermano decidiese por su propia cuenta que ya era lo suficiente alto como para llevar la sillita, que mis palabras hicieron que mi madre cabreada no se fijase ni en mi hermano ni en el cinturón era algo también impensable, habrían mis desdichadas palabras ocasionado este trágico suceso, fruto de la innocua importancia de las que creía impregnaban mis acciones. Sinceramente solo me queda pie a decir que creo que las palabras mas halla del significado que le demos repercuten nuestro eco en la eternidad…

 

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2 Comentarios:

Vaya mal cuerpo me ha dejado

Vaya mal cuerpo me ha dejado este relato... no será autobiográfico, no? :S

Para nada, si me pasa algo

Para nada, si me pasa algo así pufff... a saber como estaría.

PD: Gracias por comentar :D