Día 7 de marzo de 2.045, son las 14,23 horas en Greenwich: Hace 3 horas que hemos llegado al asteroide Drago 34. Aquí siempre es de noche, pero nos ilumina una tenue luz del Sol. Todo está en orden. Las instalaciones han sido montadas de inmediato. No hay tiempo que perder, ya que dependemos de los recursos. Así que manos a la obra. Somos 4 tripulantes. Adam Tompson, Juan Dávila, Rolf Svenson, y yo el jefe al mando, capitán Hirato Matsumoto. *****
Día 7 de marzo de 2.045, 17:22 horas. Se han montado con éxito los habitáculos que nos permitirán pasar los 24 días previstos en el asteroide. Juán Dávila, ha montado el invernadero. Estamos deseando ver si las plantas aguantan. Adam y Svenson, están montando la purificadora de agua. Esperamos poder extraerla de las rocas. Hemos descendido a un lugar, según el cual los satélites indican presencia de rocas acuíferas. Si las sometemos a un proceso de licuefacción y filtrado, tendríamos agua. Yo por mi parte, no estoy quieto. Además de informar a La Tierra de nuestra situación, me dedico a montar a los "perritos". No sé si sabéis, que un perrito, es un vehículo de transporte equipado con sensores, y cámaras de video, que sigue a una distancia prudencial a los astronautas. Gracias a ellos, llevamos las rocas extraídas hasta la base. También disponemos de robots "esclavos", que se dedican a extraer el mineral. Tienen forma humana, miden más de dos metros de alto, y son anchos de hombro. Son de color gris plata, con una luz piloto roja en la frente, para saber su situación. Sus articulaciones, son intercambiables según la función a cumplir. Pronto éstos "esclavos" tendrán trabajo.
Capit. H. Matsumoto. *****
Día 8 de marzo de 2.045, 1,23 horas. Ha sido un día agotador, incluso para el capitán. En éstos momentos, todos duermen menos yo. Estoy de guardia en la sala principal, para asegurarme que todo marcha bien. Esta mañana, he montado la unidad 14, y la he puesto a picar a una distancia de unos 25 kilómetros de la base. Tras asegurarme que todo va bien, lo he dejado trabajando, y he regresado con mi "perrito" a la base. Hay en total 18 unidades esclavas; he puesto la 14 a trabajar, porque es de un modelo algo distinto a los anteriores. Se dice que más eficiente y trabajador que los otros 17. Fue una lástima que no hubiera tiempo de construir más. Iríamos más deprisa. De momento, hay 6 esclavos trabajando. En efecto, la unidad 14 es la mejor. Incluso su aspecto es más grandioso, y su luz roja de posición, es más luminosa que la de los otros. El resto, están de repuesto. La Unidad 14 es del modelo Texcom 41, las otras Texcom 33. La 14, tiene una etiqueta roja en el cuello y detrás, con su nº. Las otras, las llevan azules.
Astron. Rolf Svenson. *****
Día 14 de marzo de 2.045, 13, 45 horas. Los "esclavos" están empezando a ser sustituidos. Hemos informado a La Tierra de ello. Nos informan que no sustituyamos a la Unidad 14. Quieren ver cuanto es capaz de aguantar. Les informamos de nuestra disconformidad, por miedo al deterioro, pero el comandante Jerry Stanley, responsable en La Tierra de nuestra misión, nos indica que lo hagamos así.
Por otra parte, estamos teniendo éxito con el agua, pero debo admitir que sabe rara. Asímismo he llamado la atención a Juán Dávila por no haber limpiado su traje espacial lo suficiente. El polvo, tiene moléculas cristalinas que podrían dañar nuestros pulmones, así que por esa negligencia, se quedará ésta noche de guardia. No es mala persona, pero no es la primera vez que se le olvida. Al menos me alegra ver que se hace cargo de su castigo con resignación.
Capt. H. Matsumoto *****
Día 16 de marzo. 12, 08 horas. Todo va bien. Apenas si hacemos otra cosa que labores de mantenimiento. No nos aburrimos, pero tenemos mucho tiempo libre. Al "jefe", eso no le gusta, y para que no nos aburramos, nos pone a hacer ejercicio físico durante más tiempo del habitual. En el monitor de control, recibimos un sonido. Algo marcha mal. Afortunadamente, no es lo que se pueda llamar un peligro. Más bien, es algo que sabíamos que iba a suceder: La Unidad 14, ha dejado de funcionar. Tras conectar las cámaras que están en el sector 3, veo que efectivamente, no se ve movimiento. Solo hay una montaña de rocas, esperando ser recogidas. Informo de ello al capitán, que sonríe al saberlo.
-¡Ja! Ya se le acabaron las pilas a esa unidad ¿No? Bueno, tranquilo no hay prisa. Cuando terminemos de comer, ve a ver si puedes arreglarlo. Llévate a Adam, y que te ayude a desmontarlo si fuera necesario. Así hace algo útil, que últimamente se aburre mucho.
Y poco más que decir. Terminamos de comer a las 13, 19. Adam saca un "perrito", lo conduce junto a la entrada, y me llama para que me suba. Cojo la caja de herramientas, y de inmediato, me voy con el. El capitán, quiere saber lo que ocurre antes de informar a La Tierra.
Astron. Juán Dávila *****
Día 16 de marzo. 18, 28 horas. Ya hace más de 5 horas que Adam Tompson y Juan Dávila, salieron al sector 3 para ver lo que le sucede a la Unidad 14. Llevo desde entonces conectado al monitor, pero aparte de la montaña de rocas, no se ve nada. La última vez que llamaron para informar de su posición, fue a las 13, 45. Esto es inquietante. Me dispongo a preparar un "perrito" para ir a buscarlos. Rolf, quedará de guardia en la base.
Capt H. Matsumoto *****
Día 16 de marzo. 19, 50 horas. Ha ocurrido una terrible desgracia. Adam y yo, llegamos al sector 3 hacia las 13, 59. Al no ver al "esclavo", supusimos que estaba en el interior del agujero excavado. Así era. Estaba inmóvil como una estatua. Es un trabajador de lo más testarudo, y su brazo derecho, quedó atascado entre las rocas. Parece que su esfuerzo por salir, ocasionó una sobrecarga, y lo averió. Adam, le desmontó los brazos. El izquierdo, tenía unas pinzas, para quitar las rocas pequeñas. El derecho, un pico para excavar.
-Ajá. Parece que el pico se quedó fuertemente agarrado, y eso lo inmovilizó. Bueno, no parece grave. Lo quitaré, y en su lugar pondré una broca taladradora. Así irá mejor. Dijo Adam.
Eso me inquietó un poco ¿No sería mejor informar primero, tal y como decían las órdenes?
-No, no creo. Es una tontería informar que está averiado por un problema fácil de arreglar.
Entonces le colocamos el brazo taladrador, lo conectamos otra vez, y ocurrió algo sorprendente. La Unidad 14, giró hacia Adam. Con la mano izquierda, lo agarró por el cuello, y a continuación, le atravesó el pecho con su brazo taladrador una y otra vez. De inmediato, avanzó hacia mi. Huí subiendo por la cuesta que daba al agujero. Al moverme, el "perrito", hizo lo mismo. Eso provocó que mi perseguidor fuera a por él. Entendí que mi posibilidad de escapar, era quedarme quieto para que no me siguiera, y la unidad perdiera el tiempo destruyéndolo. Eso hice. Entonces la Unidad 14, se ensañó con el vehículo. Parece que lo averió de inmediato, ya que dejó de seguirme. Aproveché para ir hacia el desdichado Adam, por si podía hacer algo por él. Pero un simple vistazo a su destrozado cuerpo, me hizo comprender en seguida, que era demasiado tarde. Así que me escondí, con la esperanza de no ser localizado. El alocado "esclavo 14", se puso a dar vueltas, al parecer sin verme. Y se fue en dirección al sector 2. Salí despacio y con mucha cautela. La abundancia de cráteres y montañas de roca en el sector, hacía que no fuera visible, y podría tenerlo cerca. Tardé varias horas en llegar a la base. Allí me esperaba un emocionado Rolf.
-Juan, qué alegría verte ¿Y Adam?
Le conté lo sucedido, y su rostro se esombreció. El tenía también algo que contar.
-El capitán, al ver que no regresábais fue a buscaros. Pese a que quise ir con él, se negó, y me dejó de guardia en la base. Gracias a las cámaras situadas en los sectores, pude ver su recorrido. También vi a la Unidad 14, rondando el sector 2, y destrozar a las 4 otras unidades que allí trabajaban. En otra de las cámaras, pude ver al capitán, montado en el "perrito", le avisé de lo que estaba pasando, pero me dijo que no veía nada, pese a que se hallaba muy cerca.
Entonces, se bajó, con el sensor en la mano, se colgó los prismáticos, y cogió una pistola de gran calibre que llevaba por si sucedía algo. De repente, una luz roja se encendió en el sensor. El objetivo estaba justo detrás del monte de rocas que había a la derecha del capitán. Este apenas tuvo tiempo de verlo descender, y dispararle tres veces. Apenas le hizo daño alguno. Entonces, lo tiró contra el suelo, y le clavó el taladro al menos 6 veces. De inmediato, avanzó hacia el "perrito". Al verlo, cogí los mandos del control remoto, y lo hice regresar. No podía dejar que lo destruyera, tal vez lo necesitemos para algo. Me pareció que la Unidad 14, cojeaba. Tal vez haya caido por algún cráter y se haya dañado alguna articulación, o algún disparo del capitán le haya dado ahí.
-Bueno ¿Y qué hacemos ahora? Pregunté con desesperación.
-Llamemos a La Tierra. A ver que nos aconsejan.
Al informar de lo sucedido, el comandante Jerry Stanley, ensombreció, y exclamó:
-Han cometido varios errores. El primero de ellos, fue no entender las órdenes, y arreglar la avería sin informarnos previamente. Esa unidad, una vez desactivada, hay que teclear un código de seguridad para volverla a activar. Ese código, debía habérselo dado yo cuando me informaran de dicha avería. Ustedes, no lo sabían, y eso fue fatal. Otro error: El capitán se llevó las armas para hacer frente a la averiada unidad. Eso les ha dejado a ustedes indefensos. Y tercer error. Usted Rolf, no debió de traer de vuelta al "perrito". Si lo hubiera dejado allí, la Unidad 14, se habría quedado inmovilizada tras destruirlo. Ahora va a por él. Al tener una avería, va más lento, pero se dirige hacia la base. Atacará a todo lo que se mueva.
-¿Porqué esa unidad se ha convertido en una máquina asesina, mi comandante? Pregunté.
-Eso se debe a un fallo en el sistema de seguridad de la unidad.
Rolf y yo, nos estremecimos. Si nos tropezáramos de repente con esa máquina asesina, era muy dudoso que nos fuéramos a quedar quietos ¿Qué debíamos hacer? A lo que el comandante nos aconsejó que mandáramos al "perrito" hacia donde estaba la unidad. Le pregunté, si no vendrían a buscarnos, a lo que exclamó:
-Tardaríamos 4 días en llegar. Y en ese tiempo pueden haber ocurrido muchas cosas. Les aconsejo que procedan ustedes a la evacuación. No dejen de informarme puntualmente de todo lo que hagan. Tengo que hablar con mis superiores sobre su rescate.
Eso significaban problemas: En primer lugar, no teníamos suficiente combustible para despegar, se desechó para ahorrar espacio y peso en el viaje de ida. Se calculaba que lo obtendríamos de los recursos del asteroide. Pero con una parte de las unidades destruidas, y con la loca Unidad 14 rodando por esos alrededores, era muy arriesgado recogerlos. Así que no tuvimos mas remedio que activar tres unidades que estaban en mal estado, y mandarlas al sector 9, más escaso en recursos que los demás, pero también más alejado de los sectores en peligro. Si los cálculos eran correctos, debíamos esperar 19 horas para tener los recursos justos para poder cargar la nave.
Entonces, se me ocurrió una idea. Podríamos mandar a uno de los perritos, a toda velocidad para atropellar al alocado robot. Rolf, no estaba seguro de que funcionara.
-El "perrito", va muy lento, además, creo que tiene un sistema de seguridad anti-atropello. De todas formas, prueba a ver.
-Por cierto ¿No tenemos explosivos?
-No. Se estimó que transportarlos, sería peligroso, además de innecesarios. Lo que estamos haciendo es una prueba, no una explotación de recursos a gran escala. Dijo Rolf.
Las cámaras, detectaron a la Unidad 14, acercándose al sector 5. Si destruía a las 2 unidades de allí, la partida se retrasaría considerablemente. El perrito, se movía torpemente cuando se acercaba a él. Tal como temía Rolf, se puso a dar rodeos, evitando atropellar al enemigo. Entonces, se quedó atascado en un monturrio de rocas, y fue destrozado hasta el ensañamiento, por la máquina asesina. Tras ello, destruyó a los dos robots, que trabajaban allí. Estos, recibieron los golpes, casi sin alterarse, como si la cosa no fuera con ellos. Era lógico, no habían sido programados para defenderse. Una vez destruídos, su verdugo, se hizo amo y señor del sector 5. Al cabo de unas horas, se quedó inmovilizado, tal vez por falta de objetivos a los que atacar. Eso nos daba un respiro.
Informamos de lo ocurrido al comandante. Este no era nada optimista.
-Cuando pasen 5 horas, se activará automáticamente, y se pondrá a buscar al azar. Si no encuentra nada durante 3 horas, se volverá a inmovilizar. Luego a las 5 horas de estar inmovilizado, se activará de nuevo. Y así lo hará una y otra vez.
-Una pregunta, comandante ¿Se le puede atacar estando inmovilizado? Pregunté.
-No. Detectaría su presencia, y se volvería a activar.
Comprendido pués. Así que teníamos 5 horas para montar alambradas alrededor de la base, e impedirle el paso dentro de lo posible. Nuestras estructuras, no eran muy sólidas que digamos. Estaban hechas con un plástico duro, que no resistiría las perforaciones de la broca taladradora del rudo robot.
Astron. Juan Dávila *****
Día 17 de marzo. 8, 50 horas.
Tras colocar las alambradas, nos fuimos agotados a dormir. Aunque bien es verdad, que dormimos poco. Conectamos la alarma, para prevenir. Al poco de levantarnos a desayunar, vimos por la ventana a esa máquina asesina, venir a lo lejos. Rolf me apartó bruscamente.
-¡Fuera de ahí! Te va a detectar.
-Pero si aún está lejos.
-¿Estás seguro? Te recuerdo que sus sensores son capaces de detectar el movimiento en 200 metros o mas.
La máquina loca, daba vueltas aleatoriamente. En una de esas vueltas, pasó cerca de la base. Entonces tropezó con una de las alambradas. Eso hizo que se moviera furioso, y la retirara de un brusco tirón. Ahora estaba en la base. Habíamos cometido un error. El tropezón, le hizo sentir curiosidad por lo que había a su alrededor, y se puso a explorar minuciosamente. Tal vez atraido por el movimiento de la cinta transportadora de material, se acercó al almacen. El nervioso Rolf, fue al garaje. Le dije que se detuviera. Este respondió con enfado.
-¿Quieres que nos mate? Si no la detenemos, acabará con nosotros.
-Espera ¿Qué vas a hacer?
-Voy a destruir a ese ingenio infernal con la grúa. Esa no tiene sistema de seguridad, y lo aplastará como a una lata de cerveza.
Le dije que no lo hiciera. La grua era demasiado lenta y pesada, y el almacen, estrecho. Rolf, enfadado me dijo:
-Si tienes miedo quédate aquí. Lo haré yo solo.
De nada sirvieron mis ruegos y súplicas, Rolf estaba decidido. Así que se puso en marcha. Se metió con la grua en el taller, entrando bruscamente. La Unidad 14 fue arrastrada hacia delante por la grua. Esta no pudo avanzar mas, debido al material apilado que le impedia el paso. La unidad, se levantó, y se puso a destrozarla. El aterrado Rolf, no tuvo valor para quedarse en la cabina y esperar a que su enemigo se desactivara por falta de objetivos, y se fuese a otra parte. Al salir, sentenció su vida. Tropezó con las cajas apiladas, y cayó al suelo. Su perseguidor, no tardó en cogerlo y matarlo cruelmente.
Solo quedaba yo. También cometí una imprudencia al asomarme para ver si se podía salvar a Rolf. Me detectó, y tuve que huir. Por suerte yo era más rápido. Pero no tardé en darme cuenta de las desventajas. Se me estaba acabando el oxígeno, y tenía que detenerme a descansar. Pero por más que lo intentaba, no conseguía superar la distancia de 200 metros entre el robot y yo. Se me acababa el tiempo. Así que decidí dar un rodeo, meterme en los módulos de las habitaciones, y esconderme debajo de una cama o en un armario, en espera de que se fuera. Al principio, la idea pareció ser la correcta. Desde mi escondite, lo vi dando vueltas y vueltas, sin detenerse a curiosear nada en particular. Si seguía así, cambiaría de rumbo, y saldría al exterior. Pero entonces, un inoportuno tropezón con el cable de un aparato de música, volvió a activar sus sensores.
Esa situación, no podía durar indefinidamente. Así que decidí salir por la ventana de mi cuarto. Por desgracia, me había visto. Así que no tuve más remedio que refugiarme en el sitio más cercano que ví: El garaje. No era un buen sitio. Al igual que el almacen, estaba lleno de bultos y vehículos, que dificultaban el avance. Su brusca entrada me hizo retroceder hasta una pared. Ya me creía perdido cuando ví un extintor. En un intento de alejarlo de mí, me dispuse a arrojárselo.
Entonces, me vino la inspiración ¿Acaso los sensores de esa asesina máquina no estaban en la cabeza? ¿Y si le arrojara polvo del extintor, conseguiría cegárselos? Cierto o no, pronto descubrí que no tenía mucho donde escoger. Estaba acorralado, y con el tiempo justo de abrir el extintor, y lanzarle una fuerte ráfaga de polvo.
La cosa, pareció resultar. Al primer impacto, se quedó como inmovilizado. Por si acaso, le lancé todo lo que tenía. Ahora su cabeza, parecía una bola de nieve. Le lancé el envase vacío, y cayó al suelo. Busqué un enorme martillo, y le rompí los brazos. De repente, saltó una chispa, que me hizo desistir de destruirlo por completo. Solo me faltaba morir electrocutado. De todas maneras, le puse varias cajas con gran peso, encima para que no se moviera. Cerré la puerta del garaje, y saqué el cuerpo del desafortunado Rolf.
Después, informé a La Tierra de lo ocurrido. El comandante, me felicitó por haber sobrevivido, y me informó de que ya había salido un equipo de rescate. Tuve que esperar dos días más. Cuando por fin el 19 de marzo llegaron, abracé efusivamente a los compañeros que venían a llevarme a casa. Eran 7 personas. Su jefe al mando, el capitán Alan Thorn, me pidió que le contara con detalle todo lo sucedido. Cuando lo hice, un médico me hizo una revisión. No tenía nada grave, salvo un ligero golpe en la cabeza, que me hice al salir por la ventana de mi habitación. Me informó que dentro de un par de horas, podría regresar a La Tierra. Mientras descansaba, pude ver como traían los cadáveres de mis compañeros, y con cara de repugnancia, los metían en bolsas. También pude ver otra cosa que me indignó. Uno de los astronautas, había conseguido reparar la Unidad 14, y le había puesto piezas de repuesto. Aún no comprendo como fue tan estúpido de decirme:
-Mire, Juan, ya está arreglado. Le he cambiado el chip, y ya no hará mas daño a los demás. Tiene un aspecto impresionante ¿Verdad?.
Sus compañeros, asintieron con admiración. Yo, al oirlo, me dirigí a ese estúpido, con intención de darle un puñetazo, pero el médico me contuvo. El capitán me dijo que lamentaba lo ocurrido, pero que me tranquilizase.
El asombrado técnico dijo:
-No le comprendo, Juán. Si a ese robot ya le he cambiado el chip. Ahora es inofensivo ¿Porqué tenerle miedo?
No dije nada, pero me sentí muy indignado. Con el cambio de ese chip, según él, todo quedaba solucionado. Pero mis compañeros no resucitarían, ni yo olvidaría la terrible experiencia por la que pasé. Ese tipo o era muy estúpido, o estaba loco. Al menos, debió haber esperado a que me fuera, para repararlo.
En cuanto la nave estuvo lista, me fui sin retrasarme ni un segundo más. El médico y un piloto, me acompañaron a La Tierra. Los demás se quedaron a continuar el trabajo que tan brutalmente fue interrumpido. No habría permanecido con ellos, por nada del mundo. Después de todo ¿Te quedarías junto a unas personas que te miran como si fueras un loco, sienten asco por tus compañeros muertos, y admiran como si fuera la mascota de un equipo de fútbol, al robot que los mató?
FIN