Han corrido ríos de tinta sobre el caso de Thomas Beatie,
la primera persona transexual en quedarse embarazada. Incluso Elena nos preguntaba nuestra opinión al respecto en su propio Blog.
Aunque imagino que esta entrada tendrá tan pocas lecturas como respuestas por habernos metido esta noticia hasta en la sopa y estar ya empachados, no puedo evitar
escribir una "pequeña" crítica a esta persona que todo lo quiere tener en
esta vida. Y eso, amigos míos, no puede ser.
Reconozco que cuando leí la noticia, atraída por un titular
tremendamente sensacionalista, lo respeté totalmente. Pensaba que lo
hacía movido por el amor a su pareja y un enorme deseo de ser padres.
Lo único que critiqué es que se vendiera ese embarazo como un embarazo
masculino, cuando en realidad esta persona conservaba sus órganos
reproductivos femeninos. “Cosas de la prensa, quieren vender periódicos”, pensé.
Pero es que según voy leyendo y salen entrevistas a esta pareja, me voy
molestando más sin poder (ni querer) evitarlo. Como tampoco puedo
evitar pensar cada vez más firmemente que el deseo de esta persona de
llevarle la contraria al mundo es mucho mayor que el de darle vida a un
hijo.
El punto álgido de mi crispación llega cuando Thomas se lanza a afirmar, palabras textuales, lo siguiente: "Comprendo
que mi situación puede ser sorprendente, pero es posible, y la gente
tiene que estar preparada para aceptarla porque el embarazo es sólo un
proceso y todo ser humano tiene derecho a decidir si quiere tener hijos
biológicos”. Y además reconoce sin ningún tipo de pudor que al iniciar su proceso de cambio se sexo conservó sus organos reproductivos “por si acaso necesitaba utilizarlos alguna vez”.
Pues va a ser que no, Thomas. No todos tenemos ese derecho, y no porque
no queramos, sino porque Biológicamente es imposible. No se puede (ni
se debe) jugar a ser Dios y cambiarlo todo a nuestro antojo.
Y aunque así fuera ¿Estarían los hombres realmente dispuestos a
jugar así con su cuerpo y arriesgarse a pasar por un embarazo con todo
lo que ello supone? Sinceramente, lo dudo mucho.
Nacer hombre o mujer te hace tener ciertas cualidades tanto
positivas como negativas en ambos casos. Muchos tienen la suerte de
poder cambiar aquello con lo que no están de acuerdo y eso supone
romper con algo que les supone un problema, un complejo. Entiendo que
un embarazo es la cumbre de toda diferencia biológica entre un hombre y
una mujer y en este caso se han sobrepasado esos límites.
Espero que no se me acuse de lo que no soy, porque en mi caso siempre
respeté aquellos que nacen en un cuerpo equivocado y deciden someterse
a un cambio de sexo. Sin embargo, o hay cosas que se escapan de mi
entendimiento o esta persona no tiene muy claro lo que
quiere ser.
La verdad es que me encataría conocer, además de la de los médicos que se desmarcaron del caso la opinión de este colectivo sobre el caso que nos ocupa.
Por otro lado, no quiero dejar de pensar que a esa criatura que
viene de camino le va a faltar cariño, pero quizás creo que un caso
como este debería haberse llevado con toda la discreción posible, ya
que no estamos preprados para aceptar casos como este.
Es cierto que actualmente es difícil llevar algo así en secreto a
causa del sensacionalismo reinante en todos los medios de comunicación,
pero el hecho de que fuera el propio Thomas fuera quien diese a conocer
su caso y vaya ofreciendo entrevistas por doquier, algunas de ellas
incluso en programas donde el rigor periodístico brilla por su ausencia
(prensa rosa y sucedáneos, vaya) hace que llegue a plantearme que este “señor”,
además de querer jugar con las leyes de la naturaleza, no tiene ningún
tipo de remordimiento al lucrarse de su situación.
Lo cierto es que desde lo más profundo de mi conciencia le deseo a esta pareja que todo
le vaya bien, pero no por ellos, sino por la pequeña que ya viene de
camino. Espero y anhelo que tanto la sociedad como sus padres no se lo
pongan más difícil de lo que ya lo tiene.