
Ya no hay música en este mundo, la Naturaleza ya no ha vuelto a interpretar su magnífica sinfonía de cuatro movimientos, el mar no ha vuelto a percutir la tierra con sus olas, la tierra se olvidó de acompañar al viento y de hacer sonar la música entre los barrancos. Los árboles y las flores se olvidaron de toda aria, de toda oda a la primavera… El diapasón solar marca un ritmo lento y exiguo, carente de todo ritmo, mientras que la coda lunar de esta olvidada sinfonía carece de toda intensidad.
Ya no hay música en este mundo… Los largos prados repletos de follaje verde aguardan, impacientes, que la música vuelva a surcar entre sus flexibles cuerpos. Las aves anhelan volver a afinar sus dulces voces y a recorrer con ellas los escenarios de todo el mundo. Las grandes montañas miran hacia abajo, esperando la llegada de algún virtuoso que vuelva a afinar su órgano, y así poder volver a mostrar al mundo su poder amplificador.
Ya no hay música en este mundo… Las rozas que surcan los tostados campos esperan que alguien las vuelva a tensar y a hacerlas marcar esos solos que tanto gustan al labrador. Los vastos desiertos de color mármol hace tiempo que dejaron de danzar, suave y sutilmente.
