3 de Diciembre de 2008
Mar
25

Amanece que no es poco...

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Tengo una amiga, a la que quiero un montón aunque estemos peleados un día sí un día no, que odia los lunes. Les tiene una tirria mortal. Pase lo que pase, aunque sea algo bueno, tiene su carga negativa por haber ocurrido en lunes. Y claro, si pasa algo malo, que suele hacerlo, es algo gordo o que en parte, condiciona la semana. Si ya jode tener que levantarse para volver a levantar el país, peor es hacerlo con mal pie...

Y mira que tenía ganas de que llegase por fin hoy para así dar por concluida la Semana Santa y que volviese la normalidad. Pero la maldita festividad del diablo tenía que dejar sus secuelas, aún habiendo pasado ya 24 horas desde que encerraran por fin al último trono. Como cada mañana, a las 8:25 con la hora pegada al culo para no perder la costumbre, me enfundaba mi casco quitamultas y me montaba en mi flamante moto (o ciclomotor mejor dicho, que desgraciaco soy...) para ir al instituto. No obstante, se podía respirar un ambiente enrarecido. No había hecho más que subir la rampa del garaje y ya notaba en mis propias carnes que algo extraño sucedía. Era como si presintiera que nada bueno me aguardaba.

De todas formas, no había tiempo para tomar precauciones ni bajar el ritmo. Tenía que hacer 10 kilómetros en menos de 4 minutos, o lo que es lo mismo, superar 7 semáforos, así que más me valía correr como un condenado. Lástima. Un viscoso y pegadizo enemigo me lo iba a impedir: la cera. Esa que soltaron en cantidades masivas días atrás las malditas procesiones. Me habían avisado de su peligro, pero yo más chulo que un ocho (y más gilipollas, todo hay que decirlo) hice caso omiso y ahí que iba, sin miedo alguno. No tardaría en llegar el primer susto. Primera curva, primer patinazo.

Y mira que apenas acababa de salir de la cochera, pero aún así, he visto pasar mi vida por delante. Ha sido notar que patinaba la moto y me he visto en el suelo estampado. Menos mal que, gracias a dios (quien lo iba a decir), sin quererlo he conseguido aguantar la moto y quedarme fijo, recto, como si no hubiera pasado nada. Tan cerca y a la vez tan lejos del suelo, que ironía. Acababa de vencer a la muerte, de evitar un accidente, era poco menos que un iluminado. Con los cojones de corbata, eso sí, pero feliz al fin y al cabo.

Aquello me sirvió para despertarme de golpe y para que me cerciorase de que tenía que frenar bastante si no quería matarme por culpa de la puta cera. Pero, desgraciadamente, la moto lo hizo por mí. De repente, en mitad de la carretera, iba quedándome relegado. Era el último en una fila de coches y veía como se me alejaban. Algo fallaba. La luz del cuentakilometros se apagaba progresivamente, el motor dejaba de hacer ruido casi sin llamar la atención... Y ahí me quedé. Plantado en mitad de la carretera. Me acaba de quedar tirado, y con la gasolina a tope. No me había matado segundos antes, pero igualmente me encontraba jodido. Ya decía yo que era lunes...

Para colmo, no podía pedirle a mis padres que me llevasen en coche al instituto, pues acababan de irse horas antes de viaje de trabajo. Así que me tocaba ir andando con la moto a rastras. Al menos, el taller me pillaba a mitad de camino del instituto, algo es algo. Parecía que, dentro de la oscuridad, algo de luz quedaba. Casi ni se veía la hija de puta, pero ahí estaba. Nada más lejos de la realidad: al llegar al taller, otro jarro de agua fría. Hasta las 9 y media no abrían. Y eso suponía perder dos clases. Ahí, empezando el trimestre con buen pie, como debe ser. Total, no me quedó más remedio que esperar en la puerta, con la mochila en la espalda, hasta que pasasen 20 minutos.

Tras contarle mil y una batallitas al mecánico y dejarle allí el bicho, por fin me iba al instituto. Ya sí, ya parecía que tras tanto sufrimiento y esta extensión imprevista de la Semana Santa, volvía la normalidad. Pero aún faltaba un último punto negro. Al llegar a clase, me encuentro con que todos los de mi aula se acababan de ir a audiovisuales a ver no sé que película. De todas formas, viendo todas las desdichas que llevaba en apenas 1 hora, esta era poco menos que un ligero cosquilleo.

Al menos, si de algo ha servido todo esto, ha sido para evitar pensar en la debacle del Madrid anoche y en lo jodido que está el bueno de Fernando Alonso con el R28. Ese sí que las va a pasar putas y no yo. Al fin y al cabo, sino hubiera estado a punto de matarme esta mañana, la entrada de hoy del blog la hubiera dedicado a hablar del partido de ayer y de la carrera, y hubiera sido uno de esos artículos que nadie visita por ser deportivos. El que no se consuela es porque no quiere...

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1 Comentario:

Colega, cosas como estas

Colega, cosas como estas demuestran porque sigo con tanto interés tu blog. No es por el marujeo ni el cotilleo, es por como cuentas las cosas. De como un día se puede torcer aún estando tu seguro de que no lo hará.

Bueno, por lo menos no te has partido la crisma en la moto, así que mejor que tengan que arreglarla a ella que a tí, y lo de la película, pues al menos no te has perdido una clase importante (Lo que te hubiese faltado, que hubiese llegado el típico sabihondo "Oye, que dimos hoy algo que cae en examen y no volverá a explicar...")

Así que, como dice el dicho "Podría haber sido peor"