Dudo mucho que a estas alturas alguien desconozca el estreno de la película más burra y salvaje que se ha hecho en mucho tiempo. No hablo de Asterix, no. Hablo de John Rambo. El mismo. El que ha comido cosas que harían vomitar una cabra. Una película como dios manda, de las de antes, con violencia a cascoporro, un malo malísimo y un "héroe" sin nada que perder.
Hacía ya bastante tiempo que no iba al cine a ver una película, y más aún a ver una buena, así que el fin de semana pasado con el estreno de John Rambo tocaba ya ir a dejarme los cuartos. Pero claro, no podían faltar los problemas: en este pueblo de mierda llamado Almuñécar (o Lolmuñécar), donde el cine es un teatro al que se le monta un proyector en medio de las butacas (verídico), las películas se estrenan con un retraso de 2-3 semanas. Así que o salía de aquí o me quedaba sin ver Rambo el finde de mi cumpleaños.
No preocuparsus. Había una solución fácil y perfecta. Ir a Málaga a ver la película, y así después poder quedar con mi novia y todo. Vamos, lo que se dice un día perfecto. Al cine iría con mi padre, fan de Stallone y de sus Rocky y Rambo, y luego cada uno tiraría por su lado. Pero claro, el plan empezó a torcerse cuando el muy simpático me dejó colgado por problemas de trabajo. Y todo apenas unos minutos de antes de salir para Málaga. Solo quedaba una opción descabellada: ir SOLO al cine.
No creais que fue una decisión fácil. Para nada. Ir solo al cine es como ir solo a jugar al fútbol. O como salir de fiesta solo. O como pasar la nochevieja solo. Y no por el hecho de ver la película solo (que es una gozada pues evitas los comentarios de tu típico colega que se cree graciosillo y es más pesao que matar un lobo a pellizcos), sino porque te enfrentas a las decenas de personas que hay en la sala, clavándote los ojos en la nuca y comentando "mira, ahí va uno solo al cine, seguro que no tiene amigos". De todas formas, merecía la pena ir por dos razones: una la película (obvio), y otra lo que venía después de la película. Así que nada, como el propio John Rambo, me armé de valor, recargué mi cartera, me equipé con mi móvil y cogí el autobús camino del Vialia de Málaga. Yo solo, con dos cojones.
Llegué con bastante tiempo de sobra, y como la estación está enfrente del centro comercial donde está el cine, pues me fui a darme una vuelta a ver tiendas y demás. Claro, ahí vino el primer golpe psicológico: todo el puto Vialia estaba lleno de grupitos de colegas y de parejas de novios. Y yo, en ese momento, solo. Si eres débil mentalmente lo lógico es que pienses "vete, estás haciendo el tonto". Pero no, aguanté, esta guerra tenía que ganarla.
La sesión a la que iba a ir era a las 16:20. Para evitar colas comprometederas y demás, a las cuatro en punto cogí y me fui a sacar las entradas (¿las? "la" querrás decir, puto solitario). No había ni un alma todavía en el cine, así que me fui a comprarme las palomitas con tranquilidad. Como no había almorzado aún, decidí pedirme el paquete de palomitas más grande y una Fanta de naranja también grande. Valiente gilipollez. Desde que tengo uso de razón (o bueno, desde que tengo memoria, porque razón poca...) no recuerdo haberme acabado nunca las palomitas del cine. Y mira que me gustan y que les tengo ganas, pero nada, siempre acaban por la mitad. Lo gracioso es que para colmo, el paquete de palomitas grande del Vialia es una bestialidad. Era casi más grande que yo el hijo de puta. Eso no había cojones de comérselo, parecía que iba con una bombona de butano entre los brazos.
Al entrar en la sala no esperaba encontrarme con nadie, pues faltaban 15 minutos todavía para el comienzo y lo normal es que no haya ni dios (o al menos, eso pensaba por mi experiencia en Lolmuñécar). Pero no, allí había tres chalados en la penúltima fila, los típicos frikis de pelo largo, barbita rara, gafas de culo de vaso y camisetas negras cutres. Al verme sólo hablaron de mí. Lo presentí. Más que nada porque me miraron fijamente y se dijeron entre ellos algo. Como no pude escucharles, exclamé entre dientes "vuestra puta madre". Por si acaso.
La entrada que me habían dado era para la primera fila. Justo debajo de la puta pantalla. Vamos, que no se ve una mierda. Pero claro, como la sala estaba vacía (salvo estos tres sujetos), y como no había ningún acomodador ni nada por el estilo, me tiré como 5 minutos calculando cual era la fila que estaba justo en el centro de la sala y en esa me puse (también en el asiento más centrado). A partir de entonces, empezó a llenarse aquello, hasta que a las y veinte comenzó el espectáculo.
De la película poco puedo decir. Para los que les guste el cine de acción de los 80 (como yo) es una gozada. No es una película con un argumento de estos psicodélicos que se hacen ahora, ni tiene moralidad alguna, ni siquiera tiene carga política. Es una recreación casi exacta de lo que está pasando en Birmania, con el único añadido de los misioneros y de Rambo, que se muestra mucho más realista y menos hollywoodiense que nunca. A mí por lo menos la película me dejó sin palabras y me encantó. Mereció la pena.
Ahora, una cosa os voy a decir. Es violenta como pocas
No es que haya mucha sangre o que haya alguna mutilación, no. Es que la película es una burrada total y absoluta. Desde el principio, con imágenes reales de las manifestaciones de los monjes, cadáveres destrozados de estos, otros tantos enterrados en la selva... hasta el genocidio que realizan en una aldea, matando a niños, violando mujeres y torturando hombres. La película no se corta ni un pelo. Recuerdo que a la mitad ya se habían ido un padre que había ido con su hijo (tendría no más de 12 años) y una mujer que no paraba de decir todo el rato "¡por dios!" hasta que no aguantó más.
En cuanto al experimento sociológico de ir solo al cine, pse, no estuvo mal del todo. Por suerte, la sala estaba llena de puretas que en gran parte también habían venido solos, así que no fui el único llanero solitario. Sin olvidarnos de John Rambo, otro que camina solo. Ya no quedan hombres así...
3 Comentarios:
lolazo
9 de Febrero de 2008 • 00:09 — rafman v4Buenísima la narración de
12 de Febrero de 2008 • 18:52 — LoganKellerBuenísima la narración de tu día, aquí otro que va al cine solano (Salvo cuando voy con mi novia a ver una de risa) y tengo mis razones para ir al resto solo.
1º Cuando vas con tus amigos nadie se pone de acuerdo para ver una, acabas entrando a una que no querías ver, sientes una conmoción en la fuerza y sabes que la película va a ser la mierda mas grande del mundo o por lo menos intentará conseguirlo, y los comentarios de los graciosos te joden lo poc de interesante que tenga la película. Cierto es que yo a veces hago alguno, pero muy de vez en cuando y rápido.
2º Yo solo elijo la película que quiero ver, entro y la disfruto. Solo me arrepiento de haber ido a ver AVP2, en mi opinión, la película mas mierda de la historia del cine, y una patada en los cojones a todo fan de Alien y Depredador (Entre los que me incluyo). Puedo afirmar sin miedo a equivocarme, que dirigida por Uwe Boll hubiese quedado mejor.
Muy buena entrada, NSM, yo iré en breve solano a ver John Rambo, concretamente, cuando se acaben los exámenes de la universidad
Saludos
Las historias para ir al cine son únicas
12 de Febrero de 2008 • 19:07 — RikkuInTheMiddley se puede hasta escribir un libro con ellas. A mi me ha pasado cada cosa yendo al cine, que tela también (me he topado hasta con esquizofrénicos, exhibicionistas,..., de todo tipo de fauna), y ¡eso yendo en compañia!
Así que la de Rambo está potable, pues a lo mejor la veo, aunque antes seguramente veré la de 30 días de oscuridad.