19 de Mayo de 2013
Feb
7

Nuevo relato: Obsesion/ Prologo,capitulo 1 y Capitulo 2 a medias

Aqui os dejo el principio de un nuevo relato.Lo he llamado obsesion (si,es algo topico,pero mientras se me ocurre algun otro nombre,dejare ese). Aunque al principio pueda parecer una historia de amor, ya vereis porque toma el titulo de Obsesion. Más bien,yo diria que tengo planteado que sea de intriga.
Aunque esto es mucho decir. Tengo la historia y los personajes aun muy verdes, y el estilo y los dialogos no estan perfeccionados,pero me gustaria poner aqui lo poco que llevo para ver la aceptacion que va teniendo,y si la idea va gustando quizas continue.
Espero que seais muy criticos, porque eso significa que puede mejorar y no es un caso perdido.

 

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Prologó: “Ambos”

 

-Ya eres mayorcito para esto- se decía a sí mismo a la vez que tragaba saliva que le impedía hablar  con normalidad- ya no tienes quince años.
Pero no podía evitarlo. Miró la luz que se había encendido sobre su mesa de noche, una luz intensa que le dañaba los ojos y bañaba la habitación a oscuras a esas horas de la madrugada.
-¡Vamos, vamos! ¡que tienes una reputación, hombre!
Pero no lograba convencerse a sí mismo. Sus amigos (los pocos que tenía) y compañeros de trabajo  le llamaban “el soltero eterno” o “el anti celestino”, pues siempre que podía dejaba patente su repudio hacia las relaciones de pareja. Se burlaba de sus amigos que tenían pareja (o mejor dicho, el que tenía pareja)
A pesar de su juventud, ya había saboreado lo que es sentir celos, envidia y la traición. Y aun así, estaba nervioso.
La luz empezó a moverse en pequeños espasmos sobre la mesita de noche, acompañado de un ruido como el zumbido de las alas de un mosquito. Le estaban llamando al móvil, y aunque no había mirado de quien es la llamada, él lo sabía de sobra.

-Es ella… A estas horas solo puede ser ella.- lo sabía muy bien. Él le había pedido que le llamara. Dos vibraciones más, y la llamada se cortaría- tenemos que responder ¿no?
“Que remedio”. Solo una vibración más.
Cogió el teléfono, se lo colocó en el oído derecho mientras se incorporaba en la cama y presiono el botón de aceptar la llamada.
Durante un segundo que duró lo que a él le pareció una maravillosa eternidad, sus respiraciones se sincronizaron a través del móvil.
-¿Si? ¿Quién coño es a estas horas?-  intento decir con el tono más indiferente que a esas horas podía permitirse
-Sabes de sobra quien soy, tú mismo me pediste que te llamara. Además, mi nombre sale en la pantalla.
La luz del móvil ilumino una sonrisa en su rosto, pero no ilumino sus ojos de tristeza. Su voz sonaba tan dulce como la primera vez que hablaron, y a la vez tan cortante y rotundo como siempre.
-Ah… cierto, lo había olvidado. ¿Soy un tío ocupado sabes? Tengo muchas responsabilidades y olvido cosas.
-Revisar el porno que se acumula en internet no se considera responsabilidad.
- Mi mano derecha no opina lo mismo.
-¿Te refieres a Moris, o realmente a tu mano derecha?
-A ambos.- Estaba seguro que esta vez era ella la que sonreía.
Él adoraba esos silencios, en los que tras un comentario sarcástico por parte de uno de los dos, ambos se quedaban callados y se miraban mutuamente. En los ojos de ella, brillaba el placer. Placer de silenciar a una persona de su nivel intelectual con una palabra, placer de saber que hablando con él estaba haciendo algo malo, placer de comprobar que ambos eran iguales. En los ojos de él, deseo. Deseo porque ella representaba el fruto prohibido, deseo que anhelaba y que a la vez sabía que provocaría su destrucción, como si ella se tratara del Sol y el no fuera más que un pobre mortal deseando alas de cera que se derretirían al acercarse a ella.
 -En fin querido- dijo ella para retomar la conversación- a que venía ese interés de que te llamara justo cuando terminara la fiesta. ¿No podía esperar a mañana?
Era sábado por la noche, bien entrada la madrugada. A ambos les habían invitado a una fiesta de amigos, aunque sabía que a él lo habían invitado por compromiso más que por el placer que suponía su compañía.
-Claro que podía esperar, pero quería ver hasta dónde llega mi poder sobre ti.
-El único poder que tienes sobre mi es el de incordiar.-rió ella.
-Muy divertido… ¿Cómo le has visto?-preguntó él directamente.
-¿Cómo crees que está? Desubicado, no estaba a gusto. Se sentía fuera de lugar. Sus ojos no paraban de moverse por toda la habitación buscándola.
“Cretino” pensó él “le dije claramente que no era buena idea, que aun no estaba preparado”
-Aunque hay que reconocerle- prosiguió ella- que intento encajar. Se acerco a Irene y a Ruth, tratando de empezar una conversación, pero en cuanto llegó a donde estaban se quedo en blanco. Menos mal que lo vi y pude sacarle del apuro, sino, se habría meado encima allí mismo.
-Bien- dijo él. No le dio las gracias. No hacía falta darlas entre ellos.
-A las once se aburrió de estar dos horas de pie, y se fue.
-Está bien. Mañana a primera hora iré a su casa y trata…
De repente la voz de ella dio un gritito, farfullo algunas frase que él no llego a entender y tras varios segundos de sonido estático, su voz volvió a sonar.
-Tengo que colgar. Mi novio acaba para recogerme con el coche- “Su novio”… esas palabras lapidarias.
-Esta bien, no pasa nada, ya hablaremos- él sabía que no hablarían.
-Adiós- termino de decir casi en un susurro.
-¡Cris! ¡Espera!-gritó antes de que el de dedo de ella pulsará el botón de colgar.
-¿Qué? ¿Qué pasa?- le respondió, sobresaltada.
Ambos sabían que era. Era su modo de despedirse.
-¿Que llevas puesto?
Exactamente las palabras que ella deseaba oír. Sonrieron ambos. Él lo sabía. Ella lo sabía. Aunque  estuvieran a kilómetros, en plena noche y a oscuras. Ambos lo sabían.
-Hasta mañana Marc-en sus ojos, placer.
-Hasta mañana Cris- en sus ojos, deseo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Capitulo 1: Sentimientos

 

Los sentimientos, ¿qué decir de ellos? Y sobre todo el amor, ese asqueroso sentimiento de atracción que en el fondo no es más que química disimulada con cariño y algo de ayuda de las películas románticas de Hollywood. En cierto modo, el amor es como las arenas movedizas. Si en tu camino se cruzaras un foso de arenas movedizas, podrías esquivarlo. Sabes que podrías esquivarlo, pero piensas: ¡bah, seguro que no será para tanto! Podre pasarlo antes de que me llegue a las rodillas, o incluso podre saltarlo.
Pero que equivocados estamos. Intentamos pasarlo, aun sabiendo que muy probablemente nos arrepentiremos, que estamos dando un mal paso y una mala decisión. Y entonces, antes de darnos cuenta, ya estamos hasta el cuello de arena. Y los sentimientos, el amor, igual que las arenas movedizas, cuanto más se luche contra ellos mas atrapados estaremos.
¿Por qué? Yo que me vanagloriaba de ser el hombre de hielo, sin sentimientos.
¿Por qué de entre todas las mujeres que conozco he ido a enamorarme de la ya tiene pareja?
Richard… Ese odioso culturista. Mucho musculo, poco cerebro. Son sin duda su tipo: hombres de mente débil que se sometan a su voluntad, y de cuerpo fuertes que le den vida en la cama.
Estoy luchando contra arenas movedizas. Y voy perdiendo.
                                                                                                                           Diario de Marc. 7-10-10
Marc dejo el lápiz sobre la mesa, y releyó lo que había escrito en su diario.
El psicólogo le había recomendado que plasmara sus pensamientos en un papel, para que él fuera consciente de la evolución que su psique iba presentado tras releer días anteriores.
Su método de escritura era burdo. No se consideraba un buen escritor aunque le gustaba leer, pero por gustarte la comida no significa que seas un buen cocinero.
Una de sus ilusiones era escribir un libro, una historia que fuera reflejo de su vida pasada y  que sirviera como su legado a las futuras generaciones. Al fin y al cabo, en esto consiste todo, en dejar un legado, algo que deje patente nuestra existencia y que nuestra paso por la Tierra ha sido algo más que ser unos parasito de los escasos recursos que disponemos. Eso es lo único que queda una vez desaparecemos, la esperanza de que en el futuro seamos recordados.
Marc miro con tristeza su diario.
“ Si las futuras generaciones leyeran esto pensaran que estoy loco”
Hojeo el diario y paro en una página al azar. El psicólogo le recomendó que releyera páginas anteriores para comprobar si sus pensamientos han cambiado desde que lo escribió. Se aseguro de que no fueran las primeras páginas… aun no estaba listo para recordar esas.
Se coloco bien las gafas, y comenzó a leer:

Moris ha comenzado a salir con esa chica rara, la de su facultad: Estela. Recuerdo la primera vez que la vi: fina como un junco, y con el pelo rubio y rizado como ondas de un torrente de oro. Sus ojos eran castaños, y su nariz aguileña y señorial. Tenía aspecto de chica seria, pero en cuanto hablamos comprobé que era divertida. Pero Dios Santo, odio su voz.
Su voz es similar al ruido que produce una rata en una batidora llena de clavos, y su risa hace que los gritos de un cerdo en el matadero parezcan canticos de ángel.
Advertí a Moris que no se dejara llevar por los sentimientos. Le solté mi discurso de la libertad, las cadenas que supone tener una pareja, el poco tiempo que le quedaría para disfrutar con los amigos, si la mitad se lo tiene que dedicar a su nueva pareja y a los estudios.
¡Ag.!... sus estudios. Estudiando Derecho igual que ella. Hacen una pareja asquerosamente perfecta.
Algunos dirían que esto que siento es envidia, pero sé perfectamente que esto es pena.
                                                                                                                 Diario de Marc. 7-10-09

Hace exactamente un año desde esta página, y claramente algo iba mal.
-¿Que te ha pasado colega? ¿Tu antes molabas?- se dijo a si mismo dándose unos golpes en el hombro a modo de consuelo. Luego rió para sí, pensando en los problemas que se metería si Moris leía esto.
En estas que cavilaba Marc, que sonó la alarma del móvil, marcando las once de la mañana, y la hora de salida.
Suspiro, releyó de nuevo lo que había escrito rápidamente y cerrando la tapa con suavidad lo guardo en el cajón de su escritorio.
Su hermano llegaba a trabajar a su casa a las doce de la mañana, después de terminar el turno de mañana en una gasolinera cerca de la salida a la autopista de la ciudad. No es que fuera el trabajo más emocionante del mundo, pero entre eso y la ayuda que Marc le mandaba le permitía vivir dignamente en un piso de alquiler junto a compañeros de estudio.

Marc, levantándose de la silla, se dirigió hacia su armario, y abriendo la puerta se miro al espejo que tenia acoplado en la puerta. Miro a los ojos a su gemelo de cristal, y sonrió.
-Estas hecho una pena…
Marc trabajaba en la policía local de su ciudad. No solo se dedicaban a poner multas como creían, cosa que le recordaban muy amablemente los ciudadanos día tras día. También se dedicaban a la protección de mujeres que sufrían malos tratos, protección de cargos públicos, vigilancia de seguridad en términos de robos, trapicheos de drogas, peleas, tráfico… El estaba dentro de la unidad de intervención nocturna, que trabajaba codo con codo cada noche con la policía nacional, cada uno en sus respectivos ámbitos de sus funciones. Llevaba ya dos años, y en esos años de trabajos nocturnos, su cuerpo se había resentido. A pesar de tener poco más de veintiocho años, mostraba unas ojeras y arrugas en su cara más propia de alguien del doble de su edad. Su pelo, ya de por si canoso, se había vuelto casi prácticamente blanco aunque se negaba a teñirse el pelo de castaño, su color natural.
Sus ojos marrones le devolvían una mirada vacía y sin vida, con los parpados caídos.
-Falta de sueño… me vendrían bien dos o tres semanas seguidas de sueño para recuperarme.
Aun con eso, se sentía orgulloso de su cuerpo. Tras años preparándose para las pruebas físicas de las oposiciones, su cuerpo había conseguido tener una forma atlética y fibrosa. No es que fuera una masa de músculos como Richard, pero estaba en forma, y había sido el primero de su promoción en las pruebas físicas. Las pruebas psicotécnicas ya es un caso aparte.

Se puso la ropa meticulosamente, era un hombre muy meticuloso para el tema de la ropa. Recordaba la conversación que tuvo con su amigo Brian, una de las veces que pudo hablar con él antes de emborracharse:
“La ropa nos define amigo.-explicaba Marc- Si ves entrar ahora por esas puertas a un hombre vestido con ropas malolientes y desaliñadas, no pensaras precisamente que sea el presidente, ¿cierto? Si quieres que te traten por lo que realmente eres, vístete acorde a tu status. Y por supuesto, sucede al contrario, si quieres engañar a la gente y aparentar algo que no eres…
-Lo he pillado Marc, lo he pillado.
-Estúpido borracho.-contesto Marc agriamente.
-Eso no me lo dices en la calle.-gritó Brian levantándose de la silla y tirándolo. Se hizo el silencio en el bar y todo el mundo se quedo mirándoles.
-Soy policía, ¿recuerdas?
-Por eso.
Ambos se rieron a carcajadas y hasta la gente del bar que se había quedado mirándolo se reían”

Se puso unos pantalones vaqueros prácticamente nuevos, un jersey de cuello vuelto verde y encima una chaqueta marrón clara. Se miro una última vez al espejo, comprobando que estaba a punto para salir. No era muy guapo, pero era atractivo. Su figura era atlética, y las arrugas y las canas le daban aspecto de hombre más mayor de lo que en realidad era.
-Pero al parecer, no soy suficiente para Cris.
Antes de salir, le escribió un correo electrónico preguntándole por cómo le fue a ella la fiesta y qué tal le parecería salir a tomar algo este fin de semana. No le contestaría, era demasiado orgullosa para contestar, pero sabía que estaría en el lugar y la hora que le dijera.
Se pregunto una última vez si alguna vez le había visto como algo más que un amigo, como un espejo en el que veía su personalidad reflejada y que además servía para poner celoso a su novio y divertirse a su costa. Cris era sin duda especial, cuando estaba con ella, le hacía sentirse el hombre más especial y único de su mundo, un mundo que se había cerrado a su alrededor y del que no le preocupan ni la economía, ni las guerras ni el precio del combustible. Solo le preocupaba ella. Pero cuando se daba la vuelta y se marchaba, su mundo se hacía añicos y se convertía en sombras. Sombras que danzaban frente a él, imitando los movimientos de Cris, la melena de Cris, incluso las curvas de Cris. Sombras que le recordaban que ella ya no pertenecía a su mundo. Y tampoco es que ella hiciera nada por demostrarle lo contrario, ya que nunca le llamaba para preguntarle cómo se encontraba, ni era ella la que daba el primer paso a la hora de quedar. El mundo de Marc no existía sin Cris, pero sabía que tenía que sobreponerse a eso. No podía permitirse el lujo de necesitarla, porque no podía tenerla.
Sacudió su cabeza para librarse de esos pensamientos. Debía de estar cuerdo para tratar con su hermano, así que cogió sus llaves y su cartera y se encamino a la puerta.
Tras cerrar la puerta con llave, recordó que no había cogido su arma. Siempre la llevaba encima, aunque la ley le prohibía sacarla de la comisaria si estaba fuera de servicio.
“¿Para qué estaban las normas si no era para saltárselas?-se rió entre dientes-“menudo dogma para un policía”
Se dio la vuelta y se marchó. Hoy no le haría falta el arma. De hecho, nunca le había llegado a hacer falta el arma estando fuera de servicio, pero siempre la llevaba por si acaso. El había aprendido muchas formas de resolver situaciones conflictivas, y no todas ellas con contacto físico.
Bajo las escaleras de su piso, esquivando a la malhumorada limpiadora y a su fregona que esgrimía como una lanza en ristre. Era sin duda mucho peor que los malvados caballeros renegados que aparecían en sus libros: era una señora mayor, con más arrugas de las que le cabían en la cara, ojos que se confundían entre el mar de arrugas y pelo recogido en moño y atravesado por dos agujas de coser. Sin duda, Estrafalaria era un nombre apropiado para esa señora.
Cruzando el portal del edificio, una bocanada de aire frio le dio en la cara. A pesar de vivir en el sur y de que el frio llegaba más tarde que en el resto de del país, este año una masa de aire siberiano estaba haciendo al país atravesar uno de los inviernos más fríos de los que se recordaba.
Aunque era medio día, era domingo, así que había poca gente paseando por la calle y menos aun tráfico. Incluso a él se le estaban quitando las ganas de ir a ver a su hermano, pero ya estaba en la calle, y prefería enfrentarse al frio aire siberiano antes que a Estrafalaria.

En la acera le esperaba su Dama de hierro, quien nunca le había fallado, la primera chica que ronroneo entre sus piernas.
-Eres Special- le dijo Marc a su moto Yamaha Special. Le acarició el depósito, y noto el calor del motor cuando la encendió, dándole la bienvenida.
Una vez se puso el casco y los guantes, quitó la pata de cabra de un golpe con el talón de la pierna izquierda, apretó la maneta de embrago y metiendo primera comenzó a cabalgar.

A pesar de que hacía ya dos años que su hermano se había ido a vivir a un piso compartido de estudiantes, aun recuerda las indicaciones que le dio el primer día que fue a visitarlo:
“Recto durante tres calle. Luego dos a la derecha, cruza la carretera y prosigue por la vía principal. La tercera salida a la derecha, en el edificio rojo esta nuestro piso. 4ºB”
La primera vez que lo visitó fue vestido de uniforme policial, y los compañeros de piso de su hermano al abrirle la puerta se asustaron tanto que escondieron la marihuana que estaban fumando en los calzoncillos, comenzando a arder al poco rato.
Nunca había disfrutado tanto pateándole a alguien la entrepierna.

 

 

 

 

 

 

 

Capitulo 2: Responsabilidades

Jules, el hermano de Marc, era un estudiante de segundo curso de Medicina. Sus notas eran excepcionales, había recibido premios de la facultad a “El mejor estudiante del Año” y había recibido ofertas para irse a estudiar al extranjero. Pero él no quería irse, prefería quedarse cerca de su hermano Marc.
A decir verdad, Jules tenía un problema parecido al de su hermano. Ambos tenían serios problemas para relacionarse socialmente con el resto de su entorno, aunque por temas muy diferentes. Marc simplemente era un prepotente y egoísta manipulador que disfrutaba haciendo que la gente bailara al son de la música, o eso fue lo que le grito Estela, la novia de Moris. Marc siempre que leía ese día en su diario se reía a carcajadas.
No le hizo tanta gracia cuando esas palabras salieron de los labios de Cris
-“Marc, eres una persona fría, cortante y borde. Te escudas en que no quieres tener relaciones hasta que no tengas tu vida establecida, por la sencilla razón de que nunca te has enamorado. Y después vas de tío pasota y sientes y padeces como todos los demás pero te va el rollo bohemio solitario.
Jules, sin embargo, era más inocente y trataba de encajar en el entorno. Su problema principal y único es que sentía fobia a estar en presencia de mujeres.
Y no es que no haya luchado contra ello, de hecho, a tratado de seguir un tratamiento evolutivo cuando tenía doce años y empezó a mostrar síntomas de su fobia. El tratamiento consistía en ir acostumbrando al chico a la presencia de una mujer, pasando desde lo visual, hasta lo físico. Al principio le presentaron la foto de una chica de su edad, muy guapa, con unos ojos verdes y el cabello pelirrojo corto, enmarcado en una cara redonda adornada por tímidas pecas alrededor de la nariz. Cuando se acostumbro a la idea de conocer a la chica, empezó a hablar con ella por teléfono. Aunque su primera reacción fue de bloqueo, poco a poco comenzó a hablar con ella, conversando sobre todo: desde las clases y los amigos que tenían, hasta de sus emociones al ver una película de terror. Tras varias semanas, finalmente el Jules aceptó verse cara a cara con la chica.
Pero la situación no fue como todos esperaban.
En la sala se encontraban Jules, Marc que tendría entonces dieciséis años, sus padres y el doctor. La sala era bicameral: es decir, estaba dividida en dos por una puerta en medio.  Cuando abrieron la puerta  para que se conocieran y ambos se encontraron cara a cara la reacción de Jules fue bloquearse.
Una reacción normal, cuando la chica que tienes a solo veinte pasos rompe a llorar, a gritar, se orina encima, te sacude un guantazo y sale corriendo.
Tras perseguir a la niña por toda la clínica y tranquilizarla, finalmente el psicólogo se explico con las familias. Ambos sujetos presentaban la misma fobia a la presencia de los miembros del sexo opuesto, y al tratar de que ambos se conocieran para superar su fobia, la chica ha reaccionado negativamente al tratamiento.
Por supuesto, la fobia de Jules no hizo sino agravarse, aunque con el paso del año había progresado mucho en la tolerancia de su fobia. Aceptaba la presencia de las mujeres, siempre y cuando no intentaran hablar con él.

 

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