Hoy es el día.
Los reinos de Bixea y Joliga se enfrentan a una lucha decisiva por poseer todo el territorio. Dos naciones peleadas por dominar un trozo de tierra resolverían sus dudas mediante la lucha a muerte. El que sobreviva, será el país dominador de todo el territorio.
El rey de Joliga espera notícias. Su ejército parecía estar mejor preparado y con más ansia de victoria que el de su rival. Desde hace varíos días no se sabía nada, hasta que de repente, una paloma mensajera con emblemas de la nación, es recibida en palacio. En una de sus patas portaba un trozo de pergamino con algo de sangre, que decía:"Majestad, hemos vencido. Regresamos con todo lo que hemos podido conseguir".
Seis días después, las tropas victoriosas de Joliga regresan con carromatos cargados de todo tipo de bienes saqueados o robados al de Bixea. Algunos soldados entregaban ropas o telas a las damas que esperaban algún presente u obsequio de los soldados al pasar por las calles, y de los carromatos, dos permanecían tapados. Esos dos carromatos eran llevados a donde el rey, en plena plaza, organizó una celebración por la victoria.
Sentado en su trono, el rey observa a la multitud concentrada, expectante... e intrigada ante unos postes que hace no pocas horas, el monarca ordenó clavar. Una vez las tropas han llegado y formado, el rey se levanta y hace un breve discurso:
-Ciudadanos y ciudadanas de Joliga. Hoy es un día para la historia, un día en el que dos naciones pelearon por todo el territorio... y una de ellas ganó, la nuestra. Me llena de alegría compartir la victoria de nuestras tropas con todos vosotros y vosotras, y creédme, será una victoria digna de ser recordada.
Con un gesto, dos soldados abren uno de los dos carromatos cerrados, y traen sujeta con cadenas en manos y pies a la reina de Bixea, la cual camina mirando al suelo por no mirar al monarca, al cual le llevan. Otros dos soldados abren el otro carromato, del cual sacan a las seis hijas de la reina, a las cuales las encadenan una a cada poste. Tras terminar de encadenarlas, los soldados rompen sus vestidos con el filo de su espada, dejándolas desnudas ante los ojos de soldados y de la gente concentrada en la plaza.
-Como premio a vuestra victora, las hijas del rival derrotado son para vuestro disfrute. ¡Que comience la celebración!
Viejos y jóvenes acuden en masa a por las seis muchachas, a las cuales comienzan a someter a todo tipo de vejaciones y tropelias, mientras el rey de Joliga desnuda a la reina de Bixea, siendo obligada a mirar como sus hijas son violadas y ultrajadas por todo varón con ganas de desfogarse: sin descanso, sin freno, sin apenas quejarse o proferir alguna palabra, las hijas de la reina aguantan con lágrimas en los ojos el ultraje y la violencia a la son sometidas en cuerpo y alma, mientras la reina ya nota dentro de sí el miembro viril del monarca de Joliga.
La reina se mueve por inercia ante el empuje del rey con su miembro, llorando al ver como a alguna de sus hijas la sacan dientes o las orinan en los ojos. Ella nota las grandes manos del monarca en sus pechos mientras el empuje de el es cada vez más. Los que ya se han cansado de eyacular con las muchachas quedan expectantes ante lo que hace el rey con la reina, jaleándole en cada acometida. Mientras, alguna de las chicas yace inconsciente o sangrando por vaya a saber donde en sus postes, sin poderse mover o reaccionar ante tamaña humillación.
Al monarca le queda poco para correrse... cosa que hace dentro de la vagina de la reina de Bixea. Tras terminar, retira su gran pene de dicho agujero, y abre su vagina para que todos vean como ella suelta jugos mezclados con su esperma. Tras guardarse su pene, el rey proclama:
-La victoria ya ha sido celebrada. Recogéos en vuestros hogares, ya que nos espera un día muy duro, un día de reconstrucción y de mejorar.
Todo el mundo se vá a sus casas, dejando a las seis chicas abandonadas en los postes.