19 de Junio de 2013
Mar
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Tormenta: Diosa o Mutante 04

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Episodio 4: Fuego y hielo en Asgard.

Debí quedarme impresionada al pasar junto al Príncipe de las Mentiras por un portal que une la Tierra con ese al que los viejos libros de literatura nórdica que el Profesor Xavier a veces nos hacía leer, el Reino Dorado, o como Loki lo suele llamar, Asgard, pero no lo hice al imaginarme las veces que habrá eludido los controles sobre el pasar de un lugar a otro, con tal de provocar cáos y desorden.

Nevaba, y no parecía nieve normal, pues podía volar, al igual que Loki por aquellos cielos asgardianos, sin que me fueran molestos los copos que impactaban sobre mi cuerpo, viendo montañas y pueblos sepultados por la nieve... y hogares destrozados por lo que Loki me comentó: Gigantes de Hielo.

-Diosa.

-Querida, ese será tu papel cuando veas a nuestros atacantes.

Siguendo las huellas en la nieve, veo horrorizada como más de 60 humanoides enormes se dirigen en tromba al frente de resistencia de Asgard, el cual está dirigido por Thor, Dios del Trueno y Vengador. Uno de los héroes más poderosos de la Tierra.

-Voy a avisar a mi hermanastro. Haz que haya algo de calor aquí, ¿No te parece?

No hacía falta responderle, ya que si son de hielo, tal vez el sol pueda hacerles daño. Mientras me elevaba, veía a varios guerreros asgardianos mirarme y señalarme, y a algunos humanoides girar sus horrendas cabezas. Me concentré todo lo máximo que pude para que las nubes de nieve desaparecieran  y dejaran paso al sol derritidor... y lo logré, pero a un coste muy alto: notaba como de mis orificios nasales, auditivos y otros que no voy a mencionar por respeto a mi intimidad, manaban sangre, mucha sangre. Tal fue la hemorragia que caí a plomo, bañada por los rayos del sol, inconsciente, pero salvada de dejar un cadaver mortal gracias al rubio de casco alado y martillo que sólo aquél que sea digno de llevarlo, puede cogerlo.

Desperté en una cama, sin mis ropas, bajo la atenta vigilancia de una asgardiana vestida con armadura y con espada al cinto. La dama era bella, pero musculada por años de lucha y batallas.

-Veo que ya has despertado, mortal. A buen seguro que los ungüentos han surtido el efécto deseado.

-Thor... ¿Ha vencido? ¿Los ha derrotado?

-Sin tu ayuda, jamás lo hubiera conseguido. ¿Dominas los cambios de clima? Nunca pensé que los mortales dominasen poderes semejantes.

-Sólo yo lo domino, y en ocasiones... lamento dominar ese poder.

-¿Lamentarlo?

-Sí. Tengo un pueblo, una aldea que me pide ayuda cuando hay sequía o problemas en sus campos. Gracias a mi poder, les ayudo como puedo para que no mueran, pero a un alto coste: para ellos no soy una más, soy lo más parecido a Thor, y eso... no es algo que me haga sentir bien.

Capté una reacción en los ojos de la dama cuando dije el nombre de Thor. Puede que sea su compañera sentimental, o que simplemente ame al Dios del Trueno, pero no se lo haya confesado.

-Thor y los demás están celebrando la victoria frente a los Gigantes de Hielo, asi como el final de la nieve eterna. Puedo dejaros ropa para así uniros a la celebración, ya que la que llevábais estaba manchada con vuestra sangre.

-Agradecería la ropa, pero no me siento en condiciones para poder unirme a celebracíones. Me gustaría poder levantarme y estirar las piernas por el cuarto.

-Enseguida.

La guerrera asgardiana sale del cuarto, y al poco entran dos damas con una amplia variedad de vestidos de los cuales me permito elegir uno de colores azul y negro, que para mi sorpresa, me quedaba bien. Di las gracias a las damas por la ropa, y se marcharon, dejándome sola en un cuarto con vistas al Reino Dorado, cuyos edificios al sol del atardecer, se veían dorados como si fueran realmente de oro puro. Quería salir de allí, mi pueblo me necesitaba, pero aún me sentía dolorida por el esfuerzo, como si hubiera estado sola durante horas en la Sala de Peligro. Mirando el paisaje, oí dos toques a la puerta.

-Pase.

Me giré para ver quien entraba, y vi que era Thor. Su porte y semblante rezumaban nobleza por todas partes, y sus ojos azules eran todo un océano para perderse en ellos, así como una musculatura que se veía imponente. No tuve reparos en arrodillame frente a él, pues es un dios. Sin embargo, me dijo:

-No lo hagáis, pues debo ser yo quien me arrodille ante tí, mortal. Sin tí, no hubieramos ganado con tamaña facilidad.

Para mi sorpresa, él se puso de rodillas ante mí, sonrojándome como una colegiala ante un profesor guapo en primera fila.

-Podéis levantaros. Si estoy aquí es por Loki, el cual me trajo de la Tierra a Asgard.

-No suele ser muy habitual que Loki se muestre tan cooperativo, lo cual es sospechoso.

-Puede ser. Vino a verme cuando mi pueblo más me necesitaba, debido a que habían perdido cosechas y agua que yo les había ayudado a tener. Me pidió ayuda para, a cambio, no tener que preocuparme más por mi pueblo.

-Mmmmm.... Sugiero estar en guardia ante Loki. Dijo que eras... mutante, algo así como el siguiente paso en la humanidad.

-Yo solo me veo como una humana con un don del que a veces no me gustaría tener, temida y odiada por gente que no comprende que sea mutante, pero lucho para ayudarlos de amenazas que podrían ir no solo contra ellos, también contra gente como yo. El Profesor Xavier nos ayuda y entrena.

-Tus palabras suenan sinceras, mortal. Me gustaría invitarte a la celebración, pero Lady Sif me dijo que te gustaba estár aqui a solas.

-Así es. Necesito descansar y reponerme para regresar junto a mi pueblo.

-Dime dónde es, al oido, para que nadie ajeno e impertinente sepa el lugar.

Le dije el nombre de mi pueblo, el lugar, y me cogió la mano, para besarmela.

-Milady, descansa. Me ocuparé de que no pasen penalidades ésta noche.

-Gracias.

Me sentí la mujer más feliz del mundo, pero también la más cansada. Los cielos ya se tornaban oscuros, y pese a estar de pie, sentí la necesidad de volver a tumbarme en aquella regia cama. Me sentía como una Diosa. Dolorida, pero como una diosa mortal.

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