Entrada 1: Prólogo
23 de Septiembre de 2008 • 20:04 — N_Raist
Entrada 1:
Por fin me decido
a usar éste diario. No lo he hecho antes por desconfianza, es extraño
que lo posea, estando en prisión. Mis posesiones son muy limitadas;
solamente tengo una tosca taza de arcilla, que me llenan de agua de un
sospechoso color marrón un par de veces al día; un plato semejante, que
de poco me sirve, dado que mi dieta consiste en un pedazo de pan rancio
al día; una banqueta; unos harapos que los carceleros llaman cama, y
éste diario. Está vacío, demasiado, diría. No hay nada anterior a éstas
líneas, y no recuerdo nada de mi vida anterior a mi encarcelamiento. Es
frustrante no conocer siquiera el motivo por el que me pudro en ésta
maldita celda. En fin, supongo que de poco me sirve, hallándome
encerrado, seguramente pasaré aquí mis últimos días, aunque confío en
no perder la vaga esperanza de salir, es lo único que me hace aguantar.
Hoy he recibido una visita especial: la guardia del rey me ha
sacado de la celda, y me ha conducido a una habitación, bastante más
habitable que la anterior. "Asuntos de alto secreto", han dicho. Que
les zurzan, quizá sea mi única oportunidad de escapar de aquí. Me
buscará toda la guardia de la ciudad, pero tal vez consiga llegar a
Equilia, y empezar una vida nueva, aunque dudo que lo sea, puesto que
no recuerdo haber vivido alguna vez fuera de los muros de prisión.
La habitación es diez veces más grande que la celda, e
infinitamente más acogedora. Parece ser una habitación para invitados,
puesto que tiene poco mobiliario respecto a las otras habitaciones que
he visto mientras me traían aquí. Aún así, cuenta con un armario sin
ropa, varias banquetas y sillas, una estantería repleta de libros sobre
el imperio, los antepasados del rey y otros temas muy parecidos.
También hay una pequeña mesa, con una bandeja de plata repleta de
queso, una hogaza de pan del día y unas porciones de fruta, de lo que
he dado buena cuenta. En esa mesa, también había una copa. también de
plata, acompañada de un licor de las tierras del oeste, cuyo contenido
ha disminuido seriamente en apenas unas horas. Obviamente, hay una
cama, pero indeciblemente más cómoda que los malditos trapos de prisión.
Adiós a la idea de fugarme, me resultaría completamente imposible.
En la habitación no hay ninguna ventana, y la única puerta es
custodiada por dos guaridas. He estado escuchando a través de los
muros, y los guardias sólo se van cuando ya han llegado otros ha
sustituirlos, así que la única forma de salir sería por la fuerza, lo
cual es una tontería: dudo mucho que un hombre desarmado, y debilitado
por el hambre y la falta de ejercicio pueda hacer algo contra una
pareja de fornidos soldados, ataviados con una armadura de metal
pesaddo, y una inmensa claymore a dos manos hechizada, Sihan sabe con
qué encantamiento. Definitivamente, sólo puedo esperar a averiguar por
qué me han sacado, y diantres, quién soy.