16 de Noviembre de 2018
Jul
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Giros Locos 04:

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Derrape 4: Arreglando volantanzos de la vida.

Varios familiares acuden al cementerio de Deloin Mirror para dar el último adiós a Maríah Things, fallecida en aquél trágico accidente que casi acaba con Basil Gallus, rival en las carreras clandestinas que Maríah solía correr. Como herencia, Maríah deja a sus padres los restos de un coche destrozado y multas por pagar. Lejos de aquel entierro, una muchacha de cabellos negros y ropa de cuero, observa con prismáticos desde su coche la terrible escena.

"Vaya, Mycroft, así que ella fue tu pasión...", piensa la dama, acompañada por otra de cabellos grises y camiseta que dice"Need for Feed..." y pantalones largos color rojo.

-Dime, Lulu ¿Qúe estará haciendo Mycroft ahora?

-Lo que todo aquél haría si hubiera justícia, Grace.

Habitación 76 del Hospital Agrindale. Dos policías esperan fuera alguna reacción de Basil Gallus, jóven que ha quedado tetrapléjico debido al tremendo choque frontal que sufrió con un bulldozer dorado. Medio dormido y sedado para calmar dolores recientes, Gallus está sólo hasta que recibe la visita de un enfermero con una bandeja.

-Hora de cenar, Basil.

Con los ojos medio abiertos, Basil observa al enfermero que comienza a darle con una cuchara la sopa que hay preparada para los pacientes hoy Miércoles.

-Debes de ser un chico muy malo para tener dos policías esperándote. Venga, apura la cuchara.

Basil se toma la sopa y luego algo de pollo precocinado y recalentado de la cocina del Hospital que su enfermero le sirve. Al comer el último trozo de pollo rebozado, a Basil le da por toser debido a la sequedad de dicho pollo, siendo el enfermero el que le da agua del vaso que le lleva.

-Vamos, bebe y se te pasará la tos.

El jóven bebe el vaso con una pajita y al terminar, ve como el enfermero recoge las migas con un miniaspirador.

-Bien, espero que hayas cenado bien. A Maríah no la dejaste cenar.

El enfermero se retira y antes de que Basil pudiera decir algo, de repente, nota algo, nota calor. A los pocos segundos, la sensación desaparece, hasta que un dolor agudo en el corazón hace moverse a personal sanitario que avisa a los policías de que algo no va bien... hasta que las máquinas muestran el paro cardiaco del paciente.

Lejos ya del Hospital y con sus ropas de civil y sin el maquillaje y peluca que llevaba, el enfermero, poseedor de un Mercedes marrón de gama alta retocado con motor americano de un Chrysler, activa su teléfono en modo manos libres.

-Francine, todo ha salido bien. No te preocupes, es línea segura.

-Mycroft...

-Hice lo que tenía que hacer. Tendríamos nuestras diferencias, pero no merecía morir asesinada.

-Ok, pero no esperaba algo así. Creí que lo que dijiste...

-Ya hablaremos.

La llamada termina. Mycroft Grace conoció a Maríah hace años en carreras clandestinas amateurs, siendo novios irremediablemente, pero a Mycroft le gustaba tener el control, y eso a Maríah... no la gustaba. Rompieron civilizadamente, y eso les unió como amigos... hasta aquélla carrera letal. Tras pasar la barrera interestatal, el Mercedes de Mycroft se introduce en un taller donde deja el coche, y tras no dejar huella alguna, lo sustituye por un Toyota de color rosado.

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