El Saloncito
El Saloncito, donde se disfrutan los videojuegos
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Hoy estoy indignado. Bueno no es verdad, llevo indignado hace años pero me he dado cuenta que es que tenia porque estarlo.
Siempre estamos escuchando que en España hay mucha piratería, que aquí no compra juegos nadie, etc. Ojo no estoy a favor de la piratería, más bien en contra, pero no voy a hablar de los que copian juegos si no de quien los venden.
Aquí en España hay metidos piratas también en la industria.No sé si son las desarrolladoras, las distribuidoras, las tiendas o quien sea, me da igual, pero alguno está haciendo que comprar juegos en este país te cueste un huevo y la yema del otro. En fin, me enciendo.
Mirar, ahora tenemos la oportunidad de ver los precios que nos piden en otros países por el mismo juego que nos venden aquí.
Es de risa. Os comento: La semana pasada compre en UK, por internet, Bayonetta por 20 euros. Vete a comprarlo aquí…… Y me pregunto ¿Qué diferencia puede haber? ¿Allí en UK no hay gastos de distribución?, ¿no imprimen manuales?, ¿no hay localización?. No señor lo que no hay son “jetas”. ….esperar que voy a vomitar……..
Ay, ya he vuelto…….
A mi me da igual que la caja y el manual estén en inglés si me ahorro más del 60% del precio. Incluso pensándolo bien hasta puede que termine aprendiendo el idioma de Shakespeare.

Todo el mundo parecía conocer este juego. Todo el mundo menos yo.
En mi época machaca botones de PS2, algo había oído a un parde amiguetes sobre un juego “muy bonito” en el que se pintaba o algo así. Por supuesto, con los juegazos de ese momento ( Metal Gears y cosas por el estilo), no podía ni pensar tan siquiera un momento en un juego que me pusiera a hacer dibujitos en pantalla.
Pero amigos resulta que estoy en otra época más sosegada. En esa en la que intento jugar a menos juegos pero de más calidad. Hay menos tiempo y hay que elegir bien.
Fue entonces cuando un compañero de trabajo me ofreció dejarme ese juego del lobito que tenía que pintar. Se lo acepte, sin mucho interés, claro está. Incluso tarde en probarlo.
Decido jugar. Tenía sensaciones contradictorias. Por un lado me sorprendió la estética. Al principio me pareció demasiado “Japo”, pero con el paso de las horas llegué a verlo bonito (como decían mis antiguos amiguetes), y al final, al terminar el juego, me ha parecido hasta una obra de arte. Como si estuvieras viendo un cuadro en movimiento.
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