Hoy tenía pensado escribir sobre otra cosa, importante para mis
intereses y que trata acerca de mi escasa capacidad autocrítica,
motivada seguramente por haber pasado demasiado tiempo solo. Es algo a
lo que le tengo que dar algunas vueltas y que seguramente traerá
consecuencias. Pero eso será otro día.
Ayer saltaba la noticia -
me llamaba mi padre al respecto - sobre el accidente sufrido por el
avión de Spanair en la pista de la T4 de Barajas. Naturalmente la cifra
de muertos fue creciendo a lo largo de las horas hasta estabilizarse en
153 fallecidos y 19 heridos de distinta consideración, la mayoría de
pronóstico muy grave, grave o reservado. La más leve tiene una fractura
abierta de una pierna. Por lo visto, el reactor izquierdo de la
aeronave prendió en llamas al despegar tras explosionar, precipitando
de nuevo el aparato al suelo. En teoría, cuando el avión ya ha iniciado
el despegue, con la fuerza de un solo motor es capaz de despegar
igualmente y permitir un aterrizaje de emergencia; eso significa que la
explosión tuvo que ser lo suficientemente fuerte como para descompensar
el avión y / o averiar los sistemas de control y de seguridad que
evitaron poder controlarlo de nuevo para volver al aeropuerto.
Aparte
de la pena y lástima que todo ser humano pueda sentir eventualmente por
las víctimas y que se muestran en todos los comentarios de las noticias
en los periódicos (una pena y lástima un pelín mediatizadas, pocas
veces la sentimos por los accidentes de tráfico que cada fin de semana
salen en las noticias) hay un tema subyacente: la fragilidad del hombre
volando. Me explico.
El ser humano es una especie arrasadora,
devoradora insaciable y envidiosa. Y, además, muy capaz. Observa a los
peces y dice: ¡yo también quiero! Y para surcar los mares fabrica
barcos, batiscafos y submarinos para ir por debajo de las aguas y se
hace submarinista, con todo lo antinatural que eso resulta para el
cuerpo (que cualquier submarinista os cuente lo que es la descompresión
o la narcosis de nitrógeno). Después, observa las aves y dice: ¡yo
también quiero! Y para volar por los cielos fabrica aviones,
helicópteros, planeadores y ala deltas y se lanza en paracaídas. Con
todo lo antinatural que resulta eso para nuestro cuerpo, claramente.
El
hecho de que estadísticamente el avión sea el transporte más seguro se
debe a la misma consciencia que tiene el hombre de estar invadiendo un
medio, el aire, que no le es propio. Cada uno de los componentes que lo
integran obedece a cientos o miles de horas de estudio. Desde los
mismos materiales con los que se fabrica un avión hasta la aviónica, el
conjunto de elementos electrónicos que hacen posible la navegación del
aparato. Y todo por duplicado o triplicado, por si acaso. Y aún así,
cuando hay un accidente, siempre es a gran escala. Eso sí, democrático:
da igual que vayas en primera clase o en turista. Mueres igual.
Al
final de estos días, tras el análisis por parte de los técnicos de las
llamadas "cajas negras" y de un montón de suposiciones previas, se
encontrará una razón, causa o motivo por el que el accidente se
produjo. Seguramente las acciones de Spanair bajarán en picado y se
recordará este día como una jornada negra en Barajas y para la aviación
en general. Pero, desde otro punto de vista menos pragmático y quizá
algo poético, no debería tomarse como un fracaso.
Al contrario:
no deja de ser un memorando - macabro - a la raza humana de la vieja
fábula mitológica de Ícaro, hijo del famoso arquitecto Dédalo, que al
querer imitar a los pájaros y deslumbrado por la belleza del
firmamento, acabó muriendo en el mar al derretirse sus alas.
Evidentemente que el hombre puede y debe seguir surcando los
horizontes, pues tanto el avión ayer al despegar como la humanidad en
este momento evolutivo con respecto a la aviación han alcanzado ya el
llamado "punto de no retorno", pero no debe sorprendernos que muy de
vez en cuando se nos recuerde nuestra propia fragilidad. Aquí en la
tierra como en los cielos.
2 Comentarios:
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21 de Agosto de 2008 • 14:17 — MotenaiTienes razón con lo de la
22 de Agosto de 2008 • 16:50 — LoganKeller