¡Hola a todos! ¿Qué
tal todo? Bueno, después de “un tiempecito” teniendo el blog “un pelín
abandonado” me gustaría darle un poco de vidilla y reanudarlo para tener
actividad durante (espero) mucho tiempo, aunque ésta no sea muy frecuente y/o
constante.
Me gustaría comenzar
con esta vuelta con un poema de un corte más serio (y también insulso, pero
bueno jeje), algo alejado del enfoque que tenían los que hacía hasta ahora.
Espero que os guste.
UNA VIDA
Nace,
llora,
respira,
se mueve.
Su
vida ahora
comienza,
y en breve
gatea,
mira,
sonríe,
aprende,
pasan
los días
y
su cuerpo crece.
Hace
amigos,
alegrías
y sorpresas
llenan
su camino
de
una gran fuerza
asentada
en pilares
que
ya están formados:
compañeros,
padres,
aficiones
y trabajo;
el
trabajo de un niño,
que
consiste en aprender
para
en un futuro esquivo
poderlo
retener.
Una
nueva etapa,
el
tiempo convierte
al
niño de la infancia
en
un adolescente.
Surgen
las preocupaciones,
los
deseos, los problemas.
Se
buscan motivaciones
para
pasar la tormenta.
Momentos
de cambio,
de
elecciones con prisa.
Le
definirán sus actos
para
el resto de su vida.
Con
el primer amor,
idealiza,
espera,
actúa
con tesón
y
triunfa o desespera.
El
joven no escatima,
experimenta
y comete errores,
y
aguanta las regañinas
que
repiten sus mayores.
Al
fin se hace grande,
ya
piensa como un adulto.
Planifica
(sin ser tarde)
un
incierto futuro.
Forma
una familia,
la
cuida, la quiere,
se
hace cargo de las vidas
que
en poco tiempo vienen
y
ve en su legado
un
reflejo de sí mismo;
lo
que a él le ha faltado
lo
querrá para sus hijos.
Actúa
de guía
como
buenamente puede.
Les
riñe, castiga,
tolera
y comprende.
A
la edad anciana,
ya
está por terminar
y
con su gente amada
descansará
en paz.